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Los roles están confundidos
¿Qué ocurre entre la política local, las
autoridades provinciales y la Policía? ¿Acaso Luján
tiene que acostumbrarse a leer con naturalidad crónicas
sobre situaciones que no deberían ser aceptables?
Esta semana hubo cambio de titulares en
la Distrital Luján de la Policía Bonaerense y en la
Comisaría Luján Primera, este último con un enroque que
obliga también a buscar un nuevo capitán o capitana para
Luján Segunda.
Desde que Graciela Rosso asumió la
Intendencia, tal como se detalla en nuestra nota de la
página 25, cuatro capitanes pasaron por la Comisaría
Luján Primera. Cuatro jefes en apenas cinco meses de
gestión.
Los protagonistas directos de las
noticias expresan, sin demasiado hermetismo, que desde
la política local se gestionan altas y bajas en las
fuerzas de seguridad y que hay funcionarios que se
reúnen con los jefes policiales para analizar la
conducta o los antecedentes de los “vigi”, entre otras
cuestiones que no se tendrían que aceptar como normales.
El listado de situaciones preocupantes
pone a la seguridad lujanense en alerta rojo, no sólo
por la cantidad e intensidad de los hechos delictivos,
sino también por los “tejes y manejes” que se realizan a
espaldas de la gente.
Sin ir más lejos –y hasta ahora, sin
consecuencias judiciales- la propia jefa comunal dijo
ante decenas de comerciantes que tenía indicios de
relaciones “non sanctas” entre sectores políticos y
policiales.
Abundan los ejemplos. El capitán Sergio
Fiore se alejó de su cargo luego de discutir con un ex
senador justicialista. La intendenta Rosso se enojó con
el accionar policial y en la noche de Navidad fue a la
comisaría a desafiar al titular de turno. Los policías
no ocultan sus diferencias con el elegido por la
intendenta para manejar la seguridad comunal y exhiben
sus antecedentes. La intendenta no se siente a gusto con
el trabajo de la Policía y en lugar de gestionar mejoras
en recursos directamente golpea las puertas de Nación
para pedir la llegada de más gendarmes. La capitana que
asumió en Luján Primera aceptó el cargo porque desde la
Casa Municipal se le aseguró respaldo y el desembarco de
Luis Correale en la Distrital. Sin embargo, a horas de
tomar la responsabilidad, no niega su intención de
renunciar. “A Correale lo bajó la ex legisladora”, dicen
las voces políticas y policiales, agregando aún más
barullo.
Los roles y las funciones están
confundidas. Lo que ocurre es que mientras las aguas se
mantengan calmas, todos parecen beneficiarse con los
acuerdos secretos.
No se trata de historias nuevas. Los
acuerdos a puertas cerradas ante autoridades políticas y
policiales merecerían páginas y páginas de historias y
se toman casi como una costumbre. Pero no por ello dejan
de ser incorrectas.
Es evidente que tanto los policías como
las autoridades políticas confunden apoyo y/o respaldo
con condicionamientos; gestiones con acuerdos. Hasta que
esto no cambie y cada uno se ocupe de lo suyo,
respondiendo pura y exclusivamente a sus superiores, el
álbum de figuritas con los jefes policiales de la zona
seguirá sumando caras. Y los ciudadanos quedarán como
espectadores de las idas y venidas de jefes y más jefes.
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