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Una semana cargada de versiones y hechos
llamativos
El capitán Sergio Fiore se alejó de
Luján Primera
El miércoles un ex senador discutió
fuertemente con el capitán de policía en el interior de
la Comisaría.
Horas más tarde del incidente, el
titular de Luján Primera decidió dar un paso al
costado.
Su alejamiento se produjo 48 horas
después de una jornada en la que se mencionó con
insistencia la renuncia del “director de Seguridad” del
municipio.
Tras protagonizar un episodio que rayó
lo grotesco y que no está exento de suspicacias, el
capitán Sergio Fiore decidió dar un paso al costado como
titular de la Comisaría Luján Primera.
La decisión de alejarse del cargo que
ocupaba desde el 27 de enero, la tomó horas después de
haber mantenido un fuerte entredicho en el interior de
la dependencia policial con el ex senador provincial
Horacio Román.
Según varias fuentes que hablaron con EL
CIVISMO, el miércoles por la tarde Román se presentó en
la seccional con la intención de hablar con el comisario
de turno para expresarle sus quejas por la inseguridad.
Minutos antes, había sufrido un asalto la agencia de
lotería ubicada en San Martín al 200 que tiene contigua
a una de las farmacias que posee en esta ciudad.
Testigos que presenciaron el hecho,
aseguran que el ex legislador se dirigió con muy malos
modos a la oficial que estaba atendiendo la oficina
Guardia y, acto siguiente, ingresó en forma intempestiva
en el despacho destinado al subjefe donde en ese momento
se encontraba el capitán Fiore.
Román le recriminó a la autoridad
policial por la falta de seguridad en la zona céntrica.
En medio de insultos, acusó a los subalternos del
capitán Fiore de estar ocupados en negocios non sanctos
vinculados a darle protección a la prostitución como así
también al juego clandestino que se desarrolla a escasos
100 metros de la agencia de lotería robada, en lugar de
estar velando por la seguridad de la comunidad.
Sin saber quién era su interlocutor de
turno, Fiore no toleró la acusación e intentó marcar la
cancha. Pero Horacio Román fue más allá al decirle que
la intendenta tiene razón cuando afirma que sectores de
la Policía están detrás de los hechos delictivos que
vienen ocurriendo en Luján.
Estas palabras terminaron por colmar la
paciencia del jefe policial quien se paró de su silla de
manera nada cortés y encaró a Román sin saber la
historia política y los vínculos que tiene un ex senador
con el poder, la Policía y sectores de la Justicia.
Ante esta reacción del uniformado, el ex
senador retrocedió y en medio de un cruce de epítetos de
grueso calibre a viva voz, emprendió la retirada ante el
temor de que la acalorada discusión se convirtiera en
una escena de pugilato.
Según cuentan los que vieron el
incidente, Román hizo un par de pasos hacia atrás,
trastabilló y cayó en el hall de la Comisaría. Un vecino
que aguardaba en la sala vio todo, afirmaron fuentes
policiales. Román acusó a Fiore de haberlo agredido
físicamente. Tras la mediación de otro policía que se
acercó para calmar los ánimos, invitó al ex senador a
que hiciera la denuncia. Horacio Román accedió y dejó
asentado el relato de lo ocurrido, según su punto de
vista.
Luego de tomar conocimiento de quién era
Horacio Román, el capitán Sergio Fiore entendió que no
tenía ningún sentido seguir en el cargo. Si la cosa
venía mal, se agravó tras las declaraciones de la
intendenta Rosso en la reunión que mantuvo con
comerciantes. Este incidente fue la gota que colmó el
vaso.
Por estas horas, el capitán Carlos
Benaghi está al frente de la principal comisaría de
Luján y trata de hacer frente a una situación
extremadamente delicada tanto por la falta de recursos
materiales como humanos. Además, el malestar creciente
en el personal policial de bajo rango ya no se oculta al
ver con qué facilidad desde el poder político cambian
capitanes en poco tiempo. Mientras tanto cuestionan por
lo bajo y ponen en duda la eficacia y el poder de mando
de dos hombres a los que la intendenta todavía le da
crédito de confianza: el todavía “director de Seguridad”
y ex comisario inspector Julio Quintela, y el jefe de la
Distrital, inspector Hugo Santillán.
FIRME, POR AHORA
El alejamiento por propia decisión del
capitán Sergio Fiore se produce 48 horas después de una
jornada donde abundaron los rumores acerca de la
renuncia de Quintela.
El martes, los comentarios escuchados en
círculos policiales como en el ámbito político indicaban
que la intendenta Graciela Rosso le había pedido la
renuncia al ex candidato a intendente por el PAUFE en
General Rodríguez y amigo personal del hoy preso Luis
Patti, debido a que no habría colmado las expectativas
depositadas por la jefa comunal para que haga de nexo
entre la gente, el gobierno y la Policía.
Otras versiones -que partieron hasta de
funcionarios del propio gobierno- señalaban que había
sido Quintela quien habría puesto a disposición de Rosso
su renuncia, pero estimaban que la intendenta no se la
iba a aceptar, tal vez para no profundizar la crisis de
inseguridad que atraviesa el distrito por estos días.
El rumor fue tan fuerte por algunas
horas que hasta el propio Santillán dicen que lamentó la
partida –fallida- de Quintela. Salvo el jefe de la
Distrital, el resto de los policías por esas mismas
horas respiraban aliviados.
Sin embargo, quien suspiró finalmente
fue Santillán, y quienes siguieron masticando bronca la
mayoría de sus subalternos, al conocerse que Quintela
sigue en su puesto, al menos hasta este viernes, según
pudo constatar EL CIVISMO.
En medio de todo, desde el Departamento
Ejecutivo empezaron a sondear la posibilidad de que
regrese a prestar servicio en esta ciudad el inspector
Luis Correale. Para que esto se concrete deberían darse
una serie de condiciones como, por ejemplo, la salida de
Quintela.
Dos nombres en un libro
El periodista Ricardo Ragendorfer conoce
y describió en sus libros como pocos la historia y las
internas de la Policía Bonaerense.
Casualidades (o no), en “La secta del
gatillo. Historia sucia de la Policía Bonaerense”,
dentro de un mismo capítulo y con sólo tres páginas de
diferencia menciona tanto a Julio Quintela como a
Horacio Román.
Acerca del hombre que presentó el
curriculum y la intendenta Rosso le dio toda la
confianza para que se encargue del área de Prevención a
la Comunidad, Ragendorfer escribió los siguientes
párrafos que, posiblemente, el ex comisario no anexó
entre sus pergaminos:
“El crimen del chico de El Jagüel sacó a
la luz una hipótesis que sólo se mencionaba en voz baja
y con un hilo de temor: el posible funcionamiento de un
escuadrón de la muerte en Esteban Echeverría y Ezeiza,
conectado tanto con algunos comerciantes como con
dignatarios locales del poder político. Casi por
decantación fue tomando estado público que en los
últimos dos años habría otros cuatro adolescentes
–algunos, con prontuario- desaparecidos o acribillados
por balas policiales. Todo bajo la figura omnipresente
del sargento Giménez.
“Ariel Chávez, de 19 años, también
desapareció en esa zona desde la noche del 11 de
noviembre de 2000. Previamente fue golpeado, esposado y
subido a un móvil de la comisaría 1ª de Ezeiza, donde ya
había estado detenido.
“La desaparición de Ariel había tenido
ribetes inusuales. Horas después de aquel secuestro, un
amigo del intendente Alejandro Granados, el director
técnico del Club Tristan Suárez, Rodolfo Garayar, se
presentó en la comisaría 1ª para denunciar que minutos
antes Chávez lo había asaltado. “Testigo de aquel hecho
fue el subinspector Diego Cristian Pavón, quien
curiosamente está sindicado como uno de los policías que
levantaron al chico.
“Un amigo de Ariel presenció ese
episodio a la distancia, y también responsabilizó a los
suboficiales Eduardo Bogado, Juan de Dios Pozze, de la
comisaría 1ª y al inefable sargento Giménez, que por
entonces prestaba servicios en la 5ª de Ezeiza. Según
doña Zulema Cabral, la madre del chico, todos ellos
‘seguían directivas de los comisarios Carlos Dombrosqui
y Julio Quintela (jefe del Comando de Patrullas de
Ezeiza), quienes organizaban este tipo de acciones’.
“El mismo elenco policial, con Giménez a
la cabeza, también sería responsable de la desaparición
de Alcides Fernández, de 15 años. Alcides fue visto por
última vez el 3 de enero de 2002, mientras recogía
cartones. Ya había estado detenido en la 1ª, y
posteriormente su madre, María López, denunció que el
chico fue amenazado por personal de calle de esa
seccional. “Sus vecinos deslizaron que ‘comerciantes de
la zona pagaban para que la Policía limpie el barrio de
chorritos’. La abuela del menor, Natividad Molina, de 81
años, también apuntó sobre el intendente Granados, quien
habría mandado a golpear al padre de Alcides, Luis
Molina, porque ‘prefería trabajar de albañil y no
hacerle trabajos políticos’.
“El vínculo entre Granados y esos
efectivos de La Bonaerense se hizo explícito hace unos
meses, cuando el intendente designó como director de
seguridad municipal al comisario Quintela. Según sus
propias palabras lo hizo ‘con el propósito de fortalecer
los lazos profesionales con la policía’. Giménez sería
uno de los uniformados predilectos de Granados, ya que
en 1999 éste lo declaró ‘El mejor policía del
municipio’.
“En la comisaría 1ª de Ezeiza, tanto su
cuestionada cúpula como la patota de calle no tardaron
en ser transferida a otros destinos”.
Con este antecedente, no resulta extraño
que los policías de bajo rango califiquen a Quintela
como un ex integrante de la “Maldita Policía” o que
algunos funcionarios de Rosso digan que la intendenta no
se dá cuenta que “compró un lobo con piel de cordero”.
EL EX SENADOR
Sobre el ex senador Horacio Román, el
mismo libro dice que es “un personaje que regenteaba una
cadena de farmacias y jamás se le pudo probar que
vendiese medicamentos robados. Desde hace más de una
década es una suerte de operador permanente entre La
Bonaerense y el poder político de turno.
“El senador, un amigo íntimo y socio de
comisarios emblemáticos como Mario ‘Chorizo’ Rodríguez y
Domingo ‘Pinocho’ Lugos, supo moldear desde las sombras
el ansia y los deseos policiales más duros. Negoció el
reemplazo de Arslanián por Osvaldo Lorenzo, un sacapreso
suburbano, al que también había impulsado como juez en
Morón”.
En 2004, Página 12 publicó que Román
estaba siendo investigado por enriquecimiento ilícito.
El acaudalado ex senador provincial por el PJ que este
miércoles ingresó de forma iracunda por un robo menor en
uno de sus tantos comercios, presidió la Comisión de
Seguridad por más de una década. “Su poder en la policía
es determinante”, escribió el periodista Felipe Yapur.
“Fue denunciado en la Oficina
Anticorrupción (OA) por presunto enriquecimiento ilícito
de manejar desde su estratégica comisión nombramientos y
traslados policiales y de controlar jueces y fiscales
del fuero local. (...) Si la existencia de los bienes
queda comprobada a su valor real, Román se convertirá en
un caso extraordinario de movilidad social ascendente:
antes de llegar a ser dirigente del gremio mecánico y a
la política en un lugar de protagonismo, Román era
obrero de Deutz, donde limpiaba baños.
“Según los informes de Rentas de la
provincia de Buenos Aires, a los que Página/12 tuvo
acceso, Amalia Iglesias es la que figura como titular de
nueve de esas propiedades. Román sólo aparece como
propietario en una sola. Cuatro están ubicadas en Luján,
otras cuatro en Morón y dos en Hurlingham. Iglesias
figura además como dueña de una propiedad ubicada en
Luján donde funciona la farmacia San Martín juntamente
con la agencia de juegos Las Pibas”.
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