Sábado 3 de Mayo de 2008 - Edición 7374 - Edición digital: 0674

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Policiales

Intento de justicia por mano propia   

Barrio Lanusse: vecinos enardecidos golpean a un ladrón

Casi todo un barrio descargó su indignación contra un delincuente que se dedicaba a asaltar comercios y a pegarle a mujeres que los atendían.

Ocurrió el sábado al mediodía en el Lanusse donde también habita el sujeto que robaba y golpeaba a los vecinos.

La Policía logró detenerlo y rescatarlo de una muchedumbre furiosa que estuvo a un paso de lincharlo. 

”Pa, hay un ladrón en el techo”. El mensaje de texto tenía como destinatario al capitán de Policía, Carlos Benaghi. Eran las 13.03 del sábado cuando una de sus hijas se encontraba jugando en el patio de la casa y vio a una persona armada asomándose en el tejado.

El extraño visitante era un delincuente, el mismo que en una semana había asaltado en dos oportunidades el maxi kiosco “M & M”, ubicado en San Vicente y La Plata. Durante el segundo hecho, el asaltante golpeó salvajemente a una mujer y con una escopeta recortada le apuntó a una criatura de 5 años.

“Entró agresivo y me pegó una trompada, me tenía en el piso agarrada de los pelos. Se dio cuenta que lo había reconocido, que era chorro y que fue el que asaltó a mi empleada. No me dio tiempo a nada, me pedía la plata pero me tenía en el piso y me pegaba”, contó Jésica, que a pesar de no haber ofrecido resistencia sufrió golpes en distintas partes del cuerpo.

La agresión continuó en la vereda. Luego, el delincuente intentó huir pero dos jóvenes lo vieron escapar a pie y empezaron a perseguirlo hasta que le perdieron el rastro creyendo que se había escondido en un terreno baldío.

El ladrón no tuvo mejor idea que empezar a saltar de techo en techo hasta refugiarse en la azotea de la vivienda del jefe policial donde fue visto por la pequeña quien puso en aviso a su padre.

Ante el mensaje de una sus hijas, Benaghi ordenó a sus hombres que se dirigieran hasta su domicilio. Al mismo tiempo, más vecinos se sumaron a la búsqueda del ladrón. Estaban dispuestos a todo, como para dejar en claro que la paciencia de la gente se había colmado y no iban a tolerar que suceda un hecho delictivo más que ponga en riesgo la vida de comerciantes, mujeres o niños.

Rodeado por los vecinos, el solitario malviviente se desplazó hasta el techo de la casa ubicada en Dr. Luppi 1443. Enseguida varios móviles cercaron la manzana. Sin alternativa para evadir la detención, el delincuente fue arrestado por personal policial mientras una multitud se agolpaba en el frente del domicilio aguardando su salida y no precisamente con ánimo de darle una palmada en la espalda.

EL PELLEJO A SALVO

Más policías fueron llegando a la cuadra. Intentaron alejar a la gente pero no hubo caso. Se pusieron en dos filas como si fueran a separar las aguas del río Jordán y abrieron un camino para poder llevar al ladrón hasta el móvil policial.

La muchedumbre rugía. “Sólo faltaba EL CIVISMO”, dijo una señora que le pareció extraño la ausencia de medios de comunicación cubriendo un episodio sin antecedentes en el barrio Lanusse y que será recordado por mucho tiempo.

Niños, jóvenes, adultos y ancianos, mujeres y hombres esperaron a que pasara el delincuente con las manos esposadas en la espalda, la cabeza gacha y el rostro ocultado por una capucha.

Después de unos minutos, el momento esperado por muchos finalmente llegó. Sin embargo, el trayecto se vio interrumpido cuando el esposo de una de las víctimas sorteó el cordón policial y comenzó a golpear al ladrón. En un segundo, se sumaron todos los que pudieron.

Testigos del incidente no pudieron calcular con certeza cuánta gente se reunió en pocos minutos ni el número aproximado de personas que alcanzó a pegarle al delincuente. Hablan de un centenar a la hora de estimar la cantidad de vecinos que se solidarizaron con la dueña del maxi kiosco y también de otras tantas que descargaron su furia contra el amigo de lo ajeno.

Trompadas, patadas, golpes de todo tipo, recibió en la cabeza, rostro y otras partes del cuerpo el solitario hampón. Fueron varios los policías alcanzados por la lluvia de piñas lanzada a mansalva por la gente mientras intentaban protegerlo de la turba humana.

No estuvo a salvo ni siquiera cuando la Policía logró introducirlo a la patrulla. Otro grupo de jóvenes abrió una de las puertas del móvil y aprovecharon para seguir pegándole sin contemplación al por entonces desarmado, reducido e indefenso sujeto.

Hasta la bicicleta que el caco había olvidado en su afán por escapar en “M & M” la ligó y fue destrozada en el marco de ira de los vecinos.

La paliza propiciada fue de tal magnitud que por poco el ladrón no pierde la vida. Aunque esto no pasó, es probable que el hombre no se olvide fácilmente de este incidente. En el barrio esperan que le haya servido de escarmiento y tras la golpiza confían en que no vuelva a robar más en el vecindario.

“Si lo soltaban un segundo, lo mataban”, agregó Jésica, y justificó la reacción de los vecinos que salieron en su ayuda pero a la vez entendió a aquellos que optaron por mantenerse al margen de lo que estaba sucediendo. “Hubo gente que no intervino por miedo a este tipo que estaba armado y apuntaba”, reconoció.

TRANQUILIDAD ALTERADA

La reacción de la gente puede ser entendida a partir de la bronca acumulada en las últimas semanas por una seguidilla de asaltos y robos a comercios y viviendas particulares que alteró la relativa tranquilidad que venía teniendo el barrio.

Hace 15 días varios jóvenes que se hacían pasar por vendedores ambulantes aprovechaban para tantear picaportes en las casas donde iban a vender mercadería o simulaban hacerlo.  

Bajo esta modalidad lograron meterse en un par de domicilios y desvalijar las viviendas antes de escapar en una camioneta -que algunos indicaron que era de color roja- que hacía las veces de apoyo.

Luego llegaron los asaltos a los pequeños comercios donde el asaltante, además de llevarse la recaudación del día, actuó con violencia en la mayoría de los hechos. “Nos agarraron de pichi”, contó Marisa, dueña de un almacén en Dr. Luppi al 1500 y otra de las víctimas a las que debieron darle un punto de sutura tras ser golpeada por el mismo delincuente que perpetró el atraco en “M & M”.

IDENTIKIT

Alto, delgado, de pelo oscuro y claritos en la nuca, tez morocha, con marca de acne en rostro y bien vestido. Así fue descrito el autor de los asaltos por varias de las víctimas. En algunos casos, habría actuado bajo los efectos de drogas pero en otros hechos lo hizo en total estado de conciencia de sus actos.

Vecinos y comerciantes fueron atando cabos hasta coincidir en un punto: se trataría de la misma persona que robó en dos panaderías y en un almacén del barrio en los últimos 15 días. Hay otro dato común: el ladrón golpeó brutalmente a sus víctimas que siempre se trató de mujeres indefensas que se encontraban del otro lado del mostrador. No se descarta que haya sido el mismo individuo que asaltó una carnicería y un negocio de artículos sanitarios.

Desde el sábado a la tarde Víctor Castellano, de 20 años, está alojado en un calabozo de Luján Primera con el rostro inflamado y casi desfigurado de los golpes que recibió y con una causa por “robo” abierta por la UFI Nro. 13.

Fuentes policiales indicaron que tenía una réplica de una pistola. También pudieron saber que hace poco llegó de la provincia de Tucumán y se estableció en una diminuta y precaria casilla ubicada en Pasteur entre San Vicente y Sarratea, donde el Lanusse se confunde con la Manzana 9B. Vivía a pocas cuadras de donde fue detenido y golpeado después de ir a robar, al menos, por última vez en el Lanusse. “Todo el mundo le vio la cara. En el barrio no puede pisar más. Esperemos que no lo larguen”, expresó esperanzada otra vecina. 

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