Miércoles 28 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7268 - Edición digital 0568

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"Todos a dedo" no

Mi intención es refutar enérgicamente la publicación realizada en este medio con fecha 17/03/07 y que fue subtitulada "Todos a dedo" (página 5). Es lamentable que un medio de reconocido prestigio y que forma parte de la historia de Luján no tenga la cautela de publicar una nota sin tener en cuenta que el tema se refiere a personas y que cada una tiene una formación técnica, profesional y, sobre todo, moral, diferente, por lo tanto no puede cometer el error de "meter a todos en la misma bolsa".

Sé que como yo se encuentran compañeros de trabajo que cuentan con muchos años de trabajo fecundo al servicio de la Municipalidad y de los señores contribuyentes que es a quienes nos debemos, aunque algunos no paguen jamás sus impuestos y luego se sientan con el derecho a tratarnos como si fuéramos su alfombra, sin importarles cuánta dedicación y cuánta voluntad y esfuerzo hayamos dedicado en nuestra larga trayectoria, para que ellos tengan una óptima atención.

Si hemos sido reconocidos, o no, por las autoridades de turno o las anteriores poco importa para el caso. Cada uno lo sabe, y está a la vista que no todos somos los más encumbrados en los cargos ni en los sueldos que cobramos, que en mi caso con 34 años de antigüedad, siendo Contador Público y Licenciado en Adm. De Empresas, con el cargo de Jefe de Departamento, de un área sumamente compleja, ejercido en forma interina durante más de 13 años y luego concursado (no a dedo) tengo un básico que no alcanza a los mil pesos, trabajando ocho horas por día.

Sí nos importa que la gran mayoría de la gente nos reconozca con el respeto y simpatía que recibimos cada día o cada vez que realizan un trámite y en tantos años es el mejor premio que hemos recibido.

Sobre los cargos que cada uno ocupa, seguro que es importante para la gente saber en cuánto tiempo y en qué forma lo logró, pero no se puede generalizar, porque se daña a mucha gente honesta que son nada más que simples trabajadores, que en algunos casos, con mucho sacrificio, han cursado y aprobado largas carreras universitarias, y/o han demostrado idoneidad, honestidad y dedicación durante muchos años, con diferentes gobiernos de distinto tinte político (incluidos los de ipso). ¿No sería entonces mucho más cauto y más justo centrar la óptica sobre estos aspectos y basar sus afirmaciones sobre los resultados de una investigación de las fuentes de información? Siendo esta una premisa fundamental para aquel que ostente la calidad de periodista.

Por lo expresado solicito la publicación de la presente, que el responsable de la nota se rectifique públicamente, haciendo reserva de los derechos que por Ley me asiste por el daño moral causado.

Cdor. Ángel R. Bussetti


Nuestro Carlos Mignone y el museo histórico

"La desaparición de Carlos nos duele a todos quienes le conocíamos. Pero me siento muy identificado -y personalmente "muy tocado"- por las características de su especial generosidad, como bien señaló Gerardo A. Amado al despedir sus restos... Y así, tantas cosas y tantos recuerdos... En él se hacía realidad indudable el lema marista -congregación tan amada por Carlos- de "las tres violetas": sencillez, humildad y modestia. Hablé mucho con él en los últimos momentos y todo me decía que se preparaba estoicamente para el final de esta vida con una entereza envidiable..." (Fragmento de carta electrónica enviada a Isabel Mignone-del Carril, 25 de febrero de 2007)

En los últimos tiempos de su vida fue un activo, sereno y anónimo colaborador del museo histórico, a través de la asociación de amigos. ¿Cuántas cosas necesarias para el Museo habrá pagado de su bolsillo? Su cargo era repetidamente el de suplente (por su propia voluntad), pero su opinión -contundente, que mostraba la dilatada experiencia, sin levantar jamás la voz- era siempre de las más autorizadas y sensatas.

Se había acercado más intensamente al voluntariado hacia mediados de 1990, especialmente motivado por las exposiciones, muestras históricas y por las disímiles presentaciones de extensión cultural; y -claro está- por el afecto y la envidiable memoria -nunca disimulada- sobre su querido Luján natal.

Siempre compartió aquella idea que sostiene que "los amigos" deben procurar acercar públicos nuevos al museo, por conducto de distintas actividades culturales y aunque el saldo netamente económico no fuera de los mejores. Y en cuanto a proyectos de contenido y/o intereses patrimoniales de por medio, en los que la entidad hace de herramienta para la percepción de recursos para el museo, Carlos hizo de la transparencia una obsesiva bandera que nos repetía e inculcaba en cada reunión.

Hacia septiembre de 1999 -y cuando la entidad sufría injustos embates y hasta diatribas severas, en medio de un cambio parcial de autoridades- Carlos apoyó explícita y públicamente al "voluntariado histórico", que se impuso holgadamente a la lista contendiente.

Recibió con inusuales y sustanciosas palabras al socio honorario (y ex presidente de la Comisión Nacional de Apoyo al Museo, 1985) Félix Luna, lo que mereció una carta de agradecimiento del historiador, señalando precisamente el carácter de esa presentación que excedía, y mucho, a la común y tediosa lectura de un currículum vitae.

Para el 250° aniversario de la instalación del Cabildo de la Villa (1756-2006), impulsó y promovió -sin descanso y con aportes dinerarios- la exposición de publicaciones "Luján Historiográfico" (prestando no pocos ejemplares de su biblioteca personal) y la mesa redonda "Luján por historiadores lujanenses", todo ello en diciembre de 2005. En la oportunidad, me reprendió paternalmente por hacer constar en el programa de mano un "agradecimiento personal" a su colaboración.

Su desaparición física priva al museo de proyectos y actividades que tenía en mente, aún en medio de las vicisitudes más duras de las dolencias humanas.

Nunca lo olvidaremos.

Néstor Fabián Migueliz