|
Recordando a un presidente honesto, democrático y
progresista
Arturo
Umberto Illia: 25 años de su muerte
Escribe: María Teresa Tartaglia de Silvano
Nació el
4 de agosto de 1900 en Pergamino y murió el 18 de enero de
1983. Estudió medicina en la Universidad Nacional de
Buenos Aires graduándose en 1927. En 1928 tuvo una
entrevista con Hipólito Irigoyen (la única en su vida) y
le ofreció su trabajo como médico. Irigoyen le propuso
trabajar como médico ferroviario y se radicó en Cruz del
Eje, Córdoba. Desarrolló, entre 1929 y 1963, su actividad
de médico, interrumpida cuando fue vicegobernador de
Córdoba entre 1940-1943.
Era
conocido como “El Apóstol de los Pobres”, porque ayudaba a
quienes no tenían recursos y les llevaba no sólo la
atención sino los medicamentos, trasladándose a caballo,
en sulky o a pie. El 15 de febrero de 1939 contrajo
matrimonio con Silvia Elvira Martorelli, con quien tuvo
tres hijos: Emma Silvia, Martín Arturo y Leandro Hipólito.
Fue afiliado radical desde 1918, apoyando la Reforma
Universitaria. Desde 1929 alternó la actividad política
con su profesión de médico. En 1935 fue senador provincial
por el Departamento de Cruz del Eje, y en 1940
vicegobernador de Córdoba, acompañando al gobernador
Santiago del Castillo. En 1948 asumió como diputado de la
Nación hasta 1952. Luego de la muerte de Amadeo Sabattini,
se lo reconoció como representante de la Línea Córdoba o
Sabattinista.
Entre
1963 y 1966 ejerció la Presidencia de la Nación acompañado
por Carlos Perette (25,14% de votos) y luego del golpe
militar del 28 de junio de 1966 (Revolución Argentina) se
trasladó a Martínez (provincia de Buenos Aires) donde
residió alternando con viajes a Córdoba. Continuó su
actividad política en la UCR hasta su muerte.
Fue el
único presidente que resistió un golpe militar y le
expresó a un coronel: “Ustedes no representan a nadie,
ustedes son salteadores nocturnos”. Aquel presidente
manso, tranquilo, sencillo, que gobernó sin estado de
sitio, sin presos políticos, con libertad estudiantil y
sindical, que levantó la proscripción del peronismo
(1964), que promulgó penalidades a la discriminación y
violencia racial, fue un gran demócrata. Pero se lo mostró
débil, condicionado, enfrentando los planteos de las
Fuerzas Armadas, al sindicalismo con planes de lucha, toma
de fábricas y huelgas que proponían “el cambio total de
las estructuras económicas” (así se llamaba la lucha). Lo
revelaban como “el estigma de la lentitud” y lo comparaban
a una tortuga.
Decencia,
honestidad, escribía a mano sus cartas y decidía sin
consultar, cuando sabía que lo que había que hacer era lo
mejor para el país. Pero la decencia y los cambios
positivos no le alcanzaron para terminar el gobierno.
¿Por
qué la historia reivindicó a este presidente democrático?
Enunciamos algunos de sus logros:
- En
Economía bajó la deuda externa (de 3.400 millones de
dólares a 2.600 millones) y la inflación; crecieron las
reservas y el PBI; la balanza comercial tuvo un saldo
positivo sin créditos del FMI. Apoyó la industrialización;
creó la Sindicatura de Empresas del Estado para controlar
las empresas públicas de forma más eficaz.
Impulsó
la ley del salario mínimo, vital y móvil, previa a la
constitución del Consejo del Salario formado por
representantes del gobierno, empresarios y sindicatos,
para “evitar la explotación de los trabajadores en
aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de
mano de obra, y asegurar un ingreso mínimo adecuado y
mejorar los salarios de los más pobres”. El
salario creció, entre diciembre de 1963 y diciembre de
1964 un 9,6%. La desocupación pasó de 8,8% en 1963 a 5,2%
en 1966. Promovió la Ley de Abastecimiento para controlar
los precios de la canasta familiar y la fijación de montos
mínimos de jubilaciones y pensiones. Anuló los contratos
petroleros que Frondizi había firmado con compañías
extranjeras, por “vicios de ilegitimidad y ser
dañosos a los derechos e intereses de la Nación”,
decisión polémica que le trajo oposición.
-
La
educación tuvo un peso significativo en el Presupuesto
Nacional. En 1963, la participación era del 12%, en 1964
del 17% y en 1965 del 23%. También puso en marcha el Plan
Nacional de Alfabetización para disminuir la tasa de
analfabetismo que se estimaba superior al 10% de la
población adulta y contó con 12.500 centros de
alfabetización.
- Otro
logro fue la Ley 16.462, llamada ley Oñativia en homenaje
al Ministro de Salud Arturo Oñativia, que establecía una
política de precios y control de medicamentos, congelando
los precios a los vigentes a fines de 1963, fijando
límites de gasto de propagandas, límites a pagos al
exterior en conceptos de regalía y de compras de insumos,
y la obligación para las empresas de presentar -bajo
declaración jurada- análisis de costos y formalizar los
contratos de regalías existentes. Esto surgió del estudio
de una comisión que demostraba que muchos de los
medicamentos no eran fabricados con la fórmula declarada
por el laboratorio y el precio excedía en un 1.000% al
costo de producción.
- También
logró que la ONU aprobara la Resolución 2.065 llamando a
negociar a Gran Bretaña la soberanía de las Islas Malvinas.
- Se
incorporó al Código Penal el delito de enriquecimiento
ilícito de los funcionarios.
¿Qué
ocurrió?
Arturo
Illia debió convivir con su propia debilidad al haber sido
elegido en elecciones con el peronismo proscrito, cuyos
votos en blanco obtuvieron la segunda minoría, y la
oposición de gremios y Fuerzas Armadas. En las elecciones
legislativas de 1965 se eliminaron las restricciones al
peronismo que se presentó con sus propias listas
triunfando en las mismas, pero se agitaron las Fuerzas
Armadas que no aceptaban esta libertad.
Este
descontento militar se combinó con una fuerte campaña de
desprestigio, impulsada por sectores conservadores que
criticaban las políticas del presidente como la ley de
medicamentos, la política petrolera y cierta autonomía
hacia los Estados Unidos en política internacional.
La
campaña de desprestigio contra el presidente Illia y la
democracia fue sistemática, con el apoyo de ciertos
periodistas y medios de prensa como Mariano Grondona en
Primera Plana y autor de los primeros comunicados de los
militares golpistas (que al pasar los años se disculpó
públicamente), Bernardo Neustadt en la Revista Todo y
Mariano Montamayor. Caracterizaban la gestión como
“timorata y falta de energía” y resaltaban la personalidad
de los militares, sobre todo la de Juan Carlos Onganía,
alentándolos a “salvaguardar a la Patria”.
Estados
Unidos, en el marco de la Guerra Fría, promovía la guerra
sucia y la instalación de dictaduras militares en América
Latina, impulsadas desde la Escuela de las Américas en
Panamá en lo que denominaban Doctrina de la Seguridad
Nacional.
Hoy, a 25
años de su muerte, lo recordamos como un gran político,
honesto, una personalidad incorruptible y una obstinada
convicción democrática. “Defendió siempre la democracia,
aunque la democracia hubiese sido incapaz de defenderlo”.
Se retiró de la presidencia con un único bien inmueble, su
casa sencilla y humilde que le fue donada por suscripción
pública con ayuda de los vecinos de Cruz del Eje.
En 1982
recibió el premio internacional Mahatma Gandhi por los
servicios prestados para la humanización del poder.
Sus
restos descansan en el mismo panteón de radicales como
Leandro N. Alem e Hipólito Irigoyen, en el cementerio de
la Recoleta.
Recordarlo por sus virtudes, honestidad, humildad y gran
demócrata, no es poco en las épocas en las que vivimos. La
Historia siempre juzga al paso de los años. Su figura ha
sido reconocida y valorada, así como su acción de
gobierno. |