Miércoles 21 de Mayo de 2008 - Edición 7379 - Edición digital: 0679

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Policiales

Intercambio de disparos entre matarife y delincuentes

Treinta balas en un frigorífico


A CENTÍMETROS DE LA MUERTE: las muecas en la pared demuestran el poder de fuego cruzado durante el enfrentamiento entre el matarife y los delincuentes.

Ocurrió el sábado al mediodía en un frigorífico mayorista del barrio Lanusse.

Los delincuentes estaban armados con pistolas de grueso calibre, se movilizaban en una moto y en una bicicleta.

El dueño del comercio repelió el ataque accionando una poderosa pistola automática. De milagro, no hubo víctimas.

El dueño de un frigorífico evitó que asaltaran su negocio al enfrentarse a los tiros con tres jóvenes delincuentes que estaban armados con pistolas de gruesos calibres.

La infernal balacera ocurrió este sábado al mediodía y de milagro no hubo muertos, aunque uno de los ladrones estaría herido en una de sus piernas. Se estima que entre el comerciante y los asaltantes intercambiaron unos 25 a 30 disparos.

Como hace nueve meses, otra vez hampones llegaron al frigorífico Granja “El Encuentro”, ubicado en la colectora de empalme de Gaona y Ruta Nacional 5 al 2400. En aquella oportunidad fueron cinco malvivientes quienes se llevaron una fuerte suma de dinero y antes de escapar arrojaron gas pimienta a las víctimas. Esta vez, el dueño no estaba dispuesto a permitir que en un segundo le sacaran la recaudación de todo un día de trabajo.

Al ser un frigorífico que vende al por mayor, la sola presencia de los tres jóvenes en actitud sospechosa que llegaron al lugar del hecho en una bicicleta y en una moto de baja cilindrada y de color rojo, llamó la atención del propietario.

Miguel Cassano se encontraba en su oficina acompañado por una empleada administrativa, mientras que otros tres trabajadores despostaban carne en la parte de atrás del comercio cuando irrumpieron los ladrones, todos a mano armada. Tal vez, habían planeado cometer un robo “exprés” pero se llevaron una sorpresa.

Según Cassano, se trataba de personas jóvenes, de alrededor de 27 años. Uno llevaba un buzo de color rojizo que enfiló hacia la oficina con la pistola en una de sus manos. Los otros dos se quedaron perpetrando el atraco en el sector de ventas. La puerta se encontraba entre abierta. Cassano, detrás de su escritorio. En un segundo, se desató el intercambio de balas.

“El tipo tira y yo tiro de una. De corazón, no quería matarlo. Pensé que se iba a ir pero empezó a los balazos. Los tres estaban armados y me tiraron con (calibres) 9 y 45 milímetros. Fue una balacera infernal, el ruido era terrible”, relató el matarife a EL CIVISMO.

Ante el primer disparo, se puso de pie y empezó a gatillar. Una decena de proyectiles perforó las paredes de su pequeña oficina. Algunas destrozaron los vidrios, otras agujerearon los escritorios. Ninguna dio en blanco humano. Para la empleada fueron tres o cuatro minutos que se hicieron interminables.

Cuando el fuego cesó, todo era desorden. El aire se había enrarecido con olor a pólvora mezclada con partículas de revoque en suspensión. Las muecas en las paredes quedaron como testigos de la gravedad que tuvo este episodio y los casquillos de las balas servidas esparcidas por todos lados.

Por unos instantes, hubo silencio. Pero el enfrentamiento no había culminado. Los delincuentes cambiaron de posición y empezaron a balear la oficina mientras emprendían la retirada. Cassano, seguía vaciando su cargador de 11 balas desde una de las ventanas. En un momento vio a uno de los asaltantes caer aparatosamente al suelo. Creyó que lo había herido de muerte pero el ladrón se repuso, huyó rengueando en dirección al predio de la UOM pero dejó olvidada la bicicleta, mientras que a algunos de los integrantes de la gavilla se les cayó el teléfono celular en el camino. Por comentarios de vecinos, el matarife dijo a este medio que los asaltantes serían personas que viven a pocas cuadras del frigorífico.

PORTACIÓN DE ARMA

Miguel Cassano se desempeña en un rubro donde está expuesto a fuertes atracos. Por esa razón, tiene una poderosa pistola automática calibre 40 que la sabe usar. Por miedo, ahora la lleva consigo, aunque habitualmente no se separa muchos metros de ella. “Siempre andamos con un arma o llevamos escopetas porque te la quieren dar”, explicó Cassano en referencia a la tenencia del arma.

Harto de tener que trabajar en permanente estado de indefensión, un día le hizo caso al consejo de un oficial de policía que le recomendó armarse. Pero antes de usar la pistola debía ir al Tiro Federal y tirar 50 tiros por semana. El hombre le hizo caso en todo sentido, aunque en los últimos cuatro meses no regresó al polígono de tiro. No obstante, este sábado tuvo su “bautismo de fuego”. “No tolero la impunidad. No quiero que estos negros de mierda y drogados se lleven lo mío aunque me maten”, expresó.

- ¿Cree que los delincuentes actuaron bajo efecto de alguna droga?

- Pienso que sí, porque no pueden tener tanto coraje.

- ¿La zona es peligrosa?

- Muy peligrosa. Al lado, han asaltado un par de veces.

- ¿Piensa que fue un robo al voleo o que los delincuentes contaban con el dato de que podían llevarse una suma fuerte de dinero?

- Pienso que venían a llevarse lo que había. Además, si hubiera sido un robo tipo comando no se arriesgan por poca plata.

- ¿Cómo se sintió después de la balacera?

- Te sentís muy mal porque estás lleno de errores. Esto que voy a decir hay que entenderlo: lo tendría que haber matado y no soy un asesino. La Policía me dijo que lo tendría que haber matado porque era en defensa propia y porque el tipo no vino a asustarme sino que vino a matarme y le importaba un carajo que estuviese con un bebé. El tipo me tiró a matar, lo que pasó es que no dejé que me apuntara porque tenía bastante munición y otro cargador en el cajón. Cuando terminó el tiroteo pude ver a mi empleada que estaba viva.

- ¿Siempre tiró desde la oficina o salió a buscarlos?

- Siempre tiré desde adentro. Cuando se fueron en la moto, salí, pero no tiré. Igual me tiraron tres o cuatro tiros que pegaron en la pared. Si vienen otra vez, no tenga duda que me voy a defender.

- ¿Qué reflexión hace de lo que pasó?

- La lectura que hago es que arriesgué mucho la vida de mi empleada pero en ningún momento me arrepiento de haber tirado.

- ¿Temió por su muerte?

- En un momento pensé que me iba a pegar alguna bala porque no sabía dónde estaban, pero no sentí miedo en absoluto. No hay que dejarse absorber por el miedo porque el miedo te destruye. Estaba muy concentrado en bajar al tipo. La conclusión que saco es no haberle disparado el primer tiro certero y no dejar que los otros tiren. Incluso, eso me lo recriminaron las autoridades porque es un acto de legítima defensa.

- ¿Es aconsejable estar armado?

- Si tenés un arma, hay que usarla. Es lo único que queda. La Policía ya no puede más. Son pocos para lo que está pasando en Luján y la verdad no sé qué es.

- ¿Coincide con lo que dijo su empleada que no queda otra que hacer justicia por mano propia?

- No queda otra. Pienso que todo el mundo tiene que estar armado y así no tendríamos delincuentes. Si la gente tuviera cierta noción de cómo se maneja un arma, todo sería diferente. Yo pensé que el tipo entraba con un arma para pegarte en la cabeza pero no terminé de pensarlo cuando salió el tiro de él y el mío. El error fue no haberle pegado y haberlo dejado vivo. Hoy estamos hablando porque ese no era mí día. Si te llega a pegar uno de estos proyectiles, te destruye.

 

 

Agradecido

Miguel Cassano tiene palabras de agradecimiento a la Policía por haber llegado al lugar del hecho pocos segundos después de la balacera y, pese a que no pudo dar con los autores del intento de asalto, mostró predisposición para buscarlos por toda la zona.

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