Miércoles 27 de Febrero de 2008 - Edición 7359 - Edición digital: 0659

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Cultura & Espectáculos

A propósito de la investigación

Una tarea de tiempo completo

La Dra. María José Binetti y el Dr. Dedier Norberto Marquiegui discurren en esta nota sobre su compromiso con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), organismo al que se encuentran vinculados desde hace años.

La investigación, podría afirmarse, conlleva una función reveladora como es la de descubrir para la ciencia o la humanidad un increíble universo que, en ocasiones, ha permanecido en el misterio. Esa exploración puede descubrir lo que escapa a la reflexión de siglos o generaciones, inducir leyes que expresan una relación inesperada entre las cosas, señalar puntos que sirven de centro a mil desarrollos y puede abrir caminos en la infinita exploración de la naturaleza, o el mismo hombre. La magnitud de la labor debe calcularse por la vastedad de su horizonte y la extensión de sus aplicaciones. Debe agregarse, además, que cumple una función social, al producir una obra decisiva y fecunda.

Dos investigadores de Luján tienen la palabra en esta nota, señalando los motivos por los que accedieron y hoy son integrantes de un organismo que promueve la exploración de distintos campos de la cultura.

 

Dr. Dedier Norberto Marquiegui

La experiencia de la historia

- ¿Cómo se da su ingreso al Conicet?

- Creo que con el paso del tiempo uno rebobina sucesos del pasado, e intenta racionalizar demasiado. Yo solía hablar en el 83, en el renacer de la democracia, sobre la necesidad de explicar por qué la democracia no funcionaba en la Argentina, y de quitar algunas mitologías aprendidas en el profesorado. Había en mí una mezcla de motivos profesionales y de necesidades de saber por qué la forma de convivencia que se inauguraba era disfuncional. Entonces pensaba demasiado las cosas, como por qué había ingresado a la universidad; y la posibilidad de ejercer en la secundaria y perfeccionarme para agregar carrera, o sea, nada relacionado con la investigación ni sumar puntaje.

Así, más allá de que esos motivos estuvieran presentes, sentí la necesidad de construir mi propia versión de los hechos. Lo otro fue casualidad. Al entrar en el primer seminario, el primer profesor me dijo: “Pero vos escribís en serio. ¿Por qué no te dedicas a esto?”. Hasta ese momento no se me había pasado por la cabeza, por ahí sí en un plano de historiador local. En Luján hay mucha gente que le gusta la historia, entonces pensé que podía escribir algo a futuro, pero no me lo había planteado como un medio de vida.

Primero fui autor y antes de empezar los pasos de la carrera, es decir escribir y publicar, ya iba a congresos, tenía cursos universitarios a mi cargo y dictaba cursos de posgrado. Una cosa trajo la otra y cuando me quise dar cuenta, y sin cobrar un salario, me había convertido en un profesional de acuerdo a los cánones de la actividad científica. Cuando llego a presentarme en el Conicet, en el 88, ya llevaba tres años de ejercicio de la profesión sin darme cuenta y ya había armado el curriculum suficiente para tener la posibilidad de ingresar, en una época que era más dificultoso que ahora.

Porque sin hacer alusiones políticas, ha mejorado mucho la situación de la ciencia desde el período presidencial de Kirchner. Hoy, por año, ingresan 250 becarios, porque se está trabajando para formar una base científica sólida basada en un hecho que me parece bastante realista: al que se fue no lo vas a recuperar, tiene otras condiciones de vida, de trabajo. Entonces, si no podés traer lo que se fue hay que lograr que colaboren desde afuera y formar una base nueva. En el 89, cuando ingresé, ese número era una utopía. Para las ciencias sociales ingresábamos 14 becarios cada dos años. Y desde el 95 ingresé en la carrera de investigador científico del Conicet que tiene distintas gradaciones. Yo estoy en la etapa de Adjunto.

- ¿Qué le exige el Conicet?

- Las exigencias son diferentes según a lo que se aspire. Para ser becario lo necesario es haber desarrollado una actividad previa que te dé un fundamento curricular demostrando que sos un investigador en potencia, a través de una etapa de profesionalización muy fuerte. Hoy para ser historiador no basta con que te guste la historia, y tampoco el trabajo mental. Tus preocupaciones como investigador tienen que insertarse en un contexto más general, tenés que resolver problemas que atañen a la sociedad argentina en general.

Yo emprendí la tarea como colonialista, pero después, a través de la conexión con Devoto empecé a trabajar y publicar cada vez más en revistas especializadas en temas de inmigraciones, un asunto que no es sólo de historiadores, sino de antropólogos, economistas, etc. Es un gran problema ante el cual hay que dar respuestas concretas, si no basta ver lo que está pasando en Europa y Estados Unidos donde no saben qué respuesta dar. Pero el tema requiere de una experiencia previa que en Argentina tuvimos. Nosotros, antes de ser un país de migración en el 2001, fuimos de inmigración. Venían y esto nos dio la posibilidad de vincularnos con el tema y dar respuestas concretas a cómo se integra un inmigrante dentro de una determinada sociedad. Las experiencias de cada país son particulares. Lo que pasó acá no va a pasar en España, Italia o Estados Unidos. En este sentido cada uno construye su historia, pero la idea es dar una respuesta general a un problema general, pasado y presente.

- ¿Cuáles serían, en su caso, las aspiraciones futuras?

- Las aspiraciones tienen que ver con lo que decía, que las carreras están más estandarizadas. Tenés que ser profesor, licenciado, especialista, magister, doctor. Hoy en día ser investigador de carrera implica no sólo ocuparte de tus proyectos de investigación, sino que, cada grado, implica responsabilidades diferentes. En un nivel de Adjunto tenés que tener a cargo grupos de investigación, tesistas, becarios; digamos que el panorama se complejiza cada vez más. En mi caso debí asumir, en algún momento, la conducción de la Secretaría de Investigación, cumplir el rol de evaluador del sistema científico y no dedicarme solamente al tema de investigar.

En cuanto a la vinculación con los tesistas es por varias vías. Todo investigador del Conicet de carrera, y aún un becario, tiene que hacerse de un trabajo en la universidad. Si tenés una dedicación exclusiva o la mayor parte de tu salario tiene que ver con la tarea que desarrollaste en investigación, también hay que transmitir los conocimientos que vas logrando, no sólo a través de publicaciones y congresos, que también son cada vez más estandarizados. Nosotros no tenemos demasiado tiempo para difusión, generalmente publicamos en revistas especializadas con arbitrajes en el país y en el exterior. Y me han preguntado por qué publicaba tanto de Luján en el exterior. Pero el tema de la inmigración es general.

En cuanto a las obligaciones, aparte de una tarea docente en la universidad que elegís como sede de trabajo -que en mi caso es la Universidad Nacional de Luján- en tu tarea docente te vinculás con chicos con inquietudes en tu tema o temas conexos. Yo trabajo los dos semestres con cursos, uno de posgrado y en cursos generales donde encontrás chicos de distintas especialidades. Entonces se vinculan con uno y quieren que los dirijas. En la medida que se puede, se trata de llevar adelante las vocaciones de la gente.

En cuanto a los objetivos son de diferentes niveles. Si me preguntás por el desarrollo de la carrera, es quizás llegar al más alto grado que pueda como investigador del Conicet Y en otro nivel, que tu trabajo no sólo sirva como patrón de medida o de discusión de tu campo de investigación entre especialistas, sino que sirva a la sociedad. Como por ejemplo en el tema de migración, orientar la formulación de políticas migratorias, que no se tiren soluciones disparatadas como se están manejando en Estados Unidos o en Israel con el tema del muro. Nosotros sabemos que los muros y las políticas restriccionistas nunca han frenado a los inmigrantes. Entonces, hay formas más racionales de dar respuesta a esos procesos, y una aspiración de todo investigador es que su trabajo sirva para orientar en alguna medida las políticas públicas o hasta para transmitir una experiencia que eduque a la sociedad dentro del problema migratorio, de cómo comportarse ante el otro, que muchas veces se lo toma como enemigo.


Dra. María José Binetti

La revelación de la filosofía

- ¿Cómo se dio tu ingreso al mundo de la investigación?

- Llegar al Conicet fue el sueño de mi vida. Siempre tuve en claro que quería estudiar filosofía, lo que nunca supe muy bien era qué hacer con la filosofía, pero el camino se fue abriendo solo. Cuando terminé el profesorado y la licenciatura, me di cuenta que lo que más me gustaba era la investigación y para ello la única posibilidad en Argentina es el Conicet. Me presenté allí para una beca de doctorado y tuve la suerte de ganarla. Luego de cinco años terminé el doctorado y obtuve otros dos años de beca posdoctoral. Finalmente, el año pasado, entré como Investigadora Asistente, que es el grado más bajo en la carrera de investigación científica del Conicet.

Respecto del ingreso, contó que hay que tener un plan de estudio, un buen promedio universitario y algunos trabajos de investigación publicados. En su caso, el plan de estudio para la beca doctoral coincidió con el proyecto de tesis doctoral. Aún hoy se sigue dedicando al mismo autor, por una exigencia de especialización temática. “Lo más lógico es que por ahora me siga dedicando a ese autor, aunque también me interesan muchos otros autores y temas. La única manera de aprender a investigar es llegar al fondo del asunto, y para esto la estrategia es la de mantenerse en el mismo lugar, profundizando el análisis”.

Interrogada sobre el motivo por el que escogió al autor danés Kierkegaard dijo que fue en parte casualidad, en parte asesoramiento de sus directores y en parte predisposición natural. Comentó además que fue una buena elección, porque en Argentina no hay especialistas en él. Hubo algunos profesores y pensadores destacados que lo han leído, pero sin especializarse. Precisó que el mejor argentino especialista en el autor está radicado en Copenhague desde hace más de 10 años, porque Kierkegaard era danés y el centro más importante de estudios sobre él está allí. Sólo otra colega suya del Conicet se dedica también al mismo autor.

- ¿Cuál es la importancia de haber investigado a ese autor?

- Es un clásico de la filosofía, el padre del existencialismo. De él surgen las nociones más importantes del existencialismo como movimiento filosófico, que son las nociones de existencia, individuo, angustia, desesperación, libertad, elección, posibilidad, subjetividad. Todas esas nociones están presentes en el existencialismo de Heidegger, Sartre, Camus, Simone de Beauvoir o Sábato, autores que han tenido mucha difusión en Buenos Aires durante los 60 y 70. La mayor parte de sus ideas nacen de Kierkegaard, quien, a pesar de ser el fundador del existencialismo, no fue tan estudiado como otros existencialistas. La filosofía existencial está muy presente en el pensamiento contemporáneo, y por eso hoy en día hay un resurgimiento a nivel mundial de los estudios sobre ese autor.

A lo largo de su vida, dejó escritos 40 volúmenes, 20 de obras completas y otros 20 de escritos privados, como su diario personal, que él no publicó en vida. El gran problema que tenemos en la lengua castellana es que la mayor parte de ese material está sin traducir; hay textos fundamentales que nunca se editaron en español, y por eso la tarea no es sólo la de estudiarlo sino también la de traducirlo del danés. Con un equipo de gente estamos embarcados en ese proyecto.

Binetti remarcó que la producción científica –publicación de libros, artículos en revistas especializadas, ponencias en congresos, conferencias, clases universitarias etc.- son el requisito indispensable de la investigación, y esto es lo que el Conicet evalúa periódicamente. “Mi tarea es estudiar un tema, demostrar una hipótesis y luego darla a conocer a través de artículos que se publiquen en revistas científicas reconocidas académicamente. Estas revistas poseen un comité de evaluación internacional, que es el que decide si un artículo es o no publicable. El Conicet acredita cada publicación, libro, conferencia, etc. con un determinado puntaje y según esto uno asciende o no en la carrera científica”.

María José ha publicado en Argentina, Méjico, Venezuela, Perú, Brasil, España, Australia, Estados Unidos, y participó en congresos internacionales de Estados Unidos, Brasil y Argentina.

- Como persona, ¿qué te aporta esta investigación?

- Mi carrera es para mí una pasión. La filosofía permite comprender la realidad vivida, lo que somos y lo que nos rodea, más a fondo de lo que habitualmente lo hacemos; y comprender más a fondo significa, en definitiva, vivir más a fondo. Además, la investigación me ha dado la posibilidad de conocer otros países y gente de todo el mundo. Abrir horizontes es renovador.

- ¿Qué sacrificios te impone la tarea de investigación?

- El sacrificio son horas y horas de estudio, de una gran abstracción y soledad. Mientras estuve haciendo el doctorado, durante más de cinco años, no hubo un solo día que no leyera a Kierkegaard y prácticamente lo único que leí en ese tiempo fueron sus escritos o sobre él. Hay una exigencia muy fuerte de concentración, porque cuando uno se dispersa pierde el rumbo. La investigación exige pensar y repensar mil veces un mismo tema y autor, leer muchísimo sobre la misma cosa y darle veinte vueltas. Sólo así es posible avanzar en el proceso de comprensión. Los tiempos de reflexión y de maduración de una idea son muy lentos, y mucho más cuando uno debe acompañarlos con cierta madurez personal.

- ¿Cuáles son tus próximos pasos?

- Este año tengo el proyecto de viajar a Copenhague para estudiar en el centro de estudios kierkegaardianos de Dinamarca. Lo seguiré estudiando pero en relación con otros movimientos filosóficos como el romanticismo alemán y la filosofía posmoderna. Además, me han invitado a participar de un proyecto grupal de investigación sobre el acceso a lo religioso desde la filosofía contemporánea. En este caso estudiaré el modo en que se puede pensar y vivir espiritualmente la religión fuera de las instituciones clericales, dogmáticas y tradicionalistas, detrás de las cuales siempre se esconde la manipulación política y económica de la gente.

A un nivel más práctico, estoy participando activamente de movimientos feministas. Considero fundamental luchar para que las mujeres dejemos de ser las mucamas de los varones y nos convirtamos en seres autónomos, con decisión y nombre propio.

-¿Aspiraciones futuras?

- Avanzar por el camino del conocimiento y la reflexión, y llegar a ser algún día una intelectual con prestigio. Me interesa, además, comprometerme políticamente con la sociedad, no desde un lugar partidario pero sí desde la crítica intelectual. De nada sirve pensar filosóficamente el mundo y la vida si uno no plasma su pensamiento en acciones concretas, individuales y colectivas.

<epigrafe>

DRA. MARÍA JOSÉ BINETTI: doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra (España), con una tesis centrada en el estudio del pensamiento de Soren Kierkegaard. Investigadora Asistente del Conicet, con un proyecto sobre el mismo autor. Ha publicado distintos libros y artículos de divulgación científica en el país y en el exterior, ha participado de congresos y seminarios, dedicándose también a la traducción de los textos del autor danés.

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