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Caza furtiva
Esta es una historia
verídica... y actual. Luján. Un campo chico
a 5 km. de la ruta. El encargado les dice a
unos cazadores que se retiren porque allí no
se puede cazar.
Uno de los cazadores (a
quien ya en otras ocasiones se le había
solicitado lo mismo) saca un cuchillo y
amenaza al encargado, que está desarmado.
La Policía dice que no
puede hacer nada, aunque se sabe quién es el
agresor. Llamando al 911 tampoco se obtiene
protección alguna.
Como ven, los del campo
también gozamos de las emociones que a cada
rato viven los habitantes del centro de
Luján.
"Un ciudadano lujanense"
A. P.
DNI 5.292.567
La nostalgia es celeste y
blanca
El sábado 22 de septiembre
los vecinos de Luján hemos asistido a la
inauguración de la primera etapa de la
remodelación de la plaza Belgrano de nuestra
ciudad.
Ciertamente, el resultado
de dicha obra es digno de mencionarse. Un
proyecto de calidad y coste, inversión
cimentada y respaldada por el aporte estatal
y provincial y por el esfuerzo comunitario.
Su culminación es una gran satisfacción,
puesto que el éxito ha coronado la empresa.
La plaza Belgrano, para mí
y para muchos lujanenses, tiene hondas
connotaciones: religiosas, históricas,
patrióticas, turísticas... significados
inseparables de la tradición pueblerina
desde el tiempo de la colonia y de nuestra
independencia. Más cerca, en la vida
cotidiana, la plaza ha conservado el lazo
con nuestra niñez y nuestra juventud; aunque
ya ahora, aquellos signos que fueron su
característica han sido borrados por la
aplicación de nuevos criterios urbanísticos.
Desde el peldaño más alto
de la escalinata que accede a la puerta
principal de la Basílica se observa el
cambio que la remodelación ha producido en
la vista del casco histórico. Es una mirada
desde arriba que permite identificar los
muchos elementos sustituidos y los pocos que
aún se conservan de los existentes en la
antigua traza.
Felizmente, el monumento a
nuestro prócer, creador de la Bandera
Nacional, permanece en su sitio de
preferencia. A nadie se le hubiera ocurrido
que la estatua ecuestre podía ocupar otro
que no fuera el centro del espacio público
frente a la fachada de la magnífica Basílica
Nacional. En los albores de la conformación
de dicho lugar y cuando Luján se perfilaba
ya como un gran núcleo de culto nacional e
internacional, el General Belgrano visitó el
templo para reverenciar a la Virgen. Al pie
de su altar rogó por el amparo que les había
dado a sus ejércitos de Argentina, Paraguay
y Uruguay.
La sociedad toda reconoció
el mérito de dicho sitial.
En razón de mis recuerdos,
puedo decir que hasta allí nos trasladábamos
con conservadoras maestras cuando
estudiábamos la vida de nuestro héroe o la
obra artística de escultores que le habían
rendido homenaje eternizándolo en el bronce.
Ya en nuestra adolescencia, el monumento era
la visita obligada en el paseo hacia el
Museo Histórico y, muchas veces, en ese
mismo lugar hacíamos un alto para el
descanso y la conversación pero... don
Manuel Belgrano ha sido, es y será
inseparable del símbolo patrio que fue su
creación.
Al parecer, en la nueva
diagramación de la plaza ¡vaya a saber por
cuáles razones! el mástil que siempre ocupó
la esquina de San Martín y Salvaire fue
quitado de ese lugar y eliminado de
cualquier otro... ¡que los urbanistas tienen
sus propias perspectivas para evaluar la
integración de ciertos elementos al paisaje!
Desgraciadamente, el
mástil no corrió la misma suerte que el
monumento. Perdió su lugar de origen y, al
parecer, tampoco pudo ubicárselo en otro; de
igual o parecida jerarquía.
La añoranza me conduce
hacia los días de grandes peregrinaciones de
colectividades extranjeras, de visitas de
autoridades nacionales, de festividades
vinculadas con nuestras costumbres cuando
los protagonistas y espectadores nos
reuníamos al pie del mástil. Y, más emotivo
aún, las oportunidades en las que nos
aglomerábamos los maestros, alumnos,
autoridades y vecinos para izar nuestra
Bandera, ceremonia previa a los desfiles en
la conmemoración de las fiestas patrias.
Mi memoria próxima me
indica que, hasta su destrucción, el mástil
tuvo su bandera al tope todos los días del
año, hecho que se repite en casi todas las
principales plazas de las ciudades del mundo
como representación de lugar y legitimación
de soberanía.
Es verdad que a la entrada
de la ciudad existe otro mástil de
inauguración reciente. También es cierto
que, en el futuro, en él se izará nuestra
enseña patria buscando crear otra escena
para otros actores sociales. A mi criterio,
no será lo mismo. Nada reemplazará el
protagonismo popular generado por nuestra
tradición y manifestado en el imponente
ámbito de la plaza Belgrano con su entorno
histórico religioso, repleta de gente un día
de fiesta conmemorativa.
Personalmente, quiero
expresar mi pena por esta pérdida, con el
mástil desaparecido, sin estridencia, una
propiedad emblemática que no tuvo cabida
como vivencia ciudadana en la nueva
distribución arquitectónica del espacio.
Es posible que esta ciudad
responda a la aplicación de nuevos
criterios, a formas inéditas que toma la
expresión patriótica y en particular la
valoración del símbolo como una práctica que
apunta a reconocer una identidad social.
Resta decir que es mi
deseo, quiera y pueda enmendarse la omisión
y en un futuro la Bandera Argentina flamee
nuevamente en un lugar preferencial de
nuestra plaza Belgrano.
María Elisa Etchart |