Miércoles 9 de Enero de 2008 - Edición 7345 - Edición digital: 0645

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Cartas de Lectores

Una alegría corta

Con gran alegría hemos leído y escuchado comentarios del fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre el caso del señor Badaro, lograr que por fin nos aumenten la jubilación para poder dejar de ser una carga para nuestros hijos, no tener que retirar el bolsón de comida y poder dejar de mendigar. Pero duró poco la alegría.

El día 2 de diciembre, en el programa Tres Poderes, aparece Sergio Massa titular del ANSeS y, entre otras cosas, refiriéndose al caso Badaro dice: "Se tendrá que tener mucho cuidado en el reajuste jubilatorio, para que no comprometa el erario público". También he leído en el diario Crónica del 29 de noviembre declaraciones vertidas por el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, sobre este mismo tema. Dice así: "...que habrá que buscar cómo se sale de esta situación (...) una solución que de ningún modo comprometa el erario público, porque si no todo se convierte en un juego casi de libertinaje en el manejo de los fondos públicos".

Esas declaraciones nos hacen pensar.

También el senador Miguel Pichetto acusó al titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzeti, de buscar obtener prestigio personal con el fallo sobre este caso. El senador dice: "... la decisión puede afectar el superávit fiscal del país, que el fallo tiende a congraciarse con los jubilados, pero los recursos del país son común a todos y hay que cuidarlos".

La verdad, aunque duelan estas declaraciones nos tienen que dar tranquilidad, pensemos que a estos compañeros los tendremos por varios años más en el gobierno, y cuidarán que nada vaya a perjudicar el erario público.

Yo, en mi ignorancia, siempre he pensado que lo que desestabilizaba el presupuesto de la Nación eran los sueldos y sobresueldos de ministros, jueces, senadores, gobernadores, secretarios, intendentes... o los sobres por debajo de la mesa, o los paquetes en el armario de una ministra, el caso Skanska, pero no ¡somos nosotros, los jubilados!

Con nuestras peticiones desmedidas, con nuestro apetito de riquezas, con nuestro egoísmo extremo, no vemos el mal que le hacemos a los fondos de nuestro país. Pobres compañeros los problemas que le traemos... pero ojo, les digo. Les aseguro que a pesar de mis 77 años no dejaré de hacer changas, de buscar la fruta pasada, la carne con nervios, el pan del día anterior; no dejaré de hacer colas interminables para poder conseguir un bono solidario para los medicamentos, ni me detendrá el frío o el calor para retirar la bolsita con los comestibles que cubren mis necesidades, con tal de no perjudicar el erario público, total, aporté sólo 45 años, 540 meses... cobro 585 pesos, me están dando un peso con algunos centavos por cada mes que aporté... Algo es algo... no es tan poco ¿no? Hay que ser solidario con el hermano, no quiero ni pensar los malabares que tendrán que hacer nuestros compañeros gobernantes con el sueldito que tienen... y bueno, pobres, les tocó así.

A todos les deseo Felices Fiestas, aunque nos les alcance el dinero. Y no nos envidien, porque la envidia es mala compañía. Pero no pierdan la esperanza, Dios los va a recompensar por todo lo que han hecho por sus hermanos. ¡Ah! me olvidaba. También serán recompensados nuestros compañeros sindicalistas, ellos también se acuerdan de sus hermanos y quédense tranquilos, que todo pasa, que vuelva la paz a sus espíritus.

Ironías aparte, cuando José Hernández en el Martín Fierro dice: "...cuando la vergüenza se pierde jamás se vuelve a encontrar..." ¿a quien le cabe esta frase? A nosotros, los jubilados que pedimos y pedimos aumento; o a los señores que "defienden" el erario público... No sé, la verdad yo no sé.

PD: Hermanos jubilados, roguemos que nuestra compañera Cristina no se haga eco de los pensamientos de estos señores; si no el fin de nuestras vidas será más triste todavía.

Bernardo Issouribehere

Beneficiario 15-0-9039385-0-7


Palabras “mágicas”

Algunas palabras más que otras, despiertan sentimientos y transfieren mensajes muy concretos. Mensajes que se podrán utilizar en las presentaciones de ventas, vidrieras, volantes o todo tipo de anuncio oral o gráfico.

Dependiendo lógicamente en qué parte del anuncio se lo inserte, en qué parte de la estrategia publicitaria se las coloque, surtirán un efecto beneficioso para mejorar los resultados en cantidad de visitas de las cuales se transformarán en clientes de hecho.

Por ejemplo, si encabezamos el aviso con un “ampliamos nuestra oferta hasta abril”; otra es la palabra “Rápido”, “Rápida”, “Rápidos”, “Rápidamente”, para incorporarla en su futuro anuncio.

Porque la gente quiere resultados “rápidos”, entrega “rápida”, hoy en día se valora más el tiempo que el dinero de la compra misma.

Una tercera palabra a utilizar en nuestro anuncio sería “Garantizado”, “Garantía”, ya que provee buenos resultados; puesto que agrega la confianza necesaria para que pueda cerrarse con éxito la venta, puesto que la gente quiere estar segura de que ellos no tienen ningún riesgo o esperan conseguir que la promesa realizada sea verdad.

Una cuarta palabra sería “Limitado”, o sea “Oferta limitada a”, “...Por tiempo limitado” o “Limitado a los 100 primeros”. La gente quiere ser exclusiva, quiere recibir cosas únicas, que sólo unos pocos pueden llegar a tener; esto les hace sentir más importantes y distinguidos.

Rodolfo A. Tesone


Breves curiosidades de la Historia

Guerra de Holanda (1672-1678).

Luis XIV atacó a esta pequeña nación, para castigar su actitud en la anterior guerra (guerra de los ochenta años) y también por rivalidades de índole comercial.

Ciento veinte mil soldados franceses cruzaron el Rin y se apoderaron de Holanda sin encontrar resistencia. Ante la angustiosa situación, el pueblo proclamó jefe de la República (estatúder) a Guillermo de Orange, quien tomó la desesperada resolución de inundar las tierras con las aguas del mar.

Se abrieron las esclusas de los diques, y el suelo -más bajo que el nivel de las aguas- fue anegado en una gran extensión, a través del cual era imposible avanzar. Los franceses tuvieron que retroceder.

Muchas regiones del país quedaron transformadas en un gran lago y las ciudades semejaban islas.

Aunque el invierno detuvo la ofensiva y se retiró, los holandeses solicitaron la paz, pero el orgullo Luis XIV no aceptó.

Luciano Carlos Cavido

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