Miércoles 26 de Septiembre de 2007 - Año 92 - Edición 7319 - Edición digital 0619

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Gran fiesta de campaña

El sábado todo lo abarcó la fiesta. En plena campaña, las inauguraciones, aunque puntualmente ni siquiera se trate de eso, toman una dimensión que silencia todo lo que se pueda mascullar alrededor.

Los medios de prensa nacional, que a los fines electorales de Nación y Provincia son los únicos que importan, hablaron de inauguración de la segunda etapa de las obras de la Basílica Nacional, anuncio de la tercera y la inauguración de parte de la remodelación en la plaza Belgrano. Algunos, los del tono más oficialista, no dudaron en titular “reapertura de la Basílica”. Parece que había cerrado y nadie se enteró.

Lo cierto es que, en sintonía perfecta con las ambiciones de los candidatos del Frente para la Victoria, las autoridades de la Arquidiócesis de Mercedes-Luján permiten que las (necesarias) obras de remodelación del templo se anuncien e inauguren durante incontable cantidad de veces. Y que esas “veces”, casualmente, aporten un granito de arena en los momentos claves de las campañas electorales.

El hecho de que la restauración de la Basílica haya sido la primera licitación pública del gobierno de Néstor Kirchner se dijo y repitió en infinidad de ocasiones. ¿Nadie se pregunta si estas acciones no son pura y exclusivamente trabajos lógicos para un gobernante? Porque tal como se preparó el entorno para el acto del sábado, parecería que hay que rendir pleitesía o reverencia al presidente y los demás funcionarios.

¿Podemos preguntarnos para cuándo iban a estar listas las obras de la Basílica? Cuando se cambie el vidrio de un vitreaux y estemos en campaña, ¿se lo presentará como la “décima” etapa de restauración de la Basílica?

“Gracias Kirchner por la plaza”, rezaban otros pasacalles que ahora, según indica la moda, lo firman empresas comerciales de la zona que en realidad sólo prestan su nombre pero no se hacen cargo de ningún gasto de confección y/o colocación.

La plaza, ¿no debió estar terminada hace más de un año? ¿Los costos se ajustaron a lo presupuestado? ¿Está previsto el ordenamiento del tránsito en los alrededores de la plaza, o tienen previsto tapar el torso y destapar los pies? ¿Alguien responderá por qué, casualmente, el piso del remodelado espacio público tiene el mismo costoso material que apareció en la vereda del nuevo local del Frente para la Victoria? ¿Cuánto costó el acto del sábado? Con ese dinero, ¿cuántos insumos hubiese adquirido el Hospital?

Preguntas que, con el ruido de la “inauguración” del sábado, quedaron sin respuesta.

Lo importante no era responder esa clase de cuestionamientos. Y menos reparar en el incumplimiento de los plazos establecidos.

Lo importante era la foto con el matrimonio presidencial, el saludo a los escasos vecinos y los muchos funcionarios que se acercaron para hacer número y proyectar cuatro años más. Cuatro años que, si se mantiene la misma modalidad de gestión, estarán plagados de anuncios de obras, inauguraciones y proyectos de remodelación. Aunque no se cumplan los plazos establecidos y queden gran cantidad de preguntas por responder.

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