Miércoles 5 de marzo de 2008 - Edición 7358- Edición digital: 0658

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Los derechos humanos empiezan con el desayuno

Escribe Rodolfo A. Tesone

 Ni el sentido profundo ni el impacto emotivo que poseen estas palabras nunca perderán vigencia. La prueba está en que se aplican desde hace mucho lamentablemente a gran parte de la realidad argentina.

La desnutrición y el hambre no son situaciones pasajeras en nuestro país y cada día aparecen nuevos ejemplos de esto. Recientemente, dos ciudadanos argentinos de las comunidades indígenas pasaron a integrar, con su muerte por desnutrición, la infame lista que ya abarca tanto a mujeres como a hombres, tanto a adultos como a niños. Y esto no se limita a una provincia (en este caso Chaco), sino a varias más: Mendoza, Santiago del Estero, Formosa, Misiones, La Rioja, Corrientes, Tucumán.

Sin embargo, más de una vez también hemos visto la contracara de esta dolorosa situación a la que conduce la falta de políticas de Estado para remediarla. Efectivamente, son muchas las organizaciones de la sociedad civil que han buscado darle una solución, en la medida de sus posibilidades.

Por eso quiero destacar una iniciativa conjunta entre la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Red Solidaria (de Juan Carr) y el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, que dio origen a la creación del primer centro de desarrollo comunitario, cuyo objetivo es la formación académica en el diseño de estrategias para combatir el hambre y la desnutrición.

Efectivamente, con esta creación se busca profesionalizar el desarrollo de programas solidarios y fortalecer el vínculo entre la sociedad y los claustros académicos. Las primeras actividades del flamante organismo estarán dirigidas a revertir los cuadros de desnutrición en las comunidades Tobas chaqueñas, en las que en los últimos tiempos murieron de hambre por lo menos 15 personas.

Hay en este momento, según datos publicados por la red solidaria, alrededor de 330.000 familias que pasan hambre: de cada cuatro argentinos, uno tiene dificultades para conseguir comida, mientras que el problema en el nivel mundial es uno de cada tres.

Por esas razones tener un centro de las características descriptas, que contará con la colaboración de los mejores científicos y muchos de los mejores profesionales del país, no deja de suscitar esperanzas.

Sin embargo, hasta que este programa comience a funcionar a pleno, no podemos dejar de recordar que la Argentina cuenta con una ley nacional, la ley Donal (por su nombre, la ley nacional del régimen especial para la donación de alimentos), según la cual se pueden donar a los bancos de alimentos que asisten a las personas con hambre aquellos alimentos que los fabricantes desechan porque tienen fallas en su etiqueta, por errores de gramaje o por estar cercanos a la fecha de su vencimiento. Es ley, debo insistir en el hecho, fue absurdamente vetada por el poder ejecutivo nacional, después de su aprobación, en el artículo que hacía factible esas donaciones. Después no se quiere reconocer lo que dicen los científicos de que “la desnutrición es la única enfermedad que inventó el hombre”.

Son muchas las maneras posibles de luchar contra la desnutrición y el hambre. Todas las formas de ayuda son buenas y no debería desecharse ninguna. Es de esperar que las autoridades recientemente asumidas comprendan esta verdad tan simple y obren en consecuencia.

Reflexiones

Poco se puede hacer para remediar el hambre en Argentina si no se ponen las autoridades a trabajar en serio sobre el tema trabajo, ya que si el ser humano no tiene trabajo no sólo pierde la posibilidad de alimentarse y alimentar a su familia, sino que también queda totalmente al margen de toda posibilidad moral de subsistir.

Se habla de derechos humanos y en realidad se los aplica a los delincuentes, se los cuida, se los alimenta y luego la mayoría de ellos cuando salen vuelven a delinquir. Mientras tanto, hay miles de niños, adultos y ancianos que pasan hambre en este país que produce y comercializa alimentos al resto del mundo.

Las autoridades deberían hablar menos y ejecutar más. Promover el trabajo digno y la educación. Asistir efectivamente a los problemas de salud de gran parte de la población. Cuidar a sus habitantes porque de ello depende el futuro de la nación. No veo nada prometedor en este aspecto y es realmente lamentable que se gaste tanto dinero en mantener un estado caro y poco efectivo mientras se mueren ciudadanos en cualquier lugar del país, por falta de alimentación o atención de la salud.

¡Que así sea!

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