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“Es
necesario insistir”
“Es necesario insistir cuando se está seguro de lo que
se dice, aunque muchos no compartan nuestro pensar, pero
es la única forma de tratar de debatir en un disentir
respetuoso los problemas que aquejan a esta castigada
sociedad, y más aún cuando está en juego la libertad de
nuestra patria”.
Los graves problemas que vivimos los argentinos datan
del 16 de septiembre de 1955, con la caída del gobierno
del Gral. Perón, que llevó a cabo la mal llamada
“Revolución libertadora”, fomentada por los EEUU, y de
su socio incondicional amante de lo ajeno, detractor de
mares y tierras, el reino de Inglaterra.
El brazo ejecutor de esa revolución, la cual la mayoría
del pueblo llamamos “la entregadora y fusiladora”, fue
la misma ideología que ejecutó al Gral. Dorrego, y
derrocó a Juan Manuel de Rosas, y luego proclamarían la
Constitución del año 1853, copia liberal de la de EEUU,
para que esté al servicio del imperio.
A partir de ese momento los anglo americanos y sus
socios vernáculos, los traidores oligarcas, por medio
del fraude y golpes de facto, digitan la mayoría de los
gobiernos que sólo a ellos favorecen. Al pueblo miseria,
si protesta, cárcel o muerte.
Entre tanta lúgubre bruma, rescatamos a don Hipólito
Yrigoyen, cuyo gobierno es derrocado en 1930 por
defender los intereses de la nación (había olor a
petróleo). Así, hasta el año 1946 donde el coronel
Perón, pese a la “Unión democrática”, compuesto por la
mayoría de los partidos del país, al servicio de los
imperios reinantes, desde la embajada de los EEUU,
convertida en “comité” con su embajador a la cabeza
Mister Braden, gana las elecciones y pese a los defectos
que pudo haber tenido, “fue el mejor gobierno de nuestra
historia”, nueve años de dignidad, cultura, trabajo,
salud y defensa de la soberanía.
Llegaría la masacre de Plaza de Mayo, y el 16 de
septiembre de 1955 el retroceso de nuestra patria, todo
es revancha, persecución, cárcel, fusilamientos, como
los de 1956, donde son ejecutados los Grales. Valles y
Cogorno, con un grupo de civiles.
Llega el FMI y se implementa la falaz deuda externa (que
nadie investiga pero todos pagan). Comienza la
destrucción de la economía, la industria y la entrega de
las riquezas naturales, pensar en voz alta “¡está
prohibido!”.
A todo esto se lo llamó la “Revolución libertadora”,
aparte de “cipayos hipócritas” (esto no me lo contaron,
¡lo viví!). En este resumen quiero salvar por su
honradez al Sr. ex presidente don Arturo Illia que, por
ser así, fue depuesto en el año 1966 por los
tradicionales golpes de facto que impone EEUU de su
“Escuela de las Américas”.
Si en el año 1955 no hubiese existido el golpe de estado
que derrocó al Gral. Perón (sólo con elecciones tendría
que haber cedido el poder) nunca hubiese existido el
golpe nefasto del 24 de marzo de 1976, no habría habido
guerrilla, ni muertos y desaparecidos, ni pérdida de la
libertad, ¡y si no hubiésemos votado tan mal a políticos
verseros, corruptos y traidores! que cambian de camiseta
y pensar, no hubiese existido la entrega de empresas
nacionales (tras un manto de privatizaciones), la
pérdida de fuentes de trabajo, por lo tanto no habría
piqueteros, cartoneros, ni jefes ni jefas de hogar; los
jubilados serían respetados y vivirían con dignidad; a
las personas de cuarenta años no se las consideraría
“ancianas” y podrían trabajar en tantas “empresas” que
se lo niegan “por su edad avanzada”; muchos jóvenes y
niños no deambularían por las calles ebrios o drogados;
no existiría el deterioro de la familia, la salud y la
escuela; no tendría la delincuencia copada la calle; y
la justicia cumpliría con el orden que marca la ley; no
habría el talado indiscriminado de bosques, el despojo
de tierras a los aborígenes y su genocidio; la venta
fraudulenta de tierras a monopolios extranjeros; la
contaminación del medio ambiente, e impedir el proyecto
de los imperios, que con el pretexto de que los
nacionalismos pasaron de moda (el de ellos no) lanzaron
su globalización, para que no existan fronteras (sólo
las de ellos) así violar soberanías, y apoderarse de las
riquezas de los países emergentes.
Todo lo aquí enumerado es producto del desastre
socioeconómico- cultural de los últimos cincuenta y tres
años. Por todo esto: “es necesario insistir”, por la
defensa de nuestra soberanía, por la democracia que nos
prometieron, para dejar de ser habitantes de un
territorio y ser ciudadanos de una gran nación.
Osvaldo Ángel Aso
La dulce espera
Es natural asociar esa
expresión de “La Dulce Espera” con los nueve meses de la
futura mamá y, aún, del futuro papá, porque aunque ya
tengan otros hijos, cada uno que se anuncia trae la
ilusión de la “dulce espera” a quienes, nuevamente, se
sienten futura mamá y futuro papá.
Pero alguna circunstancia
me ha hecho vivir esa sensación, no ya como futuro papá
o como futuro abuelo, que las he vivido, sí y por Gracia
de Dios, 22 veces, sino en algo totalmente distinto.
Hay un lugar en que,
seguramente, la mayoría de los lujanenses ha
experimentado, como yo, una dulce espera, pero distinta,
precisamente no tan dulce ni mucho menos.
Cada vez que debo llevar
correspondencia a, o hacer otro trámite en la sucursal
de nuestro Correo Argentino, seguramente, como a mí a
muchos, una cuestión de delicadeza nos impide liberar
esa necesidad contenida de vociferar sapos y culebras
mientras avanzamos, tímida y lentamente, en una fila que
se hace eterna.
Pero ese enojo potencial,
necesariamente reprimido, cambia cuando somos atendidos
con amabilidad por el personal y, en definitiva, nos
vamos con la satisfacción de haber hecho lo que teníamos
que hacer y, sobre todo, finalizar el suplicio de la
“cola”.
No por eso dejo de pensar
sobre una simplísima solución que, no comprendo por qué,
no se le ha ocurrido a algún “jerárquico” de la empresa:
destinar una ventanilla sólo para “franqueo,
certificadas y expresos” y, en las otras, atender los
demás temas que llevan más tiempo o requieren
explicaciones adicionales: “encomiendas, cartas
documento, giros, etc.”.
¡Qué bueno sería que ese
eventual “jerárquico” lea esta nota y comprenda la
necesidad, para darle solución! o, de no ser así, que le
toque en otra repartición hacer una espera como la que
sufrimos los concurrentes al Correo Argentino–Sucursal
Luján y, de tal forma, quizás nos comprenda.
Guillermo A. Busso |