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Un hecho, varias reflexiones
En la edición anterior,
este bisemanario publicó como título principal una nota
sobre lo ocurrido durante un operativo de control a
locales de esparcimiento nocturno realizado en la
madrugada del domingo pasado. En esa oportunidad, un grupo
de inspectores intentó, sin éxito, clausurar el pub “Al
Diablo” por considerar que no contaba con la
documentación exigida.
Entre la intención y la
acción del personal municipal se interpuso el
subsecretario de Control Urbano, Oscar Clarencio, quien
ordenó anular el acta de infracción bajo el argumento de
que el local podía seguir abierto ya que un sector sin
declarar no estaba habilitado al público esa noche. El
funcionario intervino luego de recibir una llamada
telefónica efectuada por la propia intendenta Graciela
Rosso.
El hecho derivó en la
renuncia del subsecretario de Control Urbano, Andrés
Salvatto, y generó una fuerte repercusión mediática y
política. Las declaraciones públicas realizadas por las
partes involucradas en este confuso episodio no
contribuyen demasiado a despejar las dudas generadas en
esa madrugada. Sin embargo, permiten sacar algunas
conclusiones sobre el siempre conflictivo tema de la
actividad nocturna.
Con una sinceridad que
sorprende y asusta, el propietario de “Al Diablo”
admitió a este medio estar fuera de ley, aunque minimizó
esa violación porque, según él, todos los boliches y
pubs de Luján se encuentran en la misma situación. Se
sabe que los denominados empresarios de la noche, al menos
la mayoría de ellos, no se caracterizan por su apego a
las normativas vigentes. Se mueven al límite para
maximizar ganancias y juegan con el entendible derecho que
tienen los jóvenes a divertirse.
En ese marco de
incumplimientos, no se respeta el factor ocupacional, las
salidas de emergencia son un elemento decorativo con
dudosa funcionalidad en caso de siniestro y se realizan
reformas que no son declaradas en tiempo y forma. La lista
podría continuar.
Desde el cambio de
gestión a nivel municipal, se multiplicaron los controles
a locales nocturnos. De cualquier manera, el incidente
ocurrido en la madrugada del domingo demostró que las
inspecciones tuvieron poca incidencia en la situación
actual de esa actividad comercial.
“Hay una ordenanza en
la que se dice que a la tercera clausura, y si hay
sentencia firme, se quita la habilitación. El problema
que teníamos es que clausurábamos y al no estar firme la
sentencia, apelaban”, dijo el ahora ex funcionario
Salvatto. En otras palabras: los empresarios conocen en
detalle los recursos judiciales para gambetear la
ordenanza vigente.
Al respecto, Clarencio
aportó honestidad brutal y reconoció que un local con 50
infracciones puede continuar con su actividad como si nada
hubiera pasado. Para intranquilidad de los padres,
pronosticó que “en algún momento la Justicia llega”,
aunque dijo no saber quién se haría cargo en caso de
ocurrir una fatalidad en el interior de un pub o boliche
varias veces sancionado.
En este marco, lo
ocurrido la semana pasada también puso en el centro de la
escena la siempre sospechada connivencia entre el poder
político local y algunos bolicheros, tema recurrente
durante el gobierno de Miguel Prince. El subsecretario de
Control Urbano, calificado por la intendenta como una
persona proba y de una honorabilidad irrefutable, admitió
que semanas atrás recibió de parte de los inspectores un
informe en el cual se menciona un llamado de Lucía
Isnaldi, hija y secretaria privada de Rosso, durante un
operativo en “Al Diablo”. En esa oportunidad, el
control quedó sin efecto. En la madrugada del domingo, la
jefa comunal se comunicó con el funcionario para que
intervenga en las inspecciones que se realizaban. El
destino que tuvo el intento de clausura de “Al Diablo”
es por todos conocido.
El hecho descrito en
párrafos anteriores debería servir como punto de partida
de un replanteo integral que contribuya a mejorar la
situación de la noche lujanense. Replanteo que
necesariamente debe tener como prioridad exclusiva el
cuidado de la integridad física de los jóvenes que cada
fin de semana ejercitan el sano y justo derecho de
divertirse. |