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Carta a la
Dra. Rosso
En nuestro
carácter de abonados a la Cooperativa Eléctrica de esta
ciudad nos dirigimos a las autoridades competentes, con
amplios poderes de intervención y decisión política, para
responsabilizar públicamente en ejercicio de nuestros
derechos y garantías individuales expresamente
incorporados en nuestra Constitución Nacional, al ex
ministro de Infraestructura, Vivienda y Servicios
Públicos, Sr. Eduardo Sícaro que, de acuerdo a la
resolución emanada del decreto provincial Nº 3007 del año
2006, lograra mediante leonina gestión como ministro del
gobierno provincial del área afectada a sus funciones,
autorizar a todas las cooperativas a nivel provincial
licencia para cobrar una cuota fija de “3 pesos” para
financiar futuras inversiones.
Este
escandaloso e incalificable tarifazo a espaldas de los
abonados sin mediar consulta previa, pone al descubierto
la cruda realidad que sectores gerenciales, con fuerte
respaldo del poder público y ante la notoria ausencia de
una seguridad jurídica, han convertido a las cooperativas
en mercados financieros.
En
nuestro carácter de abonados de esta Cooperativa Eléctrica
consideramos estar amparados por soberanos derechos
constitucionales al repudiar, rechazar y desconocer el
aval o convenio encubierto OCEBA, Organismo de Control de
Energía Eléctrica, por considerar que es una flagrante y
directa violación a los legítimos derechos de los
abonados, por interpretar que hay un avance irracional de
origen gerencial que transgrede y lesiona legítimos
derechos adquiridos de los asociados.
Porque
diferenciamos empresas de este rubro, Edenor, Edesur y
otras multinacionales que operan dentro de un libre
mercado de competencias, a diferencia de las cooperativas,
cuyo origen nacional y contenido social es estar al
servicio de la comunidad sin el espíritu encubierto de
lucrar.
Las
claras normas y reglas de expansión y futuras obras de
intervención deberían estar sujetas al capital pasivo
acumulado sin transgredir impunemente el transparente
contenido fundacional de cooperativas.
Ante la
virtual desprotección por no existir un órgano del Estado
que regule y controle con justicia, equidad y
transparencia decisiones que avasallan y atentan contra la
economía popular, rogamos se considere si se cree
conveniente un tratamiento H.C.D.
Firmado:
Zulma Garavano, Eva Alvelo, Héctor Diodatto, Ramón
Manzilla, Lorenzo Alvelo, Patricia Godoy, Alejandro
Pimentel, Zunilda Ponti y siguen las firmas.
Abuelos
con Graciela Rosso
Los
Abuelos de la Tercera Edad, los que la votamos y los que
no lo hicimos, estamos totalmente de acuerdo con las
medidas tomadas por usted.
Nosotros
somos los abuelos para los que la mesa del domingo era
sagrada, punto de reunión de la familia; donde la cabecera
era privilegio del padre y del abuelo, y la palabra de
ellos era escuchada con atención; los avalaba su
experiencia y sus años.
Hoy los
chicos llegan de "divertirse" a las 9 o 10 de la mañana,
evitando así el diálogo familiar.
Es por
eso, Dra. Rosso, que estamos totalmente de acuerdo y a sus
órdenes para lo que nos necesite. Nos encontrará siempre
trabajando en Alem 527, en "La casita del jubilado", junto
a otra compañera de tareas, Dora E. Bergara de Revello.
Firmado:
Mabel V. de Marotti, Marta A. Danunzio, Mario Groccia,
María E. Casas, Francisco Groccia, José M. Cano y siguen
las firmas.
El
cooperativismo como práctica de afirmación humana
La
cooperación es un sistema económico que tiende a la
satisfacción de las necesidades de los usuarios, asociados
democráticamente, de cuya gestión de servicio son
beneficiarios. Su surgimiento es una respuesta a los
problemas de la expansión y concentración de la industria,
del comercio y de las finanzas que trajo consigo el
desarrollo del capitalismo, con sus ciclos y sus crisis
que golpeaban rudamente sobre los sectores más débiles de
la sociedad. Los principios de sus precursores teóricos,
los llamados socialistas utópicos, así como la propia
práctica cooperativista apuntaron a resolver problemas
sociales, a valorizar la iniciativa y dirección de los
asociados, a resaltar la armonía y no la competencia, a
criticar al individualismo, a promover la conciliación
social entre el capital y el trabajo.
Hablar
del cooperativismo es hablar de una actividad humana
solidaria de fecundo desarrollo secular en nuestro país.
La
cooperativa es una empresa ética y eficaz, jurídica y
económica, gestionada democráticamente por sus asociados e
integrada por personas que, inspiradas en la solidaridad,
persiguen la satisfacción de aspiraciones, necesidades e
intereses comunes, sin intermediarios ni fines de lucro.
La
eficacia de esta fórmula jurídica socioeconómica quedó
sobradamente acreditada mediante la satisfacción de
diversas necesidades, aspiraciones e intereses en
distintos sectores de la comunidad nacional y extranjera.
Islandia,
Finlandia e Israel encuadraron su acción económica casi
enteramente en el marco cooperativo. Una nómina más
extensa de países implantó la enseñanza de doctrina y
práctica cooperativas en escuelas y universidades. La
historia del pensamiento cooperativo contó siempre con las
mismas metas: eliminación del lucro, desarrollo de la
democracia económica y de la dignidad y responsabilidad de
quienes accionan en común. Hubo matices ideológicos en las
doctrinas, identificaciones transitorias con regímenes y
tendencias políticas que no pudieron eliminar ni saldar la
deuda con los pioneros de Rochdale.
De ellos
derivan también los principios. La democracia es un
ejemplo. Incorporada al estatuto de ese grupo el 7 de
agosto de 1845 y traducida en la fórmula de equivalencia
"un socio-un voto", al margen del capital aportado y de
las operaciones realizadas por el ente.
El
cooperativismo no es una ideología, sino un sistema
correctivo de eventuales distorsiones del mercado o del
Estado.
Aurelio
Flores Aranda
Abogado e
investigador del Área de Estudios en Cooperativismo y
Mutualismo de la Universidad de Belgrano |