La Nueva Secundaria y la formación de técnicos
Escribe: Antonino Martínez
A partir del presente ciclo lectivo en la provincia
de Buenos Aires la escuela primaria dura seis años y la
secundaria otro tanto. El séptimo de la vieja primaria
pasó a ser primero de la (¿nueva?) secundaria. Como por
ahora subsiste lo anterior (lo implementado a partir de
1997) con lo nuevo (que es volver a lo viejo) muchas
personas no comprenden y preguntan: -¿En qué año está mi
hijo? ¿Cuándo se recibe? ¿Qué título va a tener?
Tantas fueron las quejas por los cambios en las
denominaciones que se ha vuelto a los términos clásicos.
Así, por ejemplo, las expectativas de logro, retornan a
llamarse objetivos; los espacios curriculares, materias;
los conocimientos pendientes de acreditación, previas.
Al pan, pan, y al vino, vino, para facilitar la
comprensión de todos.
La escuela primaria vuelve a ser primaria y esto
implica reconocer, a partir de su denominación, su
función. Primaria significa primero y se refiere a los
conocimientos básicos esenciales de la lectoescritura y
rudimentos matemáticos y la secundaria vuelve a llamarse
secundaria que también apunta a su esencia, pues brinda
los saberes secundarios que se agregan, se construyen,
se asientan sobre los primarios o primeros.
No se trata, entonces, sólo de volver a
denominaciones anteriores sino de reconocer que tales
nombres son los más adecuados y además por su sencillez
resultan fáciles de fundamentar.
En las materias se vuelve a las ciencias: física,
química, biología, historia, geografía. ¿Por qué es
importante esto? Porque cada ciencia estudia principios
generales que aparecen una y otra vez en todos los temas
que abarcan y son ejes esenciales alrededor de los
cuales se construyen conocimientos.
Otra cuestión es que en el primer año de esta
agiornada secundaria se dictará la materia Construcción
de Ciudadanía a lo que hice referencia en una nota
anterior (Ver EL CIVISMO del 17-02-07).
Ahora bien, con respecto a la Educación Técnica, al
parecer la única diferencia que habrá en el ciclo básico
de la secundaria técnica (lº, 2º y 3er. Año) con los
otros ciclos básicos (los que se cursan en las escuelas
medias) serán los TpP (Trayectos pre Profesionales) que
son las actividades prácticas, las que debieran llamarse
de nuevo, oficialmente, taller, como le dicen docente y
alumnos en el habla cotidiana. Y reivindiquemos la
palabra taller que alude al trabajo manual, a la obra
que sale de las manos creadoras del hombre, al uso de
instrumentos de medición, aparatos, máquinas y
herramientas, al manejo cuidadoso y responsable, al
aprender haciendo. No es más digno un salón de clase con
un pizarrón lleno de fórmulas que un taller en el que un
alumno hace distintas conexiones en un tablero
eléctrico.
Las Escuelas Técnicas debieran estar autorizadas a
realizar adaptaciones curriculares para establecer
interrelaciones entre lo que los alumnos aprenden en las
clases teóricas y las prácticas. No haría falta ni sacar
ni agregar materias. Simplemente modificar contenidos.
Por ejemplo la materia Educación Artística orientará
hacia el dibujo lineal que conduce luego al Dibujo
Técnico.
Cierto es que en la actualidad se dibuja con la
asistencia de programas de computación; pero eso no
exime al alumno de saber qué es una línea de cota, dónde
debe ubicarse, qué cantidad de vistas deben hacerse de
una pieza, etc.
Pareciera que no es necesario, por el adelanto
tecnológico, formar artesanos de la regla T y el
tiralíneas, pero el abc del Dibujo Técnico debe ser
conocido incluso como habilidad para interpretar planos.
Sería como pensar que, dado que los programas
cargados en las computadoras ofrecen mucha ayuda para
corregir las faltas, no es necesario aprender las reglas
ortográficas.
Las escuelas industriales formaban técnicos en seis
años y su preparación era adecuada para las necesidades
del país. Esa formación comenzaba en primer año y
continuaba hasta ser totalmente específica en cuarto,
quinto y sexto.
La propuesta que se implementa en forma masiva en
toda la provincia a partir de este año tiene la ventaja
de facilitar el pase de un tipo de escuela a otra hasta
el tercer año inclusive, dado que los alumnos deben
elegir a una edad muy temprana y pueden equivocarse o
simplemente descubrir que lo que se les ofrece no es lo
que desean. Entonces la formación específica quedaría
limitada a tres años.
En este caso, si no se afianza la obligatoriedad de
la parte práctica (TpP o talleres) y se permiten algunas
adecuaciones curriculares de primero a tercer año, es
probable que no se logre formar técnicos con los
conocimientos y habilidades que el desarrollo industrial
del país necesita.
Para los jóvenes recibirse y conseguir un buen
trabajo -sobre todo los que pertenecen a los sectores
medio o medio bajo- es motivo de orgullo y enorme
satisfacción, consolidándose la movilidad social.
Por otra parte constituye un buen ejemplo para otros
jóvenes y sus padres. Advierten que lo aprendido en la
escuela es útil y a los profesores les sirve para
estimular la dedicación al estudio de aquellos que
constantemente preguntan para qué se usa esto, para qué
lo quiero.
Ya se ha escrito y dicho bastante sobre el daño que
produjo la Ley Federal de Educación y hace tiempo que el
gobierno nacional escuchó la voz de los industriales
señalando la falta de técnicos bien preparados. La
sanción de la Ley de Formación Técnica y Profesional fue
una respuesta.
Es preciso prestar debida atención a este tema. Somos
un país pobre, aunque tenemos recursos, y nos hemos dado
el lujo de destruir cosas buenas y desaprovechar el
tiempo. Avanzar, sin retrocesos, sin detenimientos y sin
repetir errores debe ser la consigna.