Miércoles 23 de Julio de 2008 - Edición 7398 - Edición digital: 0698

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Opinión

Escuela Industrial

60 años formando técnicos para el desarrollo del país

Escribe: Antonino E. Martínez-Docente

La actual Escuela de Educación Técnica Nº 1 “Eduardo Guillermo Oliver” de Luján, fue creada por el decreto Nº 21.194, del Poder Ejecutivo Nacional, el 23 de julio de 1948 con el nombre de Escuela Industrial de la Nación.

Transcurría la primera presidencia del General Perón. Era ministro de Educación Jorge Pedro Arizaga que impulsaba reformas interesantes tratando de aunar la formación humanística, la preparación para el trabajo y la realidad circundante, como recuerda Adriana Puiggrós en su libro “Qué pasó en la educación argentina”. Ese buen ministro fue víctima de intrigas palaciegas, desplazado de su cargo.

El profesor Federico Fernández de Monjardín, vecino de Luján y siempre atento a la creación de escuelas, era, por entonces, diputado nacional en representación de la UCR.

La escuela, recién nacida, comenzó a dictar clases, apenas ocho días más tarde, con veinte alumnos.

Pequeño y ya lejano aquel comienzo, como el de la mínima semilla que encierra el árbol inmenso del futuro.

Seis décadas después ocupa toda una manzana, cuenta con 1.260 alumnos distribuidos en 42 divisiones y sigue luchando a brazo partido por el mantenimiento y ampliación de su edificio, siempre escaso para las múltiples necesidades y bregando para reponer y actualizar los equipos e instrumentos requeridos para la formación técnica.

La vida de las instituciones no es ajena a la vida del país y sus circunstancias y, por la valoración y reconocimiento permanente de la comunidad, ha logrado continuar en todo momento sobreponiéndose a las dificultades.

Cuando esta valoración se advierte es porque sus alumnos y su personal, sin distinción de jerarquías, se han identificado con la institución. Por supuesto que no todos en igual medida, desde luego. Pero a lo largo de estos años ha habido un núcleo constante de veteranos que de alguna manera ha sido las espaldas fuertes y las voces calmas para afrontar los desafíos y resolver los problemas.

Lejos está de la perfección. Toda obra humana es apenas un tosco boceto incompleto. Sin embargo, la suma del saber de muchos, la paciencia de tantos, el rigor de otros, la comprensión de la mayoría, el compañerismo infaltable de todos, ha hecho la amalgama formadora de centenares de técnicos que, dejados en la puerta de la escuela apenas en el inicio de la temprana adolescencia, se van junto a sus orgullosos padres con el ansiado título, alcanzada la mayoría de edad. Se van, dispersándose por los cuatro rumbos del país y del mundo, como los hijos de Martín Fierro, y cada tanto llegan los ecos de su desempeño y el plañir de la nostalgia por los tiempos idos.

Resulta difícil vislumbrar este horizonte en el fragor de la actividad diaria, cuando las tareas parecen superponerse y, como malabaristas, es necesario mantener los platos en el aire sin que se estrellen contra el piso.

Sin embargo, en el reconocimiento de esa misión está todo el aliciente para seguir en el afán tenaz, aun cuando alguno queda en el camino antes de lo previsto. Pero esas reglas de juego no las pone el hombre.

Peregrinaje

La Escuela Industrial, así conocida popularmente, ocupó distintos espacios hasta alcanzar su edificio propio en forma parcial, pues, de los 8.000 metros cuadrados del proyecto original sólo se construyeron 2.400. ¿Y el resto, incluidos los talleres? Esperan la varita mágica del valiente príncipe que los rescate del burocrático olvido.

En su peregrinaje, hasta llegar a la inauguración, en 1977, de su actual sede en la Av. España 1151, recaló inicialmente en la Asociación Cultural Ameghino, en el Descanso de Peregrinos, en la Cancha de la Liga, en la Escuela Normal y, durante muchos años, en una casa ubicada en la calle San Martín, frente al Consejo Escolar.

En 1981 se le impuso el nombre de Eduardo Guillermo Oliver, primer intendente de Luján, como fue la voluntad de su hijo, Osvaldo Oliver, donante del solar que ocupa.

En estos momentos está a punto de inaugurar cuatro aulas nuevas lo cual le permitirá concentrar el alumnado en un solo lugar, pues tiene algunos cursos funcionando en la Escuela 10 y en la 28. La escuela constituye una unidad de gestión curricular de seis años divididos en dos ciclos de tres años cada uno, de acuerdo a la nueva ley de Educación de la provincia de Buenos Aires.

Proyecto 13

La designación de docentes por cargos fue una interesante iniciativa del Ministerio de Educación de la Nación, conocida como Proyecto 13, a la que se incorporó la Escuela Industrial a partir de 1980. En Luján ya participaban de esta experiencia la Escuela Normal y la Escuela Comercial. Consistía en otorgar a los docentes, además de cierta cantidad de horas de clase, horas de extra clase para realizar actividades tales como orientación de los alumnos a través de consejerías, reuniones con otros colegas para aunar criterios sobre cuestiones pedagógicas y para desarrollar proyectos con tareas extracurriculares en las que estuvieran interesados los estudiantes. Permitía la concentración horaria del personal evitando el desempeño en muchas escuelas y favorecía el apego a la institución.

En la actualidad quedan apenas unas hilachas del Proyecto 13, que, para los jóvenes profesores de hoy, no es más que una referencia histórica.

En estos momentos, al menos en Luján y muy probablemente en toda la provincia de Buenos Aires, la mayoría de los profesores de secundaria se desempeñan en tres, cuatro o más escuelas, con frecuencia bastante alejadas unas de otras y hasta en distintas localidades. Algún día la Dirección de Escuelas deberá estudiar mecanismos tendientes a ir paliando este defecto del sistema que significa una enorme carga de cansancio y tensión, afectando el rendimiento y la asistencia.

Especialidades

La Escuela Industrial comenzó con la especialidad Mecánica y, andando el tiempo, incorporó Automotores y Química. Más adelante, y acorde a los avances tecnológicos, se inició la formación de técnicos en Electrónica.

En 1994, con la transferencia a la órbita provincial, sufrió el más grande cimbronazo que pueda imaginarse. Pero bien se dice que lo que no mata, fortalece. Durante los 90 la Educación Técnica de alguna manera quedó en vida latente hasta que los propios industriales comenzaron a enviar mensajes de alarma por la falta de personal especializado.

Se ha tomado nota a través de la ley de Formación Técnica y Profesional y se están implementando mecanismos para que las escuelas puedan acceder a nuevos equipamientos e instrumentos y dispongan de los recursos necesarios para desarrollar proyectos que incentiven el interés de los estudiantes.

Hoy por hoy, los alumnos egresan con el título de técnico en Industrias de Procesos o de técnico en Instalación y Mantenimiento de Equipos Electromecánicos, que otorga la provincia con validez nacional.

El Consejo Nacional de Educación Técnica

Este organismo conocido como CONET fue creado por la ley 15.240 de 1959, durante la presidencia del Dr. Arturo Frondizi (1958-1962). Fue importante porque aumentó el número de estudiantes de educación técnica y favoreció la formación profesional. Tenía autarquía financiera parcial pues disponía de los fondos provenientes de un aporte equivalente al diez por ciento de los sueldos totales de cada empresa industrial y era un ente descentralizado lo cual facilitaba la toma de decisiones. Ganó merecido prestigio por la calidad de los profesionales que en él se desempeñaron y la eficaz tarea llevada a cabo.

Sufrió, como dice Héctor Félix Bravo en su libro “Reflexiones sobre política educacional”, diversos embates destinados, en especial, a despojarlo de los recursos financieros específicos. No obstante realizó una gran obra en el campo educativo y social y contribuyó al desarrollo industrial del país.

Al transferirse, en la década de los noventa, las escuelas técnicas a las jurisdicciones provinciales este organismo desapareció. Esto privó a la modalidad técnica de un ente específico que entendía su particular idiosincrasia.

El CONET y el Proyecto 13 deben computarse como jalones positivos en la historia educativa del país, no para volver a ellos sino para inspirarse en sus virtudes en la búsqueda de soluciones a los desafíos actuales.

El futuro

Es evidente que la Educación Técnica no puede estar ajena a los avances tecnológicos, a los adelantos y perfeccionamientos que se incorporan sin pausa, motivo por el cual la actualización de los docentes debe ser cada vez mayor tanto en conocimientos teóricos como en sus aplicaciones. Y es bien sabido que son los jóvenes los que con mayor facilidad aceptan y adoptan lo nuevo, por eso son necesarios docentes abiertos al cambio.

A esos conocimientos específicos debe agregarse la formación humanística, como personas de bien, como ciudadanos comprometidos con el sistema democrático de gobierno, capaces de emitir opiniones fundadas, conscientes de la responsabilidad de cada uno en la preservación del medio ambiente y convencidos de que es necesario no ser indiferente frente a los hechos que ocurren y asumir la responsabilidad de participar.

No es poca la tarea para los ideales que persigue la escuela en circunstancias en que tantos cambios se perciben en la constitución tradicional de las familias y en una ciudad que, a pasos agigantados, se va asemejando cada vez más a los grandes centros del conurbano bonaerense.

Ése es el desafío. Seguir formando técnicos para un mundo que cambia a ritmo de vértigo manteniendo los valores de la honradez, la responsabilidad, el respeto y la solidaridad a pesar de su aparente caída en desuso.

 

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