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No importa cuántas
tapitas eran
Los gestos solidarios
tienen un valor que no se mide en monedas. Se trata de
acciones que realizan las personas resignando tiempo,
recursos e ideas propias con la única intención de
aportar al bien común; para ayudar a los que menos
tienen, cualquier sea la causa esa desventaja o de esa
necesidad. Existen gestos solidarios urgentes, como los
que suelen aparecer ante desastres naturales. Y otros
que se sostienen en el tiempo, cuyo ejemplo más cercano
lo encontramos en las entidades solidarias. Sin duda,
los gestos solidarios representan una de las expresiones
más apreciadas de un ser humano.
Un par de vecinos de
Luján iniciaron hace años una campaña solidaria cuyo
beneficiario era el Hospital Municipal Nuestra Señora de
Luján; es decir, directa o indirectamente, toda la
comunidad de Luján.
Entendieron que una
manera de ayudar, contando con la colaboración de los
vecinos lujanenses, eran reunir tapitas plásticas
(elemento habitual en todos los hogares), vender ese
material y, con los fondos, comprar o reparar lo que
hiciera falta en el establecimiento público de salud.
Incontable cantidad de
vecinos se sumaron a la propuesta que logró amplia
difusión en los medios de comunicación. Durante años,
chicos y grandes, sólo o por sugerencia de entidades
sociales o educativas, llenaron bolsas de tapitas que
primero se depositaron en la casa de uno de los
voluntarios, y en los últimos tiempos pasaron a
almacenarse en el mismo Hospital Municipal.
Según se supo en estos
días, la última venta de tapitas se había realizado a
mediados del año pasado y con el dinero se atendieron
necesidades muy concretas del Hospital (reparación de un
portón, compra de una mesa, de un esterilizador, entre
otras cosas). Desde ese entonces, kilos y kilos de
tapitas se fueron juntando con el edificio de salud.
El 31 de enero pasado uno
de los voluntarios se acercó al nosocomio para preguntar
qué se haría con el dinero derivado de la venta de cerca
de 2.000 kilos de plástico que se almacenaban en el
lavadero. No se acordó el destino y las tapitas
siguieron esperando. Se presumía en ese entonces que la
recaudación por la venta podía rozar los 2.500 pesos.
Lo cierto es que quince
días más tarde el mismo voluntario regresó el Hospital
para definir qué hacer con las tapitas, pero ya no
estaban en el establecimiento. Nadie se dignó a darle
una respuesta por la misteriosa desaparición.
En nuestra edición pasada
se informó en detalle sobre lo ocurrido aunque, claro
está, faltaban las explicaciones oficiales. Por tratarse
de un gesto solidario cuyo valor excede lo monetario,
era de esperar que las explicaciones contundentes
aparecieran de inmediato.
Pasaron los días y sólo
por la insistencia de este medio en conocer qué pasó con
las tapitas, apenas se alcanzó a saber que “el director
del Hospital tiene resuelto abrir un sumario para que se
investigue lo ocurrido”. Se buscaron más precisiones y
oficialmente se dijo que “el texto del sumario lo
terminarán de definir el director del Hospital (Dr.
Daniel Ortega) y el secretario de Legal y Técnica”.
Hoy por hoy, no se sabe
qué pasó con 2.000 kilos de plástico que solidariamente
juntaron cientos y cientos de lujanenses para ayudar a
su propio Hospital. En realidad, se sabe que
desaparecieron y que alguien ingresó al edificio público
y retiró la abultada carga sin que las autoridades se
inmutaran.
Estamos ante un pésimo
ejemplo para aquellos que están a tiempo de aprender el
valor de la solidaridad. Estamos ante un acto de
desidia, que debería provocar vergüenza. |