Miércoles 5 de Septiembre de 2007 - Año 92 - Edición 7313 - Edición digital 0613

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El difícil arte de hablar sin decir nada

Qué burda manera de querer disfrazar la realidad. La visita del gobernador bonaerense en franca huida, ingeniero Felipe Solá, dejó una clase maestra de política, pero de la peor política; no de esa que se acciona en beneficio de la gente.

Mientras el indescriptible director del cerrado Complejo Museográfico “Enrique Udaondo”, arquitecto Roberto Grin, se floreaba por la plaza Belgrano y buscaba salir en todas las fotos, los más altos funcionarios provinciales intentaban explicar la tardía reacción para cuidar el patrimonio del Museo Udaondo. Ojalá Solá hubiese sido tan rápido para gestionar como para responder preguntas con evasivas. Se le preguntó sobre el destino final de las puertas de la antesala de la Casa de Tucumán y dijo que “cuando pasen las elecciones hablaremos en serio y dejaremos de hablar pavadas”.

En definitiva, no dijo qué piensa o en Luján no se animó a decir lo mismo que expresó en Tucumán, cuando desconociendo el origen de esos elementos consideró “ridículo” que esas puertas estuvieran en el Museo de Luján.

Tampoco se especificó por qué hubo que esperar a una seguidilla de robos y al cierre de las puertas al público para que desde Provincia entendieran que había que invertir en seguridad para el Museo. La promesa de fondos para cuidar los bienes de la institución, ¿habrá surgido en paralelo con un reto para Grin, que como funcionario en todos sus años de gestión no logró siquiera inventariar los elementos del Complejo?

Pero hubo otros temas que atañen a la vida de los lujanenses que también fueron víctimas de la politiquería de Solá y compañía. El gobernador había prometido, en junio del año pasado, que estarían a disposición los fondos para la realización de un estudio integral sobre contaminación en Jáuregui. Es más, había dicho que “le sonaban” caros, pero que se harían.

Cuando desde este medio se le volvió a preguntar por su promesa incumplida, apeló a la imposibilidad de explicar la situación porque no lo acompañaba la secretaria de Política Ambiental. Es decir, zafó una vez más. Ni siquiera la intervención del intendente Miguel Prince ayudó para sacarlo del pantano.

Tanto amagó Solá para enfrentar con respuestas y acciones concretas las necesidades de los vecinos de Luján, que en uno de esos amagues se olvidó de ir a Carlos Keen, tal como habían prometido las autoridades el día anterior.

Los pasacalles que pagamos todos y que le daban la bienvenida a Solá (a un lugar al que nunca fue) se transformaron en un inútil gasto más para la actual administración local. Qué le hace una mancha más al tigre. Total, ayer fue todo festejo oficial.

La Prensa de la Gobernación habló de recorrida a obras que “en Luján realiza la Provincia” y los funcionarios municipales no sólo estaban contentos por el espaldarazo de Solá, sino también porque en sus cuentas bancarias se acreditaron los sueldos adeudados.

¡Qué ganas de molestar con preguntas incómodas sobre un Museo inseguro y un pueblo que dice que se está contaminando!

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