Sábado 26 de Enero de 2008 - Edición 7350 - Edición digital: 0650

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Cartas de Lectores

Nuestra educación

Ciudadanos de Luján:

Somos un grupo de alumnos, y ex alumnos pertenecientes a la carrera de Educación Física dictada en el Instituto Municipal Superior de Educación y Tecnología "Dr. Emilio Mignone", ubicado aquí... en nuestra ciudad. El mismo, por si no se conoce, responde a la Dirección de Gestión Privada (DiPrEGeP) y se encuentra en funcionamiento ininterrumpido desde el año 1987, brindando educación gratuita y pública.

Nos dirigimos a ustedes con el único propósito de expresarles y hacerles llegar algunas inquietudes que por estos días nos aquejan.

Todos sabemos, en especial aquellos docentes que comparten la rama, lo poco que se valora hoy en día nuestra profesión: la docencia. Confundidos con las particularidades de la carrera, en su mayoría práctica, se cree que la misma es “sólo para aquellos que no saben qué hacer de sus vidas”, “que sólo tienen que ocupar su tiempo y realmente no saben en que”, “que quieren estudiar algo corto, fácil y que no demande mucho esfuerzo” (primer error en el que caen).

Créannos que día a día nos enfrentamos con “ciertas” personas que afirman dichas expresiones, que declaran saber que esta carrera “no tiene salida laboral inmediata”, “que la vigencia de la misma priva a muchos ciudadanos a desempeñarse en otros rubros”. Creemos que todas ellas se encuentran inmersas en un mundo donde la realización personal se basa en cuán abultado se tenga el bolsillo y no en el disfrute y gozo por lo que se hace. Seguramente esto último les parezca una utopía. Personas que no conocen la importancia de que siga habiendo gente que apuesta a la docencia y por ende a la conservación de nuestra cultura...

Pero vale aclarar que no es su obligación saberlo, valorar el esfuerzo diario y la vehemencia con la que lo practicamos, sólo pedimos que antes de afirmar si nuestra vocación es o no verdadera, que aquél que lo crea así se ocupe en averiguarlo, se informe, se nutra de aquellos que saben, no de quienes aparentan, pedimos que no se peque por ignorancia, y se entienda que atrás de esas paredes y pisos de cemento nos encontramos nosotros, los estudiantes, quienes reafirmamos nuestra elección, año tras año, de estudio y de labor.

Es aquí cuando nos preguntamos si esas personas ¿sabrán lo emocionante que es volver a sus casas, después de largas horas de estudio y de trabajo, con una sonrisa en la cara y el orgullo de saber que algo aportaste a la vida de un niño? ¿O lo grandioso de escuchar a un alumno afirmar que “la profe de educación física es lo más”? Sólo nosotros lo sabemos y será por eso que podemos valorarlo. Como así también sabemos agradecer la continua oportunidad que se nos brinda de insertarnos en el sistema en forma constante.

El Instituto somos todos; docentes, alumnos, comunidades educativas, porque no debemos olvidar que éste es formador de educadores. Y vale decir también que somos varios, por no decir todos, los alumnos que asistimos (o asistieron) a la institución y que pertenecemos a esta carrera terciaria, los que alguna vez aprovechamos esas oportunidades laborales, las cuales no sólo tienen su valor en pesos, sino también nos brindan conocimiento, formación, una llegada directa a la sociedad y, en definitiva, son un aporte directo a nuestro futuro.

Desde labores esporádicas en countries, clubes, sindicatos, sociedades de fomento, hasta trabajos fijos en salones de eventos y recreación, colonias de verano/invierno, prestar colaboración en campamentos educativos, actividades orientadas a la vida en la naturaleza y el bienestar personal, pasando por asistencia en maratones y competencias deportivas dictadas en nuestro municipio como así también en las afueras del mismo, son algunas de esas salidas laborales existentes que sin lugar a dudas se dan gracias a pertenecer a la Institución, a tener las bases necesarias para poder realizarlas, a estar formados y capacitados para responder maduramente a las mismas.

Estos trabajos (damos fe de los mismos) nos permiten costear los gastos propios de la carrera, como así también responder a nuestras necesidades personales y a la de nuestras familias. Esto no es más que un testimonio directo y fehaciente, ya que somos nosotros mismos los beneficiarios, y podemos afirmar que nuestra carrera no es una pérdida de tiempo sino una inversión en la educación. Y no contar con nuestro Instituto “Dr. Emilio Mignone”, nos obligaría, en varios casos, a optar por alguna profesión de poco agrado que se dicte en nuestra ciudad. Porque gracias al continuo apoyo y al trabajo de igual a igual de nuestros docentes, personal directivo, y compañeros mismos, hoy podemos reafirmar nuestra vocación verdadera. (No nos priven de eso).

Por estos días, peligra la continuidad del Proyecto Educativo y por ende de nuestras carreras mismas; peligra el ingreso a la docencia de los recién egresados; la presencia de nuestros profesores, aquellos mismos que día a día colaboran en nuestra educación y le dan sentido a la misma.

Por lo tanto, no podemos vernos ajenos. No podemos ni debemos hacerlo. No dejemos que aquellos que hablan más fuerte nos quiten algo que con tanto esmero se logró. No permitamos que se denigre y desvalorice algo tan significativo para nuestra sociedad: nuestro INSTITUTO, nuestros FORMADORES, en definitiva, nosotros mismos.

Nuestra educación:

Para algunos... algo tan intrascendente e insignificante.

Para nosotros... más que mil palabras.

Firmado: Carballo Laura, José Ambiela, Adrián Godoy, Manuel Matano, Matías Bouzada, Geraldin Rodríguez, Lucas Grossi, Lucas Parra, María Laura Brunello, Nicolás Mariano Uboldi.


Reconocimiento

Estoy convencido de que la labor llevada a cabo por la Lic. Griselda Krauth como directora, hasta el 8 de enero del corriente año, al frente del Instituto Superior Municipal de Educación y Tecnología “Emilio Fermín Mignone”, merece ser destacada y reconocida.

Su natural inteligencia, su sentido práctico, su capacidad para tomar decisiones y asumir responsabilidades, su calidad humana, su empuje y entusiasmo para generar e impulsar proyectos, sumado a su sólida formación intelectual permanente (está cursando una maestría en FLACSO) hicieron de ella -y sé que muchos compartirán mi opinión- una directora singular, capaz de enfrentar los mil vaivenes y cambios del sistema educativo de la provincia de Buenos Aires.

Sabido es que nadie está, ni en un cargo ni en la vida, para siempre; pero creo que es valioso señalar los buenos ejemplos de quienes, más allá de las dificultades, ponen alma, corazón e inteligencia en su labor y se destacan inexorablemente.

Creo que esto debe ser señalado públicamente.

Lic. Antonino E. Martínez


Sin control

Con asombro ví la colocación de luminarias en un tramo de la ruta 5, en el barrio La Hostería. Cuando existe un problema serio, como es el del tránsito, que cuesta vidas humanas, las soluciones debieran ser pensadas para eliminar esos problemas y no sólo para cumplir con los organismos de control, que se basan en legislaciones que no siempre tienen en cuenta los problemas y mucho menos las soluciones adecuadas. La legislación exige obras cuando los accidentes superan ciertos parámetros, las obras se realizan, como en este caso, pero nadie piensa si ese esfuerzo dará los resultados esperados.

El problema en esa zona, donde vivo hace más de 10 años, es que los vehículos circulan a una velocidad excesiva inadecuada, no son respetadas las velocidades máximas, nadie controla esta situación y esto se multiplica los fines de semana donde los vehículos circulan por las banquinas desaprensivamente. Entonces, la desprotección de quienes circulan en bicicletas, motos, o de quienes desean cruzar, es total.

Si se hubieran tomado ejemplos de otras ciudades donde una ruta nacional atraviesa una zona urbana en la provincia de Buenos Aires (Colón, Pergamino, Junín), la colocación de semáforos hubiera sido una solución mucho más efectiva que la que se usó.

Además, se nota una falta de control en la obra, ya que en un mismo trayecto se colocó un cartel indicador de velocidad máxima 80 (de Luján a Mercedes), existiendo otro de máxima 60 (de Mercedes a Luján).

José Luis Larrea


La vida no tiene precio

El día 2 de enero de 2008, a las 10.30, mi hija de 18 meses ingresó a la Clínica Güemes en grave estado (deposiciones con sangre, vómito, fiebre, deshidratación) y con pedido de internación por el pediatra de cabecera. La internación se realiza después de un largo tiempo de espera (2 horas) y, mientras tanto, ninguna persona nos daba respuesta por semejante tardanza.

Durante todo ese tiempo lo único que tomaron como importante fueron los papeles, nos cobraron 100 pesos de internación -que después fuera reintegrado por la misma- y esperaron la autorización de nuestra obra social OSMATA. Mientras tanto, mi hija esperaba en el hall de la clínica en grave estado.

Nos pidieron realizarle un análisis que tuvo un costo de 100 pesos, diciéndonos -profesionales de dicha clínica- que la obra social no lo cubría, lo cual era mentira, pero por supuesto la vida de mi hija no tiene precio y accedimos a realizar el análisis.

Alrededor de las 18 nos informaron que nos derivaban al sanatorio San Cayetano y que la ambulancia tardaría unas dos horas, o sea, tenía que llegar entre las 20 y 21 horas.

Aduciendo que la ambulancia, a causa de un desperfecto técnico, venía con gran demora, y luego de varios reclamos a dichos profesionales, nos aconsejaron buscar un traslado particular, es decir, costeando de nuestros bolsillos el traslado en ambulancia a Capital Federal (todos sabemos que Clínica Güemes tiene como vecino un servicio de ambulancia que es propio). Como no encontramos traslado particular, a las 23 apareció la ambulancia.

Dejo asentado en esta queja la mala predisposición de la Clínica Güemes para atender una vida humana, teniendo como vital importancia -en ese momento tan delicado y de total nerviosismo por parte de nosotros y de nuestra familia- la parte económica.

Dejo asentado también la falta de información de parte de los médicos de turno, haciéndonos esperar un informe médico de suma importancia para nosotros sobre la salud de nuestra hija y por supuesto de su vida.

No es la primera vez que Clínica Güemes juega con la vida de nuestros seres queridos. ¿Cuántas veces más se tienen que equivocar para que alguien los frene? La vida no tiene precio.

Romina Tarchini


Como el clavel del aire...

Pobre plaza Colón.

Pobre plaza mía, nuestra.

Acogedora de fugaces y furtivos amores juveniles.

Con su frondosidad invadida por el clavel del aire.

Con muchos árboles ya muertos, como mueren ellos, de pie.

Con otros tantos agonizantes sin remedio.

El césped ausente quizás se pueda reponer algún día. También la granza. Pero los árboles no. Para ello se necesitarán cincuenta, sesenta o más años. Tantos como los que vivieron los que hoy nos dejan.

Tal vez sea el camino hacia otra "plaza seca" ahora que están de moda.

Un pulmón menos para una ciudad que supo ser respirable.

Es dura la impotencia del que ve que a casi nadie le importa. Porque hoy no se hace ni lo urgente ni lo importante. Y el clavel del aire, a sus anchas, va ganando espacios cada vez mayores.

Y lo que toca se seca.

En esta guerra sin enemigos, gana él.

Pobre Luján.

Rubén De Cicco

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