Sábado 31 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7269 - Edición digital 0569

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Los cimientos de una alianza

Si decido emprender una acción con un socio, cualquiera sea la naturaleza de la misma, tengo que confiar en él plenamente. Es condición indispensable para que la sociedad camine, aceptar sus falencias, sus errores, su idiosincrasia, sus creencias y sentir gratitud al hablar de sus aciertos, de su visión, de sus logros.

Iniciar una sociedad sin respetar estos lineamientos básicos hará complicado el caminar juntos y seguramente las estadísticas sobre un potencial fracaso serán altas en extremo.

Yo no puedo asociarme con alguien a quien no puedo decirle todo de frente; a quien espero que se retire de mi vista para expresar lo que realmente siento; a quien le busco segundas intenciones en sus dichos.

En términos políticos, no se debería emprender el sendero de una coalición si no estoy de acuerdo con los defectos y virtudes de mi futuro aliado. Y mucho menos acordar pasos unidos para enfrentar, derrotar o desbancar al alguien.

La Alianza UCR-Frepaso es un ejemplo servido que nos ofrece la historia reciente. Sus principales dirigentes partían de ideologías diferentes, tenían objetivos históricos diferentes y, por ende, también eran diferentes sus modos de gestionar, planificar y realizar tareas ejecutivas.

Los unía el espanto. Los unía el objetivo práctico de terminar con años y años de menemismo descontrolado y todo lo demás se armó en función de esa necesidad.

No hizo falta transitar mucho camino para comenzar a observar la fragmentación que culminó con la pulverización de aquella Alianza.

Es necesario tener en mente un horizonte superior que no se centre en "ir en contra de". Una recomendación que tendría que sonar en todos los estratos: nacional, provincial y municipal.

Si esas condiciones que se mencionan más arriba se cumplen, y el trabajo tiene muestras claras de una intención superior a dos o tres mezquindades unidas, las posibilidades de aportes de las partes para un éxito conjunto se transforman prácticamente en una certeza.

No es sencillo el trabajo de unión de fuerzas políticas. Hay que tener muy definido el objetivo y ese objetivo no se tiene que esfumar cuando se cierra el horario de votación. Por el contrario, en ese momento tiene que comenzar la tarea planificada.

Una iniciativa así tampoco resiste a los personalismos. Si se arma en torno a una figura, a un dirigente, se correrá el riesgo de morir en el intento.

Son tiempos en los que los dirigentes nacionales, provinciales y municipales se entusiasman con la posibilidad de asociarse. Son tiempos en los que se deberían tener frescos los lineamientos que incrementan las chances de un fracaso.

Si dirigentes como Juan Carlos Blumberg, Roberto Lavagna, Francisco de Narváez, Julio Cobos, Néstor Kirchner y el propio Daniel Scioli no tienen ideologías ni modos de comprender a la sociedad que demuestren coincidencias, no se pueden "rejuntar" para sumar votos. Sabrán, además, que en política no siempre dos más dos equivale a cuatro. O, dicho de otro modo, que hay sumas que en las urnas terminan restando.

El mismo razonamiento tendría que calar hondo en los dirigentes que están cansados, con decenas de argumentos, de la desprolija, o en otros aspectos (por ejemplo ante la contaminación) irrespetuosa gestión del intendente Miguel Prince, y pretenden unirse para ofrecer una alternativa al electorado.

Como para una construcción que pretende ser alta, firme y duradera, lo principal son los cimientos. Sin ellos, la fachada puede resultar bella, pero el primer viento en contra amenazará con voltearla.

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