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Mujeres de nuestra ciudad
Ganando espacios
Las mujeres de hoy crecen
en protagonismo, sin embargo sigue habiendo ámbitos por
ocupar.
En esta edición, mujeres
comunes, trabajadoras de hoy, muestran su perspectiva
acerca del tema.
El Día Internacional de
la Mujer busca rescatar el rol de las mujeres corrientes
como artífices de la historia y hunde sus raíces en su
lucha por participar en la sociedad en pie de igualdad
con el hombre. Pero esto no es una idea moderna, en la
antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual
contra los hombres para poner fin a la guerra; en la
Revolución Francesa, las parisienses que pedían
"libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia
Versalles para exigir el sufragio femenino.
La idea de un día
internacional de la mujer surgió a fines del siglo XIX,
que fue, en el mundo industrializado, un período de
machismo y turbulencia, crecimiento fulgurante de la
población e ideologías radicales.
La celebración recuerda
la muerte de más de 140 jóvenes trabajadoras en el
trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de
Nueva York. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la
legislación laboral de los Estados Unidos, y en las
celebraciones posteriores del Día Internacional de la
Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que
condujeron al desastre.
Posteriormente, distintos
movimientos se fueron sucediendo en todo el mundo. Desde
esos primeros años, el Día Internacional de la Mujer ha
adquirido una nueva dimensión mundial para las mujeres
de los países desarrollados y en desarrollo. El
creciente movimiento internacional de la mujer,
reforzado por las Naciones Unidas mediante cuatro
conferencias mundiales sobre la mujer, ha contribuido a
que la conmemoración sea un punto de convergencia de las
actividades coordinadas en favor de los derechos de la
mujer y su participación en la vida política y
económica. El Día Internacional de la Mujer es cada vez
más una ocasión para reflexionar sobre los avances
conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de
valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado
una función extraordinaria en la historia de los
derechos de la mujer.
Los tiempos que corren,
especialmente desde la política nacional y local, dan
una especial trascendencia a la fecha. EL CIVISMO,
entrevistó a mujeres locales que, desde sus espacios,
más o menos protagónicos, se abren paso en trabajos que
tradicionalmente ocuparon los hombres.

Graciela Rosso,
intendenta
“Creo que si hubiera más
mujeres en la justicia, la justicia sería justicia en
este país”
-
¿Qué cree que a la mujer le resta conquistar dentro de
la política?
- Le queda por conquistar
más lugares en el Ejecutivo a nivel de la conducción, es
decir, presidenta ya tenemos, faltan más gobernadoras,
más intendentas, más concejales, más diputadas y más
senadoras. No en todas las provincias se da la situación
de la provincia de Buenos Aires. Por ejemplo, Córdoba
tiene 50 y 50. Nosotros estamos peleando esta igualdad
en las cámaras en la provincia de Buenos Aires. También
a nivel nacional hay un proyecto de ley de las diputadas
nacionales que hemos acompañado, que es de la diputada
Nora César; pero también la idea es que en los niveles
ejecutivos, el lugar final donde se toma la decisión lo
ocupen mujeres. Creo que es todo un desafío.
También es necesaria una
mayor participación de las mujeres en los cargos de los
partidos políticos, porque claramente hay un problema
que tiene que ver con la representación de las mujeres
en las listas. En el congreso del partido justicialista
la mayoría de los congresales son hombres; entonces
nosotras nos sentimos representadas minoritariamente y
ello causa malestar entre las compañeras. Ésa es la
verdad, y lo hicimos saber a los compañeros varones y lo
vamos a hacer saber con un proyecto de ley que vamos a
presentar y acompañar muchas intendentas y funcionarias
del poder ejecutivo.
Creemos que la
representación genuina, para después poder ganar, es en
los partidos políticos. A nosotras, con María Inés
(Fernández), no costó muchísimo tener lista propia, nos
costó muchísimo ganar, pero no puede ser que todo sea
con tanto esfuerzo. El 50% de la población somos
mujeres, por lo tanto no nos pueden seguir tratando como
una minoría.
-
¿A partir de dónde es
necesario comenzar?
- Desde las bases. No
vamos a alcanzar los lugares de conducción si en los
partidos políticos no tenemos más representación las
mujeres.
-
¿Siente que aún existen
prejuicios respecto de la presencia de mujeres en su
ámbito?
- Yo creo que lo que pasa
es que nosotras llevamos muchos años en esta lucha y
hemos aprendido mucho. Creo que acá hay un problema que
implica ideológicamente cómo vemos la participación de
las mujeres en la vida pública, pero también tiene que
ver con que no todas las mujeres en todos los partidos
defienden los derechos de género. Esto es real. Entonces
creo que la sociedad tiene que tomar los derechos de
género como parte de los derechos humanos, porque eso
son y por eso tenemos que luchar. Tenemos que luchar por
los derechos humanos, tenemos que luchar por los
derechos de las mujeres. En ese marco, parte de los
derechos son elegir a nuestros representantes, pero
también poder ser representante de los demás. Esto es
parte de la lucha que sigue, porque vamos obteniendo
espacios y, obviamente, estamos mejor que antes y mejor
que otros países. Pero eso no nos alcanza.
-
¿Qué otros ámbitos cree que
a la mujer le quedan por conquistar?
- La justicia. Creo que
si hubiera más mujeres en la justicia, la justicia sería
justicia en este país.

María Laura, Comisaría de
la Mujer y la Familia
“Debe ser la capacidad la
que indique el lugar que ocupamos”
La capitana María Laura
Embarbe, perteneciente a la fuerza de la Policía
Bonaerense, es la responsable de coordinar las tareas
del equipo interdisciplinario, conjuntamente con el
personal policial, en la toma de denuncias, tratamiento
y contención de las víctimas de violencia familiar, como
responsable de la Comisaría de la Mujer y la Familia.
-
¿Cree que dentro de la
fuerza a las mujeres aún les quedan espacio por
conquistar?
- Es un tema que se está
revirtiendo, no quisiera ser tan pesimista. Desde mis
primeros años dentro de la fuerza a hoy hubo muchos
cambios que se fueron dando de a poco. Hoy una mujer
pude ser jefa de una dependencia, y no es sólo el caso
mío, hay jefas de dependencias y hasta hubo jefas de
unidades departamentales. Dentro de la Policía las
mujeres están accediendo a papeles más protagónicos.
-
¿Qué faltaría para que sea
equitativa la inclusión de hombres y mujeres en la
fuerza?
- Que sigamos haciendo
camino, que seamos tenidas en cuenta y que nos permitan,
de acuerdo a nuestras capacidades, llegar a los lugares
que podamos llegar y no relegarnos por el hecho de ser
mujeres, sino que sea la capacidad la que indique el
lugar que ocupamos.
-
¿Siente que aún hay
prejuicios de parte de los hombres?
- Algunos prejuicios hay,
pero bueno, será cuestión, con el tiempo, de ir
revirtiéndolo.
-
¿Le parece que hay otros
ámbitos que la mujer debe empezar a conquistar?
- Sí. Pero como te decía,
la mujer está avanzando, está ocupando espacios de poder
y esta poniéndose a la altura de los hombres, y
realmente no creo que haya un espacio en el que no esté
empezando a crecer su presencia. Creo que queda más
pendiente el que, a veces, el hombre nos relegue,
todavía permanece mucho la cultura del machismo; pero
será cuestión de que con el tiempo esto se vaya dejando
de lado.
-
¿Qué cree que su rol de
mujer le aporta a su trabajo, distinto de un hombre?
- Le aportamos lo que es
el sentimiento de una mujer. El dar la vida, criar
hijos, nos da otra sensibilidad, otro punto de vista que
muchas veces no tiene el hombre.

María Claudia Duvico,
remisera
“Tenía que hacer algo
para seguir adelante”
“Una circunstancia
especial”, dice Maria Claudia cuando se refiere al por
qué de comenzar a trabajar de remisera: el cumpleaños de
quince de su hija. “Con el sueldo de maestra tendría que
haber ahorrado diez años antes”, porque además de ser
remisera y ama de casa, es docente.
Tiene 46 años y hace 6
que maneja un remís. Al principio, cuando “tenía que
hacer algo” para seguir adelante, decidió ser la primera
mujer remisera en Luján. Las agencias no la tomaban por
su sexo, pero luego de buscar e insistir consiguió que
la tomaran en remís Mitre y más tarde en remís San
Martín, donde trabaja actualmente.
Claudia se muestra como
una mujer valiente y decidida, siempre en busca de un
proyecto u objetivo que la mantenga viva.
-
¿Por qué el remís y no otro
oficio?
- “Me siento cómoda”,
dice sin vacilar, y sin medir que trabaja en un lugar
donde está lleno de hombres y realiza un trabajo que
siempre fue terreno masculino.
Más allá de las
cuestiones económicas, Claudia advierte que ser remisera
es un buen trabajo, algo que hace con sacrificio como
todas sus demás actividades, y alienta a que otras
mujeres dejen de lado la “inseguridad o el miedo” y se
animen.
Hablando de su ámbito
laboral, Claudia devela que las mujeres que manejan un
remís son muy solicitadas en época escolar por las
mujeres que no manejan y deben ocuparse de sus tareas.
“Ahí, en ese sentido, quizá las mujeres remiseras
tengamos ventaja”, aseguró.
Respecto de las
desventajas, cuenta de la noche de la ciudad, de los
peligros que corren, no sólo ella, sino también sus
compañeros y de cómo ellos la cuidan, ya que por ser
mujer es más vulnerable a las mañas del oficio como los
pasajeros malhumorados, el tránsito pesado, el
lamentable estado del pavimento y otras cuestiones.
A Claudia o “el móvil 3”
la acompaña su colega de trabajo y de la vida, “el móvil
4”, Néstor, que habla de los pro y los contra de manejar
un auto. Juntos analizan la particularidad de ella, “ser
mujer en un trabajo de hombres”.
-
¿Cómo impacta en el
pasajero?
- “La gente se sorprende
porque ve a una mujer remisora”.
La cuestión es que a
Claudia no le importa si a alguien le cae mal, “yo tengo
que seguir adelante”. No le importa no saber mucho de
mecánica, “de a poco estoy aprendiendo”. No le importa
el tránsito ni los transeúntes, “yo soy cuidadosa”. No
le importa trabajar doce horas sentada, lidiar con la
gente, los pozos, los semáforos, la delincuencia, “las
mujeres somos más pacientes”, aclara.
“Yo tengo que seguir
adelante”. Repite esa frase que es un poco la síntesis
de manejar un coche y vivir de manejar un coche.
Nilda
Guaras, barrendera municipal
Por las calles con escoba
en mano
Para los madrugadores, su
rostro resulta familiar. Y por su calidad de mujer se
distingue del grupo humano que la acompaña que, escoba
en mano, se dedica a limpiar la basura desparramada en
veredas y acumulada junto al cordón de las aceras.
Desde hace cinco años es
barrendera con un recorrido diario por las calles del
centro y los domingos en la plaza Belgrano.
Su vinculación a esta
labor devino luego de trabajar en el marco del plan
Jefas y Jefes en el Sagrado Corazón, por espacio de dos
años y medio; después pidió el traslado a su actual
ocupación.
Interrogada sobre los
riesgos que supone su labor, afirmó que no los tiene,
aludiendo a que los días que pueden resultar más
difíciles son los fines de semana, y ello porque empieza
a recorrer las calles a las cuatro de la mañana.
Comenta que comenzó a
trabajar de grande. Lo hizo algún tiempo en Fibraco y al
tener su hija dejó. Después, por circunstancias
económicas, comenzó a trabajar en el plan Jefas y Jefes.
Separada desde hace tres
años, Nilda es madre de cuatro hijos, tres de ellos
casados, y vive actualmente con el menor, de 16 años.
- ¿Cree que
con el paso del tiempo han mejorado las condiciones de
trabajo de la mujer?
- Sí, indudablemente.
Creo que hace un tiempo atrás no nos hubieran dejado
andar acá haciendo un trabajo de hombre.
- ¿Por qué
cree que en estos tiempos la mujer desarrolla tareas que
antes realizaban los hombres?
- Creo que fue por las
dificultades económicas del país. Las circunstancias
llevaron a que el hombre y la mujer tuvieran que salir a
trabajar para solventar la casa y la familia. Eso llevó
a que la mujer fuera escalando en labores que antes
hacían los hombres.
- ¿Nota algún
prejuicio respecto de la tarea que realiza?
- No. A nosotros nos
tratan a todos de igual a igual. Y la gente que nos ve
trabajando por ahí no entiende que comenzamos nuestra
tarea a las cuatro de la mañana, y de pronto, nos ven
cinco minutos fumando un cigarrillo en una esquina y nos
gritan: ¡Bendito Plan Trabajar! No saben a la hora que
empezamos. Sinceramente nos molesta un poco esa actitud.
Cuando la mayoría está durmiendo, nosotros ya empezamos
a trabajar.
Isla
“Las condiciones han
cambiado porque creo que hace un tiempo atrás no nos
hubieran dejado andar acá haciendo un trabajo de
hombre”.
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