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Porque
alguien lo hizo...
El clima
político local, con su inevitable contagio en ciertos
sectores de la sociedad, no es el ideal. No reina la
calma. Y una descripción de lo que sucede en Luján
-transmitido en diferentes notas publicadas por este
medio- tal vez encuentra coincidencias con lo que ocurre
en otros distritos en los que las urnas le dieron un corte
definitivo a varios años de una misma administración.
Fue el
propio gobierno municipal encabezado por la doctora
Graciela Rosso el que rubricó la seriedad de lo que sucede
en nuestro partido.
Allá
lejos, en octubre pasado, los primeros indicios de que el
camino no sería sencillo: actas de las elecciones con
horrores que dan a un ganador erróneo y que fueron
avaladas y publicadas por autoridades provinciales. Jamás
se dio a conocer una desmentida; por el contrario,
Florencio Randazzo (responsable máximo de aquella página
web que generó zozobra en los lujanenses) saltó de una
función provincial a una nacional.
Corrieron
las semanas y los hechos siguieron apareciendo. Hace unos
diez días, cuando los nuevos funcionarios se sentaban en
los sillones que quedaron vacíos por el recambio de
autoridades, desde el Departamento Ejecutivo se denunció
en la Justicia que en ninguna de las oficinas municipales
aparecía el libro de inventario. No se trata de un
elemento más. El que sigue sin aparecer es el documento en
el que deberían estar registradas todas las pertenencias
de la Municipalidad de Luján.
Dicho de
otro modo, sin ese libro se complica saber qué había antes
del 10 de diciembre, qué quedó o -sin ánimo de ser
malpensados- qué se pudieron haber llevado los invitados a
retirarse por el voto de la gente.
Durante
este fin de semana, el clima continuó enrareciéndose.
Entre la mañana del sábado y la mañana del lunes pasado,
alguien entró a uno de los despachos de la Intendencia,
revolvió papeles y carpetas y sustrajo algunos de esos
documentos públicos. No tocó la caja fuerte de esa
dependencia, dejando en claro que no se trató de un robo.
Tal como se cuenta el hecho en este editorial, consta en
la denuncia judicial realizada por las autoridades
comunales y en el sumario interno que se abrió para saber
qué fue lo que sucedió y quiénes pecaron por acción u
omisión.
El
escenario de suspenso se terminó de armar con la
aparición, esta semana, de afiches que sólo los autores y
los receptores del mensaje alcanzarían a entender en toda
su magnitud. La foto de Graciela Rosso, de Isabel Perón y
de Raúl Guglielminetti, con la frase “Roma no paga a
traidores” y la firma de “La Cámpora”.
En lugar
de adoptar la más saludable actitud ante mensajes anónimos
-porque “La Cámpora” se encargó de desmentir la autoría
del panfleto- e ignorar la bravuconada, la propia
intendenta salió a definir a esos papeles como “un mensaje
mafioso” que le endilgó a “delincuentes” a los que “les
estamos cambiando su relación con el poder, con el dinero,
con los negocios”.
En parte
por seriedad, pero también por tranquilidad para todos los
ciudadanos, es necesario que el gobierno entrante no
abandone las causas judiciales que decidió iniciar. Es
necesario que busque a los responsables de la desaparición
del libro de inventario y que esa sustracción no pase al
olvido. Es necesario también que investigue quién o
quiénes ingresaron a su despacho, qué se llevaron y con
qué fin. Y también que se identifique a los “delincuentes”
que utilizan la vía pública para difundir sus mensajes.
Porque si realmente se trata de delincuentes, su lugar en
la sociedad no es la libertad de las calles sino la
cárcel. |