Miércoles 12 de marzo de 2008 - Edición 7360 - Edición digital: 0660

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Mujeres de nuestra ciudad

Ganando espacios

Las mujeres de hoy crecen en protagonismo, sin embargo sigue habiendo ámbitos por ocupar.

En esta edición, mujeres comunes, trabajadoras de hoy, muestran su perspectiva acerca del tema.

El Día Internacional de la Mujer busca rescatar el rol de las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en su lucha por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. Pero esto no es una idea moderna, en la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían "libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

La idea de un día internacional de la mujer surgió a fines del siglo XIX, que fue, en el mundo industrializado, un período de machismo y turbulencia, crecimiento fulgurante de la población e ideologías radicales.

La celebración recuerda la muerte de más de 140 jóvenes trabajadoras en el trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre.

Posteriormente, distintos movimientos se fueron sucediendo en todo el mundo. Desde esos primeros años, el Día Internacional de la Mujer ha adquirido una nueva dimensión mundial para las mujeres de los países desarrollados y en desarrollo. El creciente movimiento internacional de la mujer, reforzado por las Naciones Unidas mediante cuatro conferencias mundiales sobre la mujer, ha contribuido a que la conmemoración sea un punto de convergencia de las actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica. El Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer.

Los tiempos que corren, especialmente desde la política nacional y local, dan una especial trascendencia a la fecha. EL CIVISMO, entrevistó a mujeres locales que, desde sus espacios, más o menos protagónicos, se abren paso en trabajos que tradicionalmente ocuparon los hombres.

 


 

Graciela Rosso, intendenta

“Creo que si hubiera más mujeres en la justicia, la justicia sería justicia en este país”

- ¿Qué cree que a la mujer le resta conquistar dentro de la política?

- Le queda por conquistar más lugares en el Ejecutivo a nivel de la conducción, es decir, presidenta ya tenemos, faltan más gobernadoras, más intendentas, más concejales, más diputadas y más senadoras. No en todas las provincias se da la situación de la provincia de Buenos Aires. Por ejemplo, Córdoba tiene 50 y 50. Nosotros estamos peleando esta igualdad en las cámaras en la provincia de Buenos Aires. También a nivel nacional hay un proyecto de ley de las diputadas nacionales que hemos acompañado, que es de la diputada Nora César; pero también la idea es que en los niveles ejecutivos, el lugar final donde se toma la decisión lo ocupen mujeres. Creo que es todo un desafío.

También es necesaria una mayor participación de las mujeres en los cargos de los partidos políticos, porque claramente hay un problema que tiene que ver con la representación de las mujeres en las listas. En el congreso del partido justicialista la mayoría de los congresales son hombres; entonces nosotras nos sentimos representadas minoritariamente y ello causa malestar entre las compañeras. Ésa es la verdad, y lo hicimos saber a los compañeros varones y lo vamos a hacer saber con un proyecto de ley que vamos a presentar y acompañar muchas intendentas y funcionarias del poder ejecutivo.

Creemos que la representación genuina, para después poder ganar, es en los partidos políticos. A nosotras, con María Inés (Fernández), no costó muchísimo tener lista propia, nos costó muchísimo ganar, pero no puede ser que todo sea con tanto esfuerzo. El 50% de la población somos mujeres, por lo tanto no nos pueden seguir tratando como una minoría.

 

- ¿A partir de dónde es necesario comenzar?

- Desde las bases. No vamos a alcanzar los lugares de conducción si en los partidos políticos no tenemos más representación las mujeres.

 

- ¿Siente que aún existen prejuicios respecto de la presencia de mujeres en su ámbito?

- Yo creo que lo que pasa es que nosotras llevamos muchos años en esta lucha y hemos aprendido mucho. Creo que acá hay un problema que implica ideológicamente cómo vemos la participación de las mujeres en la vida pública, pero también tiene que ver con que no todas las mujeres en todos los partidos defienden los derechos de género. Esto es real. Entonces creo que la sociedad tiene que tomar los derechos de género como parte de los derechos humanos, porque eso son y por eso tenemos que luchar. Tenemos que luchar por los derechos humanos, tenemos que luchar por los derechos de las mujeres. En ese marco, parte de los derechos son elegir a nuestros representantes, pero también poder ser representante de los demás. Esto es parte de la lucha que sigue, porque vamos obteniendo espacios y, obviamente, estamos mejor que antes y mejor que otros países. Pero eso no nos alcanza.

 

- ¿Qué otros ámbitos cree que a la mujer le quedan por conquistar?

- La justicia. Creo que si hubiera más mujeres en la justicia, la justicia sería justicia en este país.

 


María Laura, Comisaría de la Mujer y la Familia

“Debe ser la capacidad la que indique el lugar que ocupamos”

La capitana María Laura Embarbe, perteneciente a la fuerza de la Policía Bonaerense, es la responsable de coordinar las tareas del equipo interdisciplinario, conjuntamente con el personal policial, en la toma de denuncias, tratamiento y contención de las víctimas de violencia familiar, como responsable de la Comisaría de la Mujer y la Familia.

 

- ¿Cree que dentro de la fuerza a las mujeres aún les quedan espacio por conquistar?

- Es un tema que se está revirtiendo, no quisiera ser tan pesimista. Desde mis primeros años dentro de la fuerza a hoy hubo muchos cambios que se fueron dando de a poco. Hoy una mujer pude ser jefa de una dependencia, y no es sólo el caso mío, hay jefas de dependencias y hasta hubo jefas de unidades departamentales. Dentro de la Policía las mujeres están accediendo a papeles más protagónicos.

 

- ¿Qué faltaría para que sea equitativa la inclusión de hombres y mujeres en la fuerza?

- Que sigamos haciendo camino, que seamos tenidas en cuenta y que nos permitan, de acuerdo a nuestras capacidades, llegar a los lugares que podamos llegar y no relegarnos por el hecho de ser mujeres, sino que sea la capacidad la que indique el lugar que ocupamos.

 

- ¿Siente que aún hay prejuicios de parte de los hombres?

- Algunos prejuicios hay, pero bueno, será cuestión, con el tiempo, de ir revirtiéndolo.

 

- ¿Le parece que hay otros ámbitos que la mujer debe empezar a conquistar?

- Sí. Pero como te decía, la mujer está avanzando, está ocupando espacios de poder y esta poniéndose a la altura de los hombres, y realmente no creo que haya un espacio en el que no esté empezando a crecer su presencia. Creo que queda más pendiente el que, a veces, el hombre nos relegue, todavía permanece mucho la cultura del machismo; pero será cuestión de que con el tiempo esto se vaya dejando de lado.

 

- ¿Qué cree que su rol de mujer le aporta a su trabajo, distinto de un hombre?

- Le aportamos lo que es el sentimiento de una mujer. El dar la vida, criar hijos, nos da otra sensibilidad, otro punto de vista que muchas veces no tiene el hombre.

 


María Claudia Duvico, remisera

“Tenía que hacer algo para seguir adelante”

“Una circunstancia especial”, dice Maria Claudia cuando se refiere al por qué de comenzar a trabajar de remisera: el cumpleaños de quince de su hija. “Con el sueldo de maestra tendría que haber ahorrado diez años antes”, porque además de ser remisera y ama de casa, es docente.

Tiene 46 años y hace 6 que maneja un remís. Al principio, cuando “tenía que hacer algo” para seguir adelante, decidió ser la primera mujer remisera en Luján. Las agencias no la tomaban por su sexo, pero luego de buscar e insistir consiguió que la tomaran en remís Mitre y más tarde en remís San Martín, donde trabaja actualmente.

Claudia se muestra como una mujer valiente y decidida, siempre en busca de un proyecto u objetivo que la mantenga viva.

 

- ¿Por qué el remís y no otro oficio?

- “Me siento cómoda”, dice sin vacilar, y sin medir que trabaja en un lugar donde está lleno de hombres y realiza un trabajo que siempre fue terreno masculino.

Más allá de las cuestiones económicas, Claudia advierte que ser remisera es un buen trabajo, algo que hace con sacrificio como todas sus demás actividades, y alienta a que otras mujeres dejen de lado la “inseguridad o el miedo” y se animen.

Hablando de su ámbito laboral, Claudia devela que las mujeres que manejan un remís son muy solicitadas en época escolar por las mujeres que no manejan y deben ocuparse de sus tareas. “Ahí, en ese sentido, quizá las mujeres remiseras tengamos ventaja”, aseguró.

Respecto de las desventajas, cuenta de la noche de la ciudad, de los peligros que corren, no sólo ella, sino también sus compañeros y de cómo ellos la cuidan, ya que por ser mujer es más vulnerable a las mañas del oficio como los pasajeros malhumorados, el tránsito pesado, el lamentable estado del pavimento y otras cuestiones.

A Claudia o “el móvil 3” la acompaña su colega de trabajo y de la vida, “el móvil 4”, Néstor, que habla de los pro y los contra de manejar un auto. Juntos analizan la particularidad de ella, “ser mujer en un trabajo de hombres”.

 

- ¿Cómo impacta en el pasajero?

- “La gente se sorprende porque ve a una mujer remisora”.

La cuestión es que a Claudia no le importa si a alguien le cae mal, “yo tengo que seguir adelante”. No le importa no saber mucho de mecánica, “de a poco estoy aprendiendo”. No le importa el tránsito ni los transeúntes, “yo soy cuidadosa”. No le importa trabajar doce horas sentada, lidiar con la gente, los pozos, los semáforos, la delincuencia, “las mujeres somos más pacientes”, aclara.

“Yo tengo que seguir adelante”. Repite esa frase que es un poco la síntesis de manejar un coche y vivir de manejar un coche.

 


Nilda Guaras, barrendera municipal

Por las calles con escoba en mano

Para los madrugadores, su rostro resulta familiar. Y por su calidad de mujer se distingue del grupo humano que la acompaña que, escoba en mano, se dedica a limpiar la basura desparramada en veredas y acumulada junto al cordón de las aceras.

Desde hace cinco años es barrendera con un recorrido diario por las calles del centro y los domingos en la plaza Belgrano.

Su vinculación a esta labor devino luego de trabajar en el marco del plan Jefas y Jefes en el Sagrado Corazón, por espacio de dos años y medio; después pidió el traslado a su actual ocupación.

Interrogada sobre los riesgos que supone su labor, afirmó que no los tiene, aludiendo a que los días que pueden resultar más difíciles son los fines de semana, y ello porque empieza a recorrer las calles a las cuatro de la mañana.

Comenta que comenzó a trabajar de grande. Lo hizo algún tiempo en Fibraco y al tener su hija dejó. Después, por circunstancias económicas, comenzó a trabajar en el plan Jefas y Jefes.

Separada desde hace tres años, Nilda es madre de cuatro hijos, tres de ellos casados, y vive actualmente con el menor, de 16 años.

 

- ¿Cree que con el paso del tiempo han mejorado las condiciones de trabajo de la mujer?

- Sí, indudablemente. Creo que hace un tiempo atrás no nos hubieran dejado andar acá haciendo un trabajo de hombre.

 

- ¿Por qué cree que en estos tiempos la mujer desarrolla tareas que antes realizaban los hombres?

- Creo que fue por las dificultades económicas del país. Las circunstancias llevaron a que el hombre y la mujer tuvieran que salir a trabajar para solventar la casa y la familia. Eso llevó a que la mujer fuera escalando en labores que antes hacían los hombres.

 

- ¿Nota algún prejuicio respecto de la tarea que realiza?

- No. A nosotros nos tratan a todos de igual a igual. Y la gente que nos ve trabajando por ahí no entiende que comenzamos nuestra tarea a las cuatro de la mañana, y de pronto, nos ven cinco minutos fumando un cigarrillo en una esquina y nos gritan: ¡Bendito Plan Trabajar! No saben a la hora que empezamos. Sinceramente nos molesta un poco esa actitud. Cuando la mayoría está durmiendo, nosotros ya empezamos a trabajar.

 

Isla

“Las condiciones han cambiado porque creo que hace un tiempo atrás no nos hubieran dejado andar acá haciendo un trabajo de hombre”.

 

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