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Que cada cual atienda su juego
Para la salud comunitaria, sería
necesario que tanto el oficialismo como la oposición
bajen los decibeles, frenen sus rápidas expresiones y se
concentren en trabajar para lo cual fueron elegidos. Los
primeros para atender todo lo que implica gobernar una
ciudad. Los segundos para realizar un estricto control
de la gestión comunal y responder a los reclamos
vecinales que no encuentran eco en las autoridades.
Escrito de este modo, puede sonar básico,
elemental, como extraído de un manual del alumno
bonaerense. Sin embargo, los últimos acontecimientos en
los que se han enroscado los dirigentes oficialistas y
opositores, ameritan la humilde recomendación.
Desde el gobierno, tal como se informó en
ediciones anteriores, se habla ante la comunidad con más
suposiciones que certezas. La intendenta dijo que en
Luján, concretamente en materia de seguridad, “pasan
cosas no muy claras” y las vinculó con la política.
Prometió el desembarco de gendarmes y abrió el gran
interrogante sobre la tarea de las fuerzas policiales.
Si ante un incremento de casos de robos o asaltos en
ciertos sectores de la ciudad lo primero que se hace es
pedir ayuda externa, se debe presumir que se agotaron
los caminos o instancias más cercanas.
Lo cierto es que los gendarmes todavía no
llegaron, no se conocen los resultados de gestiones
realizadas ante autoridades provinciales y nacionales, y
queda flotando, aún sin respuesta, esa versión nacida en
la propia jefa comunal que indica que en Luján, para
perjudicar a un gobierno pero tomando como víctima a los
ciudadanos comunes, se pueden asociar fuerzas de
seguridad con dirigentes políticos. Si esta afirmación
resultara delirante, en todo caso sólo sería la
traducción de lo expresado días atrás por Graciela Rosso.
¿Y la oposición? Primero debemos dividir
a los opositores entre aquellos que fueron gobierno
durante mucho tiempo y los que hace décadas mantienen el
mismo rol.
Los primeros (el princismo), no le
encontraron la vuelta a la seguridad ciudadana en sus
doce años de gestión. Y el único plan a largo plazo que
salieron a aplicar contemplaba meterle la mano en el
bolsillo a los vecinos con el cobro de un fondo. Tanto
flancos criticables tuvo esa iniciativa que terminó en
los Tribunales de Mercedes.
Ahora, sentados más cómodos en el banco
de los opositores, los princistas piden respuestas,
exigen cambios y hasta apelan a los proyectos de
comunicación dirigidos al Departamento Ejecutivo, un
método que ellos siendo gobierno jamás tuvieron en
cuenta.
El resto de la oposición mantiene una
preocupante quietud que sólo se sacude cuando el tema
toma notoria trascendencia. ¿Qué propone la oposición
para mejorar la seguridad? ¿Siguen pensando como hace
años que todo se le debe exigir y se debe esperar de las
autoridades provinciales? No tenemos las respuestas y,
lamentablemente, parecería que ellos tampoco.
Lejos de estos planteos, el oficialismo
no duda en llamar a la Gendarmería y dejar latiendo
suposiciones. La oposición princista está preocupada
porque le dijeron que en la Municipalidad merodean
“entre 10 y 15 personas” que no se sabe de dónde
vinieron y qué función tienen, pero que, por las dudas,
califican como “grupos de tarea” o “parapolicial”. La
otra oposición quiere debatir el tema de la seguridad y
la noche con charlas en las escuelas.
Mientras tanto, Luján espera políticas
serias, concretas, palpables que certifiquen que el
Estado asume el rol que le corresponde y se preocupa por
el bienestar de la gente. |