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La receta del gobierno
local
La gestión municipal no
deja de sorprender. Hay temas en los que la capacidad para
impactar con las noticias no parece tener límites. Medio
ambiente, sin duda, es uno de ellos: sin que nadie la
apurara porque la herencia era insoportable, Graciela
Rosso se cruzó la soga al cuello al afirmar que cerraría
el basural “en tres meses”. Estamos a 11 días de ese
plazo y hoy no hay nada más lejos que ese deseo (ver, por
ejemplo, lo que se informa en nuestra página 4 de la
presente edición).
Pero también en el área
de asistencia directa a los vecinos (Desarrollo Humano,
Desarrollo Social, Asistencia Social, todas etiquetas que
no cambian la esencia) uno de los frentes de batalla de
cualquier gestión comunal, se demuestra una extraña o,
si se quiere, original manera de atender a las urgencias
de la gente.
El viernes de la semana
pasada lo sufrieron en carne propia –nunca más adecuada
la expresión- los dirigentes del Movimiento de
Trabajadores Comunitarios (MTC) y del Polo Obrero, que se
acercaron a las oficinas comunales de Ituzaingó e Italia.
Pedían, porque entienden
que el Estado debe asistir a las personas con necesidades
básicas insatisfechas, recursos alimentarios para ayudar
a paliar el hambre de unas 600 personas que a diario se
acercan a sus siete comedores comunitarios, distribuidos
en algunos de los barrios más carenciados de nuestro
partido.
Sabían dónde golpear
porque es el mismo lugar en el que hace meses, o mejor
dicho años, solicitan que se cumpla con la promesa de un
plan de viviendas.
El 17 de julio, en un
acto formal del que quedó constancia escrita, la
Dirección de Emergencia y Atención Directa le entregó a
los responsables de esos siete comedores 4 kilos de carne
picada, una bolsa de papas, una bolsa de zanahoria, una
bolsa de cebolla y una bolsa de zapallo. Es todo lo que
conseguirán desde el Estado durante el corriente mes.
También se les
entregaría –consta en el papel firmado ese día- una
garrafa de 10 kilos para cada comedor y la promesa de
tarjetas del Programa de Seguridad Alimentaria “ni bien
se efectúe el programa”. Antes de entrar en
desesperación al revisar los alimentos conseguidos, desde
la Municipalidad se aclaró que “a partir del 10 de
agosto se conversará (sic) la duplicación de dicho
alimentos”.
¿Cómo calificar la
ayuda entregada por el Estado? ¿Cómo mantener las formas
para describir lo sucedido? Se podría cuestionar con
extrema dureza la actitud de un gobierno que, con este
aporte, deja en claro que las necesidades sólo son
consideradas como tales si los necesitados agitan la misma
bandera político-partidaria que el gobierno de turno. De
lo contrario –lo demuestra el listado de la ayuda
alimentaria- son molestos que piden y tienen que recibir
lo mínimo e indispensable como para que se callen.
También podríamos pasar
el aporte a pesos. Suponemos que la capacidad de los
funcionarios del área les permite conseguir los alimentos
a precios mayoristas. 4 kilos de carne picada cuestan unos
32 pesos; una bolsa de papas (de entre 33 y 35 kilos) 28
pesos; una de zanahorias 9 pesos (si es de 10 kilos) y 16
pesos (si es de 20 kilos); una de cebollas 28 pesos (pesa
entre 23 y 25 kilos) y una de zapallos 23 pesos (de 14
kilos).
En resumen, pesos más o
menos, por unos 120 pesos los funcionarios municipales
dejaron de escuchar los bombos de los militantes del MTC y
el Polo Obrero. Se sacaron el problema de encima.
Ahora el problema lo
tienen las cocineras de los siete comedores, pero están
lejos de la Municipalidad y sus oficinas de asistencia.
Quizás se trate de una particular manera de aplicar esa
política que habla de la redistribución de la riqueza. |