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D. Hipólito González
A 101 años de su
nacimiento
(12 de agosto de 1907-6 de agosto de 1992)
A veces, cuando la
gente muere deja una estela que flota un tiempo y
pensamos que en cualquier momento la vamos
a encontrar por la calle, o que no llega
a la hora del mate o a la cena porque
se detuvo a charlar con un amigo a la vuelta de la
esquina. Eso les pasa a algunos con Hipólito, mi padre,
según me cuentan.
Cuando yo nací, en el cuarenta y uno, él y Carmen, mi
madre, tenían muchos amigos. Montones de amigos que
compartieron con nosotros. Por eso me pareció siempre que
los hijos y las nietas no son los dueños de su
memoria, aunque ocupamos un lugar especial, único, en
esas dos vidas.
La evocación de mi padre es un gesto de consuelo hacia
esos amigos a los que su razón les dicta que ha muerto y
el sentimiento los llena de espera. También, un
recuerdo de los Otros.
Me ocurre cada tanto que pienso:
-"Tengo que preguntarle...", y me freno. Fue
medio siglo de diálogo, y poco antes de morir,
recorrió con sus dedos índice, mayor y anular de la mano
derecha los huecos de los de mi mano izquierda
como lo hacía a mis tres o cuatro años, y ayer
volví a cortar el pelo finito, blanco, que crece en mi
sien izquierda y que un día descubrí en la suya, y
entonces es imposible separar totalmente las
dos vidas.
Vuelve a mí una profecía. Cuando yo tenía cinco años
me levantó más de un metro para que viera el libro que
al día siguiente, en el Museo del Transporte, firmaría
Perón, y me dijo: -"Te lo muestro porque vos
sentirás hablar de este hombre todos los días mientras
vivas", y esa profecía tiene un sentido de
advertencia: -"Vos seguirás tu camino, y no te
distraerás con lo que hagan los
demás". "Elegirás pero con conocimiento
de la realidad". "No abandonarás a tus amigos y
parientes aunque no tengas coincidencias
políticas". "No dejarás de decir lo que
pienses aunque sea peligroso".
Hoy rescato la fidelidad, el haberse opuesto a cualquier
comportamiento oportunista, la unidad en la diversidad, la
continuidad partidaria, la exposición honesta de la
postura política, el humor frente a situaciones adversas,
el desprecio a la venganza, el esfuerzo laboral, el gesto
generoso con los que nos necesitan, y también, como sus
amigos, suelo afinar el oído creyendo que cuando llegue
podré consultarlo.
Isidoro M. González |