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Nuestra
educación
Ciudadanos de Luján:
Somos un
grupo de alumnos, y ex alumnos pertenecientes a la carrera
de Educación Física dictada en el Instituto Municipal
Superior de Educación y Tecnología "Dr. Emilio Mignone",
ubicado aquí... en nuestra ciudad. El mismo, por si no se
conoce, responde a la Dirección de Gestión Privada (DiPrEGeP)
y se encuentra en funcionamiento ininterrumpido desde el
año 1987, brindando educación gratuita y pública.
Nos
dirigimos a ustedes con el único propósito de expresarles
y hacerles llegar algunas inquietudes que por estos días
nos aquejan.
Todos
sabemos, en especial aquellos docentes que comparten la
rama, lo poco que se valora hoy en día nuestra profesión:
la docencia. Confundidos con las particularidades de la
carrera, en su mayoría práctica, se cree que la misma es
“sólo para aquellos que no saben qué hacer de sus vidas”,
“que sólo tienen que ocupar su tiempo y realmente no saben
en que”, “que quieren estudiar algo corto, fácil y que no
demande mucho esfuerzo” (primer error en el que caen).
Créannos
que día a día nos enfrentamos con “ciertas” personas que
afirman dichas expresiones, que declaran saber que esta
carrera “no tiene salida laboral inmediata”, “que la
vigencia de la misma priva a muchos ciudadanos a
desempeñarse en otros rubros”. Creemos que todas ellas se
encuentran inmersas en un mundo donde la realización
personal se basa en cuán abultado se tenga el bolsillo y
no en el disfrute y gozo por lo que se hace. Seguramente
esto último les parezca una utopía. Personas que no
conocen la importancia de que siga habiendo gente que
apuesta a la docencia y por ende a la conservación de
nuestra cultura...
Pero vale
aclarar que no es su obligación saberlo, valorar el
esfuerzo diario y la vehemencia con la que lo practicamos,
sólo pedimos que antes de afirmar si nuestra vocación es o
no verdadera, que aquél que lo crea así se ocupe en
averiguarlo, se informe, se nutra de aquellos que saben,
no de quienes aparentan, pedimos que no se peque por
ignorancia, y se entienda que atrás de esas paredes y
pisos de cemento nos encontramos nosotros, los
estudiantes, quienes reafirmamos nuestra elección, año
tras año, de estudio y de labor.
Es aquí
cuando nos preguntamos si esas personas ¿sabrán lo
emocionante que es volver a sus casas, después de largas
horas de estudio y de trabajo, con una sonrisa en la cara
y el orgullo de saber que algo aportaste a la vida de un
niño? ¿O lo grandioso de escuchar a un alumno afirmar que
“la profe de educación física es lo más”? Sólo nosotros lo
sabemos y será por eso que podemos valorarlo. Como así
también sabemos agradecer la continua oportunidad que se
nos brinda de insertarnos en el sistema en forma
constante.
El
Instituto somos todos; docentes, alumnos, comunidades
educativas, porque no debemos olvidar que éste es formador
de educadores. Y vale decir también que somos varios, por
no decir todos, los alumnos que asistimos (o asistieron) a
la institución y que pertenecemos a esta carrera
terciaria, los que alguna vez aprovechamos esas
oportunidades laborales, las cuales no sólo tienen su
valor en pesos, sino también nos brindan conocimiento,
formación, una llegada directa a la sociedad y, en
definitiva, son un aporte directo a nuestro futuro.
Desde
labores esporádicas en countries, clubes, sindicatos,
sociedades de fomento, hasta trabajos fijos en salones de
eventos y recreación, colonias de verano/invierno, prestar
colaboración en campamentos educativos, actividades
orientadas a la vida en la naturaleza y el bienestar
personal, pasando por asistencia en maratones y
competencias deportivas dictadas en nuestro municipio como
así también en las afueras del mismo, son algunas de esas
salidas laborales existentes que sin lugar a dudas se dan
gracias a pertenecer a la Institución, a tener las bases
necesarias para poder realizarlas, a estar formados y
capacitados para responder maduramente a las mismas.
Estos
trabajos (damos fe de los mismos) nos permiten costear los
gastos propios de la carrera, como así también responder a
nuestras necesidades personales y a la de nuestras
familias. Esto no es más que un testimonio directo y
fehaciente, ya que somos nosotros mismos los
beneficiarios, y podemos afirmar que nuestra carrera no es
una pérdida de tiempo sino una inversión en la educación.
Y no contar con nuestro Instituto “Dr. Emilio Mignone”,
nos obligaría, en varios casos, a optar por alguna
profesión de poco agrado que se dicte en nuestra ciudad.
Porque gracias al continuo apoyo y al trabajo de igual a
igual de nuestros docentes, personal directivo, y
compañeros mismos, hoy podemos reafirmar nuestra vocación
verdadera. (No nos priven de eso).
Por estos
días, peligra la continuidad del Proyecto Educativo y por
ende de nuestras carreras mismas; peligra el ingreso a la
docencia de los recién egresados; la presencia de nuestros
profesores, aquellos mismos que día a día colaboran en
nuestra educación y le dan sentido a la misma.
Por lo
tanto, no podemos vernos ajenos. No podemos ni debemos
hacerlo. No dejemos que aquellos que hablan más fuerte nos
quiten algo que con tanto esmero se logró. No permitamos
que se denigre y desvalorice algo tan significativo para
nuestra sociedad: nuestro INSTITUTO, nuestros FORMADORES,
en definitiva, nosotros mismos.
Nuestra
educación:
Para
algunos... algo tan intrascendente e insignificante.
Para
nosotros... más que mil palabras.
Firmado:
Carballo Laura, José Ambiela, Adrián Godoy, Manuel Matano,
Matías Bouzada, Geraldin Rodríguez, Lucas Grossi, Lucas
Parra, María Laura Brunello, Nicolás Mariano Uboldi.
Reconocimiento
Estoy
convencido de que la labor llevada a cabo por la Lic.
Griselda Krauth como directora, hasta el 8 de enero del
corriente año, al frente del Instituto Superior Municipal
de Educación y Tecnología “Emilio Fermín Mignone”, merece
ser destacada y reconocida.
Su
natural inteligencia, su sentido práctico, su capacidad
para tomar decisiones y asumir responsabilidades, su
calidad humana, su empuje y entusiasmo para generar e
impulsar proyectos, sumado a su sólida formación
intelectual permanente (está cursando una maestría en
FLACSO) hicieron de ella -y sé que muchos compartirán mi
opinión- una directora singular, capaz de enfrentar los
mil vaivenes y cambios del sistema educativo de la
provincia de Buenos Aires.
Sabido es
que nadie está, ni en un cargo ni en la vida, para
siempre; pero creo que es valioso señalar los buenos
ejemplos de quienes, más allá de las dificultades, ponen
alma, corazón e inteligencia en su labor y se destacan
inexorablemente.
Creo que
esto debe ser señalado públicamente.
Lic.
Antonino E. Martínez
Sin
control
Con
asombro ví la colocación de luminarias en un tramo de la
ruta 5, en el barrio La Hostería. Cuando existe un
problema serio, como es el del tránsito, que cuesta vidas
humanas, las soluciones debieran ser pensadas para
eliminar esos problemas y no sólo para cumplir con los
organismos de control, que se basan en legislaciones que
no siempre tienen en cuenta los problemas y mucho menos
las soluciones adecuadas. La legislación exige obras
cuando los accidentes superan ciertos parámetros, las
obras se realizan, como en este caso, pero nadie piensa si
ese esfuerzo dará los resultados esperados.
El
problema en esa zona, donde vivo hace más de 10 años, es
que los vehículos circulan a una velocidad excesiva
inadecuada, no son respetadas las velocidades máximas,
nadie controla esta situación y esto se multiplica los
fines de semana donde los vehículos circulan por las
banquinas desaprensivamente. Entonces, la desprotección de
quienes circulan en bicicletas, motos, o de quienes desean
cruzar, es total.
Si se
hubieran tomado ejemplos de otras ciudades donde una ruta
nacional atraviesa una zona urbana en la provincia de
Buenos Aires (Colón, Pergamino, Junín), la colocación de
semáforos hubiera sido una solución mucho más efectiva que
la que se usó.
Además,
se nota una falta de control en la obra, ya que en un
mismo trayecto se colocó un cartel indicador de velocidad
máxima 80 (de Luján a Mercedes), existiendo otro de máxima
60 (de Mercedes a Luján).
José Luis
Larrea
La vida
no tiene precio
El día 2
de enero de 2008, a las 10.30, mi hija de 18 meses ingresó
a la Clínica Güemes en grave estado (deposiciones con
sangre, vómito, fiebre, deshidratación) y con pedido de
internación por el pediatra de cabecera. La internación se
realiza después de un largo tiempo de espera (2 horas) y,
mientras tanto, ninguna persona nos daba respuesta por
semejante tardanza.
Durante
todo ese tiempo lo único que tomaron como importante
fueron los papeles, nos cobraron 100 pesos de internación
-que después fuera reintegrado por la misma- y esperaron
la autorización de nuestra obra social OSMATA. Mientras
tanto, mi hija esperaba en el hall de la clínica en grave
estado.
Nos
pidieron realizarle un análisis que tuvo un costo de 100
pesos, diciéndonos -profesionales de dicha clínica- que la
obra social no lo cubría, lo cual era mentira, pero por
supuesto la vida de mi hija no tiene precio y accedimos a
realizar el análisis.
Alrededor
de las 18 nos informaron que nos derivaban al sanatorio
San Cayetano y que la ambulancia tardaría unas dos horas,
o sea, tenía que llegar entre las 20 y 21 horas.
Aduciendo
que la ambulancia, a causa de un desperfecto técnico,
venía con gran demora, y luego de varios reclamos a dichos
profesionales, nos aconsejaron buscar un traslado
particular, es decir, costeando de nuestros bolsillos el
traslado en ambulancia a Capital Federal (todos sabemos
que Clínica Güemes tiene como vecino un servicio de
ambulancia que es propio). Como no encontramos traslado
particular, a las 23 apareció la ambulancia.
Dejo
asentado en esta queja la mala predisposición de la
Clínica Güemes para atender una vida humana, teniendo como
vital importancia -en ese momento tan delicado y de total
nerviosismo por parte de nosotros y de nuestra familia- la
parte económica.
Dejo
asentado también la falta de información de parte de los
médicos de turno, haciéndonos esperar un informe médico de
suma importancia para nosotros sobre la salud de nuestra
hija y por supuesto de su vida.
No es la
primera vez que Clínica Güemes juega con la vida de
nuestros seres queridos. ¿Cuántas veces más se tienen que
equivocar para que alguien los frene? La vida no tiene
precio.
Romina
Tarchini
Como el
clavel del aire...
Pobre
plaza Colón.
Pobre
plaza mía, nuestra.
Acogedora
de fugaces y furtivos amores juveniles.
Con su
frondosidad invadida por el clavel del aire.
Con
muchos árboles ya muertos, como mueren ellos, de pie.
Con otros
tantos agonizantes sin remedio.
El césped
ausente quizás se pueda reponer algún día. También la
granza. Pero los árboles no. Para ello se necesitarán
cincuenta, sesenta o más años. Tantos como los que
vivieron los que hoy nos dejan.
Tal vez
sea el camino hacia otra "plaza seca" ahora que están de
moda.
Un pulmón
menos para una ciudad que supo ser respirable.
Es dura
la impotencia del que ve que a casi nadie le importa.
Porque hoy no se hace ni lo urgente ni lo importante. Y el
clavel del aire, a sus anchas, va ganando espacios cada
vez mayores.
Y lo que
toca se seca.
En esta
guerra sin enemigos, gana él.
Pobre
Luján.
Rubén De
Cicco |