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En el Día del Maestro
Escribe Antonino Enrique Martínez
Reflexiones en torno a la obligatoriedad de la
escuela secundaria
¿Qué es ejercer la docencia
integralmente, es decir, estar frente a los alumnos
enseñando una asignatura y ejercer algún cargo de
conducción, ante el desafío que plantea la Ley Nacional
de Educación Nº 26206 con respecto a la obligatoriedad
de la Escuela Secundaria (E.S.)?
En el caso particular de la provincia
de Buenos Aires ya ha recogido este mandato del orden
nacional en su propia Ley Nº 13688 e impulsa el
cumplimiento de esta meta.
Esa meta es, estoy convencido,
generosa y progresista. Es bien sabido que alcanzar este
objetivo en los sectores más indefensos de la sociedad
significará un esfuerzo enorme. Harán falta políticas
compensatorias para paliar carencias y hará falta
capacitar a los docentes para comprender a los
preadolescentes y adolescentes y compartir con ellos su
realidad, sus opiniones y su cosmovisión del mundo.
Significa admitir que si implícita o
explícitamente se señala que abandonen, se les está
indicando el camino del incumplimiento de la ley.
Por otra parte, prácticamente todo
empleo formal posible exige el secundario completo.
Pero, ¿cómo hacen para completar el secundario los
jóvenes que ingresan con formación insuficiente del
nivel primario? Muchos han tenido un desempeño bajo por
frecuente ausentismo, carencias económicas y problemas
familiares.
Cada docente de la E.S. deberá
encontrar alguna alternativa para retener a los alumnos
en la escuela y que aprendan, más allá de diagnosticar
que desconoce cuestiones esenciales. Aunque posiblemente
éste no resulte ser el problema más importante. Lo que
realmente requerirá una mirada nueva, nuevos enfoques y
una alta, altísima dosis de paciencia y de capacitación
específica, es entender el mundo de los jóvenes.
Fundamentalmente, desde los medios
audiovisuales, los jóvenes reciben hoy mensajes que los
incitan a consumir todo tipo de bienes. Quien no puede
adquirir lo que le ofrecen se siente frustrado. NO
abundan los ejemplos en que triunfan los perseverantes.
Muchas veces se muestra el éxito de los transgresores.
La escuela actual deberá cambiar.
Nadie me pregunte cómo exactamente. Pero en un mundo tan
volátil, tan vertiginoso, tan incierto, tan desaprensivo
frente a los grandes valores, invadido por la
tecnología, la tiza y el pizarrón pertenecen a la era de
piedra. ¿Pueden continuar siendo útiles? Sí, mientras se
los utilice simultáneamente con todo lo nuevo.
Hace poco, un especialista de Estados
Unidos escribió que para los jóvenes norteamericanos ya
es viejo el correo electrónico, por lo cual aseguraba
que es preciso incorporar el uso del celular.
Ya resulta casi común ver a un alumno
que con su teléfono toma una instantánea del cuadro
sinóptico hecho en el encerado o saca fotos de la página
de un libro. Le resulta más rápido que ir a hacer una
fotocopia. Practicidad, rapidez. También se copian
mediante mensajes de texto.
Pero, lo tecnológico puede ser
incorporado. El docente puede aprender la tecnología,
hacer de ella un aliado y no un enemigo y esforzarse por
demostrar que la máquina más importante que tiene que
dominar el ser humano es su propia mente, su capacidad
de razonar, reflexionar, opinar y crear.
La edad en la E.S. va de los 12-13 a
los 17-18 años. ¿Cómo mantenerlos unas horas sentados,
quietos en la clase, cuando su organismo está gastando
toda su energía en dejar de ser niño o niña? ¿Cómo
hacerlo cuando, incitados por malsanas publicidades y
programas de televisión, se han iniciado en el camino
del alcohol y de las drogas y han jugado a hacer el amor
y a engendrar hijos para criarlos mientras ellos mismos
no han terminado de crecer?
¿Cómo hacerlo cuando ya han comenzado
a transitar el camino del delito participando en robos y
asaltos?
Aun así deberán estar en la escuela.
Porque no basta que la ley diga que la E.S. es
obligatoria. También la legendaria Ley 1420 decía que la
primaria era obligatoria y no siempre se cumplió.
¿Se cumplirá ésta? La ley sola no es
suficiente. Por una parte tiene gran importancia la
forma de implementarla y, por otra, la voluntad de
hacerla efectiva. Por eso es importante que cada padre y
cada chico, cada habitante de nuestra Argentina, sepa
que la Educación es un derecho y que debe exigir que se
le brinde la mejor formación posible para desarrollarse
plenamente como persona. Para ser un ciudadano capaz de
tener y sostener opinión propia y adherir con convicción
al estilo de vida democrático.
Es necesario reivindicar el prestigio
de la E.S. y destacar el valor simbólico de los docentes
en una sociedad.
El principal escollo es hacer a la
escuela atractiva para los jóvenes, hacer que se adueñen
de ella, que se identifiquen, que comprendan que es un
servicio que la Nación pone a su disposición para que
alguien los acompañe en el proceso humanizante que, en
definitiva, se prolonga a lo largo de toda la vida y se
llama EDUCACIÓN.
Creo que, si se recuerda que todo
aprendizaje pasa por el corazón, se encontrarán algunas
respuestas para acompañar a los jóvenes en su tránsito
por la E.S.
Raza que perdura
Escribe Silvia López Arce
El 28 de mayo pasado se conmemoró un
aniversario más de la muerte de Rosario Vera Peñaloza, y
al mismo tiempo se festejó el día de los Jardines de
Infantes y de las Maestras Jardineras (en nuestro país
generalmente festejamos algo conmemorando la muerte de
alguien)... Los nuestros son argentinos (no
argentinitos, por temor al achique) con delantales a
cuadros, mucho menos pulcros y más acordes con sus
actividades, que aquellos “vestidos como de nieve” de
Rosario. Los nuestros están llenos de témperas, arena,
cola vinílica...
Casi al mismo tiempo, el 29, estábamos
analizando 283 artículos correspondientes al
anteproyecto de Ley de Educación Provincial... 283
artículos en 8 horas de trabajo, distribuidas en 2
jornadas que seguramente son insuficientes para quienes
no somos legistas, pero somos pensantes y responsables y
críticos y cuando se nos proponen empresas como éstas
intentamos hacerlas bien. Pero enfrentamos el reto y
elaboramos propuestas y concertamos críticas.
Este 11 de septiembre otra vez
recordaremos el fallecimiento de alguien que hizo la
educación, con la humildad y simpleza de los grandes:
Domingo Faustino Sarmiento. Y festejaremos, al mismo
tiempo, el día del maestro.
Esta vez nos encuentra en medio de
planes y medidas de lucha por reivindicaciones
salariales, sociales. Pero los maestros no sólo peleamos
por nuestros sueldos, buscamos -como es nuestra función
social- generar cambios en el contexto. Así, apuntamos a
que nuestras comunidades entiendan que la manifestación,
el pedido de condiciones dignas de trabajo y de vida, el
mejoramiento de los servicios educativos, la
responsabilidad sobre el mantenimiento y atención de las
instituciones y la educación pública gratuita en calidad
y equidad, son un derecho que deben garantizar los
gobiernos.
Por todo esto que nuestros maestros
hacen y enseñan más allá de lo que realizan entre las
paredes de un salón, una salita, o un servicio
educativo, espero y deseo de corazón que pasen un día
genial, en el mejor lugar que es junto a sus alumnos.
Lejos de escritorios de técnicos en educación, lejos de
teóricos, lejos de supuestos, para nosotros, las
jardineras, en el arenero, compartiendo y disfrutando de
un beso húmedo, del olorcito a cariño que nos trae un
abrazo cortito, recibiendo una fina lluvia interestelar
(de arena), en los rincones de juegos, donde nos
transformamos en superhéroes, hablamos por teléfono con
vecinas imaginarias, cocinamos masitas de aire,
construimos puentes hasta la luna.
En mi Jardín, donde sabemos que no
somos asistencialistas, pero igual asistimos el hambre
de nuestros nenes para que puedan aprender... hambre de
comida, de mimos, de escucha, de contención.
En mi Jardín, donde enseñar no es
solamente un verbo conjugado, explicado, es un hacer
permanente y aprender es mucho más fácil, más divertido,
más simple, porque vos “señorita”, estás ahí, buscando
las estrategias para que cada uno, a su tiempo, a su
manera, llegue. Pero, sobre todo, practicando la
demostración de cariño, de afecto con cada cosa que se
hace.
En mi Jardín, donde abstractos como
calidad, equidad, justicia, entre los chicos se hace
realidad gracias a los aplausos y las sanciones de los
pares.
En mi Jardín, donde los padres todavía
dan cátedra de compromiso, de solidaridad, de
participación, donde ellos también aprenden y enseñan,
seguramente porque se sienten bien recibidos por vos,
por la señorita; bien cuidados, contenidos, escuchados.
Esto es una escuela inclusiva, más allá de los
lineamientos, de las teorías, de los partidismos, de los
supuestos.
En mi Jardín, en los jardines, en las
escuelas, donde demostramos día tras día que los
maestros no somos una raza en extinción, no somos ni
ballenas francas, ni selvas amazónicas, ni recursos
naturales, no tenemos primeras planas, ni famosos que se
desnuden en nuestro nombre, ni agrupaciones
gubernamentales ni no gubernamentales que nos cuiden y
resguarden con actos civiles y manifestaciones cuando
algo hace peligrar nuestra continuidad, nuestra
existencia, somos una especie indestructible, una
especie que perdura, que sabe luchar en el día a día por
subsistir, y que, con prácticas democráticas como éstas
dejamos en claro que sabemos defender y pelear por una
educación pública, gratuita e inclusiva.
Feliz día a las maestras
jardineras, feliz día a los maestros y gracias por
enseñarnos que la educación desde la empatía, sin
lugares de poder, sin poderíos, como la hacemos los
maestros de alma, es el mejor lugar.
“El lento progreso de las sociedades
humanas ha creado en estos últimos tiempos una
institución desconocida a los siglos pasados: la
institución pública, que tiene por objeto preparar a las
nuevas generaciones en masa para el uso de la
inteligencia individual,(...) es un derecho que hoy ya
no pertenece a tal o cual clase de sociedad, sino,
simplemente a la condición de hombre.(...) La sociedad
en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos
los individuos que han de venir con el tiempo a formar
la nación, hayan, por la educación recibida en su
infancia, preparado suficientemente para desempeñar las
funciones sociales a que serán llamados”. (Domingo F.
Sarmiento. De su libro Educación Popular. Año 1849)
Por esto somos maestros los maestros. |