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Cuando en política se pierden los
principios Escribe Alfredo
Elli
En estos días, en Luján, veremos cómo
los políticos locales del oficialismo empiezan a
probarse sus trajes de candidatos, tanto a intendente
como concejales. Seguramente, en su momento acompañados
por figuras políticas del orden provincial y nacional.
Con curiosidad veremos cómo muchos
hablan de la consolidación de los proyectos acompañando
en el orden nacional y provincial a sus candidatos.
Algunos reivindicando su lucha por los derechos humanos,
el acompañamiento a la clase desprotegida, al desocupado
y haciendo hincapié en la recuperación que tuvo el país.
Sin contar que gracias a las retenciones y al control de
precios, la nación otorga subsidios directos por fuera
de la coparticipación de las provincias, a las que no
llegan a éstas en forma directa por ser de manejo
arbitrario del Estado nacional.
Ni decir que éste los reparte a
discreción para captar voluntades provinciales y
municipales (porque de lo contrario estarían en
quiebra), para que le sean funcionales a su proyecto de
poder hegemónico, corriendo serios riesgos de permitir
construir un Estado monárquico. El rey delegará a su
reina el mando y, posteriormente, ella hará lo mismo,
burlando una vez más a la Constitución Nacional como hoy
lo está haciendo con el candidato a gobernador de la
provincia de Buenos Aires, con el manipuleo de la ley
electoral, de la corte, de la magistratura. Todo ello
sumado al descaro de decir que no pone las manos en el
fuego por nadie, pero por cada baldosa que pretende
pisar salta el pus de la corrupción, como las valijas
traídas de Venezuela, el caso Skanka, los subsidios a la
red vial y al transporte que nunca sabremos cuánto gasta
un colectivo en su recorrido promedio.
Si a esto no lo reconocen estos
señores "políticos" esto no es política, es la dilación
de la verdad y el apriete social. Pues a nosotros, los
ciudadanos que tengamos que decidir con el voto también
nos estarían coaccionando con el temor de que todo
explotará.
Pero cuando se pierden los principios
políticos y no se entiende que el militante, el
dirigente, tiene que ser la verdadera polea de
transmisión en base a los requerimientos de su pueblo, y
el Estado aplicar las herramientas necesarias con
legislaciones que le den el bienestar; con un proyecto
de Estado que sea común a los intereses de progresismo o
sus extremos y que lo puedan aplicar de acuerdo a la
confianza que les genere sus votantes, jamás
encontraremos el camino ni como sociedad ni como Estado.
Sin ir más lejos, veamos lo que ocurre
en nuestra querida ciudad. Como tenemos un gobierno
inerte, mentiroso e incapaz, que cada cuatro años
renueva sus promesas enterradas en gestiones pasadas,
excusándose en los malos gobernantes nacionales, como si
los gobernantes provinciales no existieran y ellos, los
locales, fueran las víctimas de no poder cumplir.
Veamos a la oposición. Hablan de
proyectos que copian de charlas de café o de manuales
que jamás leyeron, porque el intelecto se los da Kafka,
Zaramago o su profesionalismo, y no el sentido común de
charlar con todos los vecinos.
Miremos cómo se crean partidos
políticos mezclando ideologías; generando alianzas para
llevar candidatos egoístas pensando que sus posiciones
son las mejores; sin compromisos programáticos; alegando
representatividad entre cuatro paredes o sellos de goma
que seguramente, después de llegar, votarán por su
conciencia o conveniencia y no por su compromiso ante lo
que firmó y se comprometió con el leal ciudadano que lo
votó.
En estos casos, si su conciencia es
más fuerte que su firma tiene que renunciar, pues la
política es colegiada y las actuaciones tienen que salir
gracias de la información que nuestro representante dé y
del consenso que logre con sus seguidores.
Seguramente el 28 de octubre veremos
más de nueve listas de candidatos a intendente, con
repetición de nombres que se dicen renovación y no dejan
de ser casi los mismos reciclados de siempre. En
realidad, no dejan ni pretenden educar cívicamente al
pueblo para que participe, porque de ser así muchos
tendrían que dejar la función pública. En su mayoría,
entraron por política y no por capacidad, a pesar de que
hoy se crean funcionarios de carrera sin siquiera haber
dado un examen de idoneidad en sus fojas de servicio, y
mucho menos podrían ser capaces de enfrentar un trabajo
privado por el solo hecho de tener que cumplir horario.
Por último, los futuros representantes
del pueblo que se presenten en las próximas elecciones
no olviden que los partidos políticos fueron y son los
que le dieron al país la base de equidad social. Los que
deberían permitir que la sociedad pueda tener un piso de
crecimiento sostenido, no una igualdad que permita tener
un achatamiento mental para el cual sea lo mismo la
Biblia que el calefón.
A mi pesar, pienso que la intervención
de la UCR y la soberanía política de los que dicen
llamarse los probos de la derecha con un partido
progresista, no deja más espacio que romper un partido
centenario que hizo de su lucha una causa contra el
régimen. Y que hoy, por egoísmo de querer mostrar
capacidad de no abrir el partido y no debatir
internamente, seremos funcionales al gobierno del
intendente Prince, que más allá de su liderazgo natural
muestra -por sus años de gobierno- un agotamiento e
incapacidad de adicción.
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