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Una alegría
corta
Con gran
alegría hemos leído y escuchado comentarios del fallo de
la Corte Suprema de Justicia sobre el caso del señor
Badaro, lograr que por fin nos aumenten la jubilación para
poder dejar de ser una carga para nuestros hijos, no tener
que retirar el bolsón de comida y poder dejar de mendigar.
Pero duró poco la alegría.
El día 2
de diciembre, en el programa Tres Poderes, aparece Sergio
Massa titular del ANSeS y, entre otras cosas, refiriéndose
al caso Badaro dice: "Se tendrá que tener mucho cuidado en
el reajuste jubilatorio, para que no comprometa el erario
público". También he leído en el diario Crónica del 29 de
noviembre declaraciones vertidas por el Jefe de Gabinete,
Alberto Fernández, sobre este mismo tema. Dice así:
"...que habrá que buscar cómo se sale de esta situación
(...) una solución que de ningún modo comprometa el erario
público, porque si no todo se convierte en un juego casi
de libertinaje en el manejo de los fondos públicos".
Esas
declaraciones nos hacen pensar.
También
el senador Miguel Pichetto acusó al titular de la Corte
Suprema, Ricardo Lorenzeti, de buscar obtener prestigio
personal con el fallo sobre este caso. El senador dice:
"... la decisión puede afectar el superávit fiscal del
país, que el fallo tiende a congraciarse con los
jubilados, pero los recursos del país son común a todos y
hay que cuidarlos".
La
verdad, aunque duelan estas declaraciones nos tienen que
dar tranquilidad, pensemos que a estos compañeros los
tendremos por varios años más en el gobierno, y cuidarán
que nada vaya a perjudicar el erario público.
Yo, en mi
ignorancia, siempre he pensado que lo que desestabilizaba
el presupuesto de la Nación eran los sueldos y
sobresueldos de ministros, jueces, senadores,
gobernadores, secretarios, intendentes... o los sobres por
debajo de la mesa, o los paquetes en el armario de una
ministra, el caso Skanska, pero no ¡somos nosotros, los
jubilados!
Con
nuestras peticiones desmedidas, con nuestro apetito de
riquezas, con nuestro egoísmo extremo, no vemos el mal que
le hacemos a los fondos de nuestro país. Pobres compañeros
los problemas que le traemos... pero ojo, les digo. Les
aseguro que a pesar de mis 77 años no dejaré de hacer
changas, de buscar la fruta pasada, la carne con nervios,
el pan del día anterior; no dejaré de hacer colas
interminables para poder conseguir un bono solidario para
los medicamentos, ni me detendrá el frío o el calor para
retirar la bolsita con los comestibles que cubren mis
necesidades, con tal de no perjudicar el erario público,
total, aporté sólo 45 años, 540 meses... cobro 585 pesos,
me están dando un peso con algunos centavos por cada mes
que aporté... Algo es algo... no es tan poco ¿no? Hay que
ser solidario con el hermano, no quiero ni pensar los
malabares que tendrán que hacer nuestros compañeros
gobernantes con el sueldito que tienen... y bueno, pobres,
les tocó así.
A todos
les deseo Felices Fiestas, aunque nos les alcance el
dinero. Y no nos envidien, porque la envidia es mala
compañía. Pero no pierdan la esperanza, Dios los va a
recompensar por todo lo que han hecho por sus hermanos.
¡Ah! me olvidaba. También serán recompensados nuestros
compañeros sindicalistas, ellos también se acuerdan de sus
hermanos y quédense tranquilos, que todo pasa, que vuelva
la paz a sus espíritus.
Ironías
aparte, cuando José Hernández en el Martín Fierro dice:
"...cuando la vergüenza se pierde jamás se vuelve a
encontrar..." ¿a quien le cabe esta frase? A nosotros, los
jubilados que pedimos y pedimos aumento; o a los señores
que "defienden" el erario público... No sé, la verdad yo
no sé.
PD:
Hermanos jubilados, roguemos que nuestra compañera
Cristina no se haga eco de los pensamientos de estos
señores; si no el fin de nuestras vidas será más triste
todavía.
Bernardo
Issouribehere
Beneficiario 15-0-9039385-0-7
Palabras
“mágicas”
Algunas
palabras más que otras, despiertan sentimientos y
transfieren mensajes muy concretos. Mensajes que se podrán
utilizar en las presentaciones de ventas, vidrieras,
volantes o todo tipo de anuncio oral o gráfico.
Dependiendo lógicamente en qué parte del anuncio se lo
inserte, en qué parte de la estrategia publicitaria se las
coloque, surtirán un efecto beneficioso para mejorar los
resultados en cantidad de visitas de las cuales se
transformarán en clientes de hecho.
Por
ejemplo, si encabezamos el aviso con un “ampliamos nuestra
oferta hasta abril”; otra es la palabra “Rápido”,
“Rápida”, “Rápidos”, “Rápidamente”, para incorporarla en
su futuro anuncio.
Porque la
gente quiere resultados “rápidos”, entrega “rápida”, hoy
en día se valora más el tiempo que el dinero de la compra
misma.
Una
tercera palabra a utilizar en nuestro anuncio sería
“Garantizado”, “Garantía”, ya que provee buenos
resultados; puesto que agrega la confianza necesaria para
que pueda cerrarse con éxito la venta, puesto que la gente
quiere estar segura de que ellos no tienen ningún riesgo o
esperan conseguir que la promesa realizada sea verdad.
Una
cuarta palabra sería “Limitado”, o sea “Oferta limitada
a”, “...Por tiempo limitado” o “Limitado a los 100
primeros”. La gente quiere ser exclusiva, quiere recibir
cosas únicas, que sólo unos pocos pueden llegar a tener;
esto les hace sentir más importantes y distinguidos.
Rodolfo
A. Tesone
Breves
curiosidades de la Historia
Guerra de
Holanda (1672-1678).
Luis XIV
atacó a esta pequeña nación, para castigar su actitud en
la anterior guerra (guerra de los ochenta años) y también
por rivalidades de índole comercial.
Ciento
veinte mil soldados franceses cruzaron el Rin y se
apoderaron de Holanda sin encontrar resistencia. Ante la
angustiosa situación, el pueblo proclamó jefe de la
República (estatúder) a Guillermo de Orange, quien tomó la
desesperada resolución de inundar las tierras con las
aguas del mar.
Se
abrieron las esclusas de los diques, y el suelo -más bajo
que el nivel de las aguas- fue anegado en una gran
extensión, a través del cual era imposible avanzar. Los
franceses tuvieron que retroceder.
Muchas
regiones del país quedaron transformadas en un gran lago y
las ciudades semejaban islas.
Aunque el
invierno detuvo la ofensiva y se retiró, los holandeses
solicitaron la paz, pero el orgullo Luis XIV no aceptó.
Luciano
Carlos Cavido
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