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El presente
no puede dejar de reflexionar el pasado cercano
1976-24
de marzo-2008
Escribe
Maria Teresa Tartaglia de Silvano
“El
lunes 13 de octubre (...) un argentino, Adolfo Pérez
Esquivel, 49 años, profesor de Bellas Artes, creador y
director del Servicio Paz y Justicia en América Latina
recibe el Premio Nóbel de la Paz 1980. ¿Cómo es posible
que un argentino tan brillante se nos haya escapado a
muchos hasta ahora? Rápidamente se recurrió a los
archivos en busca de antecedentes, datos del premiado.
Pero el desesperado intento, finalmente, resultó inútil.
Porque como lo dijo el propio Pérez Esquivel a los
periodistas (...) el premio no pertenece a una persona,
sino a un movimiento.
“Un
movimiento, que según el comité noruego del premio Nobel
tiene como objetivo trabajar para la promoción de los
Derechos Humanos fundamentales, basándose exclusivamente
en métodos no violentos”.
Párrafos
de una entrevista de René Salas y Alonso Leboso a Adolfo
Pérez Esquivel, “Un desconocido en su propio país”
(Gente, 6 de noviembre de 1980).
<texto>El
24 de marzo pasado nos enfrentamos a una nueva remembranza
del último golpe de Estado y el inicio de una dictadura
militar que fue la más represiva, sangrienta y
destructora que conoció la Historia Argentina. Una vez
más, las Fuerzas Armadas, con el apoyo del establishment
económico, interrumpieron el orden institucional y
derrocaron la débil administración de María Estela
Martínez de Perón, quien es trasladada a la residencia
El Messidor, en Neuquén. Ese mismo día asesinaron al
gremialista Atilio Santillán en la sede de la Federación
Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA).
Veinticuatro
horas más tarde, las Fuerzas Armada anunciaron al país
que asumían el gobierno a través de tres comandantes:
Jorge Rafael Videla por el Ejército, Emilio Massera por
la Marina y Orlando Ramón Agosti por la Fuerza Aérea.
Adoptó este golpe el presumido nombre de “Proceso
de Reorganización Nacional” y ya no hay dudas de
que sus propósitos declamados no fueron alcanzados, pero
sí dejaron secuelas políticas, económicas, sociales,
culturales, heridas, preguntas sin respuestas, dolor y una
sociedad dividida, sentimientos que llegan al hoy.
El
control de la gestión del Estado fue directa y totalmente
asumida por el conjunto de las Fuerzas Armadas y los
militares ocuparon responsabilidades en todos los altos
niveles nacionales, provinciales, municipios, entes
autárquicos, empresas públicas y crearon una especie de
parlamento castrense para legislar. Los plenarios de altos
mando evaluaban y decidían en las materias más
controvertidas. Los civiles que participaron tuvieron una
autonomía de decisión inferior a la de otros golpes. Las
actividades represivas y de control de la población las
realizaban las reparticiones militares. Martínez de Hoz,
único civil en el gabinete de Videla, había tenido
funciones significativas en el sistema financiero
vinculado a instituciones bancarias relevantes con sede en
el Primer Mundo. También lo era el secretario de
Hacienda, Sr. Juan Alemann, que representaba en la
Argentina a la Unión de Bancos Suizos.
El Estado
argentino fue sometido a una suerte de vaciamiento:
disolvieron el Congreso Nacional, removieron la Corte
Suprema de Justicia, prohibieron toda acción política y
gremial y se anunció la pena de muerte por delitos de
“orden público”, se desmantelaron los organismos
de control, inspección y recaudación.
El 27 de
marzo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le otorgó a
la Argentina un crédito, que desde hacía unos meses
estaba bloqueado, por 127,6 millones de dólares; y el 29
de marzo, Yugoslavia e Indonesia se convirtieron en los
primeros países que reconocían la legitimidad del
régimen militar.
Videla
asumió formalmente la presidencia de la Argentina.
¿Cuál
fue el fundamento ideológico sobre el cual se
establecieron?
Como en
golpes anteriores, fue el anticomunismo y la defensa del
mundo occidental y cristiano, pero en esta oportunidad se
agregó la lucha contra las organizaciones guerrilleras. Y
para una gran mayoría de la población, esto era un
objetivo positivo y así los militares eran los “restablecedores
del orden público”. De esta forma, la
justificación era “restaurar la autoridad del Estado
frente a la sociedad”.
Las
metodologías utilizadas y la forma en que definieron la
palabra “subversión” fueron empleadas en forma
indiscriminada contra la sociedad. Fue más allá
de los grupos armados a los que se suponía debían
enfrentar, ya que se reprimió las protestas sociales, las
ideologías contrarias, la cultura y la educación que se
expresaba opuesta a su doctrina, y todo aquello que
representara estorbo, obstrucción, obstáculo,
impedimento hacia lo que ellos consideraban orden y
autoridad.
Desarticularon todo aquello que podía ser un problema en
el orden existente, que ellos habían imaginado y creado.
El
símbolo superior, que sintetizó la degradación del
poder del Estado fueron las desapariciones y la negación
oficial de la violencia gubernamental.
¿Cómo
analizarlo?
Fue un proceso
complejo que excedió los intereses militares o de
grupos políticos, por eso debe ser analizado en el contexto
económico e internacional, ya que a principios de la
década de 1970 comenzó a modificarse el esquema de
funcionamiento de la dinámica de acumulación de capital
a escala internacional. Por ejemplo, la elevación del
precio del petróleo en un 300% determinada por los
países productores fijó una exigencia de cambio del
modelo económico y el Estado de Bienestar dio paso al
Estado Subsidiario que debía dejar la función
intervencionista y reguladora. Había que liberar las
relaciones económicas en un mercado abierto a las
corrientes internacionales de bienes y dinero.
Países
periféricos como el nuestro, estuvieron controlados por
el capital financiero multinacional con socios internos y
el golpe se planificó cuidadosamente, con apoyos y
pensamientos externos e internos: la banca extranjera,
empresas adheridas a propuestas liberales y sectores altos
de la sociedad, planificaron tomar el Estado para dar un cambio
de modelo económico. Un proceso que atentó contra la
industria nacional, con costos financieros, tasas de
intereses muy altas, apertura externa, que alentó la
importación sustitutiva, y el deterioro del poder
adquisitivo del salario. El endeudamiento externo
perturbó la economía y desató una crisis financiera con
los sectores internacionales. Hubo protagonistas que se
beneficiaron, como empresas transnacionales y sectores
privilegiados. Los perjudicados fueron los asalariados,
los unidos al mercado interno y los empresarios medianos y
pequeños. Hubo una regresividad social e inflación,
inestabilidad de crecimiento y un impacto desfavorable
sobre la mayoría de la población.
A esto
hay que sumarle aquello que no podemos recuperar: los
miles de asesinatos y desaparecidos.
Videla
había explicado en los comienzos del gobierno: “El
cauce de la democracia en el país se hallaba obturado,
obstaculizado. Había crecido la maleza y de ahí que el
Estado nacional se hallaba desbordado”. Todo
medio para superar esta situación fue utilizado y
transformado en un Terrorismo de Estado que no
podemos justificar.
¿Cómo
vivían los argentinos?
La vida
de los argentinos continuó desarrollándose en medio de
la indiferencia, o aceptando la lucha como una alternativa
para el país, otros demostraban su apego al militarismo y
exaltaban el valor reparador de la violencia. Estaban los
que sufrían, los que observaban y callaban, los que
tenían miedo, los que apoyaron a los militares, los
oportunistas, los que debieron abandonar el país, las
Madres que reclamaban por la vida de sus hijos
desaparecidos, las Abuelas que buscaban a sus nietos.
En esta
vida diaria se desenvolvía una cultura dañada y
acallada, una educación verticalista y autoritaria,
jóvenes y niños formados en una política de
limitación, sin pensamientos propios, sin discusión,
reflexión o participación, todo estaba tan programado,
pautado, que implicaba aceptación y cotidianeidad. Unimos
a esto los escenarios frecuentes que distraían a la
población: el deporte, el mundial de fútbol, las
propagandas, etc. Fue una cultura de muerte.
El 24 de
marzo debe ser una fecha de reflexión, debemos vivirlo
con recogimiento, es un tema que no puede dejar de ser
abordado en las escuelas, explicado en toda su complejidad
con las consecuencias políticas, económicas, sociales,
culturales que dejó en el país y los Derechos Humanos
mutilados, cercenados, quitados a una sociedad. El Estado
convertido en una máquina de apropiarse y matar. Su
análisis requiere una actitud honesta y racional, pero
necesita ser planteada, interpelada; hay una necesidad de
conocer, comprender y explicar para luego juzgar de una
manera amplia y madura.
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