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Y no se trata de un texto de ficción
Habían quedado en el olvido decenas de
denuncias del más variado contenido, que apuntaron a
descontrol en la morgue, mal estado edilicio, políticas
ocultas en el manejo de las tierras, falta de control en
la entrada y salida de los pacientes –hubo legisladores
que directamente hablaron de desapariciones-, cuando el
Hospital Interzonal Domingo Cabred vuelve a ser noticia.
Y estas noticias remiten, tal como reflejó este medio, a
los más tristes recuerdos de esos espacios de acopio de
personas más que establecimientos aptos para la
recuperación, la rehabilitación y la reinserción social
de un paciente.
Es probable que ni siquiera a la
descarnada pluma de un autor y narrador de cuentos de
terror como Alberto Laiseca se le ocurriera escribir
sobre un hospital para enfermos psiquiátricos o
ambulantes en el que una jauría de perros salvajes
destroza el cuerpo de un interno, provocándole la
muerte. Y que días más tarde, sin que mediaran acciones
correctivas, los caninos atacaran una vez más y le
produjeran lesiones a otro interno que, dentro de la
desgracia, tuvo la fortuna de gritar y ser escuchado.
Esas noticias no describieron historias
de ficción. Eso fue lo que pasó días atrás en el
Hospital Cabred, de Open Door, a pesar de los millones
de pesos de presupuesto que cada año se desembolsan
desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires y
desde las obras sociales, con la intención de brindar
una atención sanitaria de cientos de pacientes. Ocurrió
en la realidad: un grupo de perros mató a un paciente
que deambulaba por los montes y estuvo cerca de repetir
la terrorífica escena. La noticia parece no impactar en
demasía en ninguna autoridad.
Pero la información reciente emanada de
“Cabred” se empecina en superar a la más aventurada
historia de ficción, y el fin de semana regaló un nuevo
capítulo. Allanamientos policiales determinaron que en
una vivienda perteneciente al predio del Hospital y en
un cofre del pabellón 3 había drogas y elementos que
ayudarían a su comercialización.
Si bien la Policía se apuró en aclarar
que las autoridades del establecimiento de salud no
tenían compromiso alguno con la causa, cuesta asimilar
tan inocente explicación. Tal vez sea cierto que las
autoridades desconocieran la maniobra, pero deberían
admitir la responsabilidad de lo que ocurre dentro de
los límites del Hospital. Deberían admitir el grueso
error de permitir la crianza de perros salvajes y de
permitir un sistema de entrada y control interno que
tenía fallas por las que se podía filtrar el consumo y/o
la venta de estupefacientes.
Está más que claro que algo falló en el
control para que delincuentes ingresaran y salieran del
Hospital provincial con droga. ¿A quiénes se vigilaba en
la portada y quiénes tenían “pase libre”?
Cabe recordar que Leo Zavattaro, el
actual director del predio, en momentos en que se
cuestionaba su gestión al frente del Hospital Cabred
limitó el ingreso de la prensa. Desde entonces, para
ingresar al lugar con intenciones periodísticas hay que
frenar en portería, dar todos los datos personales,
informar a quién se busca y esperar que esa persona dé
el okey para entrar al nosocomio. Y no sólo eso: según
el humor de los controles, también se revisaban los
baúles de los autos de la prensa.
Los allanamientos recientes demuestran
que para otros, ingresar al Hospital con estupefacientes
era un trámite más que sencillo. |