Miércoles 10 de Octubre de 2007 - Año 92 - Edición 7323 - Edición digital 0623

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Por quién no voy a votar

Sin ánimo de pecar de presuntuoso y consciente que mi opinión puede ser tan solo mía y no ser compartida por la inmensa mayoría de mis vecinos, creo que al igual que a todos me asiste el derecho de expresar mis ideas, mi sentir, mi preocupación ante la inminencia de las próximas elecciones y para ello pido permiso, al mismo tiempo que adelanto mis disculpas, a todos aquellos que no adhieran a mis expresiones.

Nací hace sesenta años en un país en el que los niños éramos los únicos privilegiados y donde impulsado por la fuerza incontenible de una mujer inigualable (¿hace falta que mencione a Evita?) el naciente Movimiento Nacional Justicialista nos posibilitaba el acceso a la educación, a la salud, a la alimentación, a la recreación, al turismo, a la vivienda digna, a través del trabajo digno de nuestros padres en un marco institucional y social que permitía y estimulaba la promoción social y el bienestar general.

Siendo aún adolescente, y por convencimiento, abracé con pasión la Doctrina Peronista -pese a la proscripción que por aquel tiempo caía sobre ella, sus símbolos y sus seguidores- porque creí, creo y seguiré creyendo que en nuestra tierra junto a la Doctrina Social de la Iglesia son las únicas herramientas para construir la comunidad organizada. A través de ambas se podrá recomponer el entramado social que nos comprenda a todos sin ninguna clase de exclusiones, restituyendo la cultura del trabajo, del respeto, de la dignidad y la justicia social; con un racional aprovechamiento de nuestros recursos humanos y naturales; mediante un desarrollo sustentable y una equitativa distribución de la riqueza; garantizándonos “a todos” la vigencia plena de “todos los derechos humanos”.

Durante más de 40 años de adhesión y militancia política y un vasto ejercicio de la función pública, he puesto de manifiesto mi pertenencia al peronismo y desde aquella primera ocasión en que pude emitir mi voto -en la ya legendaria elección de marzo de 1973 que abrió las puertas para el regreso de Perón- me imaginé siempre votando candidatos peronistas con quienes hacer realidad el sueño de Patria grande, libre, justa y soberana.

Hoy, viendo los partidos políticos bastardeados como consecuencia del vaciamiento ideológico y del descreimiento de la comunidad en sus principios rectores, resultante del tragicómico accionar público de muchos de sus más encumbrados personajes; absorto ante el desenfadado incremento de lo que alguna vez llamé “turismo político”, de dirigentes a los que cualquier colectivo les viene bien en la medida que los conduzca al horizonte en que puedan satisfacer sus intereses personales por encima de los de la comunidad; viendo cómo, desvergonzadamente, se compran lealtades creyendo que el conjunto del pueblo es amnésico; es la primera vez en mi vida que -al menos en mi ciudad- a pocos días de las elecciones no sé todavía por quien votar, aunque tengo muy en claro por quién no voy a votar.

En Luján se presenta como candidata a Intendente la Dra. Graciela Rosso, que muy probablemente llevará en sus boletas la sigla y los símbolos del Partido Justicialista, sin siquiera sonrojarse por registrar en sus antecedentes la pertenencia a un partido político prácticamente desaparecido (me refiero al Partido Comunista), que fue sistemáticamente opositor al Peronismo desde su nacimiento y con el cual los peronistas, al adoptar lo que se llamó “Tercera Posición”, tratamos siempre de diferenciarnos cuando precisábamos que no éramos “ni Yanquis ni Marxistas”.

Si bien este aspecto puede aparecer devaluado en el escenario de “turismo político” al que hice referencia, la candidata a Intendente registra otro antecedente más reciente y pernicioso que es, en definitiva, el que -desde mis más íntimas convicciones- me impulsa a manifestar que no la votaré, ya que me impide confiar en cualquier propuesta que pueda llegar a hacer a la comunidad (aunque hasta ahora no se conocen sus propuestas). La Dra. Graciela Rosso, virtual Viceministra de Salud de la Nación en la gestión de Ginés González García y actual Diputada Nacional, es una de las más fervientes promotoras e impulsoras de la “Cultura de la muerte” al impulsar en el ámbito legislativo LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO en la República Argentina.

No faltará quien se pregunte qué tiene que ver el tema del aborto con el cargo de Intendente al que se postula la candidata. Aunque parezca un tema ajeno tiene mucho que ver, porque la gestión municipal -a través de los dos departamentos que la componen (Ejecutivo y Deliberativo)- tiene por función administrar los bienes del común y ejecutar acciones de gobierno para posibilitar a todos los integrantes de la comunidad el permanente mejoramiento de sus condiciones y calidades de VIDA, tanto en lo individual como en lo colectivo. Y estas acciones no pueden limitarse a una mejor y más eficiente prestación de servicios públicos o a la construcción de mayor cantidad de obras de infraestructura urbana, sino que tienen que tener por objetivo fundamental el respeto, el enaltecimiento y la dignificación de la Persona Humana.

¿Cómo creer entonces lo que pueda decirnos la candidata sobre temas que acaparan la atención del diario vivir en comunidad? Como medidas o programas tendientes a morigerar o eliminar la violencia familiar; satisfacer necesidades básicas de los sectores más desposeídos o garantizar la seguridad de las personas. ¿O sobre proyectos de inclusión y promoción social; generación de empleo digno; revalorización de nuestras más genuinas tradiciones; difusión y defensa de los derechos del niño, los adolescentes y los ancianos; sobre el respeto de la “totalidad” de los derechos humanos, si se manifiesta abiertamente en contra del más eminente de esos derechos como es el DERECHO A LA VIDA que la Constitución Nacional y los Pactos Internacionales, incorporados en 1994, garantizan desde el preciso momento de la concepción?

Existe un valor fundamental para la vida en sociedad que no es negociable: el respeto y defensa de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, que va más allá de cualquier creencia religiosa porque se trata de una verdad indiscutible desde lo meramente racional o natural.

Respetando y defendiendo este valor fundamental con todo nuestro esfuerzo y convencimiento y garantizando, a partir del mismo, la “plena vigencia de todos los derechos humanos para todos los seres humanos“, me animo a creer que todo cuanto necesite la persona humana para desarrollarse individual y colectivamente se nos dará por añadidura.

Por el contrario, quien comienza por negar el derecho a la vida de los inocentes, ¿cómo habrá de garantizarnos el legítimo ejercicio de los demás derechos humanos, políticos, civiles, sociales?

En la lista que encabeza la Dra. Graciela Rosso encuentro compañeros y vecinos -algunos que en otras ocasiones he acompañado y que despiertan mi afecto y todos mis respetos- muchos de los cuales tengo la seguridad que no adhieren a su postura respecto del aborto. A todos ellos les digo públicamente que, prescindiendo de sus cualidades personales, no los voy a votar por haberse encolumnado detrás de una personera de la “Cultura de la Muerte de santos inocentes“.

Raúl Alfredo Roldán


Hartos de inseguridad

Al intendente municipal y miembros del Concejo Deliberante:

A ningún vecino de Luján se le pasa por alto que la inseguridad en nuestra ciudad ha llegado a un punto insostenible. A ninguno... menos a ustedes. Y estamos hartos. Así de simple.

Hartos de que día tras día nos roben en los comercios que tanto nos cuesta mantener; de salir a trabajar con nuestro remís y no saber si bajaremos de él vivos; de ver cómo se ha instalado la moda de robar a jubilados en sus casas y ponerle “la frutilla a la torta” matándolos a palos; de tener que instalar cien rejas en nuestras casas y quedarnos adentro, como si nosotros fuésemos los delincuentes...

Hartos de comprobar que aquellos que nos roban y nos apalean se mueven a sus anchas por Luján, que hacen lo que les viene en gana y con todo descaro, que incluso se permiten el lujo de robar reiteradamente en las mismas zonas porque tienen la seguridad de que la Policía no va a llegar a tiempo ni por casualidad. Se ríen en nuestra mismísima cara. Saben que disponen de todas las comodidades para delinquir y hacernos la vida imposible sin tener que pagar nada a cambio.

Ustedes, señores concejales y políticos en general, nos recuerdan con insistencia que en una sociedad democrática todos tenemos derechos y deberes. Pero desgraciadamente, hemos llegado a un punto en el que se han confundido los términos. El sentimiento generalizado es que los tradicionales “derecho a trabajar”, “derecho a la seguridad” y “derecho a la vida” han sido sustituidos por el “derecho a robar” y el “derecho a matar”.

En cuanto a las obligaciones, da la impresión de que sólo existen para los trabajadores comunes. Pero, ¿qué hay de la obligación que tienen ustedes de combatir la delincuencia? ¿Por qué no ponen el mismo empeño en solucionar el tema de la inseguridad que el que ponen en recaudar todos y cada uno de los impuestos con los que nos abruman día tras día?

Los que cada mañana nos levantamos para ir a nuestros trabajos nos sentimos como bueyes apaleados. Tiramos del carro de las tasas exageradas para cubrir servicios prácticamente inexistentes (seguridad, limpieza municipal, asfaltado y mantenimiento de calles), aumento de los precios, etc. Y el camino se nos complica aún más cuando vemos que día tras día tenemos que lidiar con un número cada vez mayor de sinvergüenzas que se llevan, en cuestión de minutos, lo poco que conseguimos a través de años de trabajo y sacrificio. Eso suponiendo que nos podamos considerar entre los afortunados que aún no han perdido la vida a manos de energúmenos que, por sus antecedentes, deberían estar en prisión hace años y no paseando tranquilamente mientras deciden quién va a ser el próximo al que le van a amargar la existencia.

Cada vez que se les menciona el tema de la seguridad ciudadana ustedes apelan al triste recurso de las comparaciones. “Luján es una ciudad segura. Y si no lo creen, miren que en tal sitio los índices de delincuencia triplican los nuestros”. Y sí. También nos podemos comparar con Sarajevo en la época de la Guerra de los Balcanes.

Pero, ¿por qué no toman ustedes como referencia aquellas localidades, provincias o países donde la delincuencia es, como mínimo, tres veces menor? ¿Por qué no se comparan con los sitios donde uno puede salir a pasear a la hora que quiera sin que le tiemblen las piernas? ¿Acaso no se consideran capaces de igualar Luján a estos últimos lugares y sí se creen que pueden igualarlo a los primeros?

Esta carta no es una petición para ustedes, no es la solicitud de un favor. Es una exigencia. Es la exigencia de que cumplan con las obligaciones que conlleva su cargo.

Ustedes son responsables de que se cumpla algo que es de sentido común para todos: que el trabajador pueda ir a trabajar, que el jubilado pueda disfrutar de su retiro y que el delincuente pague por delinquir. Si faltan efectivos policiales, si hay pocos patrulleros, si los juzgados están llenos o si los trámites son interminables no nos interesa. Todos y cada uno de nosotros nos preocupamos por solventar las dificultades que se nos presentan en nuestros respectivos trabajos.

Por eso mismo es a ustedes a quien corresponde solucionar los problemas propios del puesto que ocupan.

Señores concejales, señor intendente: ya basta. Dejen de ignorar lo que pasa y pónganse a trabajar en el tema de una vez por todas. Paren de poner excusas para justificar su absoluto desinterés por lo que padecemos los vecinos día tras día. Resuelvan los problemas prioritarios de la ciudad, como lo es el tema de la inseguridad, y luego, si les sobra tiempo, dedíquense a los conciertos, inauguraciones de obras no finalizadas y actos de todo tipo que tanto les gusta. Queremos poder trabajar tranquilos y vivir bien. Nada más.

Por último, no dudamos de su capacidad para tomar decisiones por unanimidad y en un brevísimo tiempo. A la hora de subir un 60% los impuestos municipales fueron ustedes más que efectivos. Si son incapaces de ser igual de efectivos para solucionar el problema de la inseguridad, les pedimos lo que ya les pedimos en muchas otras ocasiones: QUE SE VAYAN TODOS.

Alejandro Pighin

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