Miércoles 28 de Mayo de 2008 - Edición 7382 - Edición digital: 0682

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Desde Luján recordamos la Revolución de Mayo

1810-25 de Mayo-2008

Escribe María Teresa Tartaglia de Silvano

La fecha patria que recuerda el 25 de Mayo de 1810, puede ser una buena ocasión para acercarnos al edificio del Cabildo de la Villa de Luján y reflexionar a partir de él sobre el significado del período que nos disponemos a conmemorar. Muchas veces pasamos frente al Cabildo demasiado apresurados o indiferentes, porque es parte de nuestro paisaje y andar cotidiano, y no nos detenemos para entrar al Complejo Museográfico y encontrar un significado cercano y testimonial a Mayo de 1810, a través de los objetos de este tiempo o sólo para admirar esta construcción colonial pampeana, testigo de acontecimientos que unen los hechos nacionales con Luján.

¿Qué es importante saber?

El Cabildo de Luján fue una institución creada en enero de 1756, consecuencia de la creación de la Villa de Luján (1755), y comenzó a sesionar en casas particulares; su construcción fue terminada alrededor de 1800. Desempeñó un rol político, administrativo, económico, de inspección, vigilancia y seguridad, defensa de la población, celebración de festividades civiles y eclesiásticas y todo lo relacionado al interés público antes que se concluyera su casa.

¿Desde nuestra mirada a la Casa-Cabildo de nuestra Villa o a la institución como tal, podemos pensar y reflexionar acerca de la Revolución de Mayo?

Es un Monumento Histórico Nacional junto a la mal llamada Casa del Virrey, que era en realidad el Real Estanco de Tabaco. Todo patrimonio habla de una época, de una realidad social, expresa ideas políticas, sociales, económicas, militares, culturales, de la vida cotidiana, y nos permite elaborar redes de los tiempos que indagamos. El Cabildo de Luján precisa existencias de diversas épocas y puede llevar nuestro pensamiento a 1810. Si esto lo unimos a los objetos del Complejo Museográfico provincial Enrique Udaondo (inaugurado como museo el 12 de octubre de 1923), no dudemos que es un acervo que al conservar el ayer permite que cada uno, desde su propias ideas, pueda interpretar un mensaje que será renovado y nuevo según lo preguntemos desde nuestro presente. El patrimonio no cambia, se modifica la comunicación con nuestro contexto y pensamiento.

Enrique Udaondo, en su libro Reseña histórica de la Villa de Luján, escribió que el Cabildo de Luján recibió una circular del gobierno patrio, enviada a los cabildos del interior, fechada el 27 de mayo, en la que se comunicaba los fines de su instalación con algunas proclamas. La misma expresaba que la Junta Provisional había sido reconocida por todas las corporaciones “y no duda que el celo y patriotismo de V.S. allanarán cualquier embarazo que pudiera entorpecer la uniformidad de operaciones en el distrito a su mando, pues no pudiendo ya sostenerse la unidad constitucional sino por medio de una representación que concentre los pueblos por medio de representantes elegidos ellos mismos, atentaría contra el estado cualquiera que resistiere este medio producido por la triste situación de la Península, y único para proveer legítimamente una autoridad que ejerza la representación del Señor don Fernando VII”.

¿Qué actitud tomaron los cabildantes de la Villa de Luján?

- Señores Esteban de Torres, Francisco Rocha, Andrés Migoya, Estanislao José Aguirre y Manuel Ramón de Basabe: prudencia y cautela, buscaron asesorarse, quisieron estar al tanto de lo acontecido para después proceder. Luego de conocer los acontecimientos de Mayo y la formación de la Primera Junta de Gobierno, en la sesión del 2 de junio se reunieron y expresaron el obedecimiento a la Junta y mandaron celebrar una misa cantada con Te Deum, invitando a los vecinos de la Villa a asistir. El juramento de fidelidad del vecindario se tomó en la plaza Real o Constitución (Plaza Belgrano).

Udaondo escribió: “Debemos hacer constar que esa fue la primera respuesta que tuvo la Junta de un pueblo del interior, si bien es cierto que era el más próximo”. Esta fue una razón, la proximidad con Buenos Aires, pero el hecho ocurrió y así el Cabildo de la Villa de Luján fue la primera institución que juró fidelidad al gobierno patrio.

A partir de 1812, el Cabildo de Luján fijó la conmemoración del 25 de Mayo, cumpliendo una orden que llegaba del Superior Gobierno de Buenos Aires. En la Villa la celebración se efectuaba el 24 de mayo a las 4 y media de la tarde con un Te Deum, y el 25 a las 10 de la mañana con una misa Solemne y se concluía con un Te Deum: a estos actos debía asistir el cabildo “vestido en cuerpo, quien diputará a uno de sus miembros para que en tiempo oportuno oficie al Cura de esta Villa, anunciándole la proximidad de esta función, y los actos de Iglesia que deban practicarse en esos días: e igualmente convide a todos los vecinos y residentes de este pueblo, suplicándoles la asistencia a la celebridad expresada a tributar debidamente gracias al Altísimo, en beneficio de la protección que ha manifestado en proteger la justa causa de nuestra libertad” (...) El Alcalde por bando debía anunciar al pueblo estas celebraciones y pedir a los vecinos “que las noches del 24 y 25 de mayo iluminen sus pertenencias bajo la multa de 4 pesos al contraventor, los que se aplicarán a gastos de esta celebridad, así mismo se ordenarán el cierre de las casas de trato y tiendas y canchas durante el Te Deum del 24 y acción de gracias al Todo Poderoso en la mañana del 25, bajo multa de 25 pesos a contraventor (si reincidiera se lo castigará y tratará como enemigo de nuestra causa) (...) Quince días antes se debía enviar estas noticias a los Alcaldes de la Santa Hermandad que tenían a su cargo los pagos bajo la autoridad del Cabildo de Luján y pedir que dentro de sus jurisdicciones se realizaran también estas celebraciones y la iluminación de sus pertenencias. El Cabildo de la Villa también se iluminaba y en muchas oportunidades se realizaban juegos en la plaza Real, hoy plaza Belgrano. Más adelante se unirán a esta conmemoración los bailes en la planta alta del Cabildo, reuniendo a los vecinos más importantes del lugar, mientras el pueblo bailaba en la plaza. Hacia 1870 eran fiestas populares cuyo eje era la diversión del público y se realizaban carreras de sortijas, palos enjabonados, toda clase de juegos de suerte, fuegos artificiales. A partir de 1881 se celebró la fecha presidida en Buenos Aires por el gobierno nacional, y el desfile militar luego del Te Deum. Esto nos demuestra que cada conmemoración se iba desarrollando de acuerdo a las épocas y las necesidades políticas de ellas.

Estos datos son recuerdos que nos llevan al ayer de la Villa de Luján y a nuestros propios recuerdos de la celebración de los Te Deum (25 de Mayo y 9 de Julio), costumbre que se perdió en la ciudad, y que sería importante revalorizarla como forma de acercar a los alumnos a nuestras tradiciones lujanenses. Así como rescatar la iluminación del Cabildo con sus candiles y el aspecto festivo de la ciudad.

Nos acercamos a una reflexión.

El Cabildo -institución–edificio-museo- puede llevarnos a una reflexión desde nuestro propio presente y a través de él unirnos al Cabildo de Buenos Aires, protagonista de aquellos acontecimientos de Mayo de 1810. El Cabildo fue el espacio de poder y ámbito “para debatir”, ya que deliberar fue una forma de construir poder político en Mayo de 1810; y esto se demostró en el Cabildo abierto del 22 de Mayo. Ese día, ¿qué se habló? ¿Qué expresaron sus protagonistas representando distintas tendencias? Los discursos originales no se conservan, se reconstruyeron a través de las memorias de los que asistieron a las deliberaciones. Se debatió la permanencia o no del Virrey Baltazar Hidalgo de Cisneros y quien lo debía suceder en caso de acefalía. Luego del escrutinio de votos del día 23, el Cabildo tomó el mando y eligió inmediatamente una Junta de Gobierno formada por Cisneros como presidente, dos españoles y dos criollos, demostrando la tendencia moderada y conciliadora que tenía. La Junta fue rechazada al conocerse el 24 de Mayo y nuevamente los “chisperos” al frente de French y Berutti, movilizaron a las milicias y provocaron la agitación popular. El 25 de mayo, el Cabildo continuó siendo el ámbito de las deliberaciones, la junta que renunció, los militares que no apoyaron sus decisiones, grupos que entraban al Cabildo tumultuosamente con la lista de una nueva Junta de Gobierno, y que luego fue mostrada por escrito a instancia de un pedido de los cabildantes con más de 400 firmas. No hubo más que aceptar los hechos. El Cabildo designó a la junta presentada a través del petitorio, cuyos nombres habían sido propuestos anteriormente.

En el espacio del Cabildo y en la plaza (Buenos Aires), nació un proceso, una etapa, un camino, que no fue el fruto de un plan previo, planificado, pensado, confrontado, sino la consecuencia de los hechos que ocurrían en Europa, la caída del Imperio Español, el cautiverio del Rey Fernando VII, el triunfo del Emperador francés Napoleón Bonaparte, la disolución de la Junta Central de Sevilla. Los criollos comenzaron a actuar sin saber bien hacia dónde dirigían su destino, contra quién iniciaban la oposición. La guerra definió los bandos. Comenzó sí, en el recinto del Cabildo una forma de hacer política: discutir, confrontar, deliberar. En este caso a través de un Cabildo abierto, aunque participaran sólo los “vecinos”, la élite. Luego se abrió esta política a los pueblos del interior.

Los hombres de Mayo dieron una respuesta de necesidad ante los sucesos que ocurrían en España, a la caída de la monarquía española y a la falta de representatividad del Virrey. Pensada, proyectada o no, el camino comenzado ya no tenía retorno, las guerras de la Independencia, la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816, el fracaso de las Constituciones de 1819 y 1826, las guerras civiles, constantes en nuestra historia, la Constitución Nacional de 1853 y el Estado Nacional organizado en 1862, fueron la continuidad del proceso de Mayo de 1810. Propusieron un cambio, terminó el gobierno de un Virrey y se organizó una Junta de Gobierno. Estos protagonistas de mayo tuvieron aciertos y errores, ideales, distintas concepciones políticas, económicas y militares.

Desde el Cabildo de Luján.

Si miramos al Cabildo de Luján, no fue ámbito de discusión en esos días o protagonista de la semana de Mayo de 1810, pero fue testigo de las noticias que se iban conociendo, de la época, del sentir de la campaña. Fue una institución política, deliberativa de nuestra historia local y a través de él se vivía lo acontecido en Buenos Aires y hubo participación al jurarse fidelidad y obedecimiento al Gobierno Patrio. El patrimonio que conserva el Museo sí nos acerca a los actores y acciones de Mayo de 1810. El Cabildo y la plaza Real, hoy plaza Belgrano, convocó al pueblo de Luján en esta oportunidad y en otros sucesos. El devenir histórico es un proceso que no se detiene. Los espacios se transforman, pero la memoria del ayer se mantiene y debemos preservarla.

Cabildo, edificio transformado, pero conservado por la acción de Don Domingo Fernández Beschtedt, que evitó que fuera demolido al presentarse al Interventor de la provincia de Buenos Aires (1917) Domingo Cantilo, para que se destinara a Museo. El edificio estaba en mal estado, funcionaba la comisaría y Don Domingo logró que su destino no fuera, como en otras construcciones cuyas paredes atrapan la historia, la destrucción. Domingo Fernández Beschtedt era interventor de la Comuna de Luján y Cantilo de la provincia de Buenos Aires. Desde 1916, elegido por primera vez por el voto secreto se desempeñaba como presidente de la República Argentina Don Hipólito Yrigoyen. El 31 de diciembre de 1917 se firmó el decreto por el cual se destinaba el edificio del viejo Cabildo “para asiento definitivo del Museo Colonial e Histórico de la provincia de Buenos Aires, a cuyo efecto se procederá a efectuar las modificaciones y reparaciones que fueran necesarias (...)”. En 1918, por gestiones de Don Domingo y del Reverendo Padre Davani -párroco y asesor del Circulo Católico de Obreros- se incorporó la llamada Casa del Virrey al futuro Museo. La restauración estuvo a cargo del arquitecto Martín Noel. Pero las comisiones para fundarlo fracasaban. En 1918 se nombró gobernador a José Crotto. Los trabajos para coordinar el Museo se detuvieron. Cuando asume nuevamente Cantilo la gobernación en 1923, Miguel Goitía (UCR) que era Intendente de Luján y Don Federico Monjardín, entre otros, viajan a La Plata para hacerle saber a Cantilo que el Museo de Luján debía organizarse: “Éste les asegura que no se ha olvidado del Museo de Luján. La dificultad estaba en conseguir el hombre que reuniera los requisitos necesarios para esta misión. Hay edificio, pero no hay Museo, le dijeron. Y él les aseguró que pronto tendrían Museo, pues ya tenía la persona adecuada: era Don Enrique Udaondo”. Así lo relata Adela Luchetti de Monjardín en su libro Luján y su gente.

Fue inaugurado el 12 de octubre de 1923.

Vale la pena detenernos en el Cabildo, visitar sus patios, calabozos, habitaciones de la planta baja, la maqueta de plaza de Mayo, el primer piso, la sala de deliberaciones, la representación de los cabildantes, pinturas que representan la Villa de Luján, su vida cotidiana, el estandarte del Cabildo, objetos de época y la casa de Pepa Galarza, ambientada como en el tiempo de 1810.

El espacio del Cabildo, ámbito para debatir y dialogar, nos recuerda que hoy, en mayo de 2008, el mensaje que aquellos hombres nos acercan es la propuesta del diálogo, razonamiento y discusión, en forma pluralista y tolerante, de todos los problemas que afectan nuestro presente y que el mejor camino para encontrar soluciones a todos los desacuerdos que nos alejan de la paz, la armonía y del crecimiento como pueblo, es deliberar, analizar, recapacitar, acordar.

Recibamos el mensaje para fraternizar y conciliar. Es el mejor homenaje a los Hombres de Mayo de 1810.

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