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Los cambios
de la última marcha
En este
mismo espacio, en la edición pasada, planteamos lo
complejo de vislumbrar una resolución para el conflicto
que mantiene enfrentado a los productores rurales y el
gobierno, en todas sus escalas.
El lunes,
Luján tuvo una ruidosa demostración de lo latente que
perdura el reclamo en un sector de la sociedad, pero sin
duda que éste no fue el dato saliente de la jornada.
Luján,
como gran cantidad de ciudades del país, puede tomarse
como termómetro del clima social, del sentimiento que
inunda calles y hectáreas, sin que las autoridades
reparen en la necesidad de tener gestos adultos.
A
diferencia de las dos marchas callejeras anteriores, en la
protesta del lunes se sumaron los comerciantes del centro
de la ciudad, y la Municipalidad apareció atrincherada.
Algo cambió respecto de las marchas anteriores.
La
presencia de fuerzas policiales fue desmesurada en
comparación con la intención, el ánimo y también la
cantidad de manifestantes que recorrieron un puñado de
cuadras en tractores, camionetas, autos y caballos.
Además,
en esta última protesta las expresiones dejaron de tener
destinatarios “generales”. Ahora las acusaciones por
la falta de respuestas empiezan a ser puntuales: los
cánticos reclamaban definiciones de la intendenta
Graciela Rosso y de la mayoría de los concejales que
eligieron seguir los acontecimientos desde los despachos
del primer piso de la Casa Municipal.
Protesta
de un lado; policías, gendarmes y agentes municipales en
el medio; las autoridades encerradas en el otro extremo.
Si hay
algo que este conflicto ya consiguió es marcar una nueva
división en el tejido social. Como si se tratara de un
conflicto sin lugar para matices o para grises que ayuden
al diálogo, parecería que se tiene que estar con uno o
se debe estar con el otro. Una división que, para no
dejar lugar a dudas, la demarcaron las fuerzas de
seguridad.
Por
conveniencia, son las propias autoridades las que fomentan
esa caprichosa toma de postura. “El que no suma, resta”,
dijo hace días el ministro de Planificación Federal
Julio De Vido. Es decir que no sólo hace falta estar con
el gobierno para seguir perteneciendo al club de los
privilegios, sino que además hay que hacerlo público.
Para
muchos –como lo reflejamos en una nota de esta edición
(ver página 6)-, el riesgo de caer en contradicciones es
muy grande. ¿Estoy con el vecino que me votó o con el
que me acomodó en la lista para que el vecino me vote?
Un solo
dato dentro del marco de conflicto juega a favor de los
dirigentes políticos: la palpable bronca con las
autoridades que no quieren, no pueden o no saben resolver
este meollo, se registra a prudente distancia de una
elección.
Todavía
está lejos el compromiso de elegir legisladores. Y
cualquier cambio de timón en el manejo de este conflicto
puede apaciguar los ánimos y volver la corriente al cauce
habitual. Muy distintas serían las posturas, las
expresiones y los compromisos de los dirigentes si las
urnas estuvieran un poco más cerca.
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