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Un año sin novedades
Ayer se cumplió un año de la desaparición de Jorge
julio López, testigo clave en el procesamiento y la posterior
condena al ex represor Miguel Etchecolatz. El misterio sobre lo
ocurrido al albañil sacudió a la sociedad en aquel entonces y revive
sentimientos cuando una fecha puntual, como la de ayer, lo recuerda.
Sin embargo, el pasar de los días y la carencia de
elementos firmes que ayuden a dilucidar lo sucedido, sólo alimentó
conjeturas y dejó al descubierto, una vez más, que vivimos en una
sociedad con una fuerte tendencia al acostumbramiento.
Cuando se conoció la noticia de la desaparición de
López, los medios de prensa informaron en detalle sobre hechos y
posibles ramificaciones.
Los organismos de Derechos Humanos, las
instituciones del Estado y agrupaciones de diferentes actividades
sociales (como en Luján el Movimiento de Trabajadores Comunitarios)
salieron a la calle, redactaron documentos, se manifestaron
enfáticamente por lo ocurrido.
El Concejo Deliberante de Luján consideró oportuno
declararse en sesión permanente para estudiar y analizar cualquier
dato que pudiera ayudar a dar con el paradero del testigo. Nunca
mejor dicho: lo consideraron oportuno. Pasó el tiempo -por cierto,
no tanto- y ni siquiera los propios concejales se deben acordar que
están en sesión permanente por Julio López.
El gobierno provincial, responsable directo en los
hechos, tampoco se mostró a la altura de las circunstancias. Dio la
orden lógica a las fuerzas policiales para trabajar en la búsqueda
de López; incluyeron su foto y un teléfono en todas las gacetillas
de prensa bonaerense; y el gobernador Felipe Solá fijó una
recompensa para incentivar a los testigos. Nada de eso rindió
frutos. Tan precaria era la planificación para dar con López que
después, como gran medida de acción, se llevó la recompensa sobre
datos fehacientes a un millón de pesos.
Hoy, la causa caratulada “López, Jorge Julio, su
desaparición” se encuentra en el Juzgado Federal N° 3 a cargo de
Arnaldo Hugo Corazza. En teoría, lo busca una comisión especial
liderada por el superintendente de la Policía Bonaerense, Hugo
Matzkin. Junto a la SIDE y otras fuerzas de seguridad, realizan
algún que otro allanamiento y escuchas telefónicas, pero nada que
merezca ilusionarse con la aparición con vida.
De hecho, en la edición del domingo pasado del
semanario “Perfil”, el secretario de Derechos Humanos de la
Provincia, Edgardo Binstock, admite que “si López estuviera vivo, a
esta altura alguien lo hubiera visto. Tratamos de ser prudentes por
la única razón de que todavía no apareció el cuerpo”.
Una persona que declaró en un juicio contra ex
represores desapareció sin dejar rastros. Pasó un año y todo sigue
igual. Los organismos estatales y no estatales, hablando de
preocupación cuando alguien se lo pregunta. Las fuerzas policiales
hablando de intensa búsqueda cuando lo ameritan las circunstancias.
Y los medios de prensa, insertos en el mismo contexto, hablando de
Jorge Julio López sin más dato que el calendario, que marca un año
sin novedades.
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