Miércoles 3 de Octubre de 2007 - Año 92 - Edición 7321 - Edición digital 0621

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Caza furtiva

Esta es una historia verídica... y actual. Luján. Un campo chico a 5 km. de la ruta. El encargado les dice a unos cazadores que se retiren porque allí no se puede cazar.

Uno de los cazadores (a quien ya en otras ocasiones se le había solicitado lo mismo) saca un cuchillo y amenaza al encargado, que está desarmado.

La Policía dice que no puede hacer nada, aunque se sabe quién es el agresor. Llamando al 911 tampoco se obtiene protección alguna.

Como ven, los del campo también gozamos de las emociones que a cada rato viven los habitantes del centro de Luján.

"Un ciudadano lujanense"

A. P.

DNI 5.292.567


La nostalgia es celeste y blanca

El sábado 22 de septiembre los vecinos de Luján hemos asistido a la inauguración de la primera etapa de la remodelación de la plaza Belgrano de nuestra ciudad.

Ciertamente, el resultado de dicha obra es digno de mencionarse. Un proyecto de calidad y coste, inversión cimentada y respaldada por el aporte estatal y provincial y por el esfuerzo comunitario. Su culminación es una gran satisfacción, puesto que el éxito ha coronado la empresa.

La plaza Belgrano, para mí y para muchos lujanenses, tiene hondas connotaciones: religiosas, históricas, patrióticas, turísticas... significados inseparables de la tradición pueblerina desde el tiempo de la colonia y de nuestra independencia. Más cerca, en la vida cotidiana, la plaza ha conservado el lazo con nuestra niñez y nuestra juventud; aunque ya ahora, aquellos signos que fueron su característica han sido borrados por la aplicación de nuevos criterios urbanísticos.

Desde el peldaño más alto de la escalinata que accede a la puerta principal de la Basílica se observa el cambio que la remodelación ha producido en la vista del casco histórico. Es una mirada desde arriba que permite identificar los muchos elementos sustituidos y los pocos que aún se conservan de los existentes en la antigua traza.

Felizmente, el monumento a nuestro prócer, creador de la Bandera Nacional, permanece en su sitio de preferencia. A nadie se le hubiera ocurrido que la estatua ecuestre podía ocupar otro que no fuera el centro del espacio público frente a la fachada de la magnífica Basílica Nacional. En los albores de la conformación de dicho lugar y cuando Luján se perfilaba ya como un gran núcleo de culto nacional e internacional, el General Belgrano visitó el templo para reverenciar a la Virgen. Al pie de su altar rogó por el amparo que les había dado a sus ejércitos de Argentina, Paraguay y Uruguay.

La sociedad toda reconoció el mérito de dicho sitial.

En razón de mis recuerdos, puedo decir que hasta allí nos trasladábamos con conservadoras maestras cuando estudiábamos la vida de nuestro héroe o la obra artística de escultores que le habían rendido homenaje eternizándolo en el bronce. Ya en nuestra adolescencia, el monumento era la visita obligada en el paseo hacia el Museo Histórico y, muchas veces, en ese mismo lugar hacíamos un alto para el descanso y la conversación pero... don Manuel Belgrano ha sido, es y será inseparable del símbolo patrio que fue su creación.

Al parecer, en la nueva diagramación de la plaza ¡vaya a saber por cuáles razones! el mástil que siempre ocupó la esquina de San Martín y Salvaire fue quitado de ese lugar y eliminado de cualquier otro... ¡que los urbanistas tienen sus propias perspectivas para evaluar la integración de ciertos elementos al paisaje!

Desgraciadamente, el mástil no corrió la misma suerte que el monumento. Perdió su lugar de origen y, al parecer, tampoco pudo ubicárselo en otro; de igual o parecida jerarquía.

La añoranza me conduce hacia los días de grandes peregrinaciones de colectividades extranjeras, de visitas de autoridades nacionales, de festividades vinculadas con nuestras costumbres cuando los protagonistas y espectadores nos reuníamos al pie del mástil. Y, más emotivo aún, las oportunidades en las que nos aglomerábamos los maestros, alumnos, autoridades y vecinos para izar nuestra Bandera, ceremonia previa a los desfiles en la conmemoración de las fiestas patrias.

Mi memoria próxima me indica que, hasta su destrucción, el mástil tuvo su bandera al tope todos los días del año, hecho que se repite en casi todas las principales plazas de las ciudades del mundo como representación de lugar y legitimación de soberanía.

Es verdad que a la entrada de la ciudad existe otro mástil de inauguración reciente. También es cierto que, en el futuro, en él se izará nuestra enseña patria buscando crear otra escena para otros actores sociales. A mi criterio, no será lo mismo. Nada reemplazará el protagonismo popular generado por nuestra tradición y manifestado en el imponente ámbito de la plaza Belgrano con su entorno histórico religioso, repleta de gente un día de fiesta conmemorativa.

Personalmente, quiero expresar mi pena por esta pérdida, con el mástil desaparecido, sin estridencia, una propiedad emblemática que no tuvo cabida como vivencia ciudadana en la nueva distribución arquitectónica del espacio.

Es posible que esta ciudad responda a la aplicación de nuevos criterios, a formas inéditas que toma la expresión patriótica y en particular la valoración del símbolo como una práctica que apunta a reconocer una identidad social.

Resta decir que es mi deseo, quiera y pueda enmendarse la omisión y en un futuro la Bandera Argentina flamee nuevamente en un lugar preferencial de nuestra plaza Belgrano.

María Elisa Etchart

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