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Dos noticias, dos miradas
Se estima que en
coincidencia con la impresión de estas líneas la
presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner,
enviaba al Congreso el proyecto de ley para que las
jubilaciones se actualicen dos veces por año,
concretamente para marzo y septiembre.
En tono oficial, la
noticia indica que los haberes subirán, según un
promedio entre los cálculos actualizados de salarios y
recaudación, entre el 20 y el 25 por ciento. Y que esa
suba alcanza al total de las 5.752.275 jubilaciones. Con
la medida, el gobierno nacional aspira a cumplir con las
sugerencias de la Corte Suprema de Justicia ante el
resonante caso “Badaro”.
Bastante más se puede
informar si el tono deja de ser el oficial. El caso “Badaro”,
que genera esta acción del gobierno, es el pilar del
reclamo de miles y miles de jubilados de todo el país que
exigen la movilidad de los haberes a partir del 82 por
ciento (en relación con el salario que cobra la persona
que hoy ocupa el puesto dejado vacante por el jubilado).
¿Será causal que en
muchas de las noticias escritas sobre este proyecto de
aumento de las jubilaciones no aparezcan cifras de
bolsillo? Con el aumento, que recién se haría realidad
en septiembre de 2009 en inocente coincidencia con las
próximas elecciones, los haberes mínimos de los
jubilados apenas se estarían arrimando a los 1.000 pesos
mensuales.
También se difundió
esta semana el acuerdo del Consejo del Salario, instancia
de discusión en la que participaron el Ministerio de
Trabajo de la Nación, la CGT, la Unión Industrial, las
cámaras de Comercio y Construcción, las pequeñas y
medianas empresas, la Bolsa y las cuatro entidades del
agro.
Se acordó que el ingreso
mínimo ascienda un 26,5 por ciento a partir de agosto (de
los 980 pesos actuales se pasará a 1.200 pesos en ese mes
y a 1.240 pesos en diciembre).
En tono oficial, la
noticia indica que el gobierno se muestra atento al
incremento en el costo de vida, más allá de las
polémicas cifras del INDEC. Y busca mejorar el ingreso
real de los asalariados.
Bastante más se puede
informar si el tono deja de ser el oficial. La noticia,
aunque positiva, ofrece un dato irrefutable: aún
partiendo de los retorcidos cálculos oficiales, el
salario se posa apenas por encima del valor de la canasta
básica de alimentos que determina quién camina por
encima o por debajo de la línea de la pobreza, que hoy se
estima rondando los 1.000 pesos.
El anuncio, además, deja
desamparado a una importante porción de los trabajadores.
“La intención oficial es que el salario mínimo empuje
hacia arriba también a los sueldos de los empleados en
negro, aunque en este caso depende de la capacidad de
presión de un trabajador en condición precaria y de la
voluntad de un empleador en la ilegalidad”, informaba
ayer el diario “Crítica de la Argentina”.
Si el anuncio que
involucra a los jubilados y el acuerdo por el salario
mínimo se lo analiza desde la óptica que la gestión K,
que en estos aspectos tiene a Guillermo Moreno como su
cara más visible, serán leídas como acciones de una
gestión de gobierno que trabaja para una justa
redistribución de la riqueza. Si se los analiza con
sensatez, son apenas dádivas que no permiten ni a los
jubilados ni a los trabajadores afrontar sus compromisos
diarios, tener una vida digna y aspirar a crecer
económicamente. Sólo son mejoras para una mínima y
esforzada supervivencia. |