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No siempre escoba nueva barre bien
En los últimos días hemos visto y
escuchado los tires y aflojes entre las autoridades
municipales, a nivel del ejecutivo y del legislativo, y
distintos medios locales y capitalinos acerca del tema
del basural.
Si algo podemos decir a favor de los
primeros es que es un problema de larguísima data y que
por lo menos vemos algunos atisbos de futura solución,
aunque aun no debe haber una planificación adecuada
porque de lo contrario hubiera sido muy simple presentar
los planes y evitar suspicacias.
Pero se han impuesto (las propias
autoridades) fechas límite y ya se sabe: uno es dueño de
sus silencios y esclavo de sus palabras.
Ahora quiero referirme al otro basural,
del cual cada día se habla más; está mucho más cerca y
las autoridades parecen ignorarlo totalmente.
Es el centro de la ciudad.
Nunca (tengo sesenta y cinco años),
nunca, repito, he tenido que sufrir semejante cantidad
de mugre acumulada por días y días.
San Martín debe ser la más limpia, pero
por obra de sus comerciantes que la limpian día a día.
Si no lo cree pase un domingo a la mañana.
Francia, Italia, Rivadavia, Colón,
Lavalle, 25 de Mayo y un etcétera muy largo, ofrecen a
la vista de locales y visitantes un sinnúmero de
irregularidades que nadie responsable ve.
Trozos de cordones rotos, generalmente
donde es habitual el doble estacionamiento.
Basura acumulada que permanece días y
días sin que nadie la levante.
Veredas con verdaderos pastizales.
Hasta me he tomado el trabajo de
controlar una bolsa de pelos (obviamente el barrido de
alguna peluquería cercana), rota y desparramando su
contenido desde hace (a la fecha 17/5) por lo menos
veinte días en el lugar, Lavalle y Rivadavia.
Las aceras están limpias sólo donde las
amas de casa han tomado la costumbre de embolsar tierra,
papeles, etc., y meterlas en su casa para sacarlas junto
a la basura diaria.
Se acabaron los planes, se acabaron las
escobas, se acabaron las ganas. ¿Tan pronto?
Creo sin temor a equivocarme que cuando
el pueblo de Luján votó en mayoría a las nuevas
autoridades no lo hizo por currículum, deslumbramiento o
por alguno de los motivos que habitualmente generan un
cambio.
Lo hizo de puro aburrido de un régimen
inactivo, estancado, envuelto en su propio capullo y
creído dueño de la pelota.
Si las actuales autoridades continúan con
estas actitudes, no videntes de la realidad, correrán la
misma suerte. O peor. Antes de tiempo.
Han pasado más de ciento cincuenta días
de su asunción.
Cuánto más habrá que esperar para el
comienzo de su “gestión”.
Rubén De Cicco
El inhibido
(Drama en cuatro actos)
Acto 1º: Vendo mi casa (única a mi
nombre).
Acto 2º: Al tratar de firmar el boleto de
compra-venta me informan en la inmobiliaria que me
encuentro inhibido y con un embargo de 23.000 pesos por
deudas con Rentas provincial.
Acto 3º: Previa resucitación cardíaca,
recupero el aliento y digo con un hilo de voz: -¡Pero si
está todo pago! (y muestro los recibos pertinentes).
Acto 4º: Lugar... oficina de Rentas
Luján.
Empleada: Sí señor (dice la gentil
empleada), tiene un juicio de Rentas por una deuda de
una casa suya en Pueblo Nuevo (Tropero Moreira 3...).
Disculpe, digo así sonriendo de nervios,
pero lo único que tengo cerca de allí es a mi tía Elsa,
¡no tengo ni tuve nunca una casa!
- Empleada: ¡Bueno señor, pero en Rentas
figura a su nombre!
- Dígame la verdad (continúa la empleada
con sonrisa cómplice y guiñando un ojo) ¿No tiene una
casita en P. Nuevo?
Cuento hasta cien y salgo para buscar un
abogado.
Epílogo: a toda institución, Rentas,
persona física o jurídica que desee perpetuar mi nombre
en una casa, auto, etc., que por favor éstas carezcan,
en lo posible, de deudas.
Les presto el nombre, lo que no me gusta
es estar inhibido.
Gracias por su comprensión.
Rubén De Lucía
Rutas de la muerte
Nuevamente nuestras rutas se tiñen de
sangre. Nuevamente la tragedia nos conmueve a todos.
Pero nunca nos moviliza. Nos preocupa verlo en TV y
escucharlo en radios pero no hacemos nada por
solucionarlo. Les echamos la culpa a las llamadas “rutas
de la muerte”, a los buses de dos pisos, a los autos
modernos, etc., cuando en realidad la culpa es cien por
ciento nuestra.
Semáforos que se violan, señales y
carteles que no se respetan, todas son actitudes de
gente que no tiene consideración por la vida. La
ESTUPIDEZ es la principal causa de muerte por accidentes
de tránsito. La estupidez de quienes manejan de forma
imprudente. Fabricamos autos que tienen velocidades
máximas que llegan a los 200 km/h en un país cuyas rutas
y autopistas no se permite superar los ¡130 km/h!
Nuevas leyes se sancionan para prevenir
accidentes, pero las leyes por sí solas, en un país que
tiene una gran tradición en violarlas, no sirven. El
registro por puntos es un buen comienzo pero sólo eso...
un comienzo. Aunque convendría empezar desde cero.
Una buena forma sería el
reempadronamiento y digitalización de los registros de
conducir de todo el país, obligando a todo el mundo a
dar el examen de manejo nuevamente. De seguro mucha
gente que aprovechó favoritismos con funcionarios de
turno y/o ambigüedades legales quede en el camino, si
vale la metáfora.
Multas astronómicas serían otra
solución. Es sabido que la gente se concientiza cuando
le ponen la mano en el propio bolsillo. Es tiempo de
ponernos a trabajar en serio por un país en serio.
Nicolás Zaia
Niebla y humo
Son las 5.25 del día martes 13 de mayo de
2008. Salgo de mi casa camino al trabajo como casi todos
los días del año.
Mi destino es de Torres a Luján.
Hoy, como muchos días del año, vuelve a
ver niebla y humo; cuando llego a la rotonda de Open
Door me desvían a la ruta 6. Demás está decir que había
la misma, más o menos visibilidad que en la 192, ¿pero
eso en realidad a quien le importa? si en realidad ellos
cortan la ruta 192 para que no se accidente nadie... Si
a mí me pasara algo en la ruta 6 no sería problema de
ellos. ¿No?
Yo me pregunto, ¿si en vez de cortar la
ruta la pusieran en condiciones? Ya sea: reparar,
demarcarla, iluminarla, etc. no sería más conveniente y
beneficioso para los vecinos de estas localidades y
todos los usuarios.
Perdón por este comentario, pero me
parece que ya es hora de dejar pasar estas cosas tan
importantes por alto.
Sólo un vecino más.
Pedro E. Sosaya
Al Consejo Escolar
No tengo cómo darles las gracias por
todo lo que hicieron el 7 de abril cuando fui a realizar
un trámite antes de ir a la ESB Nº 13, del barrio
Ameghino, y sufrí un accidente en ese lugar. En estos
momentos se conoce realmente a las personas.
Fue bastante doloroso y debo hacer
mucho reposo; pero la calidez humana de esa oficina en
general, y una directora de Inicial que me hizo todos
los papeles de la ART (le pregunté su nombre y me
contestó: “Negrita, eso no viene al caso”, qué humilde,
servicial, cariñosa, amable, etc.), al igual que el
personal de Consejo que estaba en ese momento fue
maravillosa
No me quiero olvidar de nadie: Javier
Baliani y Ricardo; Hilda Gigante, Ángela de Pereira,
Haydee, Manuela Ruiz, la secretaria técnica María Laura
y administrativa Fernanda, las personas de las oficinas
de la parte de atrás que a veces no se ven y hacen
mucho.
A pesar de mi gran dolor porque me
bajaba la presión del golpe que tenía, escuché el nombre
“Mercedes López Arce”, era la directora que jamás me
dejó de alentar; ¡Vamos, dale aguantá! Que ya te llevan
para la clínica. Así fue como llegaron los bomberos y
fui trasladada. También les agradezco el servicio
brindado y cómo me hablaban para que olvidara el dolor
que llegaba a descomponerme.
Todos me ayudaron, Gladys Gómez
(presidenta), María Laura (secretaria técnica), Gabriela
Colombati (empleada del lugar), una profesora de danzas
“Kiku” Silvia Falcione, compañera del colegio. “Todavía
quedan profesionales” en este trabajo tan manoseado,
vaqueteado y criticado por la sociedad. Grandes
personas. Mil gracias a todos.
María Teresa Gazzotti
Tío, ¿me hacés el cuento?
¿Quién, alguna vez, no fue víctima del
“Cuento del Tío”?
Señor, me faltan... pesos para comprar el
remedio para mi nene.
Señora, hace una semana le di y antes de
ayer también, ¿cómo sigue su nene?
No, ahora es para mi suegra.
Y, como ése tantos otros que nos hacen
caer por ingenuidad o por sentimiento de caridad. Pero,
a veces, es como si fuera que te hacen entrar de buena
fe o por una cuestión lógica. Y eso me pasó hace años,
bastantes, como le habrá sucedido a más de uno de
nuestros lectores.
Llegó la TV por cable a la cuadra de
casa, en un anterior domicilio y nos entusiasmó la idea,
aunque, de no pagar por ver sólo los canales de aire, a
los más o menos $19 mensuales de aquella época, quizás
por el año 1990 y pico, parecía mucho, pero el
razonamiento del promotor lo hizo encontrar aceptable: “No
hay cortes publicitarios”, pasan películas
cinematográficas variadas y series y los partidos de
fútbol y...”.
¡Qué bueno! lo contrato.
En aquel entonces, los abonados éramos
muchísimo menos de los que hoy lo somos, muchísimo
menos.
Pasó algo de tiempo, aparecieron los
cortes publicitarios, muchas veces de tanta o más
duración que lo que nos interesa ver y oír; las
películas, siempre las mismas, salvo algunas
excepciones: a veces se repiten en varios horarios del
día, quizás, en diferentes canales y, para ver “esos”
partidos de fútbol de más interés o para ver películas
más actuales (o no), hay que pagar adicionales.
Entonces: ¿es que me hicieron “el Cuento
del Tío”? o, quizás, utilizan el criterio: o me quedo
con lo que me acostumbré y pago sin la posible
alternativa de pasar a una empresa de competencia, ya
que tienen más o menos las mismas tarifas y canales, o
me conformo con colocar una costosa antena para ver sólo
los de aire, con el riesgo de que se capten bien o no.
Esas empresas, para transmitir, se valen,
seguramente, de una central y de repetidoras, o como se
las llame, y me imagino (con un acotado y remoto
conocimiento sobre el tema) los mismos sean para 1, 100,
1.000 o la cantidad de abonados que incorporen.
Es comprensible que necesitarán más
personal administrativo y técnico para atender a los
usuarios (¿necesitó de servicio técnico frecuente? se
supone que no) y para sus propios equipos, pero la
proporción entre los abonados y el personal ¿será la
misma? NO, muchísimo menos el personal, en relación.
Ahhhh; además, la publicidad la cobran a
los avisadores y los valores no son nada despreciables,
¿verdad?
Entonces, ¿por qué es tan exagerado el
abono del servicio?
En resumen: siento que, de algún modo,
fui objeto de un “Cuento del Tío”; podría prescindir,
pero llega el momento de las consideraciones: la
costumbre, la buena imagen en la pantalla, los programas
de interés que no pasan los de aire, los chicos, los
nietos y todo lo demás, nos mantienen enganchados, pero,
cada vez, al recibo de la factura. ¿No es como para
pensar que es un abuso? y... cuando se interrumpe el
servicio ¿por qué no llega un descuento en la factura
siguiente?
Guillermo Busso |