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Ellas y la
tolerancia
El paro
del campo se suspendió por 30 días y los ánimos
comienzan a regresar a su estado natural. Una situación
crítica como la vivida días atrás, que en los comercios
de productos frescos todavía no termina de regularizarse,
ofrece una gran cantidad de muestras que se tienen que
analizar, comprender y, en lo posible, tratar de no
repetir.
Emana de
lo vivido una preocupación ciudadana ante la escasa
capacidad de las autoridades nacionales para enfrentar un
problema sin caer en la confrontación. Acosada por un
conflicto que nunca apeló a la violencia –sólo algún
gaucho sonso intentó picar cubiertas de un camión- y
que, por el contrario, intentó aún en la dureza de la
medida contemplar el respeto hacia el otro, la presidenta
de la Nación no ahorró en expresiones divisorias.
Con
escasa diferencia de días, Cristina Fernández de
Kirchner vociferó que la atacaban por ser mujer, y que su
condición la ponía en mayor exposición. Aseguró
también, en un tono que gran parte de la sociedad no
termina de digerir, que detrás de los reclamos del campo
se escondían intenciones golpistas. Un argumento que se
basó en la estupidez de algún manifestante, en viejas
posturas de la Sociedad Rural, o en la presencia en los
cacerolazos de la inefable Cecilia Pando.
Pero
también se sintió atacada por la prensa; esa misma
prensa que cada domingo le regala el título que más le
gusta al gobierno. Aturdida por el contexto, mandó a
llamar a los medios para que Elisa Carrió saliera de
circulación (pedido que muchos acataron) y que se dejara
de titular “Paro histórico”, otro deseo concedido.
Pero más aturdida aún, no dudó en calificar de mensaje
“cuasi mafioso” a una caricatura de Hermenegildo
Sábat en la que se ve a su rostro y en la boca una cruz
de tinta.
Sin duda,
llegó al extremo de la confusión cuando pretendió
etiquetar las manifestaciones callejeras como el reflejo
de clases altas, de habitantes acomodados de la Capital
Federal, de antiperonistas, y en la otra vereda, de
sencillos justicieros que irrumpieron en la Plaza de Mayo
a las trompadas.
Ante
situaciones críticas, pero en particular desde posiciones
que ameritan responsabilidad y aplomo, no se pueden
apuntar presuntas culpas sin más asidero que los
sentimientos o broncas momentáneas.
Sin la
presión coyuntural con la que días atrás le habló al
pueblo la presidenta de la Nación, la intendenta Graciela
Rosso, en el marco del discurso inaugural del período
ordinario de sesiones del Concejo Deliberante, ofreció
frases como cierre que no pueden más que recibir apoyo:
“Nosotros vamos a cumplir con todas las
responsabilidades propias del Estado. Hay una situación
que creo sustancial para todos nosotros y es el respeto
por los derechos humanos, el respeto por la necesidad de
cada uno, por la pluralidad, por el criterio y por la
opinión de cada uno; el respeto por la opinión
política, religiosa, social, la opinión en general. El
trato con respeto de unos a otros en todos los ámbitos,
en todo momento, y también con los medios masivos de
comunicación, los medios locales, los provinciales y los
nacionales. Creo que para trabajar en un gobierno
democrático y para sostenerlo, tenemos que ser
tolerantes. Pero lo que no podemos permitir es que se
mienta. Todos tenemos que bregar para que las cosas se
digan con justeza y con claridad, pero también con la
verdad a la hora de trasmitir informaciones. Porque
nosotros vamos también a utilizar las leyes vigentes para
que esto se cumpla. Muchas veces muy fácilmente se dicen
cosas que no tienen asidero. Esto también forma parte de
la vida democrática”.
¿Quién
podría cuestionar estas últimas afirmaciones? Breguemos
todos porque dejen de ser expresiones de deseo y sean los
hechos los que evidencien su cumplimiento. |