Si decido emprender una acción con un socio,
cualquiera sea la naturaleza de la misma, tengo que confiar en él
plenamente. Es condición indispensable para que la sociedad camine,
aceptar sus falencias, sus errores, su idiosincrasia, sus creencias
y sentir gratitud al hablar de sus aciertos, de su visión, de sus
logros.
Iniciar una sociedad sin respetar estos
lineamientos básicos hará complicado el caminar juntos y seguramente
las estadísticas sobre un potencial fracaso serán altas en extremo.
Yo no puedo asociarme con alguien a quien no
puedo decirle todo de frente; a quien espero que se retire de mi
vista para expresar lo que realmente siento; a quien le busco
segundas intenciones en sus dichos.
En términos políticos, no se debería emprender
el sendero de una coalición si no estoy de acuerdo con los defectos
y virtudes de mi futuro aliado. Y mucho menos acordar pasos unidos
para enfrentar, derrotar o desbancar al alguien.
La Alianza UCR-Frepaso es un ejemplo servido
que nos ofrece la historia reciente. Sus principales dirigentes
partían de ideologías diferentes, tenían objetivos históricos
diferentes y, por ende, también eran diferentes sus modos de
gestionar, planificar y realizar tareas ejecutivas.
Los unía el espanto. Los unía el objetivo
práctico de terminar con años y años de menemismo descontrolado y
todo lo demás se armó en función de esa necesidad.
No hizo falta transitar mucho camino para
comenzar a observar la fragmentación que culminó con la
pulverización de aquella Alianza.
Es necesario tener en mente un horizonte
superior que no se centre en "ir en contra de". Una recomendación
que tendría que sonar en todos los estratos: nacional, provincial y
municipal.
Si esas condiciones que se mencionan más
arriba se cumplen, y el trabajo tiene muestras claras de una
intención superior a dos o tres mezquindades unidas, las
posibilidades de aportes de las partes para un éxito conjunto se
transforman prácticamente en una certeza.
No es sencillo el trabajo de unión de fuerzas
políticas. Hay que tener muy definido el objetivo y ese objetivo no
se tiene que esfumar cuando se cierra el horario de votación. Por el
contrario, en ese momento tiene que comenzar la tarea planificada.
Una iniciativa así tampoco resiste a los
personalismos. Si se arma en torno a una figura, a un dirigente, se
correrá el riesgo de morir en el intento.
Son tiempos en los que los dirigentes
nacionales, provinciales y municipales se entusiasman con la
posibilidad de asociarse. Son tiempos en los que se deberían tener
frescos los lineamientos que incrementan las chances de un fracaso.
Si dirigentes como Juan Carlos Blumberg,
Roberto Lavagna, Francisco de Narváez, Julio Cobos, Néstor Kirchner
y el propio Daniel Scioli no tienen ideologías ni modos de
comprender a la sociedad que demuestren coincidencias, no se pueden
"rejuntar" para sumar votos. Sabrán, además, que en política no
siempre dos más dos equivale a cuatro. O, dicho de otro modo, que
hay sumas que en las urnas terminan restando.
El mismo razonamiento tendría que calar hondo
en los dirigentes que están cansados, con decenas de argumentos, de
la desprolija, o en otros aspectos (por ejemplo ante la
contaminación) irrespetuosa gestión del intendente Miguel Prince, y
pretenden unirse para ofrecer una alternativa al electorado.
Como para una construcción que pretende ser
alta, firme y duradera, lo principal son los cimientos. Sin ellos,
la fachada puede resultar bella, pero el primer viento en contra
amenazará con voltearla.