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Por quién no voy a votar
Sin ánimo de pecar de
presuntuoso y consciente que mi opinión
puede ser tan solo mía y no ser compartida
por la inmensa mayoría de mis vecinos, creo
que al igual que a todos me asiste el
derecho de expresar mis ideas, mi sentir, mi
preocupación ante la inminencia de las
próximas elecciones y para ello pido
permiso, al mismo tiempo que adelanto mis
disculpas, a todos aquellos que no adhieran
a mis expresiones.
Nací hace sesenta años en
un país en el que los niños éramos los
únicos privilegiados y donde impulsado
por la fuerza incontenible de una mujer
inigualable (¿hace falta que mencione a
Evita?) el naciente Movimiento Nacional
Justicialista nos posibilitaba el acceso a
la educación, a la salud, a la alimentación,
a la recreación, al turismo, a la vivienda
digna, a través del trabajo digno de
nuestros padres en un marco institucional y
social que permitía y estimulaba la
promoción social y el bienestar general.
Siendo aún adolescente, y
por convencimiento, abracé con pasión la
Doctrina Peronista -pese a la proscripción
que por aquel tiempo caía sobre ella, sus
símbolos y sus seguidores- porque creí, creo
y seguiré creyendo que en nuestra tierra
junto a la Doctrina Social de la Iglesia son
las únicas herramientas para construir la
comunidad organizada. A través de ambas se
podrá recomponer el entramado social que nos
comprenda a todos sin ninguna clase de
exclusiones, restituyendo la cultura del
trabajo, del respeto, de la dignidad y la
justicia social; con un racional
aprovechamiento de nuestros recursos humanos
y naturales; mediante un desarrollo
sustentable y una equitativa distribución de
la riqueza; garantizándonos “a todos” la
vigencia plena de “todos los derechos
humanos”.
Durante más de 40 años de
adhesión y militancia política y un vasto
ejercicio de la función pública, he puesto
de manifiesto mi pertenencia al peronismo y
desde aquella primera ocasión en que pude
emitir mi voto -en la ya legendaria elección
de marzo de 1973 que abrió las puertas para
el regreso de Perón- me imaginé siempre
votando candidatos peronistas con quienes
hacer realidad el sueño de Patria grande,
libre, justa y soberana.
Hoy, viendo los partidos
políticos bastardeados como consecuencia del
vaciamiento ideológico y del descreimiento
de la comunidad en sus principios rectores,
resultante del tragicómico accionar público
de muchos de sus más encumbrados personajes;
absorto ante el desenfadado incremento de lo
que alguna vez llamé “turismo político”, de
dirigentes a los que cualquier colectivo les
viene bien en la medida que los conduzca al
horizonte en que puedan satisfacer sus
intereses personales por encima de los de la
comunidad; viendo cómo, desvergonzadamente,
se compran lealtades creyendo que el
conjunto del pueblo es amnésico; es la
primera vez en mi vida que -al menos en mi
ciudad- a pocos días de las elecciones
no sé todavía por
quien votar, aunque tengo muy en claro por
quién no voy a votar.
En Luján se presenta como
candidata a Intendente la Dra. Graciela
Rosso, que muy probablemente llevará en
sus boletas la sigla y los símbolos del
Partido Justicialista, sin siquiera
sonrojarse por registrar en sus antecedentes
la pertenencia a un partido político
prácticamente desaparecido (me refiero al
Partido Comunista), que fue sistemáticamente
opositor al Peronismo desde su nacimiento y
con el cual los peronistas, al adoptar lo
que se llamó “Tercera Posición”, tratamos
siempre de diferenciarnos cuando
precisábamos que no éramos “ni Yanquis ni
Marxistas”.
Si bien este aspecto puede
aparecer devaluado en el escenario de
“turismo político” al que hice referencia,
la candidata a Intendente registra otro
antecedente más reciente y pernicioso que
es, en definitiva, el que -desde mis más
íntimas convicciones- me impulsa a
manifestar que no la votaré, ya que me
impide confiar en cualquier propuesta que
pueda llegar a hacer a la comunidad (aunque
hasta ahora no se conocen sus propuestas).
La Dra. Graciela Rosso, virtual
Viceministra de Salud de la Nación en la
gestión de Ginés González García y actual
Diputada Nacional, es una de las más
fervientes promotoras e impulsoras de la
“Cultura de la muerte” al impulsar en el
ámbito legislativo LA DESPENALIZACIÓN DEL
ABORTO en la República Argentina.
No faltará quien se
pregunte qué tiene que ver el tema del
aborto con el cargo de Intendente al que se
postula la candidata. Aunque parezca un tema
ajeno tiene mucho que ver, porque la gestión
municipal -a través de los dos departamentos
que la componen (Ejecutivo y Deliberativo)-
tiene por función administrar los bienes del
común y ejecutar acciones de gobierno para
posibilitar a todos los integrantes de la
comunidad el permanente mejoramiento de sus
condiciones y calidades de VIDA,
tanto en lo individual como en lo colectivo.
Y estas acciones no pueden limitarse a una
mejor y más eficiente prestación de
servicios públicos o a la construcción de
mayor cantidad de obras de infraestructura
urbana, sino que tienen que tener por
objetivo fundamental el respeto, el
enaltecimiento y la dignificación de la
Persona Humana.
¿Cómo creer entonces lo
que pueda decirnos la candidata sobre temas
que acaparan la atención del diario vivir en
comunidad? Como medidas o programas
tendientes a morigerar o eliminar la
violencia familiar; satisfacer necesidades
básicas de los sectores más desposeídos o
garantizar la seguridad de las personas. ¿O
sobre proyectos de inclusión y promoción
social; generación de empleo digno;
revalorización de nuestras más genuinas
tradiciones; difusión y defensa de los
derechos del niño, los adolescentes y los
ancianos; sobre el respeto de la “totalidad”
de los derechos humanos, si se manifiesta
abiertamente en contra del más eminente de
esos derechos como es el DERECHO A LA
VIDA que la Constitución Nacional y los
Pactos Internacionales, incorporados en
1994, garantizan desde el preciso momento de
la concepción?
Existe un valor
fundamental para la vida en sociedad que no
es negociable: el respeto y defensa de la
vida humana desde la concepción hasta su fin
natural, que va más allá de cualquier
creencia religiosa porque se trata de una
verdad indiscutible desde lo meramente
racional o natural.
Respetando y defendiendo
este valor fundamental con todo nuestro
esfuerzo y convencimiento y garantizando, a
partir del mismo, la “plena vigencia de
todos los derechos humanos para todos los
seres humanos“, me animo a creer que
todo cuanto necesite la persona humana para
desarrollarse individual y colectivamente se
nos dará por añadidura.
Por el contrario, quien
comienza por negar el derecho a la vida de
los inocentes, ¿cómo habrá de garantizarnos
el legítimo ejercicio de los demás derechos
humanos, políticos, civiles, sociales?
En la lista que encabeza
la Dra. Graciela Rosso encuentro
compañeros y vecinos -algunos que en otras
ocasiones he acompañado y que despiertan mi
afecto y todos mis respetos- muchos de los
cuales tengo la seguridad que no adhieren a
su postura respecto del aborto. A todos
ellos les digo públicamente que,
prescindiendo de sus cualidades personales,
no los voy a votar
por haberse encolumnado detrás de una
personera de la “Cultura de la Muerte de
santos inocentes“.
Raúl Alfredo Roldán
Hartos de inseguridad
Al intendente municipal y
miembros del Concejo Deliberante:
A ningún vecino de Luján
se le pasa por alto que la inseguridad en
nuestra ciudad ha llegado a un punto
insostenible. A ninguno... menos a ustedes.
Y estamos hartos. Así de simple.
Hartos de que día tras día
nos roben en los comercios que tanto nos
cuesta mantener; de salir a trabajar con
nuestro remís y no saber si bajaremos de él
vivos; de ver cómo se ha instalado la moda
de robar a jubilados en sus casas y ponerle
“la frutilla a la torta” matándolos a palos;
de tener que instalar cien rejas en nuestras
casas y quedarnos adentro, como si nosotros
fuésemos los delincuentes...
Hartos de comprobar que
aquellos que nos roban y nos apalean se
mueven a sus anchas por Luján, que hacen lo
que les viene en gana y con todo descaro,
que incluso se permiten el lujo de robar
reiteradamente en las mismas zonas porque
tienen la seguridad de que la Policía no va
a llegar a tiempo ni por casualidad. Se ríen
en nuestra mismísima cara. Saben que
disponen de todas las comodidades para
delinquir y hacernos la vida imposible sin
tener que pagar nada a cambio.
Ustedes, señores
concejales y políticos en general, nos
recuerdan con insistencia que en una
sociedad democrática todos tenemos derechos
y deberes. Pero desgraciadamente, hemos
llegado a un punto en el que se han
confundido los términos. El sentimiento
generalizado es que los tradicionales
“derecho a trabajar”, “derecho a la
seguridad” y “derecho a la vida” han sido
sustituidos por el “derecho a robar” y el
“derecho a matar”.
En cuanto a las
obligaciones, da la impresión de que sólo
existen para los trabajadores comunes. Pero,
¿qué hay de la obligación que tienen ustedes
de combatir la delincuencia? ¿Por qué no
ponen el mismo empeño en solucionar el tema
de la inseguridad que el que ponen en
recaudar todos y cada uno de los impuestos
con los que nos abruman día tras día?
Los que cada mañana nos
levantamos para ir a nuestros trabajos nos
sentimos como bueyes apaleados. Tiramos del
carro de las tasas exageradas para cubrir
servicios prácticamente inexistentes
(seguridad, limpieza municipal, asfaltado y
mantenimiento de calles), aumento de los
precios, etc. Y el camino se nos complica
aún más cuando vemos que día tras día
tenemos que lidiar con un número cada vez
mayor de sinvergüenzas que se llevan, en
cuestión de minutos, lo poco que conseguimos
a través de años de trabajo y sacrificio.
Eso suponiendo que nos podamos considerar
entre los afortunados que aún no han perdido
la vida a manos de energúmenos que, por sus
antecedentes, deberían estar en prisión hace
años y no paseando tranquilamente mientras
deciden quién va a ser el próximo al que le
van a amargar la existencia.
Cada vez que se les
menciona el tema de la seguridad ciudadana
ustedes apelan al triste recurso de las
comparaciones. “Luján es una ciudad segura.
Y si no lo creen, miren que en tal sitio los
índices de delincuencia triplican los
nuestros”. Y sí. También nos podemos
comparar con Sarajevo en la época de la
Guerra de los Balcanes.
Pero, ¿por qué no toman
ustedes como referencia aquellas
localidades, provincias o países donde la
delincuencia es, como mínimo, tres veces
menor? ¿Por qué no se comparan con los
sitios donde uno puede salir a pasear a la
hora que quiera sin que le tiemblen las
piernas? ¿Acaso no se consideran capaces de
igualar Luján a estos últimos lugares y sí
se creen que pueden igualarlo a los
primeros?
Esta carta no es una
petición para ustedes, no es la solicitud de
un favor. Es una exigencia. Es la exigencia
de que cumplan con las obligaciones que
conlleva su cargo.
Ustedes son responsables
de que se cumpla algo que es de sentido
común para todos: que el trabajador pueda ir
a trabajar, que el jubilado pueda disfrutar
de su retiro y que el delincuente pague por
delinquir. Si faltan efectivos policiales,
si hay pocos patrulleros, si los juzgados
están llenos o si los trámites son
interminables no nos interesa. Todos y cada
uno de nosotros nos preocupamos por
solventar las dificultades que se nos
presentan en nuestros respectivos trabajos.
Por eso mismo es a ustedes
a quien corresponde solucionar los problemas
propios del puesto que ocupan.
Señores concejales, señor
intendente: ya basta. Dejen de ignorar lo
que pasa y pónganse a trabajar en el tema de
una vez por todas. Paren de poner excusas
para justificar su absoluto desinterés por
lo que padecemos los vecinos día tras día.
Resuelvan los problemas prioritarios de la
ciudad, como lo es el tema de la
inseguridad, y luego, si les sobra tiempo,
dedíquense a los conciertos, inauguraciones
de obras no finalizadas y actos de todo tipo
que tanto les gusta. Queremos poder trabajar
tranquilos y vivir bien. Nada más.
Por último, no dudamos de
su capacidad para tomar decisiones por
unanimidad y en un brevísimo tiempo. A la
hora de subir un 60% los impuestos
municipales fueron ustedes más que
efectivos. Si son incapaces de ser igual de
efectivos para solucionar el problema de la
inseguridad, les pedimos lo que ya les
pedimos en muchas otras ocasiones: QUE SE
VAYAN TODOS.
Alejandro Pighin |