Miércoles 3 de Octubre de 2007 - Año 92 - Edición 7321 - Edición digital 0621

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Cuando en política se pierden los principios

Escribe Alfredo Elli

En estos días, en Luján, veremos cómo los políticos locales del oficialismo empiezan a probarse sus trajes de candidatos, tanto a intendente como concejales. Seguramente, en su momento acompañados por figuras políticas del orden provincial y nacional.

Con curiosidad veremos cómo muchos hablan de la consolidación de los proyectos acompañando en el orden nacional y provincial a sus candidatos. Algunos reivindicando su lucha por los derechos humanos, el acompañamiento a la clase desprotegida, al desocupado y haciendo hincapié en la recuperación que tuvo el país. Sin contar que gracias a las retenciones y al control de precios, la nación otorga subsidios directos por fuera de la coparticipación de las provincias, a las que no llegan a éstas en forma directa por ser de manejo arbitrario del Estado nacional.

Ni decir que éste los reparte a discreción para captar voluntades provinciales y municipales (porque de lo contrario estarían en quiebra), para que le sean funcionales a su proyecto de poder hegemónico, corriendo serios riesgos de permitir construir un Estado monárquico. El rey delegará a su reina el mando y, posteriormente, ella hará lo mismo, burlando una vez más a la Constitución Nacional como hoy lo está haciendo con el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, con el manipuleo de la ley electoral, de la corte, de la magistratura. Todo ello sumado al descaro de decir que no pone las manos en el fuego por nadie, pero por cada baldosa que pretende pisar salta el pus de la corrupción, como las valijas traídas de Venezuela, el caso Skanka, los subsidios a la red vial y al transporte que nunca sabremos cuánto gasta un colectivo en su recorrido promedio.

Si a esto no lo reconocen estos señores "políticos" esto no es política, es la dilación de la verdad y el apriete social. Pues a nosotros, los ciudadanos que tengamos que decidir con el voto también nos estarían coaccionando con el temor de que todo explotará.

Pero cuando se pierden los principios políticos y no se entiende que el militante, el dirigente, tiene que ser la verdadera polea de transmisión en base a los requerimientos de su pueblo, y el Estado aplicar las herramientas necesarias con legislaciones que le den el bienestar; con un proyecto de Estado que sea común a los intereses de progresismo o sus extremos y que lo puedan aplicar de acuerdo a la confianza que les genere sus votantes, jamás encontraremos el camino ni como sociedad ni como Estado.

Sin ir más lejos, veamos lo que ocurre en nuestra querida ciudad. Como tenemos un gobierno inerte, mentiroso e incapaz, que cada cuatro años renueva sus promesas enterradas en gestiones pasadas, excusándose en los malos gobernantes nacionales, como si los gobernantes provinciales no existieran y ellos, los locales, fueran las víctimas de no poder cumplir.

Veamos a la oposición. Hablan de proyectos que copian de charlas de café o de manuales que jamás leyeron, porque el intelecto se los da Kafka, Zaramago o su profesionalismo, y no el sentido común de charlar con todos los vecinos.

Miremos cómo se crean partidos políticos mezclando ideologías; generando alianzas para llevar candidatos egoístas pensando que sus posiciones son las mejores; sin compromisos programáticos; alegando representatividad entre cuatro paredes o sellos de goma que seguramente, después de llegar, votarán por su conciencia o conveniencia y no por su compromiso ante lo que firmó y se comprometió con el leal ciudadano que lo votó.

En estos casos, si su conciencia es más fuerte que su firma tiene que renunciar, pues la política es colegiada y las actuaciones tienen que salir gracias de la información que nuestro representante dé y del consenso que logre con sus seguidores.

Seguramente el 28 de octubre veremos más de nueve listas de candidatos a intendente, con repetición de nombres que se dicen renovación y no dejan de ser casi los mismos reciclados de siempre. En realidad, no dejan ni pretenden educar cívicamente al pueblo para que participe, porque de ser así muchos tendrían que dejar la función pública. En su mayoría, entraron por política y no por capacidad, a pesar de que hoy se crean funcionarios de carrera sin siquiera haber dado un examen de idoneidad en sus fojas de servicio, y mucho menos podrían ser capaces de enfrentar un trabajo privado por el solo hecho de tener que cumplir horario.

Por último, los futuros representantes del pueblo que se presenten en las próximas elecciones no olviden que los partidos políticos fueron y son los que le dieron al país la base de equidad social. Los que deberían permitir que la sociedad pueda tener un piso de crecimiento sostenido, no una igualdad que permita tener un achatamiento mental para el cual sea lo mismo la Biblia que el calefón.

A mi pesar, pienso que la intervención de la UCR y la soberanía política de los que dicen llamarse los probos de la derecha con un partido progresista, no deja más espacio que romper un partido centenario que hizo de su lucha una causa contra el régimen. Y que hoy, por egoísmo de querer mostrar capacidad de no abrir el partido y no debatir internamente, seremos funcionales al gobierno del intendente Prince, que más allá de su liderazgo natural muestra -por sus años de gobierno- un agotamiento e incapacidad de adicción.