Sábado 8 de Septiembre de 2007 - Año 92 - Edición 7314 - Edición digital 0614

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Links
Suplementos             
Cartas de lectores
Lujanenses en el mundo


Agradecimientos
Asambleas
Centro de jubilados
Cursos
Hallazgos y extravíos
Mensajes del Alma
Parroquiales
Sociales

Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Guía de Profesionales
 

 

 

 

 

 

 

En el Día del Maestro

Escribe Antonino Enrique Martínez

Reflexiones en torno a la obligatoriedad de la escuela secundaria

¿Qué es ejercer la docencia integralmente, es decir, estar frente a los alumnos enseñando una asignatura y ejercer algún cargo de conducción, ante el desafío que plantea la Ley Nacional de Educación Nº 26206 con respecto a la obligatoriedad de la Escuela Secundaria (E.S.)?

En el caso particular de la provincia de Buenos Aires ya ha recogido este mandato del orden nacional en su propia Ley Nº 13688 e impulsa el cumplimiento de esta meta.

Esa meta es, estoy convencido, generosa y progresista. Es bien sabido que alcanzar este objetivo en los sectores más indefensos de la sociedad significará un esfuerzo enorme. Harán falta políticas compensatorias para paliar carencias y hará falta capacitar a los docentes para comprender a los preadolescentes y adolescentes y compartir con ellos su realidad, sus opiniones y su cosmovisión del mundo.

Significa admitir que si implícita o explícitamente se señala que abandonen, se les está indicando el camino del incumplimiento de la ley.

Por otra parte, prácticamente todo empleo formal posible exige el secundario completo. Pero, ¿cómo hacen para completar el secundario los jóvenes que ingresan con formación insuficiente del nivel primario? Muchos han tenido un desempeño bajo por frecuente ausentismo, carencias económicas y problemas familiares.

Cada docente de la E.S. deberá encontrar alguna alternativa para retener a los alumnos en la escuela y que aprendan, más allá de diagnosticar que desconoce cuestiones esenciales. Aunque posiblemente éste no resulte ser el problema más importante. Lo que realmente requerirá una mirada nueva, nuevos enfoques y una alta, altísima dosis de paciencia y de capacitación específica, es entender el mundo de los jóvenes.

Fundamentalmente, desde los medios audiovisuales, los jóvenes reciben hoy mensajes que los incitan a consumir todo tipo de bienes. Quien no puede adquirir lo que le ofrecen se siente frustrado. NO abundan los ejemplos en que triunfan los perseverantes. Muchas veces se muestra el éxito de los transgresores.

La escuela actual deberá cambiar. Nadie me pregunte cómo exactamente. Pero en un mundo tan volátil, tan vertiginoso, tan incierto, tan desaprensivo frente a los grandes valores, invadido por la tecnología, la tiza y el pizarrón pertenecen a la era de piedra. ¿Pueden continuar siendo útiles? Sí, mientras se los utilice simultáneamente con todo lo nuevo.

Hace poco, un especialista de Estados Unidos escribió que para los jóvenes norteamericanos ya es viejo el correo electrónico, por lo cual aseguraba que es preciso incorporar el uso del celular.

Ya resulta casi común ver a un alumno que con su teléfono toma una instantánea del cuadro sinóptico hecho en el encerado o saca fotos de la página de un libro. Le resulta más rápido que ir a hacer una fotocopia. Practicidad, rapidez. También se copian mediante mensajes de texto.

Pero, lo tecnológico puede ser incorporado. El docente puede aprender la tecnología, hacer de ella un aliado y no un enemigo y esforzarse por demostrar que la máquina más importante que tiene que dominar el ser humano es su propia mente, su capacidad de razonar, reflexionar, opinar y crear.

La edad en la E.S. va de los 12-13 a los 17-18 años. ¿Cómo mantenerlos unas horas sentados, quietos en la clase, cuando su organismo está gastando toda su energía en dejar de ser niño o niña? ¿Cómo hacerlo cuando, incitados por malsanas publicidades y programas de televisión, se han iniciado en el camino del alcohol y de las drogas y han jugado a hacer el amor y a engendrar hijos para criarlos mientras ellos mismos no han terminado de crecer?

¿Cómo hacerlo cuando ya han comenzado a transitar el camino del delito participando en robos y asaltos?

Aun así deberán estar en la escuela. Porque no basta que la ley diga que la E.S. es obligatoria. También la legendaria Ley 1420 decía que la primaria era obligatoria y no siempre se cumplió.

¿Se cumplirá ésta? La ley sola no es suficiente. Por una parte tiene gran importancia la forma de implementarla y, por otra, la voluntad de hacerla efectiva. Por eso es importante que cada padre y cada chico, cada habitante de nuestra Argentina, sepa que la Educación es un derecho y que debe exigir que se le brinde la mejor formación posible para desarrollarse plenamente como persona. Para ser un ciudadano capaz de tener y sostener opinión propia y adherir con convicción al estilo de vida democrático.

Es necesario reivindicar el prestigio de la E.S. y destacar el valor simbólico de los docentes en una sociedad.

El principal escollo es hacer a la escuela atractiva para los jóvenes, hacer que se adueñen de ella, que se identifiquen, que comprendan que es un servicio que la Nación pone a su disposición para que alguien los acompañe en el proceso humanizante que, en definitiva, se prolonga a lo largo de toda la vida y se llama EDUCACIÓN.

Creo que, si se recuerda que todo aprendizaje pasa por el corazón, se encontrarán algunas respuestas para acompañar a los jóvenes en su tránsito por la E.S.

 


Raza que perdura

Escribe Silvia López Arce

El 28 de mayo pasado se conmemoró un aniversario más de la muerte de Rosario Vera Peñaloza, y al mismo tiempo se festejó el día de los Jardines de Infantes y de las Maestras Jardineras (en nuestro país generalmente festejamos algo conmemorando la muerte de alguien)... Los nuestros son argentinos (no argentinitos, por temor al achique) con delantales a cuadros, mucho menos pulcros y más acordes con sus actividades, que aquellos “vestidos como de nieve” de Rosario. Los nuestros están llenos de témperas, arena, cola vinílica...

Casi al mismo tiempo, el 29, estábamos analizando 283 artículos correspondientes al anteproyecto de Ley de Educación Provincial... 283 artículos en 8 horas de trabajo, distribuidas en 2 jornadas que seguramente son insuficientes para quienes no somos legistas, pero somos pensantes y responsables y críticos y cuando se nos proponen empresas como éstas intentamos hacerlas bien. Pero enfrentamos el reto y elaboramos propuestas y concertamos críticas.

Este 11 de septiembre otra vez recordaremos el fallecimiento de alguien que hizo la educación, con la humildad y simpleza de los grandes: Domingo Faustino Sarmiento. Y festejaremos, al mismo tiempo, el día del maestro.

Esta vez nos encuentra en medio de planes y medidas de lucha por reivindicaciones salariales, sociales. Pero los maestros no sólo peleamos por nuestros sueldos, buscamos -como es nuestra función social- generar cambios en el contexto. Así, apuntamos a que nuestras comunidades entiendan que la manifestación, el pedido de condiciones dignas de trabajo y de vida, el mejoramiento de los servicios educativos, la responsabilidad sobre el mantenimiento y atención de las instituciones y la educación pública gratuita en calidad y equidad, son un derecho que deben garantizar los gobiernos.

Por todo esto que nuestros maestros hacen y enseñan más allá de lo que realizan entre las paredes de un salón, una salita, o un servicio educativo, espero y deseo de corazón que pasen un día genial, en el mejor lugar que es junto a sus alumnos. Lejos de escritorios de técnicos en educación, lejos de teóricos, lejos de supuestos, para nosotros, las jardineras, en el arenero, compartiendo y disfrutando de un beso húmedo, del olorcito a cariño que nos trae un abrazo cortito, recibiendo una fina lluvia interestelar (de arena), en los rincones de juegos, donde nos transformamos en superhéroes, hablamos por teléfono con vecinas imaginarias, cocinamos masitas de aire, construimos puentes hasta la luna.

En mi Jardín, donde sabemos que no somos asistencialistas, pero igual asistimos el hambre de nuestros nenes para que puedan aprender... hambre de comida, de mimos, de escucha, de contención.

En mi Jardín, donde enseñar no es solamente un verbo conjugado, explicado, es un hacer permanente y aprender es mucho más fácil, más divertido, más simple, porque vos “señorita”, estás ahí, buscando las estrategias para que cada uno, a su tiempo, a su manera, llegue. Pero, sobre todo, practicando la demostración de cariño, de afecto con cada cosa que se hace.

En mi Jardín, donde abstractos como calidad, equidad, justicia, entre los chicos se hace realidad gracias a los aplausos y las sanciones de los pares.

En mi Jardín, donde los padres todavía dan cátedra de compromiso, de solidaridad, de participación, donde ellos también aprenden y enseñan, seguramente porque se sienten bien recibidos por vos, por la señorita; bien cuidados, contenidos, escuchados. Esto es una escuela inclusiva, más allá de los lineamientos, de las teorías, de los partidismos, de los supuestos.

En mi Jardín, en los jardines, en las escuelas, donde demostramos día tras día que los maestros no somos una raza en extinción, no somos ni ballenas francas, ni selvas amazónicas, ni recursos naturales, no tenemos primeras planas, ni famosos que se desnuden en nuestro nombre, ni agrupaciones gubernamentales ni no gubernamentales que nos cuiden y resguarden con actos civiles y manifestaciones cuando algo hace peligrar nuestra continuidad, nuestra existencia, somos una especie indestructible, una especie que perdura, que sabe luchar en el día a día por subsistir, y que, con prácticas democráticas como éstas dejamos en claro que sabemos defender y pelear por una educación pública, gratuita e inclusiva.

Feliz día a las maestras jardineras, feliz día a los maestros y gracias por enseñarnos que la educación desde la empatía, sin lugares de poder, sin poderíos, como la hacemos los maestros de alma, es el mejor lugar.

“El lento progreso de las sociedades humanas ha creado en estos últimos tiempos una institución desconocida a los siglos pasados: la institución pública, que tiene por objeto preparar a las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual,(...) es un derecho que hoy ya no pertenece a tal o cual clase de sociedad, sino, simplemente a la condición de hombre.(...) La sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación, hayan, por la educación recibida en su infancia, preparado suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados”. (Domingo F. Sarmiento. De su libro Educación Popular. Año 1849)

Por esto somos maestros los maestros.