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Capacitación
de personal
Escribe
Antonino E. Martínez-Docente
En la
primera etapa de la Universidad Nacional de Luján, es
decir, desde su creación hasta el cierre, se dictó la
carrera Licenciatura en Educación Permanente con cuatro
orientaciones o especializaciones. Una de ellas se
denominaba Capacitación y Desarrollo de Personal.
Con mayor
o menor intensidad siempre ha existido la preocupación
por la capacitación del personal que, en definitiva,
lleva a la práctica la idea de la educación continua o
permanente, la necesidad de seguir aprendiendo toda la
vida. Y, todos lo hacemos, aunque sea de manera muy
rudimentaria.
Se trata,
entonces, de completar, actualizar, perfeccionar los
conocimientos previos de los trabajadores que se están
desempeñando en determinado puesto. En las empresas, este
requerimiento surge generalmente por vuelcos
tecnológicos, es decir, por la necesidad de reconvertir
la mano de obra para adaptarla al uso de nuevas
tecnologías, procedimientos y aparatos.
También
ocurre que no siempre se encuentran en el mercado de
trabajo las personas con la formación y el perfil
requerido. En ese caso la empresa puede incorporar
personal y capacitarlo, para después ubicarlo en su
puesto de labor.
Durante
la nefasta dictadura del Proceso, la empresa Siemens
firmó un importante convenio con el gobierno para la
provisión de teléfonos. Como no encontraban personal con
los conocimientos básicos de telefonía que necesitaban,
los incorporaban y durante un tiempo su trabajo consistía
en asistir a clase dentro de la misma empresa.
Cuando la
capacitación la brinda la propia organización se
denomina interna y si se envía al personal a tomar cursos
a alguna institución de carácter educativo se la llama
externa. Adviértase que de lo que se está hablando es de
capacitar a quienes ya están en un puesto laboral, no de
brindar formación a alguien que aspira a conseguir
trabajo, que es otra cosa.
¿Y por
qué es distinto? Ocurre que la empresa o la organización
de que se trate (puede ser un organismo del Estado)
detecta determinadas fallas o falencias y desea
subsanarlas. Por ejemplo, se comprueba que no se proyecta
una buena imagen en el mercado, que se producen muchos
conflictos entre el personal, que hay elevado ausentismo,
que el rendimiento es bajo, que es escaso el sentido de
pertenencia, que no es adecuada la atención al
público...
Para cada
uno de estos problemas se pueden diseñar cursos en los
que se brinden conocimientos útiles para mejorar todos
estos aspectos que deben ir acompañados de una política
de la organización que reconozca los logros de los
trabajadores y que incentive el acercamiento entre éstos
y el personal jerárquico.
Ninguna
organización que pretende ser exitosa puede serlo si su
personal no se siente reconocido y valorado en una medida
satisfactoria. Las buenas organizaciones se ocupan, y
mucho, del bienestar de sus empleados porque tienen
comprobado que esto mejora su desempeño.
Otro
aspecto importante es la formación de supervisores, es
decir, de quienes tienen a su cargo un determinado número
de personas. Organizar el trabajo propio y el de los
demás, disponer de máquinas y materiales, dar
instrucciones y manejar conflictos no es una tarea
sencilla.
Una
posibilidad interesante consiste en formar a los propios
futuros supervisores a través de la capacitación y como
forma de promoción laboral, formando los grupos con
quienes ya integran el plantel de la organización y
tienen cierta antigüedad. Un recurso que se emplea en
estas capacitaciones y que resulta muy útil es el estudio
de casos. En ellos, los participantes ven reflejados
algunos de sus propios conflictos y los de los
compañeros. Son excelentes disparadores de la reflexión
y el debate.
Señalemos
una vez más que las grandes organizaciones que optimizan
el rendimiento y la eficacia y eficiencia tienen en cuenta
la capacitación permanente del personal y su bienestar
porque saben que esto redunda en un mejor desempeño.
En 1969
vio la luz un libro de Douglas McGregor cuyo título es
toda una síntesis sobre este tema: El aspecto humano de
las empresas. Las organizaciones funcionan con personas y
todas las personas respondemos a necesidades básicas,
entre ellas está el reconocimiento por la tarea
realizada, el sentimiento de justicia o injusticia, ser
escuchados y tenidos en cuenta... La capacitación, cuando
está a cargo de quienes tienen conocimientos específicos
sobre ella, toma en cuenta estas cuestiones.
Un
tópico en el que es realmente provechoso capacitar, sobre
todo a quienes tienen personal a su cargo o atienden
reclamos, es la resolución de conflictos. Los conflictos
son inherentes a las relaciones humanas, surgen siempre y
no pueden evitarse. Las técnicas de mediación enseñan
por ejemplo la escucha activa, el parafraseo y el planteo
de necesidades que ayudan a ordenar el diálogo para
plantear posibilidades de superación del problema.
La
capacitación es una forma parasistemática de educación
de adultos sumamente útil y provechosa por su valor
social. Debe prestársele la debida atención y Luján
cuenta con especialistas en ella. |