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Denuncia
Me dirijo
a los efectos de comunicar una actitud que, en realidad,
no me ha dejado conforme. Empecemos por una breve
presentación: mi nombre es Federico Gustavo Díaz, tengo
22 años y estuve trabajando como operador técnico
cubriendo los francos de mis compañeros. Llegó un tiempo
en que tuve que cubrir dos semanas de vacaciones, una de
un compañero y otra de otro, lo que reunía la suma de
100 pesos la cual, en su momento, me dijeron que no podía
entregármelos dado que la radio estaba creciendo y el
costo de los equipos era demasiado alto como para saldar
la deuda que tenían conmigo.
A la
fecha estoy esperando una respuesta por parte de esta
persona y a su vez me encuentro desempleado, yendo de un
lado para otro en busca de un empleo que me permita ayudar
con algunas de las cosas de mi casa, como ser la comida,
el teléfono y alguno que otro impuesto que, medianamente,
pueda solventar o subsistir. Quisiera que se tomen los
recaudos necesarios con estas personas dado que en
reiteradas ocasiones intenté comunicarme y obtuve
respuestas insatisfactorias. La radio en cuestión es
Líder y la señora Inés Améndola.
Agradezco
a este medio de comunicación la oportunidad que me dio de
exponer esta actitud.
Federico
Gustavo Díaz
Perros y
basura
¿Quiénes
son los recolectores de basura que tenemos en el barrio
Lanusse ahora? Dejan la basura en las esquinas (juntadas
previamente) para luego levantarlas todas juntas, pero
éstos no la dejan 15 o 20 minutos -como hacían los que
estaban antes- sino que lo mínimo que la dejan es una
hora y los perros hacen un desastre.
Es así
que el día lunes 26 de mayo me acerqué a ellos y les
dije de buena manera si podían juntar antes por los
perros. ¿Y qué me contestaron? Que ate los perros del
barrio. Me parece algo desubicado.
Los
recolectores anteriores iban levantando la basura casa por
casa. Además, el camión de las ramas de la Municipalidad
pasa cada mes o mes y medio, y se junta esto más el
desastre que dejan los recolectores.
¡Qué
los recolectores hagan las cosas bien!
Rosa A.
Quiroga
Para
viajar mejor
Atlántida:
Luján-Once
Somos
varios los que utilizamos los ómnibus Luján-Once y
viceversa.
Pero al
ganar espacio en los mismos las rodillas pegan con el
asiento anterior y no hablar del pasillo, más angosto no
puede ser.
La
mayoría viajamos con bolsones y cochecitos para niños,
turistas, estudiantes y comerciantes que nos ganamos la
vida, pero hay choferes que se niegan a permitirnos
guardar el equipaje en los buches de los micros.
La
publicidad dice que es un mejor servicio para Luján,
¿dónde está reflejado?
¿Acaso
los pobres no tenemos derecho a viajar cómodamente?
Natividad
Pancaldi
Otilia
Oliver de Mignone (China)
El día
de tu cumpleaños del año pasado nos despedimos con un
abrazo y un "te quiero mucho" con igual
respuesta de mi parte.
Tu
actitud decaída me emocionó hasta el fondo de mis
sentidos porque la intuición, tan infalible en mí, me
sugirió dolorosamente que era el último día de nuestros
encuentros. Así fue. Muchos años nos hemos encontrado en
esa fecha para festejar tu cumpleaños con tu familia y a
veces con distintas amigas, pero especialmente con tus
hijos luego de que tu mamá y Eduardo ya habían
fallecido.
Durante
nuestra juventud tu compañía fue el
complemento para disfrutar de los paseos, tus
conversaciones contribuyeron a formar conceptos y
entendimientos de esa etapa de la vida que lo abarcaban
todo. Eran irreemplazables las salidas del
sábado y de los domingos por la calle San Martín, solas
o acompañadas por otras amigas y después con Eduardo,
quien fue tu esposo con el paso del tiempo y mi amigo
desde niños. También en esa etapa mi felicidad fue
monumental con la amistad de Luisito, de la ciudad de 9 de
Julio, que solía venir durante las vacaciones
estudiantiles de los veranos e inviernos.
Nuestros
primeros viajes a Buenos Aires, con las consiguientes
recomendaciones familiares, fueron únicos por todo lo que
conocimos en esa nueva apertura a la vida. Iniciar ese
paseo en los trenes de entonces con su seguridad y
comodidades fueron experiencias inolvidables e
insustituibles.
El tiempo
fue pasando; nos casamos, tuvimos hijos, con lo que todo
fue cambiando aunque nuestra amistad siguió su rumbo con
la necesaria distancia que imponían otras
exigencias acordes con los nuevos compromisos.
...Pero
un día, con los hijos ya adolescentes, volvimos a tener
la satisfacción de pasar unos días juntas en tu casa de
Mar del Plata, con Eduardo, tus hijos y mi hija: allí
almacené nuevas alegrías.
Hoy no
dejo de recordar los sesenta y ocho años de amistad, tan
cercanos a tu vida, que quedaron pegados a mis días y
esos recuerdos me hacen sentir perfumes primaverales de
otras épocas más creíbles.
Tu
partida me dejó muy triste y siento que a pesar de mis
dolencias debí acompañarte a tu última morada, pero
también tuve necesidad de seguir viéndote sentada en el
mismo lugar en que te vi la última vez.
Ruego por
tu paz eterna y también para que llegue el consuelo a tus
maravillosos hijos que tanto hicieron por tu bienestar.
Guardaré
la persistencia de tu recuerdo hasta que Dios determine,
agradeciéndole siempre haber podido vivir tan lindos
momentos en tu compañía.
Susana
Echagüe
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