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El milagro de los 23 kilómetros
El martes se licitó la obra para la
repavimentación de 23 kilómetros de la ruta provincial 192. La frase
no se extrajo de un diario local de quince años atrás y tampoco
forma parte de una información con cinco años de antigüedad. Cuando
decimos “el martes” nos referimos al martes pasado, año 2007.
¿Cuántos accidentes tuvieron que
acumularse en la estadística para que las autoridades se dignaran a
atender la urgencia de todos los que, a diario, padecen esa ruta?
¿Cuántas muertes se habrían evitado si se comprendía la necesidad y
la prioridad de esta obra? Preguntas que quedan flotando, ahora que
la noticia es la repavimentación.
Luego de lustros de reclamos
infructuosos, de vecinos que llenaron carpetas con notas, pedidos,
cartas y más cartas pidiendo bacheos, señalización o el simple
control de la humareda que cubre el tramo cercano al basural
municipal, llegó el anuncio de la obra.
Si las acciones gubernamentales se
manejaran con cierto marco de dignidad, el acto de licitación de
esta obra de 23 kilómetros (repetimos los kilómetros para que se
razone acerca de la pequeñez que, en definitiva, se le estaba
solicitando a las autoridades) debía realizarse a puertas cerradas,
sin ruido ni exageración en la difusión.
Si las autoridades locales y
provinciales fuesen serias y tuvieran un gramo de autocrítica,
debían publicar el llamado a licitación, recibir las ofertas,
abrirlas, estudiarlas y adjudicar las tareas en la más profunda
austeridad.
Cualquier persona sensata, alejada de
la lógica de la politiquería, tendría vergüenza al difundir con
pompa y circunstancia un acto licitatorio de 23 kilómetros de una
ruta. Y más si esa ruta se supo transformar, por su desidia, en una
verdadera trampa mortal.
Pero no es casual que portales de
noticias como “Rebelión.org” ordenen las notas de Argentina bajo el
título “El mundo del revés”. Sin reparar en todo lo expresado
anteriormente, el martes se montó el circo de campaña para anunciar
que con un presupuesto oficial de 23 millones de pesos se realizará
la obra tan esperada en la ruta 192.
“Se iniciaría a fines de este año o
principio del próximo”, se ataja la gacetilla oficial. Y en ese
texto abundan los elogios del intendente Miguel Prince para el
ministro de Infraestructura Provincial, el lujanense Eduardo Sícaro.
Y las flores también se tiraron en la dirección contraria.
Ahora todas las autoridades, sordas
durante largos años, son impolutos funcionarios con gran
sensibilidad social que resuelven disponer de millones para una obra
que necesita la gente. La campaña electoral logró el pequeño milagro
de la ruta 192.
Este editorial debería acompañarse de
imágenes que grafiquen la incontable cantidad de accidentes que
ocurrieron en esos benditos 23 kilómetros, para que -al menos por
pudor- las autoridades no se muestren orgullosas haciendo, nada más
ni nada menos, que lo que debieron realizar hace varios años.
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