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Los
desocupados de la política
El
problema principal para cualquier gestión de gobierno
entrante -la de Luján o la que usted prefiera elegir para
realizar un análisis de situación- no se encuentra
específicamente en el interior de la administración, sino
en el exterior.
Aquellos
que por su capacidad, su conocimiento, su trabajo, su
dedicación, quedan dentro de la flamante estructura,
difícilmente cambien de actitud. Seguirán siendo
trabajadores, capaces, responsables, más allá de un cambio
de mando en el timón.
El
problema que, de manera urgente, se tiene que salir a
atenuar cuando se ingresa a un sitio de gobierno lo suele
generar la mano de obra desocupada. Desocupada porque
formaba parte de la estructura netamente política, es
decir aquella que cada titular del Ejecutivo elige a dedo,
o desocupada porque ingresó a la administración con más
argumentos que hablan de contactos, amistades o
recomendaciones, que por sus habilidades laborales.
Tampoco
debería generar mayor preocupación para una administración
entrante el personal político o de carrera que se queda
sin un puesto de trabajo, pero tiene amplios conocimientos
técnicos o de oficios. Sin duda, esos recursos humanos se
esperan con ansiedad en el ámbito privado.
Distinto
es el panorama cuando las urnas deciden un cambio en el
mando ejecutivo, un nuevo equipo de gestión desembarca en
un distrito, comuna, provincia (siga eligiendo el ejemplo
que más le sirva), y las que quedan desplazadas son
personas que sólo saben trabajar de políticos, en la
política o para la política.
De hecho,
en estos casos hasta resulta difícil definir
específicamente qué es lo que saben hacer esas personas.
En particular, cuando en su currículo sólo aparece “la
militancia”. En ese caso, ¿qué es lo que sabe hacer bien
ese político? ¿Gestionar? ¿O esa es tarea de un gestor? Un
carpintero sabe trabajar la madera, un abogado tiene
manejo de las leyes, un contador de los números. ¿Un
político de años de militancia?
Cuando
esto último sucede y los desplazados se encuadran en esta
última definición, el gobierno entrante tendrá siempre,
desde el mismo día en que ganó las elecciones, un frente
de conflicto latente.
¿Luján
puede enmarcarse en esta última descripción? Por el
momento, sólo se registraron situaciones menores que
invitan a la reflexión.
El
gobierno entrante ya tuvo que recurrir a la Justicia para
denunciar el faltante del libro de inventario, el
documento en el que tiene que estar asentado todo el
patrimonio de la Municipalidad.
A fines
de la semana pasada, nuevamente resultó necesaria una
presentación judicial porque la intendenta Graciela Rosso
descubrió que en un despacho de acceso restringido,
lindante con su oficina, alguien ingresó para sacar, robar
o esconder viejos documentos de la administración
municipal (ver pág. 11).
Todo
parece indicar que en Luján se quedaron desocupadas muchas
personas que sólo saben trabajar dentro de la política y
que tenían puestos asegurados por sus años de militancia.
Si esa gente se queda sin el paraguas de la Municipalidad,
no saben bien qué hacer con su tiempo. En todo caso,
querrán ocuparlo en pensar en el regreso y en volver a
“gestionar”, lo único para lo que estarían capacitados. |