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A
propósito de la investigación
Una tarea
de tiempo completo
La
Dra. María José Binetti y el Dr. Dedier Norberto
Marquiegui discurren en esta nota sobre su compromiso con
el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (Conicet), organismo al que se encuentran
vinculados desde hace años.
La
investigación, podría afirmarse, conlleva una función
reveladora como es la de descubrir para la ciencia o la
humanidad un increíble universo que, en ocasiones, ha
permanecido en el misterio. Esa exploración puede
descubrir lo que escapa a la reflexión de siglos o
generaciones, inducir leyes que expresan una relación
inesperada entre las cosas, señalar puntos que sirven de
centro a mil desarrollos y puede abrir caminos en la
infinita exploración de la naturaleza, o el mismo hombre.
La magnitud de la labor debe calcularse por la vastedad de
su horizonte y la extensión de sus aplicaciones. Debe
agregarse, además, que cumple una función social, al
producir una obra decisiva y fecunda.
Dos
investigadores de Luján tienen la palabra en esta nota,
señalando los motivos por los que accedieron y hoy son
integrantes de un organismo que promueve la exploración
de distintos campos de la cultura.
Dr.
Dedier Norberto Marquiegui
La
experiencia de la historia
-
¿Cómo
se da su ingreso al Conicet?
- Creo
que con el paso del tiempo uno rebobina sucesos del
pasado, e intenta racionalizar demasiado. Yo solía hablar
en el 83, en el renacer de la democracia, sobre la
necesidad de explicar por qué la democracia no funcionaba
en la Argentina, y de quitar algunas mitologías
aprendidas en el profesorado. Había en mí una mezcla de
motivos profesionales y de necesidades de saber por qué
la forma de convivencia que se inauguraba era
disfuncional. Entonces pensaba demasiado las cosas, como
por qué había ingresado a la universidad; y la
posibilidad de ejercer en la secundaria y perfeccionarme
para agregar carrera, o sea, nada relacionado con la
investigación ni sumar puntaje.
Así,
más allá de que esos motivos estuvieran presentes,
sentí la necesidad de construir mi propia versión de los
hechos. Lo otro fue casualidad. Al entrar en el primer
seminario, el primer profesor me dijo: “Pero vos
escribís en serio. ¿Por qué no te dedicas a esto?”.
Hasta ese momento no se me había pasado por la cabeza,
por ahí sí en un plano de historiador local. En Luján
hay mucha gente que le gusta la historia, entonces pensé
que podía escribir algo a futuro, pero no me lo había
planteado como un medio de vida.
Primero
fui autor y antes de empezar los pasos de la carrera, es
decir escribir y publicar, ya iba a congresos, tenía
cursos universitarios a mi cargo y dictaba cursos de
posgrado. Una cosa trajo la otra y cuando me quise dar
cuenta, y sin cobrar un salario, me había convertido en
un profesional de acuerdo a los cánones de la actividad
científica. Cuando llego a presentarme en el Conicet, en
el 88, ya llevaba tres años de ejercicio de la profesión
sin darme cuenta y ya había armado el curriculum
suficiente para tener la posibilidad de ingresar, en una
época que era más dificultoso que ahora.
Porque
sin hacer alusiones políticas, ha mejorado mucho la
situación de la ciencia desde el período presidencial de
Kirchner. Hoy, por año, ingresan 250 becarios, porque se
está trabajando para formar una base científica sólida
basada en un hecho que me parece bastante realista: al que
se fue no lo vas a recuperar, tiene otras condiciones de
vida, de trabajo. Entonces, si no podés traer lo que se
fue hay que lograr que colaboren desde afuera y formar una
base nueva. En el 89, cuando ingresé, ese número era una
utopía. Para las ciencias sociales ingresábamos 14
becarios cada dos años. Y desde el 95 ingresé en la
carrera de investigador científico del Conicet que tiene
distintas gradaciones. Yo estoy en la etapa de Adjunto.
- ¿Qué
le exige el Conicet?
- Las
exigencias son diferentes según a lo que se aspire. Para
ser becario lo necesario es haber desarrollado una
actividad previa que te dé un fundamento curricular
demostrando que sos un investigador en potencia, a través
de una etapa de profesionalización muy fuerte. Hoy para
ser historiador no basta con que te guste la historia, y
tampoco el trabajo mental. Tus preocupaciones como
investigador tienen que insertarse en un contexto más
general, tenés que resolver problemas que atañen a la
sociedad argentina en general.
Yo
emprendí la tarea como colonialista, pero después, a
través de la conexión con Devoto empecé a trabajar y
publicar cada vez más en revistas especializadas en temas
de inmigraciones, un asunto que no es sólo de
historiadores, sino de antropólogos, economistas, etc. Es
un gran problema ante el cual hay que dar respuestas
concretas, si no basta ver lo que está pasando en Europa
y Estados Unidos donde no saben qué respuesta dar. Pero
el tema requiere de una experiencia previa que en
Argentina tuvimos. Nosotros, antes de ser un país de
migración en el 2001, fuimos de inmigración. Venían y
esto nos dio la posibilidad de vincularnos con el tema y
dar respuestas concretas a cómo se integra un inmigrante
dentro de una determinada sociedad. Las experiencias de
cada país son particulares. Lo que pasó acá no va a
pasar en España, Italia o Estados Unidos. En este sentido
cada uno construye su historia, pero la idea es dar una
respuesta general a un problema general, pasado y
presente.
-
¿Cuáles serían, en su caso, las aspiraciones futuras?
- Las
aspiraciones tienen que ver con lo que decía, que las
carreras están más estandarizadas. Tenés que ser
profesor, licenciado, especialista, magister, doctor. Hoy
en día ser investigador de carrera implica no sólo
ocuparte de tus proyectos de investigación, sino que,
cada grado, implica responsabilidades diferentes. En un
nivel de Adjunto tenés que tener a cargo grupos de
investigación, tesistas, becarios; digamos que el
panorama se complejiza cada vez más. En mi caso debí
asumir, en algún momento, la conducción de la
Secretaría de Investigación, cumplir el rol de evaluador
del sistema científico y no dedicarme solamente al tema
de investigar.
En cuanto
a la vinculación con los tesistas es por varias vías.
Todo investigador del Conicet de carrera, y aún un
becario, tiene que hacerse de un trabajo en la
universidad. Si tenés una dedicación exclusiva o la
mayor parte de tu salario tiene que ver con la tarea que
desarrollaste en investigación, también hay que
transmitir los conocimientos que vas logrando, no sólo a
través de publicaciones y congresos, que también son
cada vez más estandarizados. Nosotros no tenemos
demasiado tiempo para difusión, generalmente publicamos
en revistas especializadas con arbitrajes en el país y en
el exterior. Y me han preguntado por qué publicaba tanto
de Luján en el exterior. Pero el tema de la inmigración
es general.
En cuanto
a las obligaciones, aparte de una tarea docente en la
universidad que elegís como sede de trabajo -que en mi
caso es la Universidad Nacional de Luján- en tu tarea
docente te vinculás con chicos con inquietudes en tu tema
o temas conexos. Yo trabajo los dos semestres con cursos,
uno de posgrado y en cursos generales donde encontrás
chicos de distintas especialidades. Entonces se vinculan
con uno y quieren que los dirijas. En la medida que se
puede, se trata de llevar adelante las vocaciones de la
gente.
En cuanto
a los objetivos son de diferentes niveles. Si me
preguntás por el desarrollo de la carrera, es quizás
llegar al más alto grado que pueda como investigador del
Conicet Y en otro nivel, que tu trabajo no sólo sirva
como patrón de medida o de discusión de tu campo de
investigación entre especialistas, sino que sirva a la
sociedad. Como por ejemplo en el tema de migración,
orientar la formulación de políticas migratorias, que no
se tiren soluciones disparatadas como se están manejando
en Estados Unidos o en Israel con el tema del muro.
Nosotros sabemos que los muros y las políticas
restriccionistas nunca han frenado a los inmigrantes.
Entonces, hay formas más racionales de dar respuesta a
esos procesos, y una aspiración de todo investigador es
que su trabajo sirva para orientar en alguna medida las
políticas públicas o hasta para transmitir una
experiencia que eduque a la sociedad dentro del problema
migratorio, de cómo comportarse ante el otro, que muchas
veces se lo toma como enemigo.
Dra.
María José Binetti
La
revelación de la filosofía
-
¿Cómo se dio tu ingreso al mundo de la investigación?
- Llegar
al Conicet fue el sueño de mi vida. Siempre tuve en claro
que quería estudiar filosofía, lo que nunca supe muy
bien era qué hacer con la filosofía, pero el camino se
fue abriendo solo. Cuando terminé el profesorado y la
licenciatura, me di cuenta que lo que más me gustaba era
la investigación y para ello la única posibilidad en
Argentina es el Conicet. Me presenté allí para una beca
de doctorado y tuve la suerte de ganarla. Luego de cinco
años terminé el doctorado y obtuve otros dos años de
beca posdoctoral. Finalmente, el año pasado, entré como
Investigadora Asistente, que es el grado más bajo en la
carrera de investigación científica del Conicet.
Respecto
del ingreso, contó que hay que tener un plan de estudio,
un buen promedio universitario y algunos trabajos de
investigación publicados. En su caso, el plan de estudio
para la beca doctoral coincidió con el proyecto de tesis
doctoral. Aún hoy se sigue dedicando al mismo autor, por
una exigencia de especialización temática. “Lo más
lógico es que por ahora me siga dedicando a ese autor,
aunque también me interesan muchos otros autores y temas.
La única manera de aprender a investigar es llegar al
fondo del asunto, y para esto la estrategia es la de
mantenerse en el mismo lugar, profundizando el análisis”.
Interrogada
sobre el motivo por el que escogió al autor danés
Kierkegaard dijo que fue en parte casualidad, en parte
asesoramiento de sus directores y en parte predisposición
natural. Comentó además que fue una buena elección,
porque en Argentina no hay especialistas en él. Hubo
algunos profesores y pensadores destacados que lo han
leído, pero sin especializarse. Precisó que el mejor
argentino especialista en el autor está radicado en
Copenhague desde hace más de 10 años, porque Kierkegaard
era danés y el centro más importante de estudios sobre
él está allí. Sólo otra colega suya del Conicet se
dedica también al mismo autor.
- ¿Cuál
es la importancia de haber investigado a ese autor?
- Es un
clásico de la filosofía, el padre del existencialismo.
De él surgen las nociones más importantes del
existencialismo como movimiento filosófico, que son las
nociones de existencia, individuo, angustia,
desesperación, libertad, elección, posibilidad,
subjetividad. Todas esas nociones están presentes en el
existencialismo de Heidegger, Sartre, Camus, Simone de
Beauvoir o Sábato, autores que han tenido mucha difusión
en Buenos Aires durante los 60 y 70. La mayor parte de sus
ideas nacen de Kierkegaard, quien, a pesar de ser el
fundador del existencialismo, no fue tan estudiado como
otros existencialistas. La filosofía existencial está
muy presente en el pensamiento contemporáneo, y por eso
hoy en día hay un resurgimiento a nivel mundial de los
estudios sobre ese autor.
A lo
largo de su vida, dejó escritos 40 volúmenes, 20 de
obras completas y otros 20 de escritos privados, como su
diario personal, que él no publicó en vida. El gran
problema que tenemos en la lengua castellana es que la
mayor parte de ese material está sin traducir; hay textos
fundamentales que nunca se editaron en español, y por eso
la tarea no es sólo la de estudiarlo sino también la de
traducirlo del danés. Con un equipo de gente estamos
embarcados en ese proyecto.
Binetti
remarcó que la producción científica –publicación de
libros, artículos en revistas especializadas, ponencias
en congresos, conferencias, clases universitarias etc.-
son el requisito indispensable de la investigación, y
esto es lo que el Conicet evalúa periódicamente. “Mi
tarea es estudiar un tema, demostrar una hipótesis y
luego darla a conocer a través de artículos que se
publiquen en revistas científicas reconocidas
académicamente. Estas revistas poseen un comité de
evaluación internacional, que es el que decide si un
artículo es o no publicable. El Conicet acredita cada
publicación, libro, conferencia, etc. con un determinado
puntaje y según esto uno asciende o no en la carrera
científica”.
María
José ha publicado en Argentina, Méjico, Venezuela,
Perú, Brasil, España, Australia, Estados Unidos, y
participó en congresos internacionales de Estados Unidos,
Brasil y Argentina.
- Como
persona, ¿qué te aporta esta investigación?
- Mi
carrera es para mí una pasión. La filosofía permite
comprender la realidad vivida, lo que somos y lo que nos
rodea, más a fondo de lo que habitualmente lo hacemos; y
comprender más a fondo significa, en definitiva, vivir
más a fondo. Además, la investigación me ha dado la
posibilidad de conocer otros países y gente de todo el
mundo. Abrir horizontes es renovador.
-
¿Qué sacrificios te impone la tarea de investigación?
- El
sacrificio son horas y horas de estudio, de una gran
abstracción y soledad. Mientras estuve haciendo el
doctorado, durante más de cinco años, no hubo un solo
día que no leyera a Kierkegaard y prácticamente lo
único que leí en ese tiempo fueron sus escritos o sobre
él. Hay una exigencia muy fuerte de concentración,
porque cuando uno se dispersa pierde el rumbo. La
investigación exige pensar y repensar mil veces un mismo
tema y autor, leer muchísimo sobre la misma cosa y darle
veinte vueltas. Sólo así es posible avanzar en el
proceso de comprensión. Los tiempos de reflexión y de
maduración de una idea son muy lentos, y mucho más
cuando uno debe acompañarlos con cierta madurez personal.
-
¿Cuáles son tus próximos pasos?
- Este
año tengo el proyecto de viajar a Copenhague para
estudiar en el centro de estudios kierkegaardianos de
Dinamarca. Lo seguiré estudiando pero en relación con
otros movimientos filosóficos como el romanticismo
alemán y la filosofía posmoderna. Además, me han
invitado a participar de un proyecto grupal de
investigación sobre el acceso a lo religioso desde la
filosofía contemporánea. En este caso estudiaré el modo
en que se puede pensar y vivir espiritualmente la
religión fuera de las instituciones clericales,
dogmáticas y tradicionalistas, detrás de las cuales
siempre se esconde la manipulación política y económica
de la gente.
A un
nivel más práctico, estoy participando activamente de
movimientos feministas. Considero fundamental luchar para
que las mujeres dejemos de ser las mucamas de los varones
y nos convirtamos en seres autónomos, con decisión y
nombre propio.
-¿Aspiraciones
futuras?
- Avanzar
por el camino del conocimiento y la reflexión, y llegar a
ser algún día una intelectual con prestigio. Me
interesa, además, comprometerme políticamente con la
sociedad, no desde un lugar partidario pero sí desde la
crítica intelectual. De nada sirve pensar
filosóficamente el mundo y la vida si uno no plasma su
pensamiento en acciones concretas, individuales y
colectivas.
<epigrafe>
DRA.
MARÍA JOSÉ BINETTI: doctora en Filosofía por la
Universidad de Navarra (España), con una tesis centrada
en el estudio del pensamiento de Soren Kierkegaard.
Investigadora Asistente del Conicet, con un proyecto sobre
el mismo autor. Ha publicado distintos libros y artículos
de divulgación científica en el país y en el exterior,
ha participado de congresos y seminarios, dedicándose
también a la traducción de los textos del autor danés. |