|
Desde Luján recordamos la
Revolución de Mayo
1810-25 de Mayo-2008
Escribe María Teresa
Tartaglia de Silvano
La fecha patria que
recuerda el 25 de Mayo de 1810, puede ser una buena
ocasión para acercarnos al edificio del Cabildo de la
Villa de Luján y reflexionar a partir de él sobre el
significado del período que nos disponemos a conmemorar.
Muchas veces pasamos frente al Cabildo demasiado
apresurados o indiferentes, porque es parte de nuestro
paisaje y andar cotidiano, y no nos detenemos para entrar
al Complejo Museográfico y encontrar un significado
cercano y testimonial a Mayo de 1810, a través de los
objetos de este tiempo o sólo para admirar esta
construcción colonial pampeana, testigo de
acontecimientos que unen los hechos nacionales con Luján.
¿Qué es importante
saber?
El Cabildo de Luján fue
una institución creada en enero de 1756, consecuencia de
la creación de la Villa de Luján (1755), y comenzó a
sesionar en casas particulares; su construcción fue
terminada alrededor de 1800. Desempeñó un rol político,
administrativo, económico, de inspección, vigilancia y
seguridad, defensa de la población, celebración de
festividades civiles y eclesiásticas y todo lo
relacionado al interés público antes que se concluyera
su casa.
¿Desde nuestra mirada a
la Casa-Cabildo de nuestra Villa o a la institución como
tal, podemos pensar y reflexionar acerca de la Revolución
de Mayo?
Es un Monumento
Histórico Nacional junto a la mal llamada Casa del
Virrey, que era en realidad el Real Estanco de Tabaco.
Todo patrimonio habla de una época, de una
realidad social, expresa ideas políticas, sociales,
económicas, militares, culturales, de la vida cotidiana,
y nos permite elaborar redes de los tiempos que indagamos.
El Cabildo de Luján precisa existencias de diversas
épocas y puede llevar nuestro pensamiento a 1810. Si esto
lo unimos a los objetos del Complejo Museográfico
provincial Enrique Udaondo (inaugurado como museo el 12 de
octubre de 1923), no dudemos que es un acervo que al
conservar el ayer permite que cada uno, desde su propias
ideas, pueda interpretar un mensaje que será renovado y
nuevo según lo preguntemos desde nuestro presente. El
patrimonio no cambia, se modifica la comunicación con
nuestro contexto y pensamiento.
Enrique Udaondo,
en su libro Reseña histórica de la Villa de Luján,
escribió que el Cabildo de Luján recibió una circular
del gobierno patrio, enviada a los cabildos del interior,
fechada el 27 de mayo, en la que se comunicaba los fines
de su instalación con algunas proclamas. La misma
expresaba que la Junta Provisional había sido reconocida
por todas las corporaciones “y
no duda que el celo y patriotismo de V.S. allanarán
cualquier embarazo que pudiera entorpecer la uniformidad
de operaciones en el distrito a su mando, pues no pudiendo
ya sostenerse la unidad constitucional sino por medio de
una representación que concentre los pueblos por medio de
representantes elegidos ellos mismos, atentaría contra el
estado cualquiera que resistiere este medio producido por
la triste situación de la Península, y único para
proveer legítimamente una autoridad que ejerza la
representación del Señor don Fernando VII”.
¿Qué actitud tomaron
los cabildantes de la Villa de Luján?
- Señores Esteban de
Torres, Francisco Rocha, Andrés Migoya, Estanislao José
Aguirre y Manuel Ramón de Basabe: prudencia y cautela,
buscaron asesorarse, quisieron estar al tanto de lo
acontecido para después proceder. Luego de conocer los
acontecimientos de Mayo y la formación de la Primera
Junta de Gobierno, en la sesión del 2 de junio
se reunieron y expresaron el obedecimiento a la Junta y
mandaron celebrar una misa cantada con Te Deum, invitando
a los vecinos de la Villa a asistir. El juramento de
fidelidad del vecindario se tomó en la plaza Real o
Constitución (Plaza Belgrano).
Udaondo escribió: “Debemos
hacer constar que esa fue la primera respuesta que tuvo la
Junta de un pueblo del interior, si bien es cierto que era
el más próximo”. Esta fue una razón, la
proximidad con Buenos Aires, pero el hecho ocurrió y así
el Cabildo de la Villa de Luján fue la primera
institución que juró fidelidad al gobierno patrio.
A partir de 1812,
el Cabildo de Luján fijó la conmemoración del 25 de
Mayo, cumpliendo una orden que llegaba del Superior
Gobierno de Buenos Aires. En la Villa la celebración
se efectuaba el 24 de mayo a las 4 y media de la tarde con
un Te Deum, y el 25 a las 10 de la mañana con una misa
Solemne y se concluía con un Te Deum: a estos actos
debía asistir el cabildo “vestido en cuerpo, quien
diputará a uno de sus miembros para que en tiempo
oportuno oficie al Cura de esta Villa, anunciándole
la proximidad de esta función, y los actos de Iglesia que
deban practicarse en esos días: e igualmente convide a
todos los vecinos y residentes de este pueblo,
suplicándoles la asistencia a la celebridad expresada a
tributar debidamente gracias al Altísimo, en
beneficio de la protección que ha manifestado en proteger
la justa causa de nuestra libertad” (...) El
Alcalde por bando debía anunciar al pueblo estas
celebraciones y pedir a los vecinos “que las noches
del 24 y 25 de mayo iluminen sus pertenencias bajo la
multa de 4 pesos al contraventor, los que se aplicarán
a gastos de esta celebridad, así mismo se ordenarán
el cierre de las casas de trato y tiendas y canchas
durante el Te Deum del 24 y acción de gracias al Todo
Poderoso en la mañana del 25, bajo multa de 25
pesos a contraventor (si reincidiera se lo
castigará y tratará como enemigo de nuestra
causa) (...) Quince días antes se debía enviar estas
noticias a los Alcaldes de la Santa Hermandad que tenían
a su cargo los pagos bajo la autoridad del Cabildo de
Luján y pedir que dentro de sus jurisdicciones se
realizaran también estas celebraciones y la iluminación
de sus pertenencias. El Cabildo de la Villa también se
iluminaba y en muchas oportunidades se realizaban juegos
en la plaza Real, hoy plaza Belgrano. Más adelante se
unirán a esta conmemoración los bailes en la planta alta
del Cabildo, reuniendo a los vecinos más importantes del
lugar, mientras el pueblo bailaba en la plaza. Hacia 1870
eran fiestas populares cuyo eje era la diversión del
público y se realizaban carreras de sortijas, palos
enjabonados, toda clase de juegos de suerte, fuegos
artificiales. A partir de 1881 se celebró la fecha
presidida en Buenos Aires por el gobierno nacional, y el
desfile militar luego del Te Deum. Esto nos demuestra que
cada conmemoración se iba desarrollando de acuerdo a las
épocas y las necesidades políticas de ellas.
Estos datos son recuerdos
que nos llevan al ayer de la Villa de Luján y a nuestros
propios recuerdos de la celebración de los Te Deum (25 de
Mayo y 9 de Julio), costumbre que se perdió en la ciudad,
y que sería importante revalorizarla como forma de
acercar a los alumnos a nuestras tradiciones lujanenses.
Así como rescatar la iluminación del Cabildo con sus
candiles y el aspecto festivo de la ciudad.
Nos acercamos a una
reflexión.
El Cabildo
-institución–edificio-museo- puede llevarnos a una reflexión
desde nuestro propio presente y a través de él unirnos
al Cabildo de Buenos Aires, protagonista de aquellos
acontecimientos de Mayo de 1810. El Cabildo fue el
espacio de poder y ámbito “para debatir”, ya
que deliberar fue una forma de construir poder político
en Mayo de 1810; y esto se demostró en el Cabildo abierto
del 22 de Mayo. Ese día, ¿qué se habló? ¿Qué
expresaron sus protagonistas representando distintas
tendencias? Los discursos originales no se conservan, se
reconstruyeron a través de las memorias de los que
asistieron a las deliberaciones. Se debatió la
permanencia o no del Virrey Baltazar Hidalgo de Cisneros y
quien lo debía suceder en caso de acefalía. Luego del
escrutinio de votos del día 23, el Cabildo tomó el mando
y eligió inmediatamente una Junta de Gobierno formada por
Cisneros como presidente, dos españoles y dos criollos,
demostrando la tendencia moderada y conciliadora que
tenía. La Junta fue rechazada al conocerse el 24 de Mayo
y nuevamente los “chisperos” al frente de French y
Berutti, movilizaron a las milicias y provocaron la
agitación popular. El 25 de mayo, el Cabildo
continuó siendo el ámbito de las deliberaciones, la
junta que renunció, los militares que no apoyaron sus
decisiones, grupos que entraban al Cabildo tumultuosamente
con la lista de una nueva Junta de Gobierno, y que luego
fue mostrada por escrito a instancia de un pedido de los
cabildantes con más de 400 firmas. No hubo más que
aceptar los hechos. El Cabildo designó a la junta
presentada a través del petitorio, cuyos nombres habían
sido propuestos anteriormente.
En el espacio del Cabildo
y en la plaza (Buenos Aires),
nació un proceso, una etapa, un camino, que no fue el
fruto de un plan previo, planificado, pensado,
confrontado, sino la consecuencia de los hechos que
ocurrían en Europa, la caída del Imperio Español, el
cautiverio del Rey Fernando VII, el triunfo del Emperador
francés Napoleón Bonaparte, la disolución de la Junta
Central de Sevilla. Los criollos comenzaron a actuar sin
saber bien hacia dónde dirigían su destino, contra
quién iniciaban la oposición. La guerra definió los
bandos. Comenzó sí, en el recinto del Cabildo una
forma de hacer política: discutir, confrontar, deliberar.
En este caso a través de un Cabildo abierto, aunque
participaran sólo los “vecinos”, la élite. Luego se
abrió esta política a los pueblos del interior.
Los hombres de Mayo
dieron una respuesta de necesidad ante los sucesos que
ocurrían en España, a la caída de la monarquía
española y a la falta de representatividad del Virrey.
Pensada, proyectada o no, el camino comenzado ya no tenía
retorno, las guerras de la Independencia, la declaración
de la Independencia el 9 de julio de 1816, el fracaso de
las Constituciones de 1819 y 1826, las guerras civiles,
constantes en nuestra historia, la Constitución Nacional
de 1853 y el Estado Nacional organizado en 1862, fueron la
continuidad del proceso de Mayo de 1810. Propusieron un
cambio, terminó el gobierno de un Virrey y se organizó
una Junta de Gobierno. Estos protagonistas de mayo
tuvieron aciertos y errores, ideales, distintas
concepciones políticas, económicas y militares.
Desde el Cabildo de
Luján.
Si miramos al Cabildo
de Luján, no fue ámbito de discusión en esos días
o protagonista de la semana de Mayo de 1810, pero fue
testigo de las noticias que se iban conociendo, de la
época, del sentir de la campaña. Fue una institución
política, deliberativa de nuestra historia local y a
través de él se vivía lo acontecido en Buenos Aires y
hubo participación al jurarse fidelidad y obedecimiento
al Gobierno Patrio. El patrimonio que conserva el Museo
sí nos acerca a los actores y acciones de Mayo de 1810.
El Cabildo y la plaza Real, hoy plaza Belgrano, convocó
al pueblo de Luján en esta oportunidad y en otros
sucesos. El devenir histórico es un proceso que no se
detiene. Los espacios se transforman, pero la memoria del
ayer se mantiene y debemos preservarla.
Cabildo, edificio
transformado, pero conservado por la acción de Don
Domingo Fernández Beschtedt, que evitó que fuera
demolido al presentarse al Interventor de la provincia de
Buenos Aires (1917) Domingo Cantilo, para que se destinara
a Museo. El edificio estaba en mal estado, funcionaba la
comisaría y Don Domingo logró que su destino no fuera,
como en otras construcciones cuyas paredes atrapan la
historia, la destrucción. Domingo Fernández Beschtedt
era interventor de la Comuna de Luján y Cantilo de la
provincia de Buenos Aires. Desde 1916, elegido por primera
vez por el voto secreto se desempeñaba como presidente de
la República Argentina Don Hipólito Yrigoyen. El 31 de
diciembre de 1917 se firmó el decreto por el cual se
destinaba el edificio del viejo Cabildo “para asiento
definitivo del Museo Colonial e Histórico de la provincia
de Buenos Aires, a cuyo efecto se procederá a efectuar
las modificaciones y reparaciones que fueran necesarias
(...)”. En 1918, por gestiones de Don Domingo y del
Reverendo Padre Davani -párroco y asesor del Circulo
Católico de Obreros- se incorporó la llamada Casa del
Virrey al futuro Museo. La restauración estuvo a cargo
del arquitecto Martín Noel. Pero las comisiones para
fundarlo fracasaban. En 1918 se nombró gobernador a José
Crotto. Los trabajos para coordinar el Museo se
detuvieron. Cuando asume nuevamente Cantilo la
gobernación en 1923, Miguel Goitía (UCR) que era
Intendente de Luján y Don Federico Monjardín, entre
otros, viajan a La Plata para hacerle saber a Cantilo que
el Museo de Luján debía organizarse: “Éste
les asegura que no se ha olvidado del Museo de Luján. La
dificultad estaba en conseguir el hombre que reuniera los
requisitos necesarios para esta misión. Hay edificio,
pero no hay Museo, le dijeron. Y él les aseguró que
pronto tendrían Museo, pues ya tenía la persona
adecuada: era Don Enrique Udaondo”. Así lo relata Adela
Luchetti de Monjardín en su libro Luján y su gente.
Fue inaugurado el 12 de
octubre de 1923.
Vale la pena detenernos
en el Cabildo, visitar sus patios, calabozos, habitaciones
de la planta baja, la maqueta de plaza de Mayo, el primer
piso, la sala de deliberaciones, la representación de los
cabildantes, pinturas que representan la Villa de Luján,
su vida cotidiana, el estandarte del Cabildo, objetos de
época y la casa de Pepa Galarza, ambientada como en el
tiempo de 1810.
El espacio del Cabildo,
ámbito para debatir y dialogar, nos recuerda que hoy, en
mayo de 2008, el mensaje que aquellos hombres nos acercan
es la propuesta del diálogo, razonamiento y discusión,
en forma pluralista y tolerante, de todos los problemas
que afectan nuestro presente y que el mejor camino para
encontrar soluciones a todos los desacuerdos que nos
alejan de la paz, la armonía y del crecimiento como
pueblo, es deliberar, analizar, recapacitar, acordar.
Recibamos el mensaje para
fraternizar y conciliar. Es el mejor homenaje a los
Hombres de Mayo de 1810. |