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EL
CIVISMO recorrió uno de los sectores más concurridos de
la zona turística
La ribera del río:
el reino del abandono

Como un turista más, un periodista de este medio
transitó por los espacios que se ofrecen a los
visitantes en uno de los márgenes del río Luján.
Hay Unidades Balnearias
Municipales cerradas y otras ofrecen un aspecto
deplorable.
Los baños también
exponen la falta de mantenimiento. Y los precios de todo
están por las nubes.
El terraplén lindante con la calle Padre Salvaire, entre
Las Heras y el puente Doctor Muñiz, es un buen exponente
del turismo, pero de aventura; no religioso como el que
vienen a realizar la inmensa mayoría de los turistas que
recibe Luján. En la parte superior de ese terraplén hay
una vereda que, cuando se hizo, buscaba facilitar el
tránsito peatonal. Hoy su aspecto es de zona
bombardeada. Hay baldosones que fueron levantados por
las raíces de los árboles y otros directamente
desaparecieron. Esa precariedad en el piso genera
desniveles y pozos de grandes dimensiones.
Al paisaje se deben agregar yuyos y cardos de las más
variadas especies y dimensiones, y basura de todos los
colores y olores.
Con todo, esos espacios cotizan alto entre los turistas,
porque son de los escasos terrenos cercanos a la
Basílica Nacional en que el suelo es gratuito. Por ello,
la zona suele llenarse de visitantes que arman su picnic
a la sombra de los árboles, sin importar los
alrededores.
Ni siquiera los espanta el constante caminar de caballos
con sus improvisados jinetes que utilizan esa senda en
semidestrucción para realizar paseos rentados. El
alquiler de los potros se arregla a metros del puente
Mitre, donde aparcan los cansados equinos. El problema
para las narices sensibles comienza a la tarde, cuando
el sendero descrito se llena de las heces de los
caballos que, a su vez, pisotean todo el terreno.
Recién a la altura del restaurante El Colonial, donde el
estacionamiento o el uso del recreo pasa a ser rentado,
las malezas bajan su altura y se acumula menos basura.
En la bajada derecha del puente Mitre, el primer
comercio dedicado a la gastronomía expone un auténtico
muestrario de mesas plásticas (difícil encontrar tres
iguales) y poco interés por la estética. A su lado, un
negocio que vende "de todo", con diferencias notables
entre los precios de costo y de venta, una constante en
los locales de “venta general” de la zona
histórico-basilical.
Unos metros más en dirección a San Martín se observa la
Unidad Nº 6 "La Carreta", del rubro Pastelería y
Heladería. Está cerrada y una de sus cortinas metálicas
y el toldo verde del exterior parecen haber sido
azotados por un tsunami.
Sobre una de las ventanas para atención al público de la
Unidad Balnearia cedida a "Tercera Edad. Unión de
Artesanos Nuestras Manos", un señor con un gorrito con
visera dice conocer los cálculos para acceder a la
numerología personal y, por supuesto, vende su
conocimiento.
El hombre realiza unas cuentas a partir de las letras de
cada nombre. Esos cálculos arrojan un número del 1 al 9.
A partir de allí le dice al crédulo peregrino que su
número es "tal" y le vende una fotocopia con todos los
detalles que hacen a la personalidad de esa cifra, con
el agregado, en fibrón negro, del nombre de la clienta
de ocasión. Todo por la módica suma de 2 pesos.
A modo de publicidad, tiene colgada una fotocopia con el
número "3", correspondiente a Susana (Giménez). Otra de
las extrañas ofertas que recibe a los turistas.
Frente a esos locales, otra de las muestras del
abandono: el mirador hacia el río Luján, de ventanas
vidriadas, que sólo junta mugre y graffitis que revelan
los años sin la aparición de una mano de pintura: "La
plazoleta stona. 15/04/06".
Un peregrino que, sin duda, ya pasó por la zona, se
mostraba triste porque en la Unidad Balnearia dedicada a
juegos de kermesse, "Morgana", un viejo artefacto en el
que apoyando las manos te revelaba tu suerte, está fuera
de funcionamiento.
MÁS ABANDONO
La Unidad Balneria Nº 9
"Pago del Milagro", dedicada a Santería, también se
mostraba cerrada, sin carteles que indicaran vacaciones
o descanso de verano.
Igual aspecto presenta la Unidad Balnearia Nº 11 "La
Estancia", destinada en los papeles a Regionales.
En las escalinatas del puente peatonal otra señora trata
de juntar unos pesos, con permiso de quién sabe quién.
Es una gitana que peina canas y ofrece a todos los que
pasan "adivinar su suerte". Se sienta cerca del mediodía
en esos
escalones y poco después de las 5 de la tarde la vienen
a buscar para ayudarla a descender las escaleras.
Justo debajo de la calle San Martín, en una zona que el
domingo pasado parecía controlada por un señor de camisa
rosa, otro espacio permanecía cerrado: el puesto de
venta de choripanes ubicado frente a la estación de
salida del trencito. En ese sector, tapado por un toldo
verde, El Toro se muestra domado, sin funcionar.
También resulta atractivo saber qué es lo que reposa
sobre uno de los pilares del puente peatonal que
desemboca en el Colegio Marista. Es una estructura de
hierro con un viejo toldo azul que alguna vez fue un
techo. Quedó ahí y nadie se digna a retirarlo.
A un costado de El Galeón, un barco que se balancea al
compás de un ruido que mete miedo, el turista encontrará
uno de los baños públicos, donde se ofrece agua caliente
y mosquitos para pescar mojarritas.
El baño tiene una ventaja: su ventilación. Eso favorece
la no acumulación de olores pestilentes y esa misma
ventana permite el ingreso de una manguera que traspasa
la reja, bordea una pared, cruza todo el piso del baño y
se incrusta en un caño, debajo de las piletas. Así llega
el agua a las canillas.
Por fuera del edificio se
descubre que esa manguera "nace" en el baño de damas.
Como si hiciera falta aclararlo, sobre una mesa un
cartel avisa que "Los baños son debidamente
desinfectados".
No menos precarias son las condiciones de los baños
ubicados debajo del edificio La Cúpula. En el sanitario
para hombres, la mayor parte de su piso está inundado y
una sola lamparita ilumina la realización de las
necesidades fisiológicas. Sobre una pared, una puerta de
metal espera que alguien la vuelva a colocar en su
lugar. Sobre otra, un tanquecito plástico de agua con un
caño ciego pelea contra la gravedad. Desde la puerta, el
baño de damas no presenta un aspecto diferente.
Para utilizar esos servicios, el visitante que eligió al
recreo ya aceptó sus tarifas. Abonó 15 pesos por una
mesa de cemento con sus bancos, 10 pesos para estacionar
el auto y la comida se cotiza a 5 pesos "el chori", 5
pesos "la mila" y 5 pesos "el cono de fritas".
Con la remodelación de la plaza Belgrano, la calle San
Martín en su primera cuadra (peatonal) se transformó en
un conglomerado de vendedores ambulantes. El orden y las
posiciones las establecen los propios comerciantes,
organizados de modo de cuidar cada uno "su quintita".
La oferta comercial de esa cuadra se completa con una
feria artesanal que comenzó a funcionar en el Salón
Balcarce del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, bajo
el permiso de la gestión de Miguel Ángel Prince.
El añejo edificio abre su
portal de la calle San Martín y se integra a la romería
de la zona. Allí los que exponen y venden, ocupando toda
su superficie, son los "Siempre Jóvenes, Dirección de
Tercera Edad de la Municipalidad de Luján". Al menos eso
indica el cartel sobre una de las paredes exteriores.
Esa no será la única feria disponible para los
visitantes. En el salón central del Edificio La Cúpula,
justamente donde funciona la Dirección de Turismo, los
fines de semana abre una "Gran Feria" gratuita. En
realidad, el calificativo “gran” es exagerado. El
domingo había apenas cinco mesas con productos que
variaban entre miel en frascos, bombachas, remeras,
estampitas y estrenos de cine a 5 pesos o “3 por 10”.
En todo el sector que se recorrió para la redacción de
esta nota (sólo un tramo de uno de los márgenes del
río), es evidente una ausencia: la inversión.
Edificios, muebles y máquinas presentan el aspecto del
mantenimiento justo y necesario. Incluso menos que eso.
La zona turística es la
cara que los lujanenses le mostraron a los visitantes,
con precios que ameritan otras condiciones. Ninguna
mercadería de las que se ofrece está "marcada" con menos
del 100 por ciento.
Hace años que las concesiones de las Unidades Balnearias
están vencidas y también lo están sus prórrogas. Hay
permisos de venta con más de una década de licencia de
cara al futuro y otros que tienen como único respaldo la
palabra de algún funcionario municipal. Esa precariedad,
esa falta de reglas claras y de controles y exigencia,
se nota, demasiado, al recorrer la zona.
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