Miércoles 6 de Agosto de 2008 - Edición 7402 - Edición digital: 0702

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Editorial

Hostería: otro frente de tormenta

El tema del basural a cielo abierto se cerró entre los ítems urgentes del gobierno, pero no está resuelto. En materia de urbanismo, la ciudad parece en calma pero no se conoce la planificación que ordenará el futuro y pululan las obras presuntamente prohibidas aunque no por ello exentas de conexión directa a todos los servicios.

En la zona turística se mantienen intactos los contratos o acuerdos comerciales que tanto daño le hicieron al sector en la última década y el gobierno todavía no posó su mirada en ellos.

Los acreedores que le dan forma a la millonaria deuda municipal están esperando que la nueva gestión termine el trabajo de saneamiento y se acuerde un plan de pagos.

En términos políticos, la propia intendenta Graciela Rosso eligió abrir un frente de tormenta: enjuiciar a las anteriores autoridades y esperar que la Justicia le dé la razón.

Todos son focos de conflicto que la actual gestión enfrenta por herencia o por falta de un programa de gobierno amplio que sustentara las candidaturas. Y es en ese contexto en el que se abre otro litigio: la obra de agua corriente para el barrio Hostería San Antonio.

Es cierto que la gestión de Rosso atajó el problema como uno de los tantos legados irresueltos de la década y pico de gobierno y desgobierno de Miguel Prince. Pero ya es tarde para lágrimas: la toca a ella encontrar la solución más adecuada.

Durante la campaña electoral, y en los primeros meses de gestión, cuando las máquinas aún no habían arribado a la zona, Rosso se adelantó en prometer que se haría lo que pedían los vecinos. Y extrañamente, a contramano de lo que ocurre en otros lugares, la mayoría de los vecinos –solos o a través de sus entidades barriales- no quieren la obra.

Los argumentos que se conocieron hasta ahora se refieren a la excelente calidad del agua de las napas que los vecinos de la zona consumen a diario; a la urgencia comparativa de otros barrios de Luján, con una población mayoritariamente carenciada, que estarían gustosos de recibir este servicio que no es bienvenido en la Hostería; la realización de esta red de agua sin el acompañamiento de las obras de cloacas; y la sospecha de que detrás de la conexión del agua se esconden fuertes intereses inmobiliarios que buscan hacer negocios en la zona y romper con las características actuales en las que predominan las viviendas de amplios parques y un ritmo ideal para el descanso.

En su momento, Rosso entendió todos y cada uno de los argumentos vecinales. La gente se quedaba tranquila porque la nueva jefa comunal remediaría los malos pasos dados por la gestión de Prince. Hay quienes recuerdan que el entonces concejal Rubén Leopardi, voz cantante del anterior gobierno en el Concejo, decía que se buscaría la manera de compensar a la empresa que ganó la licitación con obras en otros barrios. Su expresión sólo quedó como archivo para la versión taquigráfica del Concejo y hoy los vecinos ni siquiera saben dónde encontrar a Leopardi. Las elecciones determinaron que la respuesta la tenga que dar la nueva administración.

El gobierno de la provincia de Buenos Aires giró los fondos, la obra se licitó, se adjudicó y comenzó a ejecutarse.

Cuando las máquinas ya estaban en marcha, desde el barrio volvieron a golpear las puertas de la Municipalidad pidiendo el respeto a aquellas viejas promesas, pero no encontraron respuestas positivas.

La obra, según afirman desde el gobierno, no se podrá frenar. Así las cosas, Rosso tendrá que enfrentar no sólo la enemistad de una porción de la ciudad. También deberá articular lo necesario para resolver un conflicto que promete llegar a la Justicia.

Visto a distancia y luego de escuchar a las dos campanas que suenan en el conflicto, no será sencillo obtener un resultado positivo que conforme a ambos. Al margen de lo que ocurra a raíz del juicio –si es que se inicia- Rosso seguramente pagará el costo político de una promesa no cumplida.

Los vecinos, por su parte, tendrán que discutir mientras la obra avanza y avanza. Es decir, es probable que cuando la disputa llegue a su término, la red de agua ya esté conectada. Será ese el momento de confirmar o no, cuáles eran los intereses que se escondían detrás de la misma.

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