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Intercambio de disparos
entre matarife y delincuentes
Treinta
balas en un frigorífico

A
CENTÍMETROS DE LA MUERTE: las muecas en la pared
demuestran el poder de fuego cruzado durante el
enfrentamiento entre el matarife y los delincuentes.
Ocurrió el sábado al
mediodía en un frigorífico mayorista del barrio Lanusse.
Los delincuentes
estaban armados con pistolas de grueso calibre, se
movilizaban en una moto y en una bicicleta.
El dueño del comercio
repelió el ataque accionando una poderosa pistola
automática. De milagro, no hubo víctimas.
El dueño de un
frigorífico evitó que asaltaran su negocio al
enfrentarse a los tiros con tres jóvenes delincuentes que
estaban armados con pistolas de gruesos calibres.
La infernal balacera
ocurrió este sábado al mediodía y de milagro no hubo
muertos, aunque uno de los ladrones estaría herido en una
de sus piernas. Se estima que entre el comerciante y los
asaltantes intercambiaron unos 25 a 30 disparos.
Como hace nueve meses,
otra vez hampones llegaron al frigorífico Granja “El
Encuentro”, ubicado en la colectora de empalme de Gaona
y Ruta Nacional 5 al 2400. En aquella oportunidad fueron
cinco malvivientes quienes se llevaron una fuerte suma de
dinero y antes de escapar arrojaron gas pimienta a las
víctimas. Esta vez, el dueño no estaba dispuesto a
permitir que en un segundo le sacaran la recaudación de
todo un día de trabajo.
Al ser un frigorífico
que vende al por mayor, la sola presencia de los tres
jóvenes en actitud sospechosa que llegaron al lugar del
hecho en una bicicleta y en una moto de baja cilindrada y
de color rojo, llamó la atención del propietario.
Miguel Cassano se
encontraba en su oficina acompañado por una empleada
administrativa, mientras que otros tres trabajadores
despostaban carne en la parte de atrás del comercio
cuando irrumpieron los ladrones, todos a mano armada. Tal
vez, habían planeado cometer un robo “exprés” pero
se llevaron una sorpresa.
Según Cassano, se
trataba de personas jóvenes, de alrededor de 27 años.
Uno llevaba un buzo de color rojizo que enfiló hacia la
oficina con la pistola en una de sus manos. Los otros dos
se quedaron perpetrando el atraco en el sector de ventas.
La puerta se encontraba entre abierta. Cassano, detrás de
su escritorio. En un segundo, se desató el intercambio de
balas.
“El tipo tira y yo tiro
de una. De corazón, no quería matarlo. Pensé que se iba
a ir pero empezó a los balazos. Los tres estaban armados
y me tiraron con (calibres) 9 y 45 milímetros. Fue una
balacera infernal, el ruido era terrible”, relató el
matarife a EL CIVISMO.
Ante el primer disparo,
se puso de pie y empezó a gatillar. Una decena de
proyectiles perforó las paredes de su pequeña oficina.
Algunas destrozaron los vidrios, otras agujerearon los
escritorios. Ninguna dio en blanco humano. Para la
empleada fueron tres o cuatro minutos que se hicieron
interminables.
Cuando el fuego cesó,
todo era desorden. El aire se había enrarecido con olor a
pólvora mezclada con partículas de revoque en
suspensión. Las muecas en las paredes quedaron como
testigos de la gravedad que tuvo este episodio y los
casquillos de las balas servidas esparcidas por todos
lados.
Por unos instantes, hubo
silencio. Pero el enfrentamiento no había culminado. Los
delincuentes cambiaron de posición y empezaron a balear
la oficina mientras emprendían la retirada. Cassano,
seguía vaciando su cargador de 11 balas desde una de las
ventanas. En un momento vio a uno de los asaltantes caer
aparatosamente al suelo. Creyó que lo había herido de
muerte pero el ladrón se repuso, huyó rengueando en
dirección al predio de la UOM pero dejó olvidada la
bicicleta, mientras que a algunos de los integrantes de la
gavilla se les cayó el teléfono celular en el camino.
Por comentarios de vecinos, el matarife dijo a este medio
que los asaltantes serían personas que viven a pocas
cuadras del frigorífico.
PORTACIÓN DE ARMA
Miguel Cassano se
desempeña en un rubro donde está expuesto a fuertes
atracos. Por esa razón, tiene una poderosa pistola
automática calibre 40 que la sabe usar. Por miedo, ahora
la lleva consigo, aunque habitualmente no se separa muchos
metros de ella. “Siempre andamos con un arma o llevamos
escopetas porque te la quieren dar”, explicó Cassano en
referencia a la tenencia del arma.
Harto de tener que
trabajar en permanente estado de indefensión, un día le
hizo caso al consejo de un oficial de policía que le
recomendó armarse. Pero antes de usar la pistola debía
ir al Tiro Federal y tirar 50 tiros por semana. El hombre
le hizo caso en todo sentido, aunque en los últimos
cuatro meses no regresó al polígono de tiro. No
obstante, este sábado tuvo su “bautismo de fuego”.
“No tolero la impunidad. No quiero que estos negros de
mierda y drogados se lleven lo mío aunque me maten”,
expresó.
- ¿Cree que los
delincuentes actuaron bajo efecto de alguna droga?
- Pienso que sí, porque
no pueden tener tanto coraje.
- ¿La zona es
peligrosa?
- Muy peligrosa. Al lado,
han asaltado un par de veces.
- ¿Piensa que fue un
robo al voleo o que los delincuentes contaban con el dato
de que podían llevarse una suma fuerte de dinero?
- Pienso que venían a
llevarse lo que había. Además, si hubiera sido un robo
tipo comando no se arriesgan por poca plata.
- ¿Cómo se sintió
después de la balacera?
- Te sentís muy mal
porque estás lleno de errores. Esto que voy a decir hay
que entenderlo: lo tendría que haber matado y no soy un
asesino. La Policía me dijo que lo tendría que haber
matado porque era en defensa propia y porque el tipo no
vino a asustarme sino que vino a matarme y le importaba un
carajo que estuviese con un bebé. El tipo me tiró a
matar, lo que pasó es que no dejé que me apuntara porque
tenía bastante munición y otro cargador en el cajón.
Cuando terminó el tiroteo pude ver a mi empleada que
estaba viva.
- ¿Siempre tiró
desde la oficina o salió a buscarlos?
- Siempre tiré desde
adentro. Cuando se fueron en la moto, salí, pero no
tiré. Igual me tiraron tres o cuatro tiros que pegaron en
la pared. Si vienen otra vez, no tenga duda que me voy a
defender.
- ¿Qué reflexión
hace de lo que pasó?
- La lectura que hago es
que arriesgué mucho la vida de mi empleada pero en
ningún momento me arrepiento de haber tirado.
- ¿Temió por su
muerte?
- En un momento pensé
que me iba a pegar alguna bala porque no sabía dónde
estaban, pero no sentí miedo en absoluto. No hay que
dejarse absorber por el miedo porque el miedo te destruye.
Estaba muy concentrado en bajar al tipo. La conclusión
que saco es no haberle disparado el primer tiro certero y
no dejar que los otros tiren. Incluso, eso me lo
recriminaron las autoridades porque es un acto de
legítima defensa.
- ¿Es aconsejable
estar armado?
- Si tenés un arma, hay
que usarla. Es lo único que queda. La Policía ya no
puede más. Son pocos para lo que está pasando en Luján
y la verdad no sé qué es.
- ¿Coincide con lo
que dijo su empleada que no queda otra que hacer justicia
por mano propia?
- No queda otra. Pienso
que todo el mundo tiene que estar armado y así no
tendríamos delincuentes. Si la gente tuviera cierta
noción de cómo se maneja un arma, todo sería diferente.
Yo pensé que el tipo entraba con un arma para pegarte en
la cabeza pero no terminé de pensarlo cuando salió el
tiro de él y el mío. El error fue no haberle pegado y
haberlo dejado vivo. Hoy estamos hablando porque ese no
era mí día. Si te llega a pegar uno de estos
proyectiles, te destruye.
Agradecido
Miguel Cassano tiene
palabras de agradecimiento a la Policía por haber llegado
al lugar del hecho pocos segundos después de la balacera
y, pese a que no pudo dar con los autores del intento de
asalto, mostró predisposición para buscarlos por toda la
zona. |