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Perros, drogas y golpiza
Un hombre murió como
consecuencia directa de una golpiza que se dio en
circunstancias hasta ahora no detalladas. Es muy probable,
además, que jamás se sepan esas circunstancias y mucho
menos se logre dar y castigar a los responsables del
hecho.
¿Por qué tanta
negatividad? Porque el hecho al que se hace referencia
ocurrió en el Hospital Interzonal Domingo Cabred,
dependiente de modo directo del Ministerio de Salud de la
Provincia de Buenos Aires.
El organismo estatal
está lo suficientemente lejos como para atender las
problemáticas del lugar. Lo máximo a lo que se puede
aspirar es a la designación de un profesional como
director, cuyo objetivo será mantener calma las aguas.
En “Cabred”, con
diferencia de muy escasos días, hubo dos ataques de
perros salvajes a pacientes del nosocomio y uno de ellos
perdió la vida. El otro logró zafar porque gritó a
tiempo.
Los perros deambularon
por el mismo sitio en el que la Policía encontró drogas
preparadas para su fraccionamiento y venta, actividad
ilegal por la que fueron detenidos dos empleados del
Hospital.
Borrón y cuenta nueva.
O, expresado en términos formales, designación de un
interventor por dos meses para que vuelva a reinar la
calma puertas afuera, sin importar demasiado qué ocurre
puertas adentro.
En esa etapa se encuentra
el Hospital en la actualidad. El primer interventor
designado después de los indescriptibles casos de los
perros y el hallazgo de estupefacientes fue resistido por
los gremios. Como la idea de fondo es que reine la calma,
se cambió el nombre del designado.
No será extraño contar
que pasaron los 60 días y nada profundo se modificó en
el Hospital.
Aunque suene extraño o
chocante, sin dudas debe ser el desamparo de los internos
de establecimientos como “Cabred” el que ayuda a
atenuar el impacto de las noticias. Porque lo que ocurre
es terrorífico y lo que se afirma desde diferentes
estratos tiene un innegable tono de corrupción.
Cuando se supo del
hallazgo de drogas, por ejemplo, el secretario general de
la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) filial
Luján, Julio César Acedo, dijo que hacía tiempo que se
denunciaban situaciones relacionadas con la
comercialización de drogas. Se recordó que un juez
intentó avanzar sobre esos ilícitos y según Acedo “la
esposa del entonces gobernador Felipe Solá” se puso a
disposición del director y le dijo que si lo molestaban
con investigaciones judiciales, que le avisara que ella
bajaba y se terminaban las molestias.
Palabras más o menos,
eso expresó un dirigente gremial y nadie pareció
inmutarse. Todo siguió su ritmo y por exclusiva
consecuencia de una seguidilla de hechos impresentables se
cambió al titular del establecimiento de salud.
Aquellos que no responden
a intereses ocultos, a segundas intenciones y que sólo
aspiran a un Hospital en el que se atienda a los pacientes
como corresponde, no deben resignarse a aceptar las
atrocidades (perros, drogas y golpizas) como lógicas. |