Miércoles 19 de Septiembre de 2007 - Año 92 - Edición 7317 - Edición digital 0617

Portada
Clasificados
Archivo
Links
Suplementos             
Opinión
Cartas de lectores
Lujanenses en el mundo


Agradecimientos
Asambleas
Centro de jubilados
Cursos
Hallazgos y extravíos
Mensajes del Alma
Parroquiales
Sociales

Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Cartas de lectores
Guía de Profesionales
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sitio relacionado >>> cartas de lectores

Un año sin novedades

Ayer se cumplió un año de la desaparición de Jorge julio López, testigo clave en el procesamiento y la posterior condena al ex represor Miguel Etchecolatz. El misterio sobre lo ocurrido al albañil sacudió a la sociedad en aquel entonces y revive sentimientos cuando una fecha puntual, como la de ayer, lo recuerda.

Sin embargo, el pasar de los días y la carencia de elementos firmes que ayuden a dilucidar lo sucedido, sólo alimentó conjeturas y dejó al descubierto, una vez más, que vivimos en una sociedad con una fuerte tendencia al acostumbramiento.

Cuando se conoció la noticia de la desaparición de López, los medios de prensa informaron en detalle sobre hechos y posibles ramificaciones.

Los organismos de Derechos Humanos, las instituciones del Estado y agrupaciones de diferentes actividades sociales (como en Luján el Movimiento de Trabajadores Comunitarios) salieron a la calle, redactaron documentos, se manifestaron enfáticamente por lo ocurrido.

El Concejo Deliberante de Luján consideró oportuno declararse en sesión permanente para estudiar y analizar cualquier dato que pudiera ayudar a dar con el paradero del testigo. Nunca mejor dicho: lo consideraron oportuno. Pasó el tiempo -por cierto, no tanto- y ni siquiera los propios concejales se deben acordar que están en sesión permanente por Julio López.

El gobierno provincial, responsable directo en los hechos, tampoco se mostró a la altura de las circunstancias. Dio la orden lógica a las fuerzas policiales para trabajar en la búsqueda de López; incluyeron su foto y un teléfono en todas las gacetillas de prensa bonaerense; y el gobernador Felipe Solá fijó una recompensa para incentivar a los testigos. Nada de eso rindió frutos. Tan precaria era la planificación para dar con López que después, como gran medida de acción, se llevó la recompensa sobre datos fehacientes a un millón de pesos.

Hoy, la causa caratulada “López, Jorge Julio, su desaparición” se encuentra en el Juzgado Federal N° 3 a cargo de Arnaldo Hugo Corazza. En teoría, lo busca una comisión especial liderada por el superintendente de la Policía Bonaerense, Hugo Matzkin. Junto a la SIDE y otras fuerzas de seguridad, realizan algún que otro allanamiento y escuchas telefónicas, pero nada que merezca ilusionarse con la aparición con vida.

De hecho, en la edición del domingo pasado del semanario “Perfil”, el secretario de Derechos Humanos de la Provincia, Edgardo Binstock, admite que “si López estuviera vivo, a esta altura alguien lo hubiera visto. Tratamos de ser prudentes por la única razón de que todavía no apareció el cuerpo”.

Una persona que declaró en un juicio contra ex represores desapareció sin dejar rastros. Pasó un año y todo sigue igual. Los organismos estatales y no estatales, hablando de preocupación cuando alguien se lo pregunta. Las fuerzas policiales hablando de intensa búsqueda cuando lo ameritan las circunstancias. Y los medios de prensa, insertos en el mismo contexto, hablando de Jorge Julio López sin más dato que el calendario, que marca un año sin novedades.

>>> principal