Sábado 31 de Mayo de 2008 - Edición 7384 - Edición digital: 0683

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Cartas de Lectores

Terrorismo de Estado

Soy de las personas que creen que en los años ’70 hubo terrorismo por parte de quienes ahora son llamados “jóvenes idealistas”, que estaban entrenados como un verdadero ejército: mataban y secuestraban (para obtener recursos económicos, equipamiento militar y policial y armas), ponían bombas donde morían inocentes y obedecían, como piezas de una organización vertical e incuestionada, a jefes cuyos verdaderos nombres ni conocían. Mataban y morían como cualquier soldado en guerra para imponer el comunismo, una doctrina que nunca tuvo cabida en el sentimiento de la mayoría de los argentinos. Y, en su nombre, hasta tomaron la provincia de Tucumán, liberada gracias al accionar de las FFAA -en el Operativo Independencia- con la colaboración del pueblo tucumano.

Todos los cabecillas estaban presos en 1973 y fue Cámpora –otro personaje nefasto de nuestra galería de políticos– quien los liberó el 25 de mayo de ese año, cuando asumió como presidente titiritesco y putativo.

La reacción fue la represión por parte del gobierno militar: necesaria para frenar este movimiento funesto; pero llevada a cabo con el ingrediente de impunidad que saborea todo argentino que llega al poder: en lugar de juicios sumarios y listados públicos de ejecutados y presos, se mató, torturó violó, robó –desde TVs hasta hijos– en lo que se convino en llamar terrorismo de Estado.

Si el terrorismo es deleznable por lo cobarde de su accionar, el terrorismo de Estado es absolutamente inaceptable.

Lo que comienzo a ver, es que esta administración de terroristas devenidos en políticos se está convirtiendo en un gobierno donde se ejerce un nuevo tipo de terrorismo de Estado, más sutil que el de los ’70, pero a la vez más peligroso, destructivo e irreparable: no mata a personas físicas, mata cerebros, voluntades, instituciones, libertad de expresión, división de poderes, oposición, ideas e ideales, movilidad social, esperanzas de un futuro mejor, alianzas con socios/inversores convenientes para lograr el verdadero crecimiento de todos los habitantes del país, mercados para exportar, autoabastecimiento de energía, de materias primas, etc., etc.

Compra –como antes se compraban bebés– voluntades de familias enteras que ya no trabajan, que no saben qué es el esfuerzo, que no tienen modelos para imitar, a excepción de una pareja que “baila por un sueño” o un “patito feo” o un Homero Simpson, que se droga y mata y roba para poder hacerlo... total, demora más el damnificado en radicar la denuncia que el malviviente en salir en libertad.

¿Qué tienen que ver las madres de Plaza de Mayo –actual espejismo de las verdaderas Madres Fundadoras, cuya actual presidente, la ubicua Hebe, se regodeó públicamente con la muerte de 3.000 personas en el atentado a las Torres Gemelas- con la protesta del campo? ¿Estamos todos locos o nos toman por descerebrados?

¿Por qué tanto rencor con un sector al cual la mayoría del gobierno actual ya pertenece –oculto tras testaferros– ya que ha comprado más extensiones de tierra que las que cualquier chacarero podría soñar jamás tener en su vida? ¿Por qué no sentarse a negociar cuando el domingo 25, Rosario mostró lo que muchos queremos y pensamos? ¿Por qué despreciarnos? ¿Por qué tanta soberbia?

Por una sola cosa: más allá de las actitudes que podemos percibir, hay un plan para doblegarnos y someternos a las voluntades de unos pocos... ¿uno, dos? no creo que más tengan cabida en el riñón kirchnerista.

Reaccionemos, argentinos de bien y de principios, o será demasiado tarde: estamos frente a un nuevo terrorismo de Estado, a una encrucijada entre la obediencia obsecuente y la sumisión o el abandono y el escarmiento por “mal comportamiento”.

No sigamos dormidos. En paz pero con firmeza... impidamos que el apellido Kirchner se vaya transformando, cada día con más rapidez, en ¡¡Hitler!!

María Inés Ponte

landmakmir@ gmail.com


Agradecimiento

Elijo este medio para compartir mi profundo agradecimiento a mi hermana, quien desde lo que le tocó vivir me enseñó a mí y a todos los que tuvieron la oportunidad de estar junto a ella (a quienes me atrevo a llamar elegidos) lo más importante que una persona puede dejar como legado.

Nos enseñó que frente al dolor tenés dos opciones: entregarte o seguir adelante.

Aceptar ayuda o tirarte en una cama.
Sentarte en una silla de ruedas o dejar de andar.
Que podes reír a carcajadas o ser indiferente.
Amar y cuidar a los tuyos o dejarlos de lado.
Vivir hora a hora o dejar que todo pase.
Decir que sentís miedo o dejar que te destruya por dentro.
Hacer cosas buenas o hacer cosas malas.
Dar las gracias o quedarte callado.
Apretar una mano o cerrarla
Hablar o callarte.
Rezar o renegarte.
Avisar que te está esperando o esperarte sin que lo sepas.
Pedir ayuda o reprocharte.
Valorar a los que están cerca o ser apático.
Llorar con los seres queridos o maltratarlos.

Pero como era digno de ella siempre eligió la primera opción, lo que le permitió aceptar la partida como un paso más en la vida, despidiéndose de todos pero no desde lo dramático, sino desde la alegría, tratando de que su último suspiro no sea traumático para nadie. No dejó nada al azar. Desde el esfuerzo que hacía al levantarse hasta el esfuerzo que hacía para acostarse, entendimos la importancia de que el agua de la ducha te caiga sobre el cuerpo, tener sed y poder alcanzar un vaso de agua, poder darte vuelta en la cama, poder caminar, poder dominar tu cuerpo y, entonces, entendés el valor distinto de las cosas.

Gracias Virginia, porque lo que uno podría haber llamado días de convalecencia fueron, para quienes estuvimos con vos, días de sabiduría, paz, alegría, oración, fortaleza, dignidad, compañía, pero sobre todas las cosas días inolvidables.

Gorda mía... hasta el cielo.

Fer

 

 

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