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¿Hasta
cuándo el “humo”?
Hoy he
tomado la decisión de dirigir algunas palabras al
interés popular, fundadas en una gran indignación a
causa de un hecho aberrante que me ocurrió por la mañana
camino a Luján, por la ruta 192, y que siendo tan
desagradable lo sucedido no pude evitar que pasara tan
inadvertido frente a todos.
En primer
lugar, soy un simple estudiante universitario de 19 años
de edad, y parece un chiste que, llegado tal punto, deba
expresarme de esta manera a los fines de volver a repetir
lo que innumerable cantidad de personas han dicho, escrito
y manifestado; pero apelando a lo que llaman “democracia
y libertad de expresión”, también quiero ser
partícipe en la eterna lucha contra la falta de solución
efectiva.
No me
considero la única persona en el partido que haya tenido
que tolerar ciertas actitudes desagradables en una
situación poco digna, sobre las que abundaré más
adelante, sino que, por el contrario, en las mismas
circunstancias en las que esta madrugada me encontraba
había más personas.
Un “hecho”
es algo que refiere, y muchos de los que viajamos todos
los días referimos no sólo a la causa de que muchas
veces no podamos llegar a la ciudad de Luján sino que,
además, al peligro sobre el cual nos exponemos. Los que
habitamos en Open Door, Torres y barrios aledaños, no
contamos con sedes donde podamos hacer trámites, pagar
impuestos y demás, ni tampoco con centros de salud donde
encontremos, por cualquier urgencia, un dentista, un
oculista, una clínica (no es justo que terminemos en un
centro de rehabilitación de drogadictos o enfermos
mentales). Aquí no hay ni universidades ni terciarios,
entendiendo que, por cualquier motivo o circunstancia, nos
vemos obligados a acabar en Luján.
Como
decía, iba hoy a estudiar y al llegar a la zona de “la
Quema” de residuos me encuentro con una impresionante
ola de humo que atravesaba la ruta 192, en el trayecto
entre la entrada del basural y la balanza pública. La
visibilidad se me redujo a tal punto, que en un momento no
supe en qué mano de la ruta me encontraba, por lo que muy
despacio y sin detenerme seguí tratando de ubicarme,
atento a que por esa zona hay una curva. Con el corazón
en la boca, logré ver dos conitos adelante (yo encabezaba
una fila de 4 o 5 vehículos) y un sujeto que hacía
señas de “pare”. Cuando me detengo, se acerca, bajo
la ventanilla, y al preguntarle qué pasaba me contestó,
de una manera vulgar, grosera y desubicada, una seguidilla
de palabras entremezcladas con insultos que no diré
aquí. Otro de ellos, que andaba por ahí, gritaba e
insultaba al vehículo de atrás. Al oír tanta agresión
le pregunte quién era y me dijo que era de la
Municipalidad y que si no subía el vidrio me golpearía.
Es
evidente que aquí hay una enorme irresponsabilidad
siniestra, o sea, si no te matás en la ruta por el humo,
te agreden los que, en teoría, deberían ayudarte. No
pretendo atentar contra trabajadores que a esa hora de la
madrugada tienen que estar parados en la ruta con el frío
que hace, pero sí intento pedir (obvio que vanamente,
como todos los que han demandado por sus causas) que se
llegue a una pronta solución. En lo posible una solución
de esas que no generan nuevos contratiempos.
De hecho,
hasta el momento, no alcanzo a comprender cómo con tantos
accidentes y tanto descontento entre la gente (sin
mencionar las firmas y proyectos archivados), el humo
subsiste, aún más en días de intensas nieblas.
Hay, como
en todos los actos, un responsable que prende fuego cuando
no debería, un responsable que lo permite, y otro
responsable que ve, escucha y no hace nada, para ellos mi
pregunta es: ¿Hasta
cuándo?
Emmanuel
A. Ghersinich
Sábado
31 de mayo |