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El techo lo
pone el bolsillo
“Un
fraude”. Así calificó el abogado de la Central de
Trabajadores del Estado (CTA), Horacio Meguira, al acuerdo
logrado esta semana entre Camioneros y el gobierno
nacional. Se trata, sin lugar a dudas, de un acuerdo
orquestado con la clara intención de difuminar el pacto
salarial de los camioneros con un ficticio techo de
aumento de 19,5 por ciento.
Tanto la
CTA, como empresas de logística que desde el miércoles
calculan cómo aplicar el incremento, afirman que el
aumento real para los representados por Hugo Moyano es del
24 por ciento (porque se obvió decir que al 19,5 hay que
agregarle una serie de aportes que suman al sueldo). Y que
ese porcentaje se adosa a todos los aumentos acordados
para el mismo sector durante 2007, por un porcentaje total
de entre 38 y 40 por ciento.
Pero
Moyano, seguramente a cambio de favores que no aparecen en
los medios (como, por ejemplo, asegurarse la continuidad
al frente de la CGT), ayuda al gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner a construir esta realidad paralela
que se da de bruces con la realidad del bolsillo.
24 por
ciento de aumento real para los camioneros. 24 por ciento
podría ser la cifra final para arreglo que permita a los
docentes iniciar el ciclo lectivo. Los trabajadores de
edificios, en sus paritarias, no se bajarán del pedido de
27 por ciento de aumento. Los panaderos no se muestran
dispuestos a aceptar menos del 30 por ciento. Los
empleados de empresas viales y portuarias reclaman un 35
por ciento. Los gremios que representan a los mecánicos
pelean por un incremento del 35 por ciento. Los
gastronómicos, enfrentados con Moyano, todavía no
revelaron qué cifra se sentarán a negociar, pero se sabe
que estará por encima del oficialista 19,5 por ciento.
Lo cierto
es que ninguno de los gremios -amigos o enemistados con el
gobierno- se sienta a reclamar aumentos en sintonía con
las cifras de inflación del INDEC. Nadie toma en cuenta
los ridículos cálculos de ese organismo oficial, que
seguramente tiene la orden de dibujar un número que no
dispare la macroeconomía, pero que nada tiene que ver con
la economía diaria, de bolsillo. Ocurre, en definitiva,
que ni siquiera en el gobierno aceptan a esas cifras del
INDEC como reales.
Hace
meses que en algunos medios de prensa se informa acerca
del verdadero costo de vida a través de la constatación
de los aumentos de los productos de consumo o uso
cotidiano. Los contestadores de las radios se atestan de
denuncias que hablan de aumentos diarios en todos los
productos, de los más variados rubros.
Al margen
de los incrementos notables en la mercadería de temporada
(canasta navideña para fin de año, alquileres y demás
servicios relacionados con las vacaciones, canasta de
útiles escolares o los inminentes aumentos en los
productos típicos de semana santa, por citar algunos
ejemplos), las cosas aumentan a un ritmo que marca la
inflación real y el aumento del costo de vida. Es por
ello que ni en chiste los gremios se sientan a hablar de
aumentos atados a la inflación oficial. Todos, con
mayores o menores pretensiones, pelean por porcentajes
más acordes con la realidad. |