Sábado 3 de Mayo de 2008 - Edición 7374 - Edición digital: 0674

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Links
Suplementos
Cartas de lectores
Opinión
Lujanenses en el mundo

Foro de discusión
Agradecimientos
Asambleas
Centro de jubilados
Cursos
Hallazgos y extravíos
Mensajes del Alma
Parroquiales
Sociales

Farmacias de turno
Teléfonos útiles Horarios de trenes
Guía de Profesionales
   

Cartas de Lectores

Carta abierta a la Dra. Rosso

El 11 de abril del corriente año se cumplieron 55 años de la fundación de la sociedad de fomento Ing. Eduardo Olivera y en su haber tiene, a través de los años, la forestación de calles; energía eléctrica; asfalto; centro de atención primaria con ocho consultorios totalmente equipados, con consultorio odontológico que consta con equipo de última tecnología y una habitación con baño en suite para casos de partos o accidentados que deban esperar una ambulancia. Correo y teléfono, red de gas natural, plaza y parquización del predio del ferrocarril y una última obra: un salón multiuso de 325 metros cuadrados.

Todo esto, claro, es el trabajo de tramitaciones en algunos casos para lograr la obra pública y en otros trabajar arduamente y recaudar para construir por sus propios medios lo que no se hace por medio de los gobiernos. En definitiva, las distintas comisiones con el correr de los años pretenden mejorar la vida de su pueblo para crecer con dignidad.

Si esto no ocurriera, si no existiera la vocación de servicio de los vecinos fomentistas, estoy segura que los pueblos y los barrios serían un desastre. ¿Por qué? Porque nadie como el vecino conoce la problemática del lugar en que vive.

Usted señora, cuando visitó Olivera en campaña política coincidió con este concepto y prometió trabajar en conjunto con los fomentistas de Luján, pero como siempre el discurso de campaña debe ser mentiroso. Y me consta, porque en estos cuatro meses de gobierno no pude lograr el diálogo, es más, lo intenté por escrito. Siempre pensé que hablando la gente se entiende, pero si una de las partes miente, no da respuestas ni en lo más mínimo y además manosea a las personas usándolas como idiotas... cuando uno pretende ejercer sus derechos usted declara la guerra abiertamente, al extremo de advertir que a la sociedad de fomento de Olivera no se le ocurra pedir nada.

El viernes 25 de abril llegó usted a Olivera con un operativo netamente político pero muy poco efectivo en sus resultados, al punto que en el descontrol se llevan camiones de tierra negra que estaban destinados a rellenar la plaza construida por la comisión de fomento con el dinero de los vecinos. Es ahí cuando yo cometo el delito de decirle a usted que así no se trabaja, que antes de sacar esa tierra se podía preguntar. Me contesta gritando desaforadamente que la tierra me la va a devolver pagándola de su bolsillo y le da la orden a Oscar Clarencio de reponerla (también a los gritos) para luego, gritando más fuerte, pedirme que me retire de su vista que no me quiere ver más (la tierra no apareció).

Señora, usted debería saber que está ocupando el cargo por el voto de los ciudadanos y que para ser gobernante y conducir, primero hay que nacer gente, sentir vocación de servicio, respetar para que la respeten. Créame que ante su autoritarismo injustificado rememoré la época oscura de la dictadura militar. Creo también que usted tiene un gran problema de inseguridad: según la psicología, cuando una persona le falta el respeto y trata de rebajar en público a otra que, además, apenas la conoce, es porque quiere demostrar ante los demás que es fuerte, que domina y manda.

El gobernante primero tiene que saber adónde quiere llegar, ponerse a trabajar sin odios ni rencores ni discriminaciones políticas, conducir con altura y educación, fundamentalmente tomando conciencia que las obras que pueda llegar a brindar a Luján no las hace usted, como me gritó. Las obras se hacen con el dinero del ciudadano que vive pagando impuestos y, además, cuando llegan las obras a su barrio las tiene que pagar, es decir que las paga dos veces.

Señora, sé que esta práctica autoritaria la realizó en otras sociedades de fomento y algunos presidentes renunciaron, quizás asustados bajaron la guardia. Éste no es mi caso, seguiré siendo fomentista y trabajando con mis compañeros de comisión sin descanso por mi querido Olivera, pero lamentando tener que esperar cuatro años para volver a votar.

¡Viva la democracia! ¡Viva el fomentismo!

 

Mercedes M. Paglia

Presidenta

Sociedad de fomento de Olivera


Un país de rodillas

Esta última semana se cometió un crimen horrible en el barrio Los Laureles -donde tengo domicilio- en el que fue brutalmente asesinada una joven de 19 años. ¿Sospechosos? ¿Incriminados? No sabemos. Lo que sí sabemos es que aún no hay nadie preso.

Un crimen TAN BURDO no puede ser un misterio insoluble para la Policía provincial, federal o cualquiera fuese la que hubiera que llamar para investigar.

Hace años que el barrio clama por seguridad, por tener un destacamento en lo que fuera la guardia de ingreso en el Instituto Alvear, hoy en desuso.

- No había vehículo disponible. Se compraron 32 móviles en 2007. Ninguno para Los Laureles.

- Se iban a re-organizar las cuadrículas (o algo así). Nada cambió para Los Laureles.

- A veces una patrulla pasa o se estaciona frente al supermercado del barrio, lugar muy concurrido y que ya ha sufrido numerosos atracos... como lo sufrieron muchos otros vecinos, permanentes o de "fin de semana".

Lo que es sorprendente es que el sábado 26 de abril se hizo una protesta por el esclarecimiento del crimen de Verónica y por la seguridad de todos nosotros.

¿Saben qué? ¡Ningún representante de la actual Comisión de Fomento estuvo presente!

Raro, ¿no?

Las malas lenguas aseguran que fue por un llamado telefónico que recibió uno de ellos y que los amenazaba con que, si iban, el barrio no tendría  ningún futuro "beneficio" del municipio: es decir, que nuestros impuestos no se transformarían en luz para calles oscuras, en mejoramiento del pavimento, en calles mejoradas, en veredas reparadas, en espacios abandonados desmalezados y convertidos en predios de uso comunitario, en apoyo a la Escuela 32 y al jardín de infantes (a construir), en gas (del que ya gozan nuestros vecinos de Valle Verde), etc.

Muy raro, ¿no?

Yo -francamente- no puedo creer que una intendenta que quiere diferenciarse de la anterior gestión; en un gobierno donde la presidenta se muestra tan solidaria con los humildes que ha resuelto construir un tren bala para que éstos puedan concurrir, a diario, con más rapidez y confort a sus trabajos: "de casa al trabajo y del trabajo a casa" (como bien dijera El General), pero si estos trabajos están ubicados en Rosario o Córdoba; con una nueva gestión en PAMI Luján que hace dos meses no entrega remedios sin costo a sus afiliados de más bajos recursos. Y para qué seguir...

No quiero hacer de la muerte de Verónica una cuestión política -ni que las autoridades lo hagan- ni que el accionar de la sociedad de fomento esté coartado por manejos político-partidarios. Entiendo que su función es representarnos a todos los vecinos, no importa qué bandera política tengamos ni qué partido gobierne.

Pero algo huele muy mal y, si no podemos resolverlo, por lo menos es importante que la mayor cantidad de personas esté enterada, sean de Luján o no, sean del gobierno o no, sean -tal vez- los que impidan que se cometan más crímenes, más robos, que se trafique más droga, que haya más impunidad, que suframos más amenazas veladas o directas... en fin, personas de bien que deseen poner -nuevamente- a este país de pie y no dejarlo como está hoy, de rodillas.

 

María Inés Ponte

landamarkmir@gmail.com


Nada es casual
No es casual que se viva una situación como la que nos toca vivir con esta quema de pastizales.

No es casualidad que en el lugar donde vivo, Jáuregui (Luján), una empresa multinacional del cuero nos contamine el aire día a día y no pase absolutamente nada de naaaaaaada.
No es casual que la gente en sus casas queme, como de costumbre, la basura y sus pastos, ¡total!
No es casual que los municipios quemen su basura y existan las quemas, ¡total!
No es casual que los piqueteros, en cualquier lugar, quemen cantidades de neumáticos, ¡total!
No es casual que nos sigan engañando, de uno u otro lado, buscando ventajas mezquinas que no tienen en cuenta el bien común del pueblo.
Vivimos hoy en un gran país empobrecido, fruto de la falta de educación y sediento de verdad y Justicia. Hasta Buenos Aires tendrá que cambiar su nombre porque todo huele mal. ¿Se acuerdan cuando decíamos que vivíamos porque el aire es gratis? Bueno, no es tan así... y lo estamos empezando a pagar caro, ¿no le parece?
Seguramente alguien va a venir a vendernos el oxígeno... Sí, sí, como el agua, señora, señor.
¡Claro que no es casual! En realidad todo esto es causal y la gran causalidad, promovida por algunos, no es más que nuestra gran pobreza cultural, nuestra ignorancia y nuestra falta de solidaridad. La culpa no es de unos ni de otros; la responsabilidad es de todos juntos, aunque algo nos hace mover cuando las cosas queman.
¡ARGENTINOS! Si sobrevivimos, una vez oxigenado el cerebro, propiciemos el cambio pero que sea empezando por cada uno de nosotros, participando de las propuestas comunes, pensando en beneficiar a todos.

Domingo E. Tellechea


¡Que la murga de “El Trébol” vuelva al barrio!

...”Suplico a usted/tome partido/para encontrar una solución/que bien podría ser la unión/de los que aún estamos vivos”... (Víctor Heredia)

Era de noche ya cuando los vi venir con los instrumentos al hombro y charlando, por la calle de tierra que está paralela a las vías. Es un grupo numeroso de jóvenes y chicos el que forma la murga “Los duendes de El Trébol”.

De entre ellos salió un “¡chau, profe!”, “Adiós, ¿qué pasa que no la vimos más?”... Me detuve, y como quien no quiere la cosa, les pregunté de dónde venían: me dijeron que ensayaban en el Poli, que ya no podían hacerlo en el barrio (del cual son oriundos y en el cual habitan), porque había habido una denuncia.

Incrédula y asombrada les pregunté si sólo era “una”, y me respondieron que sí, y que, debido a esto, las autoridades de control urbano los invitaron a ensayar en otro lado, lo cual implica que deban volver a altas horas, que los más chiquitos corran riesgos al cruzar la avenida y, sobre todo, que se sintieran tristes, mal, expulsados...

Una congoja mezclada con impotencia me cruzó el corazón al escucharlos. Yo también soy vecina de este querido barrio y lo conozco a Norberto, a Juan José, a Priscila... quizás a muchos otros cuyos nombres no recuerdo. Son pioneros en armar una murga barrial, tienen sus instrumentos en las casas de familia que rodean el campito y la sociedad de fomento que se les prestaba para ensayar, y lo hacían dos horas reloj, separadas en dos días de la semana, o sea, una hora cada día.

Cuando me despedí de ellos empecé a reflexionar, entre tantas cosas, sobre algunas que ahora escribo:

¿Tanto puede perturbarnos ese “ruido”, durante una hora, un día, si eso significa que nuestros chicos no estén en la calle, sino entusiasmados en una actividad que los hace felices y además los compromete a funcionar como un grupo solidario?

¿Hasta cuándo la intolerancia de siempre, que hizo que los argentinos escribiésemos páginas nefastas y terribles de nuestra historia y que, además, nos ha hecho tristemente famosos en todo el mundo, va a ganar espacio y poder por sobre la solidaridad, la comprensión, y la necesidad de lograr el bien común y de que todos tengamos derecho a un espacio de expresión?

¿Por qué el mundo adulto se queja de los adolescentes y de los jóvenes, cuando es ese mismo mundo hipócrita el que los expulsa y los margina?

¿Cuánto daño puede llegar a hacer a ese solo denunciante (anónimo, por supuesto) una hora de murga?

¿No hay otros “ruidos” en la sociedad que nos hacen más daño?

Estas y muchas otras preguntas me fui haciendo mientras volvía a mi casa y las figuras de los chicos se perdían por la calle Donatti.

Es mi deber decirlo: en ese encuentro les prometí que la gente sensible y humana del barrio (que gracias a Dios es mucha) íbamos a juntarnos para hacer lo posible para que volviesen a “El Trébol”, porque ellos son sus “duendes”, y esos seres mágicos de los cuentos, como ellos mismos se llamaron, no pueden ser nunca una molestia. Por el contrario, de los duendes sale la magia, lo maravilloso, la fantasía, la alegría, y tantas otras cosas que son “la sal de la vía” -como dice el dicho-, que quitan lo amargo, que brindan luz... Esa luz que tanto necesitamos si queremos contribuir a construir un mundo más equitativo, en donde todos tengamos espacio y no sean, como suele pasar lamentablemente, los callados o los débiles los que sean excluidos.

¡Qué regresen “los duendes” a “El Trébol”! Es mi deseo y es, además, un acto de justicia para con los chicos de nuestro barrio.

Ojalá muchas voces más se unan a la mía, por nuestros hijos, por nuestros jóvenes que aún son sanos, por las futuras generaciones, y porque construyamos una sociedad argentina mucho más tolerante: eso se logra, justamente, con el pequeño pero a su vez, enorme gesto de brindarle un lugar al vecino, a aquel que cada mañana puede tendernos una mano solidaria si lo dejamos acercarse, si no lo marginamos...

 

Andrea Pampín

 

Realizado para una visualización óptima de 800 X 600 px

Para reportar sugerencias o problemas técnicos referentes a este sitio, envíe un mail al webmaster haciendo click aquí

Diseño y Mantenimiento: Juan Carlos del Villar

EL CIVISMO
Directora: María Mercedes Márquez
Dirección: Dr. Muñiz 654 - (6700) Luján - Buenos Aires - Argentina
Teléfono/Fax: 02323 431801

El tiempo en Buenos Aires Observatorio - Predicción a 7 días y condiciones actuales.









Escríbanos

inicio