Miércoles 28 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7268 - Edición digital 0568

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La Nueva Secundaria y la formación de técnicos

Escribe: Antonino Martínez

A partir del presente ciclo lectivo en la provincia de Buenos Aires la escuela primaria dura seis años y la secundaria otro tanto. El séptimo de la vieja primaria pasó a ser primero de la (¿nueva?) secundaria. Como por ahora subsiste lo anterior (lo implementado a partir de 1997) con lo nuevo (que es volver a lo viejo) muchas personas no comprenden y preguntan: -¿En qué año está mi hijo? ¿Cuándo se recibe? ¿Qué título va a tener?

Tantas fueron las quejas por los cambios en las denominaciones que se ha vuelto a los términos clásicos. Así, por ejemplo, las expectativas de logro, retornan a llamarse objetivos; los espacios curriculares, materias; los conocimientos pendientes de acreditación, previas.

Al pan, pan, y al vino, vino, para facilitar la comprensión de todos.

La escuela primaria vuelve a ser primaria y esto implica reconocer, a partir de su denominación, su función. Primaria significa primero y se refiere a los conocimientos básicos esenciales de la lectoescritura y rudimentos matemáticos y la secundaria vuelve a llamarse secundaria que también apunta a su esencia, pues brinda los saberes secundarios que se agregan, se construyen, se asientan sobre los primarios o primeros.

No se trata, entonces, sólo de volver a denominaciones anteriores sino de reconocer que tales nombres son los más adecuados y además por su sencillez resultan fáciles de fundamentar.

En las materias se vuelve a las ciencias: física, química, biología, historia, geografía. ¿Por qué es importante esto? Porque cada ciencia estudia principios generales que aparecen una y otra vez en todos los temas que abarcan y son ejes esenciales alrededor de los cuales se construyen conocimientos.

Otra cuestión es que en el primer año de esta agiornada secundaria se dictará la materia Construcción de Ciudadanía a lo que hice referencia en una nota anterior (Ver EL CIVISMO del 17-02-07).

Ahora bien, con respecto a la Educación Técnica, al parecer la única diferencia que habrá en el ciclo básico de la secundaria técnica (lº, 2º y 3er. Año) con los otros ciclos básicos (los que se cursan en las escuelas medias) serán los TpP (Trayectos pre Profesionales) que son las actividades prácticas, las que debieran llamarse de nuevo, oficialmente, taller, como le dicen docente y alumnos en el habla cotidiana. Y reivindiquemos la palabra taller que alude al trabajo manual, a la obra que sale de las manos creadoras del hombre, al uso de instrumentos de medición, aparatos, máquinas y herramientas, al manejo cuidadoso y responsable, al aprender haciendo. No es más digno un salón de clase con un pizarrón lleno de fórmulas que un taller en el que un alumno hace distintas conexiones en un tablero eléctrico.

Las Escuelas Técnicas debieran estar autorizadas a realizar adaptaciones curriculares para establecer interrelaciones entre lo que los alumnos aprenden en las clases teóricas y las prácticas. No haría falta ni sacar ni agregar materias. Simplemente modificar contenidos. Por ejemplo la materia Educación Artística orientará hacia el dibujo lineal que conduce luego al Dibujo Técnico.

Cierto es que en la actualidad se dibuja con la asistencia de programas de computación; pero eso no exime al alumno de saber qué es una línea de cota, dónde debe ubicarse, qué cantidad de vistas deben hacerse de una pieza, etc.

Pareciera que no es necesario, por el adelanto tecnológico, formar artesanos de la regla T y el tiralíneas, pero el abc del Dibujo Técnico debe ser conocido incluso como habilidad para interpretar planos.

Sería como pensar que, dado que los programas cargados en las computadoras ofrecen mucha ayuda para corregir las faltas, no es necesario aprender las reglas ortográficas.

Las escuelas industriales formaban técnicos en seis años y su preparación era adecuada para las necesidades del país. Esa formación comenzaba en primer año y continuaba hasta ser totalmente específica en cuarto, quinto y sexto.

La propuesta que se implementa en forma masiva en toda la provincia a partir de este año tiene la ventaja de facilitar el pase de un tipo de escuela a otra hasta el tercer año inclusive, dado que los alumnos deben elegir a una edad muy temprana y pueden equivocarse o simplemente descubrir que lo que se les ofrece no es lo que desean. Entonces la formación específica quedaría limitada a tres años.

En este caso, si no se afianza la obligatoriedad de la parte práctica (TpP o talleres) y se permiten algunas adecuaciones curriculares de primero a tercer año, es probable que no se logre formar técnicos con los conocimientos y habilidades que el desarrollo industrial del país necesita.

Para los jóvenes recibirse y conseguir un buen trabajo -sobre todo los que pertenecen a los sectores medio o medio bajo- es motivo de orgullo y enorme satisfacción, consolidándose la movilidad social.

Por otra parte constituye un buen ejemplo para otros jóvenes y sus padres. Advierten que lo aprendido en la escuela es útil y a los profesores les sirve para estimular la dedicación al estudio de aquellos que constantemente preguntan para qué se usa esto, para qué lo quiero.

Ya se ha escrito y dicho bastante sobre el daño que produjo la Ley Federal de Educación y hace tiempo que el gobierno nacional escuchó la voz de los industriales señalando la falta de técnicos bien preparados. La sanción de la Ley de Formación Técnica y Profesional fue una respuesta.

Es preciso prestar debida atención a este tema. Somos un país pobre, aunque tenemos recursos, y nos hemos dado el lujo de destruir cosas buenas y desaprovechar el tiempo. Avanzar, sin retrocesos, sin detenimientos y sin repetir errores debe ser la consigna.