|
Escuela Industrial
60 años formando
técnicos para el desarrollo del país
Escribe: Antonino E.
Martínez-Docente
La actual Escuela de
Educación Técnica Nº 1 “Eduardo Guillermo Oliver”
de Luján, fue creada por el decreto Nº 21.194, del Poder
Ejecutivo Nacional, el 23 de julio de 1948 con el nombre
de Escuela Industrial de la Nación.
Transcurría la primera
presidencia del General Perón. Era ministro de Educación
Jorge Pedro Arizaga que impulsaba reformas interesantes
tratando de aunar la formación humanística, la
preparación para el trabajo y la realidad circundante,
como recuerda Adriana Puiggrós en su libro “Qué pasó
en la educación argentina”. Ese buen ministro fue
víctima de intrigas palaciegas, desplazado de su cargo.
El profesor Federico
Fernández de Monjardín, vecino de Luján y siempre
atento a la creación de escuelas, era, por entonces,
diputado nacional en representación de la UCR.
La escuela, recién
nacida, comenzó a dictar clases, apenas ocho días más
tarde, con veinte alumnos.
Pequeño y ya lejano
aquel comienzo, como el de la mínima semilla que encierra
el árbol inmenso del futuro.
Seis décadas después
ocupa toda una manzana, cuenta con 1.260 alumnos
distribuidos en 42 divisiones y sigue luchando a brazo
partido por el mantenimiento y ampliación de su edificio,
siempre escaso para las múltiples necesidades y bregando
para reponer y actualizar los equipos e instrumentos
requeridos para la formación técnica.
La vida de las
instituciones no es ajena a la vida del país y sus
circunstancias y, por la valoración y reconocimiento
permanente de la comunidad, ha logrado continuar en todo
momento sobreponiéndose a las dificultades.
Cuando esta valoración
se advierte es porque sus alumnos y su personal, sin
distinción de jerarquías, se han identificado con la
institución. Por supuesto que no todos en igual medida,
desde luego. Pero a lo largo de estos años ha habido un
núcleo constante de veteranos que de alguna manera ha
sido las espaldas fuertes y las voces calmas para afrontar
los desafíos y resolver los problemas.
Lejos está de la
perfección. Toda obra humana es apenas un tosco boceto
incompleto. Sin embargo, la suma del saber de muchos, la
paciencia de tantos, el rigor de otros, la comprensión de
la mayoría, el compañerismo infaltable de todos, ha
hecho la amalgama formadora de centenares de técnicos
que, dejados en la puerta de la escuela apenas en el
inicio de la temprana adolescencia, se van junto a sus
orgullosos padres con el ansiado título, alcanzada la
mayoría de edad. Se van, dispersándose por los cuatro
rumbos del país y del mundo, como los hijos de Martín
Fierro, y cada tanto llegan los ecos de su desempeño y el
plañir de la nostalgia por los tiempos idos.
Resulta difícil
vislumbrar este horizonte en el fragor de la actividad
diaria, cuando las tareas parecen superponerse y, como
malabaristas, es necesario mantener los platos en el aire
sin que se estrellen contra el piso.
Sin embargo, en el
reconocimiento de esa misión está todo el aliciente para
seguir en el afán tenaz, aun cuando alguno queda en el
camino antes de lo previsto. Pero esas reglas de juego no
las pone el hombre.
Peregrinaje
La Escuela Industrial,
así conocida popularmente, ocupó distintos espacios
hasta alcanzar su edificio propio en forma parcial, pues,
de los 8.000 metros cuadrados del proyecto original sólo
se construyeron 2.400. ¿Y el resto, incluidos los
talleres? Esperan la varita mágica del valiente príncipe
que los rescate del burocrático olvido.
En su peregrinaje, hasta
llegar a la inauguración, en 1977, de su actual sede en
la Av. España 1151, recaló inicialmente en la
Asociación Cultural Ameghino, en el Descanso de
Peregrinos, en la Cancha de la Liga, en la Escuela Normal
y, durante muchos años, en una casa ubicada en la calle
San Martín, frente al Consejo Escolar.
En 1981 se le impuso el
nombre de Eduardo Guillermo Oliver, primer intendente de
Luján, como fue la voluntad de su hijo, Osvaldo Oliver,
donante del solar que ocupa.
En estos momentos está a
punto de inaugurar cuatro aulas nuevas lo cual le
permitirá concentrar el alumnado en un solo lugar, pues
tiene algunos cursos funcionando en la Escuela 10 y en la
28. La escuela constituye una unidad de gestión
curricular de seis años divididos en dos ciclos de tres
años cada uno, de acuerdo a la nueva ley de Educación de
la provincia de Buenos Aires.
Proyecto 13
La designación de
docentes por cargos fue una interesante iniciativa del
Ministerio de Educación de la Nación, conocida como
Proyecto 13, a la que se incorporó la Escuela Industrial
a partir de 1980. En Luján ya participaban de esta
experiencia la Escuela Normal y la Escuela Comercial.
Consistía en otorgar a los docentes, además de cierta
cantidad de horas de clase, horas de extra clase para
realizar actividades tales como orientación de los
alumnos a través de consejerías, reuniones con otros
colegas para aunar criterios sobre cuestiones pedagógicas
y para desarrollar proyectos con tareas extracurriculares
en las que estuvieran interesados los estudiantes.
Permitía la concentración horaria del personal evitando
el desempeño en muchas escuelas y favorecía el apego a
la institución.
En la actualidad quedan
apenas unas hilachas del Proyecto 13, que, para los
jóvenes profesores de hoy, no es más que una referencia
histórica.
En estos momentos, al
menos en Luján y muy probablemente en toda la provincia
de Buenos Aires, la mayoría de los profesores de
secundaria se desempeñan en tres, cuatro o más escuelas,
con frecuencia bastante alejadas unas de otras y hasta en
distintas localidades. Algún día la Dirección de
Escuelas deberá estudiar mecanismos tendientes a ir
paliando este defecto del sistema que significa una enorme
carga de cansancio y tensión, afectando el rendimiento y
la asistencia.
Especialidades
La Escuela Industrial
comenzó con la especialidad Mecánica y, andando el
tiempo, incorporó Automotores y Química. Más adelante,
y acorde a los avances tecnológicos, se inició la
formación de técnicos en Electrónica.
En 1994, con la
transferencia a la órbita provincial, sufrió el más
grande cimbronazo que pueda imaginarse. Pero bien se dice
que lo que no mata, fortalece. Durante los 90 la
Educación Técnica de alguna manera quedó en vida
latente hasta que los propios industriales comenzaron a
enviar mensajes de alarma por la falta de personal
especializado.
Se ha tomado nota a
través de la ley de Formación Técnica y Profesional y
se están implementando mecanismos para que las escuelas
puedan acceder a nuevos equipamientos e instrumentos y
dispongan de los recursos necesarios para desarrollar
proyectos que incentiven el interés de los estudiantes.
Hoy por hoy, los alumnos
egresan con el título de técnico en Industrias de
Procesos o de técnico en Instalación y Mantenimiento de
Equipos Electromecánicos, que otorga la provincia con
validez nacional.
El Consejo Nacional de
Educación Técnica
Este organismo conocido
como CONET fue creado por la ley 15.240 de 1959, durante
la presidencia del Dr. Arturo Frondizi (1958-1962). Fue
importante porque aumentó el número de estudiantes de
educación técnica y favoreció la formación
profesional. Tenía autarquía financiera parcial pues
disponía de los fondos provenientes de un aporte
equivalente al diez por ciento de los sueldos totales de
cada empresa industrial y era un ente descentralizado lo
cual facilitaba la toma de decisiones. Ganó merecido
prestigio por la calidad de los profesionales que en él
se desempeñaron y la eficaz tarea llevada a cabo.
Sufrió, como dice
Héctor Félix Bravo en su libro “Reflexiones sobre
política educacional”, diversos embates destinados, en
especial, a despojarlo de los recursos financieros
específicos. No obstante realizó una gran obra en el
campo educativo y social y contribuyó al desarrollo
industrial del país.
Al transferirse, en la
década de los noventa, las escuelas técnicas a las
jurisdicciones provinciales este organismo desapareció.
Esto privó a la modalidad técnica de un ente específico
que entendía su particular idiosincrasia.
El CONET y el Proyecto 13
deben computarse como jalones positivos en la historia
educativa del país, no para volver a ellos sino para
inspirarse en sus virtudes en la búsqueda de soluciones a
los desafíos actuales.
El futuro
Es evidente que la
Educación Técnica no puede estar ajena a los avances
tecnológicos, a los adelantos y perfeccionamientos que se
incorporan sin pausa, motivo por el cual la actualización
de los docentes debe ser cada vez mayor tanto en
conocimientos teóricos como en sus aplicaciones. Y es
bien sabido que son los jóvenes los que con mayor
facilidad aceptan y adoptan lo nuevo, por eso son
necesarios docentes abiertos al cambio.
A esos conocimientos
específicos debe agregarse la formación humanística,
como personas de bien, como ciudadanos comprometidos con
el sistema democrático de gobierno, capaces de emitir
opiniones fundadas, conscientes de la responsabilidad de
cada uno en la preservación del medio ambiente y
convencidos de que es necesario no ser indiferente frente
a los hechos que ocurren y asumir la responsabilidad de
participar.
No es poca la tarea para
los ideales que persigue la escuela en circunstancias en
que tantos cambios se perciben en la constitución
tradicional de las familias y en una ciudad que, a pasos
agigantados, se va asemejando cada vez más a los grandes
centros del conurbano bonaerense.
Ése es el desafío.
Seguir formando técnicos para un mundo que cambia a ritmo
de vértigo manteniendo los valores de la honradez, la
responsabilidad, el respeto y la solidaridad a pesar de su
aparente caída en desuso.
|