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El difícil arte de hablar sin decir nada
Qué burda manera de querer disfrazar la
realidad. La visita del gobernador bonaerense en franca huida,
ingeniero Felipe Solá, dejó una clase maestra de política, pero de
la peor política; no de esa que se acciona en beneficio de la gente.
Mientras el indescriptible director
del cerrado Complejo Museográfico “Enrique Udaondo”, arquitecto
Roberto Grin, se floreaba por la plaza Belgrano y buscaba salir en
todas las fotos, los más altos funcionarios provinciales intentaban
explicar la tardía reacción para cuidar el patrimonio del Museo
Udaondo. Ojalá Solá hubiese sido tan rápido para gestionar como para
responder preguntas con evasivas. Se le preguntó sobre el destino
final de las puertas de la antesala de la Casa de Tucumán y dijo que
“cuando pasen las elecciones hablaremos en serio y dejaremos de
hablar pavadas”.
En definitiva, no dijo qué piensa o
en Luján no se animó a decir lo mismo que expresó en Tucumán, cuando
desconociendo el origen de esos elementos consideró “ridículo” que
esas puertas estuvieran en el Museo de Luján.
Tampoco se especificó por qué hubo
que esperar a una seguidilla de robos y al cierre de las puertas al
público para que desde Provincia entendieran que había que invertir
en seguridad para el Museo. La promesa de fondos para cuidar los
bienes de la institución, ¿habrá surgido en paralelo con un reto
para Grin, que como funcionario en todos sus años de gestión no
logró siquiera inventariar los elementos del Complejo?
Pero hubo otros temas que atañen a la
vida de los lujanenses que también fueron víctimas de la
politiquería de Solá y compañía. El gobernador había prometido, en
junio del año pasado, que estarían a disposición los fondos para la
realización de un estudio integral sobre contaminación en Jáuregui.
Es más, había dicho que “le sonaban” caros, pero que se harían.
Cuando desde este medio se le volvió
a preguntar por su promesa incumplida, apeló a la imposibilidad de
explicar la situación porque no lo acompañaba la secretaria de
Política Ambiental. Es decir, zafó una vez más. Ni siquiera la
intervención del intendente Miguel Prince ayudó para sacarlo del
pantano.
Tanto amagó Solá para enfrentar con
respuestas y acciones concretas las necesidades de los vecinos de
Luján, que en uno de esos amagues se olvidó de ir a Carlos Keen, tal
como habían prometido las autoridades el día anterior.
Los pasacalles que pagamos todos y
que le daban la bienvenida a Solá (a un lugar al que nunca fue) se
transformaron en un inútil gasto más para la actual administración
local. Qué le hace una mancha más al tigre. Total, ayer fue todo
festejo oficial.
La Prensa de la Gobernación habló de
recorrida a obras que “en Luján realiza la Provincia” y los
funcionarios municipales no sólo estaban contentos por el
espaldarazo de Solá, sino también porque en sus cuentas bancarias se
acreditaron los sueldos adeudados.
¡Qué ganas de molestar con preguntas
incómodas sobre un Museo inseguro y un pueblo que dice que se está
contaminando!
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