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Hubo gente que no fue a
ningún acto
Preguntamos en los
alrededores y la respuesta, con matices ínfimos, es
prácticamente la misma: “Imposible. Tengo que laburar”;
“Si voy, ¿quién me paga el día?”; “Si voy pierdo
el presentismo”; “No puedo cortar el día a media
mañana”.
Ayer, no todos los que
querían podían ir a manifestarse a la plaza de los Dos
Congresos o al Monumento de los Españoles, en los bosques
de Palermo. Hay gente que tenía que seguir trabajando. Ni
siquiera por razones periodísticas resultó posible
asistir a quienes le damos forma a este medio: las
convocatorias fueron para un martes; si íbamos, hoy iba a
ser difícil tener la edición completa en la calle.
Para otros argentinos no
sólo resultó sencillo concurrir a los actos, sino que en
algunos casos era casi una obligación. Funcionarios de
todas las órbitas, intendentes “billetera dependientes”,
dirigentes sociales sin trabajo a la vista, tenían la “obligación
militante” de llevar gente a la plaza. Algún ser
superior podía pasar lista.
El gremialista preferido
de la gestión del matrimonio Kirchner, Hugo Moyano, desde
la CGT oficialista, decretó cese de actividades desde el
mediodía para facilitar la movilización de los
afiliados.
Juan José Zanola, desde
el gremio de los bancarios, resolvió una medida similar.
El objetivo era hacer número “en defensa de la
democracia; en respaldo al gobierno y por la mesa de
alimentos de todos los argentinos”, como indicaban las
publicidades que pagamos todos, los que están a favor del
gobierno, los que están en contra, los que ayer tuvieron
que seguir laburando.
“Lo importante es que
la convocatoria hoy sea masiva para respaldar al gobierno”,
dijo Pablo Moyano, a la cabeza de cerca de tres mil
camiones recolectores de basura que llegaron a la Capital
Federal cerca de las 11 de la mañana.
Por favor, que alguien le
avise a los que convocaban a favor del gobierno “y en
defensa de la mesa de los argentinos”, que el verdulero,
el albañil, el pintor, el cerrajero, el contador, el
mecánico y todos los cuentapropistas que a usted se le
ocurra, tuvieron que seguir trabajando porque de lo
contrario, hoy, mañana, pasado, a ellos se les complicaba
en serio la mesa de alimentos de su familia.
La otra manifestación,
la del campo, también expone cierta holgura a la hora de
frenar el trabajo para protestar. Sus dirigentes admitían
que los ruralistas comenzaron a llegar a la Capital
Federal días antes del acto. Fueron varias horas,
entonces, sin sembrar, sin cosechar, sin comercializar
carnes o granos.
¿Qué se buscaba
demostrar con las manifestaciones de ayer? ¿Cuál era el
objetivo superior? ¿Cuál la amenaza inminente que
llevaba a expresarse en las calles? ¿Cómo sigue el país
hoy, mañana? ¿Cambiaron algo los miles y miles de
argentinos que ayer gritaron de un lado y de otro?
Mientras toma forma este
editorial, desde una radio AM se escucha a una vecina de
Carlos Casares que pidió aportar su testimonio. Regresaba
del supermercado en esa ciudad, netamente agropecuaria, y
había comprado leche fluida en sachet exportada desde la
República Bolivariana de Venezuela. Hecho más que
premonitorio.
Poco importa quién “ganó”
ayer a la hora de contar el alcance de las convocatorias.
Ayer perdimos todos. |