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Intento de justicia por mano propia
Barrio
Lanusse: vecinos enardecidos golpean a un ladrón

Casi todo un barrio descargó su indignación contra un
delincuente que se dedicaba a asaltar comercios y a
pegarle a mujeres que los atendían.
Ocurrió el sábado al mediodía en el Lanusse donde
también habita el sujeto que robaba y golpeaba a los
vecinos.
La
Policía logró detenerlo y rescatarlo de una muchedumbre
furiosa que estuvo a un paso de lincharlo.
”Pa,
hay un ladrón en el techo”. El mensaje de texto tenía
como destinatario al capitán de Policía, Carlos Benaghi.
Eran las 13.03 del sábado cuando una de sus hijas se
encontraba jugando en el patio de la casa y vio a una
persona armada asomándose en el tejado.
El
extraño visitante era un delincuente, el mismo que en
una semana había asaltado en dos oportunidades el maxi
kiosco “M & M”, ubicado en San Vicente y La Plata.
Durante el segundo hecho, el asaltante golpeó
salvajemente a una mujer y con una escopeta recortada le
apuntó a una criatura de 5 años.
“Entró agresivo y me pegó una trompada, me tenía en el
piso agarrada de los pelos. Se dio cuenta que lo había
reconocido, que era chorro y que fue el que asaltó a mi
empleada. No me dio tiempo a nada, me pedía la plata
pero me tenía en el piso y me pegaba”, contó Jésica, que
a pesar de no haber ofrecido resistencia sufrió golpes
en distintas partes del cuerpo.
La
agresión continuó en la vereda. Luego, el delincuente
intentó huir pero dos jóvenes lo vieron escapar a pie y
empezaron a perseguirlo hasta que le perdieron el rastro
creyendo que se había escondido en un terreno baldío.
El
ladrón no tuvo mejor idea que empezar a saltar de techo
en techo hasta refugiarse en la azotea de la vivienda
del jefe policial donde fue visto por la pequeña quien
puso en aviso a su padre.
Ante
el mensaje de una sus hijas, Benaghi ordenó a sus
hombres que se dirigieran hasta su domicilio. Al mismo
tiempo, más vecinos se sumaron a la búsqueda del ladrón.
Estaban dispuestos a todo, como para dejar en claro que
la paciencia de la gente se había colmado y no iban a
tolerar que suceda un hecho delictivo más que ponga en
riesgo la vida de comerciantes, mujeres o niños.
Rodeado por los vecinos, el solitario malviviente se
desplazó hasta el techo de la casa ubicada en Dr. Luppi
1443. Enseguida varios móviles cercaron la manzana. Sin
alternativa para evadir la detención, el delincuente fue
arrestado por personal policial mientras una multitud se
agolpaba en el frente del domicilio aguardando su salida
y no precisamente con ánimo de darle una palmada en la
espalda.
EL
PELLEJO A SALVO
Más
policías fueron llegando a la cuadra. Intentaron alejar
a la gente pero no hubo caso. Se pusieron en dos filas
como si fueran a separar las aguas del río Jordán y
abrieron un camino para poder llevar al ladrón hasta el
móvil policial.
La
muchedumbre rugía. “Sólo faltaba EL CIVISMO”, dijo una
señora que le pareció extraño la ausencia de medios de
comunicación cubriendo un episodio sin antecedentes en
el barrio Lanusse y que será recordado por mucho tiempo.
Niños, jóvenes, adultos y ancianos, mujeres y hombres
esperaron a que pasara el delincuente con las manos
esposadas en la espalda, la cabeza gacha y el rostro
ocultado por una capucha.
Después de unos minutos, el momento esperado por muchos
finalmente llegó. Sin embargo, el trayecto se vio
interrumpido cuando el esposo de una de las víctimas
sorteó el cordón policial y comenzó a golpear al ladrón.
En un segundo, se sumaron todos los que pudieron.
Testigos del incidente no pudieron calcular con certeza
cuánta gente se reunió en pocos minutos ni el número
aproximado de personas que alcanzó a pegarle al
delincuente. Hablan de un centenar a la hora de estimar
la cantidad de vecinos que se solidarizaron con la dueña
del maxi kiosco y también de otras tantas que
descargaron su furia contra el amigo de lo ajeno.
Trompadas, patadas, golpes de todo tipo, recibió en la
cabeza, rostro y otras partes del cuerpo el solitario
hampón. Fueron varios los policías alcanzados por la
lluvia de piñas lanzada a mansalva por la gente mientras
intentaban protegerlo de la turba humana.
No
estuvo a salvo ni siquiera cuando la Policía logró
introducirlo a la patrulla. Otro grupo de jóvenes abrió
una de las puertas del móvil y aprovecharon para seguir
pegándole sin contemplación al por entonces desarmado,
reducido e indefenso sujeto.
Hasta
la bicicleta que el caco había olvidado en su afán por
escapar en “M & M” la ligó y fue destrozada en el marco
de ira de los vecinos.
La
paliza propiciada fue de tal magnitud que por poco el
ladrón no pierde la vida. Aunque esto no pasó, es
probable que el hombre no se olvide fácilmente de este
incidente. En el barrio esperan que le haya servido de
escarmiento y tras la golpiza confían en que no vuelva a
robar más en el vecindario.
“Si
lo soltaban un segundo, lo mataban”, agregó Jésica, y
justificó la reacción de los vecinos que salieron en su
ayuda pero a la vez entendió a aquellos que optaron por
mantenerse al margen de lo que estaba sucediendo. “Hubo
gente que no intervino por miedo a este tipo que estaba
armado y apuntaba”, reconoció.
TRANQUILIDAD ALTERADA
La
reacción de la gente puede ser entendida a partir de la
bronca acumulada en las últimas semanas por una
seguidilla de asaltos y robos a comercios y viviendas
particulares que alteró la relativa tranquilidad que
venía teniendo el barrio.
Hace
15 días varios jóvenes que se hacían pasar por
vendedores ambulantes aprovechaban para tantear
picaportes en las casas donde iban a vender mercadería o
simulaban hacerlo.
Bajo
esta modalidad lograron meterse en un par de domicilios
y desvalijar las viviendas antes de escapar en una
camioneta -que algunos indicaron que era de color roja-
que hacía las veces de apoyo.
Luego
llegaron los asaltos a los pequeños comercios donde el
asaltante, además de llevarse la recaudación del día,
actuó con violencia en la mayoría de los hechos. “Nos
agarraron de pichi”, contó Marisa, dueña de un almacén
en Dr. Luppi al 1500 y otra de las víctimas a las que
debieron darle un punto de sutura tras ser golpeada por
el mismo delincuente que perpetró el atraco en “M & M”.
IDENTIKIT
Alto,
delgado, de pelo oscuro y claritos en la nuca, tez
morocha, con marca de acne en rostro y bien vestido. Así
fue descrito el autor de los asaltos por varias de las
víctimas. En algunos casos, habría actuado bajo los
efectos de drogas pero en otros hechos lo hizo en total
estado de conciencia de sus actos.
Vecinos y comerciantes fueron atando cabos hasta
coincidir en un punto: se trataría de la misma persona
que robó en dos panaderías y en un almacén del barrio en
los últimos 15 días. Hay otro dato común: el ladrón
golpeó brutalmente a sus víctimas que siempre se trató
de mujeres indefensas que se encontraban del otro lado
del mostrador. No se descarta que haya sido el mismo
individuo que asaltó una carnicería y un negocio de
artículos sanitarios.
Desde
el sábado a la tarde Víctor Castellano, de 20 años, está
alojado en un calabozo de Luján Primera con el rostro
inflamado y casi desfigurado de los golpes que recibió y
con una causa por “robo” abierta por la UFI Nro. 13.
Fuentes policiales indicaron que tenía una réplica de
una pistola. También pudieron saber que hace poco llegó
de la provincia de Tucumán y se estableció en una
diminuta y precaria casilla ubicada en Pasteur entre San
Vicente y Sarratea, donde el Lanusse se confunde con la
Manzana 9B. Vivía a pocas cuadras de donde fue detenido
y golpeado después de ir a robar, al menos, por última
vez en el Lanusse. “Todo el mundo le vio la cara. En el
barrio no puede pisar más. Esperemos que no lo larguen”,
expresó esperanzada otra vecina. |