Sábado 26 de Abril de 2008 - Edición 7372 - Edición digital: 0672

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Cartas de Lectores

Convivir con los animales condenados a morir

Lamentablemente, debo decir que la firmante de la nota “Voto a la prevención”, publicada el día 20 de marzo pasado, en parte tiene razón, pero existen cuestiones elementales que hacen a la convivencia con los animales, en esta oportunidad los perros, donde nosotros como sociedad no respetamos, a saber:

Los perros en la calle son la consecuencia del abandono y la irresponsabilidad de la sociedad que no respeta las campañas de vacunación, castración, etc. Cuando el problema ya está, el destino es la calle, si no lo matan antes.

Así mismo notamos gran cantidad de perros adultos, claro son viejos y comienzan los problemas, destino final la calle.  Tenemos también los que consideran al perro un juguete, cuando son cachorros es el regalo ideal, cuando se hace grande, destino la calle.

El perro además se enferma, como nosotros; lamentablemente para muchos, el destino es la calle. Y así tantas otras causas que demuestran tanta crueldad y desamor. Por tal motivo nosotros mismos, como sociedad, recibimos las consecuencias de tantos otros que nada les importa.

Los muchos o pocos proteccionistas que hay, colaboran como pueden desde el anonimato y todos no tienen menos de 5 perros o gatos en sus casas. No se puede salir a mencionar cada cosa que se hace, que es mucho pero nunca alcanza, porque cuando se logra rescatar o ubicar a 2 o 3, abandonaron en la calle otros tantos.

Con respecto a los turistas, nada los puede asombrar porque esto pasa también en la Capital Federal, otras localidades y más grave en el Gran buenos aires, y se van observando en la ruta, está llena de perros y muchos muertos. La sociedad los abandona en la ruta, qué triste final. Además, si de turismo tenemos que hablar, qué podemos decir del espectáculo de las peregrinaciones gauchas, fomentadas por la iglesia y las autoridades municipales de turno. Lindo turismo para ver.

Si de contaminación se trata, los primeros en contaminar somos nosotros mismos, tantos casos: las bolsas no la rompen sólo los perros; sobre accidentes, habría para escribir varias hojas, estadísticamente vamos primero lejos, hay perros que saben cruzar la calle, pero como nosotros no respetamos nada, son víctimas ellos. Es cierto que hay casos de mordeduras, insignificante en proporción a los robos, violaciones, maltratos de la misma sociedad, etc.

Por lo tanto, cuando crucemos la plaza, por ejemplo, es más factible que le roben y no que la muerda un perro. También es cierto que los perros se pelean, quizás se copiaron de nosotros, nos peleamos todo el tiempo.

Tenemos por delante dos alternativas, una difícil y otra fácil, la primera sería concretar un proyecto serio a corto, mediano y largo plazo de control de los animales, y la segunda sería mucho más rápida pero lamentable, el abandono en la calle y la muerte.

Pueda ser que podamos encontrar un equilibrio sano, criterioso, comprensivo y con sentido común para una convivencia con ellos. Son parte de este mundo con los mismos derechos que nosotros. (Ley 14.346 de protección animal)

 

José Salucci


29 de abril: Día del Animal

“llegará el día en que el hombre comprenda el alma de las bestias, entonces matar a un animal será un delito tan grave como asesinar a un ser humano”. (Leonardo Da Vinci)

 

Llega otro Día del Animal y siento en mí el mismo sentimiento de frustración de todos los años. ¿Será posible que aun el hombre no respete y proteja a los animales? Estamos en el siglo XXI, la frase que escribió, nada menos que Leonardo Da Vinci data del siglo XV, ¿cuántos años han pasado? Llego a pensar que no hemos evolucionado para nada.

Seguimos indiferentes ante las miradas ingenuas y piadosas de tantos animales que nos rodean, no nos importan, no nos importa su sufrimiento, su soledad, su hambre, su sed, su frío...

Ay, Dios mío, ¿qué está pasando con el alma del hombre?

Dedico estas líneas a los cientos de animales que diariamente son sacrificados con inyecciones letales, a los que son alimento del género humano, a los que caen en trampas, a los que son hostilizados y castigados en jineteadas y en corridas de toros o ”Fiesta San Fermín”, a los que viven en cautiverio en estrechas jaulas, a los que viven encadenados, privados de su libertad, a los que mueren en las absurdas cazas deportivas, a los que reciben el castigo y maltrato de los circos, a los que son utilizados en las riñas de gallos, al noble y sufrido caballo que, luego de una vida de latigazos y duro trabajo, como premio es llevado al frigorífico, a los que son torturados en ritos satánicos.

Y muy especialmente lo dedico a los que diariamente deambulan desesperadamente por nuestras calles buscando alguien que los quiera, escapando de los autos, abandonados, tristes, purgando el delito de existir o tener hambre, a esos que duermen a la intemperie soportando las inclemencias del tiempo, los que para algunos “molestan” y entonces no encuentran mejor solución que llamar al municipio para que los lleve.

Claro, es más fácil sacarlos de mi vista que buscarle un hogar.

“El animal es una vida. Y toda vida sufre. Todo lo que vive es mi prójimo por el solo hecho de sufrir. Respetar la vida de los otros. De los seres humanos y los animales exactamente como respetamos la propia”. (Palabras de Albert Schweitzer, Premio Nobel de la Paz)

“El animal es creación de Dios y como tal merece el respeto y consideración del hombre. Todo deseo de matar a los animales, toda dureza y toda crueldad hacia ellos deben ser condenados” (dijo su Santidad Pio XII)

¿Sabía usted que en países como EE.UU., España, Italia, Alemania, México, (por nombrar algunos) utilizan animales para tratamientos psiquiátricos o psicológicos, para tratar a niños con discapacidad motora o para llenar la soledad de los abuelos que habitan en los geriátricos?

Así, diariamente, perros y gatos son llevados a hospitales neuropsiquiátricos, a geriátricos, a fundaciones que se ocupan de aliviar el dolor humano.

En nuestro país este accionar es llevado a cabo en el Hospital de Niños y en el Zoológico de Buenos Aires.

No todo esta perdido, unamos nuestras fuerzas, todos los que aun conservamos el corazón sano y conocemos la nobleza de los animales, nosotros ,sí, podemos hacer mucho por los que no hablan, hablemos por ellos, defendamos sus derechos.

No pasemos indiferentes ante un pobre animal abandonado, denunciemos maltratos, inculquemos en nuestros hijos y nietos el amor y respeto que ellos merecen y, si es necesario, presionemos para que ningún animal sufra.

Dios quiera que el próximo Día del Animal no tenga que volver a escribir siempre lo mismo, que podamos festejar junto a ellos el Día del Animal en un mundo donde se los respete como lo que son, verdaderos hijos de la hermosa creación divina.

“Y en las miradas del animal mudo hay palabras que sólo entiende el alma del sabio...”.

No necesitamos ser sabios, sólo necesitamos tener un corazón noble, honremos la vida que Dios nos dio trabajando por los seres mas indefensos y así sabremos que no pasaremos en vano por este mundo.

 

Graciela Domínguez

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