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Crítica constructiva
El tratamiento de los
residuos, de todos los colores y olores, es uno de los
problemas más serios que enfrentan las autoridades
políticas. No sólo nos referimos a los mandatarios
locales, sino también de distintas ciudades y de la
provincia de Buenos Aires. En la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires sin duda ocupa uno de los primeros lugares de
prioridad para la gestión de Mauricio Macri.
El tratamiento de los
residuos engloba la necesidad de minimizar el impacto al
medio ambiente; la disposición de recursos económicos;
la planificación para que lo que hoy se hace no sea
irreversible o genere daños que los sufran varias
generaciones futuras. Pero en especial, el tratamiento de
los residuos tiene una fuerte ligazón con lo cultural,
con lo educativo.
Empresas, cuadras,
barrios, localidades, grandes ciudades producen toneladas
y toneladas de basura diaria, pero nadie quiere hacerse
cargo de lo que genera. El ejemplo más vulgar y cotidiano
que refleja la actitud ciudadana es la acción de tirar la
cadena después de ir al baño. Corre el agua y los
residuos desaparecen. Chau problema.
Por eso se hace necesaria
una política firme, seria, constante por parte del Estado
para ordenar lo que todos producimos pero nadie quiere
recibir.
Cuando el Estado no asume
su rol, comienzan los problemas.
Durante muchos años la
planta depuradora de líquidos cloacales del barrio San
Bernardo funcionó a medias o mal, provocando olores
insoportables. El Departamento Ejecutivo miraba para otro
lado y fueron los vecinos los que dijeron basta. Hoy está
parada, en proceso de futura reparación. En otras
palabras, no sirve para proyectar con su estructura una
solución para el problema de los residuos. Apenas si
podrá recibir lo que envíen las cloacas domiciliarias
del casco céntrico.
Hace un par de años se
pensó en derivar los vuelcos de los tanques atmosféricos
a la desactivada planta de tratamiento de un frigorífico
lindante con el barrio Las Acacias. Los vecinos
protestaron y el gobierno cambió el rumbo.
Acostumbrados a recibir
toneladas diarias de basura de la más variada, los
vecinos cercanos al depositario de la ruta 192 no
rezongaron cuando se decidió enviar todos los
desperdicios al basural municipal. Hoy sigue vigente esa
solución.
En materia de residuos
sólidos urbanos, también está pendiente la salida
definitiva. El basural recibe a los camiones y los
residuos se amontonan sin que las autoridades sepan qué
hacer con él. Escudan ese accionar en la necesidad
laboral de varias decenas de cirujas que toman de allí lo
que necesitan para mantener a sus familias.
Durante un tiempo no muy
extenso de los doce años de gestión de Miguel Prince, el
gobierno local se lavó las manos ante el problema del
basural y pagó los servicios del CEAMSE. Pero ese sitio
también dijo basta y hoy no figura dentro de los destinos
posibles para los residuos bonaerenses.
¿Hacia dónde hay que
mirar si los gobiernos locales no supieron asumir el
problema con proyección de futuro? Hacia los municipios
que entendieron la magnitud de la problemática y lograron
inculcar en la sociedad el concepto que indica que se
trata de un escollo que tenemos que superar entre todos.
Sin duda el rol de Estado es superior al del resto de los
actores sociales, pero sólo con educación y
planificación se puede soñar con soluciones duraderas. Y
en esa educación y planificación, la participación
ciudadana es imprescindible.
Así se hizo en Trenque
Lauquen, el primer ejemplo comunal que damos a conocer
desde este medio. Si se quiere, periodismo que no busca la
comparación odiosa, sino la crítica constructiva. |