Sábado 5 de Abril de 2008 - Edición 7366 - Edición digital: 0666

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Editorial

Ellas y la tolerancia

El paro del campo se suspendió por 30 días y los ánimos comienzan a regresar a su estado natural. Una situación crítica como la vivida días atrás, que en los comercios de productos frescos todavía no termina de regularizarse, ofrece una gran cantidad de muestras que se tienen que analizar, comprender y, en lo posible, tratar de no repetir.

Emana de lo vivido una preocupación ciudadana ante la escasa capacidad de las autoridades nacionales para enfrentar un problema sin caer en la confrontación. Acosada por un conflicto que nunca apeló a la violencia –sólo algún gaucho sonso intentó picar cubiertas de un camión- y que, por el contrario, intentó aún en la dureza de la medida contemplar el respeto hacia el otro, la presidenta de la Nación no ahorró en expresiones divisorias.

Con escasa diferencia de días, Cristina Fernández de Kirchner vociferó que la atacaban por ser mujer, y que su condición la ponía en mayor exposición. Aseguró también, en un tono que gran parte de la sociedad no termina de digerir, que detrás de los reclamos del campo se escondían intenciones golpistas. Un argumento que se basó en la estupidez de algún manifestante, en viejas posturas de la Sociedad Rural, o en la presencia en los cacerolazos de la inefable Cecilia Pando.

Pero también se sintió atacada por la prensa; esa misma prensa que cada domingo le regala el título que más le gusta al gobierno. Aturdida por el contexto, mandó a llamar a los medios para que Elisa Carrió saliera de circulación (pedido que muchos acataron) y que se dejara de titular “Paro histórico”, otro deseo concedido. Pero más aturdida aún, no dudó en calificar de mensaje “cuasi mafioso” a una caricatura de Hermenegildo Sábat en la que se ve a su rostro y en la boca una cruz de tinta.

Sin duda, llegó al extremo de la confusión cuando pretendió etiquetar las manifestaciones callejeras como el reflejo de clases altas, de habitantes acomodados de la Capital Federal, de antiperonistas, y en la otra vereda, de sencillos justicieros que irrumpieron en la Plaza de Mayo a las trompadas.

Ante situaciones críticas, pero en particular desde posiciones que ameritan responsabilidad y aplomo, no se pueden apuntar presuntas culpas sin más asidero que los sentimientos o broncas momentáneas.

Sin la presión coyuntural con la que días atrás le habló al pueblo la presidenta de la Nación, la intendenta Graciela Rosso, en el marco del discurso inaugural del período ordinario de sesiones del Concejo Deliberante, ofreció frases como cierre que no pueden más que recibir apoyo: “Nosotros vamos a cumplir con todas las responsabilidades propias del Estado. Hay una situación que creo sustancial para todos nosotros y es el respeto por los derechos humanos, el respeto por la necesidad de cada uno, por la pluralidad, por el criterio y por la opinión de cada uno; el respeto por la opinión política, religiosa, social, la opinión en general. El trato con respeto de unos a otros en todos los ámbitos, en todo momento, y también con los medios masivos de comunicación, los medios locales, los provinciales y los nacionales. Creo que para trabajar en un gobierno democrático y para sostenerlo, tenemos que ser tolerantes. Pero lo que no podemos permitir es que se mienta. Todos tenemos que bregar para que las cosas se digan con justeza y con claridad, pero también con la verdad a la hora de trasmitir informaciones. Porque nosotros vamos también a utilizar las leyes vigentes para que esto se cumpla. Muchas veces muy fácilmente se dicen cosas que no tienen asidero. Esto también forma parte de la vida democrática”.

¿Quién podría cuestionar estas últimas afirmaciones? Breguemos todos porque dejen de ser expresiones de deseo y sean los hechos los que evidencien su cumplimiento.

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